INDICE COMPLETO AGRADECIMIENTOS
3. METODOLOGÍA Y ESTRUCTURA DE TESIS
4.2. El impacto de BIM en la industria AEC
4.2.1. La importancia de BIM
Por todo lo expuesto en el apartado anterior, se deduce la importancia de las herramientas BIM e incluso, para mayor claridad, de los procesos BIM. Siempre resulta difícil valorar con antelación cuando nos encontramos ante una “revolución” en un determinado área de conocimiento, o “cambio de paradigma” en el sentido de Kuhn, pero los cambios que aporta BIM para habilitar una mejora de competitividad resulta tan drástica que difícilmente puede contemplarse su negación o evitación (como proceso o parte del proceso) en el ejercicio profesional futuro (Kuhn, 1962). En todo caso en Europa, tras largos años de paciente y obstinada implantación en EE.UU, Australia y países nórdicos europeos, entre otros, ha sido la implicación pública en Gran Bretaña, a través a la Estrategia Nacional para la Construcción, formalizada en el BIM Task Group en 2011, la que ha supuesto el impulso y determinación necesaria ya que prevé un casi inmediato uso de “BIM tridimensional colaborativo” en todas las licitaciones públicas a partir de 2016. Con una planificación temporal y secuencial de menor a mayor exigencia de compatibilidad entre recursos (ver fig. 4.04), se preparó una inmersión general en procesos BIM de todos los agentes implicados en la industria AEC así como organismos públicos (ministerios, agencias y universidades) para la apropiada difusión y preparación ante este horizonte.
Fig. 4.04: RIBA, niveles de madurez BIM. Bew‐Richards, 2008. Actualmente se está realizando en Reino Unido una revisión crítica de los niveles de información, aceptación y preparación BIM realmente alcanzados, pero independientemente del nivel logrado, se constatada que definitivamente ha tenido un efecto de contagio en otros países del área de influencia, y España acaba de realizar (14.07.15) el establecimiento oficial de una Comisión nacional para la Implantación de BIM y un plan estratégico para su ejecución (Fomento, 2015), con fechas hito para inclusión en concursos y concesiones de licitación pública situadas en 12.03.2018 (uso BIM recomendado), 17.12.2018 (obligatorio Edificación) y 26.07.2019 (obligatorio Infraestructuras).
La brevedad de los plazos contemplados (solo poco más tres años desde su anuncio) teniendo en cuenta la complejidad del proceso, aporta idea de la importancia que se le otorga a BIM como agente de cambio en la industria AEC española y su imbricación en el mercado internacional.
Fig. 4.05: Situación mundial implantación BIM (2014). Comisión Ineco. www.buildingsmart.es. A la hora de valorar la importancia de BIM desde muchas perspectivas, tal vez la más sintética resulte la ofrecida por Joaquín Díaz (entrevista personal en 11 de junio de 2015 en Giessen, Alemania) uno de los referentes de BIM en Alemania y en el plano internacional (https://www.linkedin.com/in/joaquindiaz). Se refiere al origen de la actual promoción intensiva de BIM como una necesidad macroeconómica: una industria mundial de extraordinario calado como AEC, arroja en sus resultados de explotación finales ínfimos porcentajes de beneficio de retorno (de un solo digito), insuficientes para atraer la inversión de fondos internacionales que permitan un crecimiento mínimamente equivalentes a otras industrias, a lo que se añade la urgente necesidad de reducir drásticamente el perenne “factor de incertidumbre” en la ecuación inversora, provocado por las habituales desviaciones respecto a previsiones iniciales.
