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La gramática esquema de acción y aprendizaje

In document Esquemas de aprendizaje de la gramática (página 162-170)

Capítulo III MARCO TEÓRICO

MEMORIAS DE PROCEDIMIENTOS DEL NIVEL CONSCIENTE

3.5. La gramática esquema de acción y aprendizaje

La gramática (in laxus sensus) es un macroesquema lingüístico, epistémico, sociocultural y procedimental que integra a los subesquemas de acción conceptual-factual, socio-cultural y técnico-procedimental, en una base común que manifieta el funcionamiento de los esquemas de acción usados por el ser humano cuando se interrelacionan entre sí. Definir qué es gramática, es de mucha importancia para este estudio sobre los esquemas de aprendizaje gramatical, no obstante es imperante advertir que existen muchas definiciones de gramática que van desde el saber normativo hasta la definición que la considera como una teoría lingüística cognitiva universal (Escobar, 2009). Una definición interesante es la planteada en Lewandowsky (1992, p.158), porque expresa la inmanencia de la gramática como esquema abstracto consustancial al lenguaje: “[es una] construcción lingüística, estructura inmanente del lenguaje, el sistema de reglas en funcionamiento que subyace al lenguaje”, lo cual es relevante, en cuanto en tanto permite el funcionamiento de este como organizador, procesador y mediador entre el individuo y la realidad social o natural que percibe.

40 Este apartado lo constituye una parte del artículo de Escobar (2009) Competencia Lingüística: la

gramática (esquema de acción), eje integrador de los enfoques lingüísticos cognitivo, generativo, antropológico y cultural.

Si la gramática es un esquema de acción, entonces habrá que definirla como un esquema de acción. Desde un punto de vista generativo-funcional (a menor escala), este es un macrosistema de conocimiento estructurado en el cerebro (almacenado y engramatizado), que impulsa la acción de microsistemas, en un proceso de interrelación y conjugación de elementos: fisiológicos, bioquímicos, motrices, conceptuales-factuales, lingüísticos, sociales, culturales y técnico- procedimentales, que conforman los subesquemas de acción. Entonces, la gramática vista como una estructura mental abstracta, es el motor que influye y se interrelaciona con otros procesos mentales superiores para que el hombre perciba, construya y modifique su realidad.

En el lenguaje están contenidas todas las posibilidades del ser humano. Así, desde una perspectiva filosófica, se puede aducir que la realidad construida por este, está contenida solo en el lenguaje o se realiza a través de él. Sin embargo, se debe recordar que este “ente” es humano y en ese sentido tiene características tanto espirituales como biológicas. Sobre este último aspecto (Hörmann 1973), expresa que las características principales de las propiedades biológicas del lenguaje son:

 El comportamiento lingüístico está en correlación con el desarrollo (s), morfológico y funcional de la especie.

 La aparición y desarrollo del lenguaje se produce de manera regular.

 Es posible incluso en presencia de los impedimentos más severos (ceguera/sordera).

 Ninguna especie no humana puede aprender el lenguaje.

 Existen universales del lenguaje (gramática estándar universal).

Todas las características anteriores llevan a pensar que el lenguaje es una actividad (energeia no ergon en términos platónicos), que como se ha expresado sirve de mediador entre el hombre y la realidad que aprehende. Por tanto, debe considerarse al mundo como sistema (con un orden y relaciones determinados),

que debe relajarse (romperse) por la acción humana para que puedan surgir la representación, la conciencia, el lenguaje y el saber.

El relajamiento de la ensambladura de espontaneidad y “campo vital” (la vida) constituye el presupuesto del lenguaje. Este se considera una estructura dinámica (macroesquema de acción) utilizada como instrumento, y por tanto considerada un fenómeno social que presupone una actividad teleológica racional, en tanto es realizada por el hombre. Es decir, el lenguaje es una competencia, una capacidad real (un sistema cognoscitivo y abstracto de conocimientos y creencias subyacentes al comportamiento y sus modos de realizarse), una gramática, cuya existencia y desarrollo puede considerarse dentro de los límites de lo innato y del efecto que el entorno tiene sobre su poseedor.

