Capítulo 1. Las relaciones entre iguales: enfoques teóricos
1.4. La cultura de los iguales en desarrollo
1.4.3. La importancia de las experiencias con los iguales
Las experiencias con los iguales forman un contexto importante en el desarrollo humano. Dentro de esta cultura de iguales, los niños y adolescentes adquieren una variedad de habilidades, actitudes y experiencias, que tienen influencia en la persona durante toda su vida (Rubin et al.,1998). Esta importancia de las experiencias entre los iguales ha sido mencionada por muchos. Y ahora, casi ninguna persona estudiando el desarrollo humano no relacionaría, de modo explícito o implícito, los aspectos que tiene bajo la lupa con el grado de bienestar presente o futuro de las personas. Ya en el
apartado sobre los enfoques teóricos, se ha podido leer cómo cada teórico subraya esta importancia desde su punto de vista. A continuación se eludirán solamente a algunos aspectos por el límite de espacio: algunos comentarios relevantes acerca de la
importancia de los iguales, la amistad y el grupo; la popularidad del niño/a en el grupo como método de estudio; y la importancia de las relaciones entre iguales en la escuela, contexto especialmente importante en esta tesis.
Iguales, amistad y grupo.- En 1932, Piaget escribió sobre la importancia de las
interacciones entre iguales en el desarrollo de los niños y adolescentes. En el contexto de los iguales los niños encuentran oportunidades para explorar y discutir diferentes ideas y explicaciones, para aprender a comprender los pensamientos, las emociones e intenciones de los otros.
También en la percepción de Sullivan (1953), las relaciones entre iguales son fundamentales para el desarrollo del bienestar. Si los niños de estas edades llegan a tener experiencias de estar aislado del grupo, o de no tener una pandilla, esto podría llevar a que se preocupen por sus competencias y por si son queridos como iguales. Hartup (1983, 1996) ha señalado la importancia que tiene la amistad para los niños y adolescentes: las amistades de buena calidad son fuentes de conocimiento social y de desarrollo emocional para los iguales, y además siguen siendo importantes a lo largo de toda la vida (Hartup y Stevens, 1997). Aunque también ha afirmado, a partir de su revisión de estudios acerca de la amistad y su significado para el desarrollo (Hartup, 1992), que las amistades sí pueden ser significativas, “ofrecer ventajas” (p.176), pero no son directamente necesarias para el desarrollo.
Según Coleman (1980a), hay tres razones por las que la amistad y el grupo pueden ser significativos para el desarrollo del adolescente. En primer lugar, se tiene que enfrentar con cambios de tipo físico, social y emocional en su vida. Esto crea para el individuo la necesidad de hacer frente a experiencias nuevas y desconocidas, lo que supone un desafío para su identidad y autoestima. Normalmente estas circunstancias llevan a una mayor dependencia del apoyo de otros, especialmente aquellos que están con las mismas cosas o los que recientemente se han enfrentado con los mismos sucesos en su propia vida. En segundo lugar, el adolescente va soltando los lazos emocionales con su padre y su madre que tenía en su infancia. Así que paradójicamente, en un momento que existe mucha inseguridad, también acerca de sí mismo y cuando más se necesita apoyo, muchos adolescentes se encuentran en una situación emocional en la que es difícil o incluso imposible buscar el apoyo del padre y la madre. Entonces no es extraño que en estas situaciones los iguales tengan un papel muy importante. La naturaleza de la transición que es la adolescencia por definición, provoca una
experimentación por parte de quienes se encuentran en esa transición. Los adolescentes tienen que aprender qué tipos de conducta son aceptables, qué facetas de la personalidad son las que a los demás les gustan y cuáles son las que se rechazan. Sobre todo tienen que descubrir cómo sus necesidades y sus motivos interactúan de la mejor manera con el entorno social y qué papeles son compatibles con su propia identidad, que se está desarrollando.
Savin-Williams y Berndt (1990) revisaron varios estudios relevantes acerca de amistad realizados hasta entonces en relación con la adolescencia. A partir de esta revisión concluyen que las amistades pueden tener efectos beneficiosos para el bienestar psicológico, social y académico en la adolescencia. Sin embargo, señalan que hay varios aspectos que son necesarios tener en cuenta antes de usar esta conclusión como una base intocable en el contexto educativo o clínico. La dimensión más importante parece ser la intimidad o el apoyo en las relaciones de amistad. Menos relevante es el número de amigos que los adolescentes tienen o la frecuencia de sus interacciones, aunque uno y otra han sido usados como indicadores por algunos investigadores (p.ej. Feltham, Doyle, Schwartzman, Serbin y Ledingham, 1985). Un adolescente que está en
interacción frecuente con sus amigos puede no recibir mucha atención por parte de estos amigos. De modo similar, el pasar mucho tiempo con los amigos en la adolescencia está incluso asociado con malos resultados en la escuela o conductas antisociales (Berndt y
Hawkins, 1987; Csikszentmihalyi y Larson, 1984; ambos citados en Savin-Williams y Berndt, 1990).