William Mitchell a su vez argumenta que la justificación de implantación acelerada de BIM se ha visto a su vez motivada por la propia crisis económica (iniciada en 2007), que obliga a optimizar recursos y por tanto aumentar la eficiencia de consumo energético y costes en los edificios a lo largo de todo su ciclo de vida (Mitchell, 2009). Se une a ello una falta de visión global del rendimiento inversor (desde el inicio de diseño a la valoración de la funcionalidad final, ver fig. 4.06), contemplando una calidad “extramaterial” (incluida aquí en “calidad percibida” por
los usuarios y susceptible de mejorar productividad, satisfacción, permanencia y evitar absentismo) que matice linealidad coste/beneficio. Una calidad arquitectónica, en el mejor sentido, que BIM facilita tanto en su comunicación a cliente y agentes diversos (a través de la simulación de realidad virtual) como en su realización final (elevada precisión en el ajuste del diseño). Fig. 4.06: Comparativa de costes en el ciclo de uso del edificio, incluyendo satisfacción usuarios. S. Farrell, Project Manager Hadid Architects. 4.2.2. Cambios generados por BIM
En todo caso, introducir eficiencia en el conjunto de industrias AEC comienza por dejar de “vaciar la bañera con un colador”. La rutina de Sísifo constituida por la pérdida continua y por tanto reelaboración obligada de datos de proyecto (“representados” en planos, pero intransmisibles para su procesado automátizado), así como la enorme desviación entre lo proyectado (en lo económico, energético, cualitativo, planificado, etc.) de la realidad finalmente construida, forma el verdadero talón de Aquiles de la industria AEC. La existencia de un software hasta cierto punto ya antiguo (BIM: más de 25 años) y casi invisible en el ejercicio profesional hasta hace bien poco, presenta cierta similitud con el modesto y casi desapercibido origen académico de Internet que, contra todo pronóstico inicial, ha
terminado por convertirse en el soporte fundamental de las comunicaciones actuales. En el siglo del Big Data, la eficiencia de la industria AEC pasa por conservar y gestionar todos los datos, desde el inicio hasta el final de la vida útil de la edificación, para predecir y optimizar todos sus ciclos, tal y como los estudios de mercado pueden prever los comportamientos de consumo de la población, ya no extrapolando encuestas de opinión, sino directamente a través del uso diario de las tarjetas de crédito (BBVA, 2014).
Para este cambio radical, BIM es el catalizador necesario (Bernstein, 2005). Permitirá en su simulación previa eliminar con toda probabilidad gran parte de errores de construcción (opinión del 70% de encuestados, CWIC, 2004) y facilitar el control de plazos y estándares de calidad. De hecho hará, por su origen en la producción industrial, económicamente viables e incluso interesantes soluciones menos artesanas (Colomina, 2008) favoreciendo las incorporación de tecnologías de fabricación innovadoras. Fig. 4.07: Curva de MacLeamy, relacionando fases e impacto (efecto/coste/esfuerzo). Comparativa proceso tradicional y preferida (BIM). Para ello se impone un cambio a su vez radical en los procesos de trabajo (Holzer, 2014). Por un lado se prevé un claro desplazamiento del esfuerzo e inversión de
trabajo hacia la fase proyectual dentro del marco BIM, ajustando parámetros en el propio diseño iniciático que anteriormente quedaban pospuestos para su redacción en ejecución, incluso en obra. Resultando incuestionable la oportunidad de maximizar esta “previsión” en ciclos iniciales de Proyecto, no queda claro cómo quedará retribuido el sobreesfuerzo (de diseño, de inversión y, como no, de responsabilidad) en el rol del Arquitecto en esta fase, en especial en países como España donde el desarrollo proyectual de Ejecución (atribuciones profesionales y visado colegial) es extremadamente amplio comparado con la mayoría de países (entre ellos, la citada Gran Bretaña).
No menos esencial será el cambio en los flujos de trabajo, no por inasumibles, sino por conceptualmente distintos. Un verdadero proceso eficiente que incorpore BIM precisa ante todo mucho “criterio”, de hecho un criterio nuevo: la creación de una “realidad virtual”, compleja por definición dada su profusión de datos, debe decidir creativamente como combinar el “qué” con el “cuando” y el “cómo”. Fig. 4.08: Flujo de trabajo o workflow. S. Farrell, Project Manager Hadid Architects.
