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La gran era de China: los Song del norte y del sur

3 Reunificación en la era budista

4. La gran era de China: los Song del norte y del sur

El florecimiento del progreso material

Una curiosa anomalía ronda los tres siglos que conforman el período Song. Por una parte, fue una época de gran creatividad, que situó a China por encima del resto del mundo en lo que a invención tecnológica, producción de bienes, filosofía política, gobierno y alta cultura se refiere. Libros impresos, pinturas y el sistema de exámenes de la administración pública son algunos ejemplos de esa preeminencia china. Pero, al mismo tiempo, fue justamente durante este período de florecimiento chino que las tribus invasoras provenientes del Asia Interior se hicieron con el control militar y administrativo del Estado y la sociedad chinos. ¿Existe una relación entre los logros culturales de la China Song y la dominación final no china? Sin duda se trata de una interrogante esencial, con numerosas implicaciones.

En el año 960, bajo la última de las Cinco Dinastías de China del Norte, las tropas de la guardia de palacio proclamaron a su comandante como el nuevo emperador. Así catapultado al poder, Zhao Kuangyin fundó la dinastía Song. El y su sucesor, ambos hombres prudentes y capaces, pasaron a retiro a los generales, reemplazaron a los gobernadores militares por funcionarios civiles, concentraron las mejores tropas en su ejército de palacio, constituyeron una burocracia integrada por graduados y centralizaron los ingresos fiscales, en lo que resultó una estrategia ejemplar para controlar la fuerza militar y establecer un nuevo poder civil. El siglo y medio de dominio de los Song del norte (960-1126) sería uno de los períodos más fecundos de la historia china, de alguna forma similar al Renacimiento europeo que tendría lugar dos siglos más tarde.

Para apreciar el lugar estratégico que ocupan los Song en la historia china debemos considerar varios aspectos importantes. El primero tiene que ver con el crecimiento material, tanto de la producción, la tecnología y el comercio -local y con el extranjero-como de la población y urbanización.

A mediados del período Han (cerca del año 2 d. C), la población china era de alrededor de 60 millones de habitantes y, tras un probable decrecimiento durante la era de desunión, parece haber llegado nuevamente a los 50 o 60 millones de habitantes en la época de los Tang, a principios de la década del 700. Alcanzó quizá los 100 millones bajo el reinado de los antiguos Song, y se mantuvo aproximadamente en 120 millones a fines del siglo XII: digamos 45 millones en el área al norte del río Huai, y 75 millones a lo largo del Yangtsé y hacia el sur (ver Mapas 10,11 y 12).

El crecimiento de la población trajo consigo una expansión de la vida en ciudades, más notoria en la capital que en ninguna otra parte. En calidad de centro administrativo y político de los Song del norte, Kaifeng concentraba una gran cantidad de funcionarios, así como servidumbre, tropas y aprovechadores atraídos por la corte. Era sólo un poco más pequeña que la capital de los Tang, Chang'an, -cuatro quintos de su superficie-, pero triplicaba el tamaño de la antigua Roma. En el año 1021, la población que vivía dentro de los muros se acercaba a los 500 mil habitantes; si incluimos los nueve suburbios, ésta llegaba casi a un millón. En el año 1100, las familias registradas totalizaban un millón cincuenta mil personas; sumando al ejército se llegaba a casi 1,4 millones.

Tal concentración urbana pudo ser alimentada gracias a su cercanía de la intersección entre el antiguo Gran Canal y el río Amarillo, punto álgido del transporte en barcas desde la región cerealera del bajo Yangtsé. Este económico sistema de transporte a través del Gran Canal, del Yangtsé, de sus afluentes y lagos y de otros sistemas de ríos y canales facilitaron el comercio local e interregional en China. Dichas vías fluviales se extendían a lo largo de casi cincuenta mil kilómetros, dando origen al área comercial más populosa del mundo (ver Mapa 16). El comercio internacional sería siempre una actividad menor en relación a este gran comercio al interior de China.

La industria se desarrolló en Kaifeng antes que nada para satisfacer las necesidades del gobierno. China del Norte, por ejemplo, disponía entonces de grandes depósitos de carbón y hierro con los que la capital podía contar en forma económica gracias al transporte fluvial. Cerca del año 1000, el agotamiento de los recursos forestales obligó a los fundidores de hierro

a utilizar carbón mineral en lugar del carbón de leña en los altos hornos que funcionaban con coque. Más aún, con el hierro fundido así elaborado los herreros Song desarrollaron un método de descarbonización para producir acero. En 1078 China del Norte producía anualmente más de 114 mil toneladas de hierro en bruto (setecientos años después, Inglaterra sólo produciría la mitad).