Con base en las ideas anteriores, se puede extraer la siguiente deducción: la gramática es un macroesquema de acción esencial y consustancial en el procesamiento de información durante la interacción entre el emisor y el receptor. Por tanto, como competencia del lenguaje, es la capacidad del hablante de una lengua materna, su conocimiento interior, e inconsciente de su lengua. Dicho de otra manera, es la capacidad gramatical de un hablante de estructurar cuantas frases quiera, de entenderlas, y de decidir sobre la identidad y uso que les dará (Lewandowsky, 1992).

Así, la competencia lingüística es la capacidad lingüística de un usuario individual para usar –su gramática– el lenguaje, (a través de la producción e interpretación de signos), y de construir situaciones de comunicación. A la par de esta concepción de competencia lingüística, se ha desarrollado la de competencia comunicativa, la cual es la capacidad de desempeñarse –de un hablante– con dominio en diferentes situaciones de habla, y por lo tanto de emplear diferentes subcódigos lingüísticos, como condición básica de dicha comunicación (Lewandowsky,1992). Las ideas anteriores no sólo consideran el uso de la gramática como generadora y organizadora del lenguaje, sino que va más allá,

entra en el terreno de lo social, de los actos lingüísticos que consideran: la situación de uso (pragmática), de las estructuras lingüísticas, el componente lingüístico y el componente institucional (convencional).

Del parágrafo anterior, se desprenden las siguientes deducciones: es falso que los hablantes puedan desenvolverse competentemente en todas las situaciones de comunicación en las que se encuentre. No obstante, es verdadero que utilizará toda su capacidad de generación gramatical para desempeñarse de manera eficiente. Esto último lleva a retomar al concepto de hablante ideal, lo cual incita a pensar en la gramática como un esquema cognitivo-generativo interrelacionado con otros procesos mentales superiores, mediante los cuales el hombre percibe, construye y modifica su realidad.

Una teoría importante sobre la consideración anterior es la propuesta por Chomsky (1986), en la que propone la idea de que la gramática de una lengua es:

Un modelo para una competencia idealizada, establece cierta relación entre sonido y significado, entre las representaciones fonéticas y las semánticas. Podríamos decir que la gramática de una lengua L genera un conjunto de acoplamientos (s, I), donde s es la representación fonética de cierta señal e I es la interpretación semántica asignada a esta señal por las reglas de la lengua, (p.196).

Lo interesante de la cita anterior, es que Chomsky presenta a la gramática como un proceso de generación de alternativas de comunicación, a manera de acoplamientos en una suerte de diasistema lingüístico, en el cual la gramática (sintaxis) es un esquema de acción ajustado y condicionante.

La ciencia cognitiva, según Iglesias (2006, p. 15), se define como: “el estudio científico e interdisciplinar del pensamiento”, ha hecho aportes importantes sobre el funcionamiento y uso del lenguaje. Por ello, la lingüística cognitiva es una de las áreas que la nutre con sus teorías, proporcionando explicaciones del lenguaje que se integran con el conocimiento actual de la mente humana. Esta ‘ciencia’ propugna, porque el uso del lenguaje debe ser explicado haciendo referencia a los procesos mentales subyacentes en lo que denomina la teoría de la

corporeización del pensamiento, por tanto, se centra en el estudio de éste como instrumento para organizar, procesar y expresar información.

Otras teorías que nutren los estudios cognitivos del lenguaje son la gramática cognitiva (de Langacker) y la gramática de construcciones (de Fillmore y Kay). La gramática cognitiva intenta poner de manifiesto las bases semánticas de la gramática como conjunto organizado de unidades simbólicas resultado de la asociación de un polo semántico a uno fonológico. Extiende el concepto de unidades simbólicas a los niveles del lenguaje incluso a la sintaxis. De tal manera que, según estos enfoques la forma no puede estar desligada del significado, de la función, del léxico, la morfología y la sintaxis, porque son un continuum (Cuenca y Hilferty 1999).