El mapa de flujo de fig. 4.08 del Project Manager de Zaha Hadid (Shaun Farrell), transmite gráficamente el dinamismo con el que se intenta armonizar los mejores recursos de diseño (en fases iniciales, muchas veces no‐BIM) con una eficiente transmisión de información para facilitar una ejecución que se conoce compleja. Un Workflow que armoniza fases, recursos y objetivos, en relaciones dinámicas y adaptativas en cada proyecto singular.
El ejercicio en Arquitectura en este nuevo marco y con un nuevo y exigente “actor” como es el proceso BIM, se complica aún más cuando se abre la perspectiva hacia el panorama internacional. La inexistencia de un referente único y federado y, a cambio, una cohabitación de multitud de estándares, guías y manuales (Barco, 2015), muchos con alguna cuestión de indudable interés y por tanto no descartable, dificulta enormemente tomar una decisión final respecto qué referente elegir para guiar la reconfiguración, siempre difícil del estudio o empresa y sus tradicionales flujos de trabajo. Posiblemente se produzca con el tiempo un decante por las guías BuildingSMART ya que reciben una mención internacional constante, salvo en Canadá (que adaptó el protocolo de Gran Bretaña), los países referenciados al Senate Properties Finlandés y los que hacen referencias las guías estadounidenses (Di Giuda, 2015). En referencia a normas, las únicas públicas, aparte de buildingSMART, son las BSI de Reino Unido, que actualmente presenta mayor voluntad de influenciar las normas europeas (Directiva Europea 2014/24/UE sobre contratación pública).
En todo caso, la decisión final deberá quedar reflejada en el BEP (BIM Execution Plan), el documento específico de desarrollo y coordinación de un proyecto BIM y que será base del contrato (objetivos, alcances y responsabilidades) entre las partes: propietarios (clientes), arquitectos, ingenieros, Project managers, gestores de obras y contratistas, e incluso fabricantes si están implicados en el desarrollo.
En la filosofía del documento se resume en los siguientes aspectos (Barco, 2015):
‐ Debe ser consensuado y acordado por todas y cada una de las partes intervinientes.
‐ Es evolutivo, modificado y ajustado para acomodar el flujo de trabajo y el alcance a lo largo de las diferentes etapas del proyecto. Con revisiones periódicas en función de la duración del proyecto.
‐ Describen cada una de las actividades que se realizan en la aplicación de la metodología BIM.
‐ A nivel jurídico debe ser un anexo al contrato o al menos debe estar coordinado con el mismo para no entrar en contradicciones.
‐ El BEP define usos BIM en el proyecto, para la creación del diseño, la coordinación, la administración de la construcción y, en definitiva, sienta las bases para la gestión de edificios a lo largo del ciclo de vida.
En coherencia con las nuevas relaciones contractuales, así como con los cambios en flujos de trabajo y consiguiente incremento trascendental en desarrollo proyectual en procesos BIM, se prevé un cambio roles e incorporación de nuevos perfiles profesionales: BIM Manager, BIM Coordinador, BIM Modelador, BIM Operador, Monitorizador, etc. (Barco, 2015). Perfiles nada triviales para la eficiencia del conjunto: un BIM coordinador, por ejemplo, se encargará de la “contructibilidad” del modelo virtual y deberá gestionar las, a veces infinitas, incompatibilidades en el desarrollo del proyecto (clash detection: por ejemplo, de viga que coincide con trazado de conducto AC).
Se entiende difícil la transformación de estudios y empresas para abrir espacio al ejercicio y responsabilidades de estos nuevos roles y armonizar a su vez éstas con las cualidades profesionales existentes (Deutsch, 2011: BIM es 90% sociología y 10% tecnología), pero por el momento la carencia acuciante es la inexistencia de profesionales BIM adecuadamente formados, problema que la universidad, como ente encargado por la sociedad de preparar a los mejores, debe acometer sin dilación, tal y como se propone en la presente tesis.