El arte de la guerra ganó con ello cotas de malla y armas de acero. Para sitiar las ciudades se hacía uso de una protoartillería consistente en catapultas, mientras que la pólvora comenzó a ser utilizada en lanzas encendidas, granadas y bombardas. Antes, los sitiadores corrían desigual suerte puesto que una ciudad sitiada, con sus almacenes de suministros, a menudo podía resistir mejor que los ejércitos que saqueaban el campo estéril. Ahora, las nuevas armas Song podían derribar muros y puertas, detonar minas de pólvora y encender fuego dentro de los muros.

Desafortunadamente para los Song del norte, esta tecnología bélica fue pronto adoptada por los invasores ruzhen, quienes establecieron su dinastía Jin en China del Norte después de haber tomado el control de Kaifeng en 1126. Los Song establecieron una nueva capital en el sur, en Hangzhou.

Durante su mejor época, a principios del 1200, esta gran capital de los Song del sur se extendía a lo largo del estuario del río Qian tang por más de treinta kilómetros desde el suburbio sur -con aproximadamente cuatrocientos mil habitantes-, atravesando la ciudad imperial amurallada, en la que vivía medio millón de personas, hasta el suburbio norte, donde residían unas doscientas mil más. Hangzhou tenía algunas similitudes con Venecia, como señalara Marco Polo. El agua límpida proveniente del gran Lago del Oeste fluía a través de la ciudad en dos o más decenas de canales que llevaban los desperdicios al este, hacia las mareas en el estuario del río. La ciudad abarcaba cerca de 18 kilómetros cuadrados dentro de sus muros, y la amplia Vía Imperial, que corría de sur a norte, la partía en dos. Antes de ser conquistada por los mongoles en 1279, Hangzhou tenía una población de más de un millón de habitantes (algunas estimaciones llegan a 2,5 millones), lo que la convertía en la ciudad más grande del mundo. La Venecia de Marco Polo tenía quizá cincuenta mil habitantes: de ahí su gran asombro ante la vida urbana en China.

Durante el reinado de los Song del sur, y casi por única vez antes del siglo XIX, el comercio internacional generó el grueso de los ingresos del gobierno chino. La demanda de artículos de lujo en Hangzhou, y especialmente de especias -importadas a través de la Ruta de las Especias, que iba desde las Indias Orientales hasta China, y también hasta Europa- contribuyó a la vertiginosa expansión del comercio internacional en la era Song. La demanda era tan alta que las famosas exportaciones chinas de seda y porcelana, y también de monedas de cobre, no eran suficientes para balancear las importaciones. Del mismo modo, la diáspora islámica que había arribado a España e influenciado profundamente a Europa impulsó en la época Song un gran crecimiento del comercio marítimo en los puertos chinos de Guangzhou (Cantón), Quanzhou (Zayton), Xiamen (Amoy), Fuzhou y Hangzhou. Las embarcaciones chinas descendían por las costas de Asia Oriental y atravesaban hacia India e incluso hasta Africa Oriental; sin embargo, el comercio internacional de los Song del sur permanecía en su mayor parte en manos árabes. Su sistema tributario permitió a los Song depender más de los impuestos a la sal y al comercio que del tradicional sostén de la vida imperial, el impuesto territorial. Uno de los efectos de este incremento del comercio fue el restablecimiento del uso del papel moneda, iniciado durante el período de los Tang, comenzando con notas de remesas gubernamentales para transferir fondos, pagarés y otros papeles de negociabilidad limitada, y llegando finalmente a una emisión en todo el país de papel moneda por parte del gobierno. Al igual que el carbón, esta utilización del papel moneda fue otra de las cosas que impresionaron a Marco Polo.

La tecnología náutica china era líder en el mundo durante este período. Hasta quinientos hombres podían ser transportados en los barcos chinos de mayor envergadura (que poseían no menos de cuatro cubiertas, cuatro o seis mástiles y una docena de velas), los que eran guiados mediante un timón a popa y con la ayuda de mapas y de la brújula. Esta tecnología se hallaba mucho más adelantada que en Asia Occidental y Europa, donde las galeras mediterráneas todavía utilizaban fuerza muscular y un ineficiente remo para gobernar el curso de la nave.

Estos son sólo algunos ejemplos de los espectaculares logros de los Song. Cualquier expansionista de mentalidad moderna que vuelva la vista hacia todo este crecimiento e inventiva puede imaginar cómo la China Song, sin interferencia externa, pudo haberse adueñado del mundo marítimo y revertido la historia invadiendo y colonizando Europa desde

Asia. Aparentemente, lo único que faltó fue la motivación y los incentivos. Ello, por supuesto, no es más que una fantasía descabellada, pero nuevamente plantea la interrogante de qué fue lo que impidió el posterior desarrollo de la “revolución económica medieval”, como la denomina Mark Elvin (1973), en China. Resulta sencillo acusar a los bárbaros y culpar a los mongoles por torpedear el barco del estado Song, que navegaba tan promisoriamente hacia los tiempos modernos: tiene el atractivo de cualquier teoría diabólica monocausal pero, como veremos, en este caso los factores son múltiples.