La visión anterior sobre la gramática remite a considerar el hecho, de que el lenguaje es una entidad dinámica y cambiante, influido por la realidad fenomenológica natural y social. Así, cualquier cambio funcional se vincula a modificaciones en la conceptualización y se relaciona con las implicaciones del hablante en la estructuración gramatical del contenido que comunica. Sin embargo, no se debe obviar la idea generativista de la existencia de reglas sintácticas que permiten el ensamblaje de esa red conceptual que el elocutor conforma, según sea su relación con el medio que lo rodea.

La gramática de construcciones, por su parte, pone énfasis en el concepto de

construcción como unidad básica de ésta gramática. Por una parte, es un

marco adecuado para explicar estructuras idiosincráticas-idiomáticas del lenguaje, y por otra parte, analiza las construcciones como integración de construcciones más simples. Esta concepción tiene relación con el generativismo no transformativo, en el sentido de que se parte de unidades más simples hasta obtener unidades más complejas, sobre las cuales basa su método de análisis. Dicha metodología es integradora, pues conjunta en un solo nivel de análisis: información morfológica, información sintáctica e información semántico-pragmática, (Cuenca y Hilferty 1999).

El enfoque anterior es una metodología de análisis integradora que puede servir para realizar un acercamiento más detallado a la estructuración y funcionamiento de los subesquemas de acción, y por tanto a los esquemas de aprendizaje propuestos al inicio de esta reflexión teórica. No obstante, otra teoría lingüística que explica mejor la interacción entre encodecodificadores es la que ofrece la ‘Etnografía del lenguaje’. Esta se preocupa por el análisis del lenguaje, como algo siempre presente, constante, como entidad homogénea manifesta en el habla (Valdés, 2008), es decir, como una realidad dinámica de aprehensión, discusión y modificación de su ambiente vital.

Este enfoque propone que el significado en una lengua no depende sólo de la estructura (gramática), sino de los modelos de uso: el conocimiento del código lingüístico y el conocimiento de qué decir, a quién en cada contexto concreto (competencia comunicativa). Lo anterior se explica, porque el lenguaje tiene que ser interpretado como instrumento para apropiarse de las estructuras noéticas (de conocimiento), por tanto, se debe concebir como esquemas mentales de los individuos, los que están compuestos por modelos mentales culturales– equivalentes a los subesquemas conceptual-factual y sociocultural. Por ello, la visión del mundo está configurada en una complicada red de macroesquemas, subesquemas y microesquemas, que conforman la red esquemática cerebral, así lo explica Jonhson-Laird (1986), en Palmer (2000):

Los modelos centrales desempeñan un papel central en la representación de los objetos, los estados de cosas, las secuencias de acontecimientos y la forma en que es el mundo, así como las acciones sociales y psicológicas de la vida diaria. (…); permiten establecer inferencias y predicciones, comprender fenómenos, es decir qué acción realizar y controlar su ejecución, y sobre todo experimentar acontecimientos por proximidad; permiten usar el lenguaje para crear representaciones comparables a las derivadas de la familiaridad directa con el mundo; y relacionan las palabras con el mundo por medio de la concepción y la percepción (p. 82).

Los modelos mentales ‘automáticos’ e involuntarios del lenguaje no son los mismos para todos los humanos, sino que son especiales para cada lengua – esto no debe excluir la concepción de universales gramaticales – para cada

gramática. Así, personas de diferentes culturas utilizan gramáticas diferentes y dirigen su concepción y análisis del mundo desde esa gramática.

Entonces, el fenómeno idiomático, al igual que otros fenómenos sociales, es la proyección universal de las leyes que rigen la actividad inconsciente en el nivel de la conciencia y del pensamiento socializado. Son las leyes del inconsciente (la gramática y sus componentes) del lenguaje las que determinan rigurosamente la forma del pensamiento. No obstante y sin entrar en contradicción con lo expresado, es el medio el que influye decisivamente sobre esa estructura abstracta del cerebro para que el poseedor actúe, y es en ese actuar cuando se combinan y reconfiguran todos los microsistemas que son esquemas de acción.