En las siguientes secciones observaremos cómo el sistema de exámenes se convirtió en una importante fuente de burócratas para la administración pública, cómo la decreciente probabilidad de obtener efectivamente un puesto dentro de la administración pública estimuló a la clase erudita (shi) a volcarse primordialmente en los asuntos locales en calidad de líderes de la nobleza, y cómo la filosofía neoconfuciana contribuyó a este cambio de perspectiva.

La educación y el sistema de exámenes

La clave tecnológica para el desarrollo de la educación durante el período Song fue el libro impreso. Tal como lo ha detallado Tsien Tsuen-hsuin en su magistral volumen acerca del papel y la imprenta, el primer elemento en la exitosa invención china del libro impreso fue el papel. Su desarrollo databa del segundo o del primer siglo antes de Cristo, pero comenzó a ser utilizado en la impresión con moldes de madera sólo a fines del período Tang. Los Song del norte fueron la primera sociedad que contó con libros impresos; Europa los conocería más tarde. El papel fabricado con fibra vegetal en China resultaba más económico que el elaborado con trapos en Europa; del mismo modo, la impresión con moldes de madera era más simple, más barata y más adecuada para los caracteres chinos que el tipo móvil. Los impresos fueron un elemento vital para la expansión de la élite culta de los Song.

Los libros impresos significaron un gran ímpetu a la educación que se impartía en los monasterios budistas y también dentro de las familias. En un principio, el gobierno intentó controlar la imprenta, cuya difusión era generalizada; sin embargo, para la década del 1020 ya fomentaba el establecimiento de escuelas concediendo tierras y también libros. El objetivo era ahora contar con una escuela gubernamental en cada prefectura. Las escuelas matriculaban candidatos, realizaban rituales confucianos y ofrecían conferencias. John W. Chaffee (1985) señala que, a comienzos del siglo XII, el sistema educativo estatal disponía de seiscientas mil hectáreas de tierra para el sustento de doscientos mil estudiantes.

El sistema de exámenes se convirtió en una enorme y compleja institución, importantísima para la vida de la clase alta. Durante mil años, desde la era Tang hasta 1905, tuvo mucho que ver con el pensamiento chino, con su sociedad, administración y política.

Los primeros dos emperadores Song instauraron el sistema de exámenes como un medio para proveer de personal a su burocracia. El privilegio yin, por el cual los altos funcionarios podían nominar a sus descendientes como candidatos para los nombramientos, autoperpetuándose al menos parcialmente como clase, aún operaba. Pero, mientras a mediados del período Tang los exámenes no proporcionaban más del 15% de sus funcionarios, ahora los Song obtenían de ellos cerca de un 30%. Los examinadores Song trataban de seleccionar hombres dispuestos a defender el nuevo orden civil, hombres que fuesen “leales a la idea de un gobierno civil”, en palabras de Peter Bol (1992). También debían tomar precauciones contra las prácticas desleales en los exámenes, y para ello utilizaban ardides tales como cachear a los candidatos a la entrada, poner números en lugar de nombres en sus papeles y volver a copiar papeles para evitar que fuera reconocida la caligrafía del escritor. En el año 989, para cada examen se fijaron cuotas de aprobados, de modo que ciertas regiones geográficas que proporcionaban una gran cantidad de estudiosos no pudiesen obtener demasiados ganadores en la competencia.

Algunas décadas atrás investigadores pioneros concluyeron que los exámenes Song ofrecían una carrera a quien tuviera el talento, aceptando nuevos hombres según sus méritos; ahora, una inspección más minuciosa sugiere que aun así las grandes familias continuaron colocando a sus candidatos en los puestos oficiales de manera desproporcionada, parcialmente en virtud de una enseñanza superior en el hogar, pero también a través de recomendaciones y contactos. Chaffee descubrió que durante los tres siglos de la era Song los exámenes se tornaron cada vez menos determinantes para obtener un puesto aunque, paradójicamente, más y más hombres llegaron a rendir dichos exámenes. Ello refleja el hecho de que el

títulos para sus hijos: por el privilegio yin de la recomendación, por la aprobación de diversos exámenes especiales o restringidos paralelos a la competencia regular y, lo más sorprendente, ¡simplemente por el hecho de dar los exámenes y reprobarlos una y otra vez! (nos viene a la memoria el informe escolar que otorga a un niño retrasado por lo menos una nota máxima “por el esfuerzo”). Como resultado de ello, quienes tenían grados regulares constituían en el año 1046 aproximadamente el 57% de la administración pública; en 1119, el 45%; en 1191, el 31%, y en 1213, el 27%. Este porcentaje descendente también puede observarse en los coeficientes de aprobación/reprobación sancionados -es decir, decretados- a medida que el número de candidatos aumentaba: en el año 1023 se permitió que pasaran cinco de diez; en el 1045, dos de diez; en 1093, uno de diez; en 1156, uno de cien, y en 1275, uno de doscientos. Mientras más hombres competían, menos aprobaban.

De esta manera, obtener una educación clásica y dar los exámenes certificaba un status social con o sin la aprobación de dichos exámenes, y con la obtención del título de funcionario o sin ella. Un ejemplar estudio de una comunidad realizado por Robert Hymes (1986) muestra cómo el crecimiento de la clase erudita sobrepasó en gran medida la expansión de los cargos estatales, imposibilitando el ingreso de muchos hombres con exámenes aprobados a la élite profesional de la administración pública. Entre los 200 mil estudiantes registrados como tales, cerca de la mitad eran candidatos para los exámenes, compitiendo por aproximadamente quinientos títulos que les permitirían ingresar a la administración pública de, digamos, veinte mil funcionarios. Así, la mayoría de los estudiantes veía bloqueado el camino hacia la obtención de un puesto. Dadas las circunstancias, el desarrollo de comunidades rurales mercantiles en busca de un Iiderazgo local atrajo a los eruditos hacia sus localidades de origen. Durante el período de los Song del sur, el status de una familia perteneciente a la élite comenzó a depender menos del hecho de que uno de sus miembros ocupara un puesto en la corte, y más de la riqueza, el poder y el prestigio de dicha familia en el plano local.

Hymes comprobó que las 73 familias de la élite de la comunidad bajo estudio mantuvieron su nivel en promedio durante aproximadamente 140 años. Menciona asimismo “tupidas redes de contactos” -familiares, académicos y personales- entre funcionarios y plebeyos. El ocupar un puesto en la administración pública se había convertido sólo en un factor -y no uno necesario- para el establecimiento de la categoría de élite. En otras palabras, ésta se había ampliado para incluir a magnates locales, líderes familiares y empleados públicos informales, así como a ex funcionarios. Para todos por igual, el prerrequisito era una educación clásica que los calificara culturalmente como miembros de la clase de los shi (letrados o “caballeros”). Dichos hombres, por su educación confu-ciana, sentían la responsabilidad de mantener el mundo material y moralmente en orden. Fueron guiados por la doctrina del neocon-fucianismo, una filosofía de vida que se originó a partir de los debates de los eruditos funcionarios de la dinastía de los Song del norte.

El neoconfucianismo

El confucianismo postulaba como normas de conducta la generosidad y la perfección; como los indisciplinados eran tan comunes en China como en cualquier otra parte, periódicamente los confucianos llamaban a una reforma. De hecho, la mayoría de los fundadores dinásticos llegó al poder para remediar algún mal. Reafirmado el sistema de exámenes, y una vez que los burócratas Song compartieron la misma enseñanza clásica, era natural que surgieran reformistas entre ellos. Esta situación, recurrente en el confucianismo, presenta dos rasgos principales: primero, los funcionarios en favor de las reformas normalmente esperaban que el emperador les concediera el poder para llevarlas a cabo, asumiendo que la autocracia imperial era el origen de todo poder político. Podrían reforzarla o utilizarla, pero nunca procuraron cambiarla ni reemplazarla por cualquier otra forma de autoridad al interior del Estado y la sociedad; segundo, los supuestos reformistas consideraban a la gran masa de la gente común como receptores pasivos del benevolente despotismo que ellos buscaban dirigir. Suponían que todos los mercaderes eran perniciosamente codiciosos, y que todos los hombres de armas eran adictos a la violencia. La labor del reformista era mantenerlos en su lugar y asegurar un sabio ejercicio del poder central unificado representado por el emperador. Desde este punto de vista, la reforma era una alta vocación, un medio para preservar el orden imperial beneficiando -y controlando al mismo tiempo- a la gran masa popular.

Un temprano exponente de reformista confuciano, Fan Zhon-gyan, demostró su dedicación en su máxima: “Antes que el resto del mundo comience a preocuparse, el erudito se preocupa; después que el resto del mundo se regocije, él se regocija”. Como precisa James T.C. Liu (en Fairbank, 1957), cuando Fan fue primer ministro de los Song del norte impulsó reformas tanto en la burocracia (para combatir el favoritismo) como en los exámenes (para que los contenidos tuvieran relación con la práctica), la posesión de tierras (para dar a los funcionarios locales la posibilidad de contar con las rentas en lugar de aplicar la extorsión), la defensa con el fin de