El modelo explicativo propuesto por la ‘etnografía del habla’, también refiere que los hablantes aplican recursos lingüísticos a fines sociales en situaciones culturalmente definidas, lo cual hace centrar la atención en los actos de habla, el discurso y la actuación de esos interlocutores. Hymes (1971), en Palmer (2000), acierta al exponer que:

La competencia lingüística no sólo debe incluir la producción de una sintaxis apropiada, sino la capacidad de usar el lenguaje pragmáticamente en contextos sociales y culturales (…) la “prioridad de la perspectiva funcional” y el papel del habla en “la mediación entre personas y situaciones”, frente a la visión en la que el lenguaje sólo mediaría entre sonido vocal y significado (…) nunca negó la importancia de la cognición o “conocimiento” en el lenguaje (…) y planteó la cuestión del grado en que las categorías cognitivas de un pueblo hallan expresión patente en formas lingüísticas. (p. 45)

Las ideas de Hymes ponen en perspectiva que los etnógrafos del habla no dejan a un lado los aspectos relacionados con el estudio cognitivo del lenguaje. Esta posición permite conjuntar todos los estudios sobre este en tanto no desprecia las teorías arriba expuestas. Antes bien, abre un espacio de análisis más amplio, pues invita a documentar los escenarios de comunicación (participantes, fines, secuencia de actos, claves, instrumentalidades, normas de interacción e interpretación, géneros de discurso), sin excluir la gramática.

Sobre una fuerte orientación cognitiva, Saville-Troike (1989) en Palmer (2000), considera que los hablantes deben tener un “conocimiento compartido”, que les permita comunicarse:

Cuadro Nº 6. Tipos de conocimiento para la comunicación Conocimiento

lingüístico

Destrezas de

interacción Conocimiento cultural

- Elementos verbales. - Elementos no verbales. - Patrones de elementos en acontecimientos de habla determinados. - Gama posibles de variantes (en todos los elementos y su organización).

- Percepción de rasgos salientes de las acciones comunicativas.

- Selección e interpretación de formas apropiadas para situaciones, papeles y relaciones específicos (reglas para el uso del habla).

- Organización y procesos discursivos.

- Normas de interacción e interpretación.

- Estrategias para alcanzar objetivos. - Estructura social. - Valores y actitudes. - Mapas/esquemas cognitivos - Procesos de enculturación (transmisión de conocimientos y destrezas). Fuente: Palmer (2000).

Es posible que los componentes mencionados no sean todos los que intervienen en el conocimiento compartido de los hablantes, durante una comunicación, sin embargo, ofrecen un marco de análisis válido para realizar acercamientos reales al uso del lenguaje. Además, encajan bien en la definición de esquema de acción, referida al inicio, especialmente en la relación que se puede establecer con los subesquemas conceptual-factual, lingüístico, sociocultural y técnico- procedimental.

La relación entre los esquemas y los modelos mentales es evidente, por tanto complementarios, en tanto estos últimos son equivalentes a los subesquemas de acción abordados. Esto es así, porque: los modelos mentales rigen el uso del lenguaje, son modelos culturales, las visiones (diferentes) cambiantes del mundo constan y se reestructuran enteramente sobre la base de modelos mentales y estos se realizan sobre la base de las gramáticas particulares de cada cultura, lo cual confirma, que son constituyentes de los esquemas de acción.

Para concluir, lo esencial es que no se puede desdeñar ninguna teoría lingüística para comprender el lenguaje en uso. Los planteamientos gramaticales expuestos son válidos y mediante una comprensión holística se logra inferir que no se contradicen: uno puede prestar su marco metodológico y sus avances teóricos para complementar al otro. El reto es llegar a complementarlos dentro de un marco formal unificador (Moreno 2001), que permita entender en la medida de lo posible este don llamado lenguaje natural. En síntesis, una teoría sobre los esquemas de acción con una base teórica lingüística unificada, brinda las pautas para realizar un estudio más cercano sobre cómo funciona el lenguaje usado por los hablantes en situaciones de comunicación reales. Esto es lo que debe ocurrir en el proceso de enseñanza y aprendizaje de la lengua, en especial de su gramática.

3.6. Modelos microdidácticos y curriculares: el aprendizaje gramatical.

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