En el capítulo siguiente, cuando se trata el desarrollo y las características de la amistad en la infancia media y tardía y adolescencia, se comentarán también las diferentes funciones de la amistad y los grupos de iguales más a fondo.
La popularidad en el grupo como índice en el estudio de la importancia de las
relaciones entre iguales.- Un aspecto muy valorado como objeto de investigación en el
área de las relaciones entre iguales es la popularidad del niño/a en el grupo, gracias sobre todo a la atracción que tiene el método sociométrico para muchos. Se ha pensado que es un índice útil (un buen indicar del éxito social del niño o niña) para poder estudiar la importancia de las relaciones entre iguales para el desarrollo y el grado de bienestar del niño/a y adolescente. El término popularidad refiere a la medida en que cada niño/a dentro de un grupo cae bien o mal a sus iguales, y de esta manera se obtienen representaciones del grupo de iguales. El origen de la sociometría está en el trabajo de Jacob Moreno (1934; citado en Rubin et al., 1998). Según Moreno, las relaciones y experiencias interpersonales se deberían entender a través de las
atracciones, las fuerzas positivas que juntan a las personas y las repulsiones, las fuerzas
negativas que separan a las personas. A partir de los procedimientos que Moreno desarrolló, se han elaborado varios sistemas para clasificar a los niños y niñas según las nominaciones que sus iguales les dan. Es decir, según el número de veces que es elegido o elegida como “cae bien” o “cae mal”. Los sistemas más usados son los de Coie, Dodge y Coppotelli (1982) y Newcomb y Bukowski (1983), con los cuales se “ordena” a los niños y niñas en diferentes grupos según su puntuación: los populares, rechazados, ignorados, medianos y controvertidos.
El enfoque sociométrico ha sido dominante en el estudio de los iguales desde principios de los años 80 (especialmente en Estados Unidos), como se puede observar por el número elevado de estudios. Especial atención recibía el status de rechazado. Muchas de las investigaciones de los años 80 sobre rechazo han sido revisadas en el libro Peer rejection in childhood, compilado por Asher y Coie (1990). Sin embargo, el método sociométrico ilumina la psicología de la persona desde una única perspectiva e ignora por lo tanto otras posibilidades. El empleo frecuente de esta técnica indica que es una herramienta aparentemente fácil y económica en cuestión de tiempo a la hora de
y éticos (del Barrio, Martín et al., 2003; Rubin et al., 1998). En cuanto a las
limitaciones metodológicas, se puede apuntar la falta de consistencia entre distintos informantes (niños y profesores) y la poco estabilidad de los juicios de los niños de un momento a otro. Si pensamos en las preguntas que se realizan para determinar la popularidad de los niños: a quiénes invitan a una fiesta de cumpleaños, a quiénes consideran como sus amigos etc., no es extraño que se encuentra esta falta de
consistencia y estabilidad. Es bien sabido que antes de la infancia media, las relaciones de amistad son muy dependientes de la situación. Un dilema ético surge en relación con las nominaciones negativas. Cuando los investigadores o profesores piden los nombres de otros compañeros (víctimas de maltrato por los compañeros, rechazados, agresores), muchos niños mayores y adolescentes entregan las hojas en blanco. El que muchos otros no los entreguen así, no quiere decir que estén de acuerdo. Los juicios negativos pueden llevar, implícitamente o explícitamente, a que los niños y niñas vean a sus iguales de modo incluso más negativo o interactuen con ellos de manera menos positiva, y a fortalecer su estatus como marginado (Bell-Dolan, Foster y Sikora, 1989; citado en Rubin et al., 1998). En el caso de que se trate de preguntas sobre quién está siendo victimizado en el grupo y quién es que realiza agresiones hacia uno o más compañeros, del Barrio, Martín et al. afirmaron acerca de sus efectos negativos: “la
víctima es doblemente victimizada: se sabe designada por los compañeros como tal y por tanto reinstalada en ese papel y más impotente para salir del mismo; en el caso de los agresores, a menudo populares, están siendo reforzados en su papel. En definitiva, el clima afectivo del grupo sale muy mal parado. Es lo contrario del clima necesario para que afloren los conflictos mediante la comunicación para poder resolverlos”
(p.18).
Recientemente, también Olweus (2001), al que se refiere con cierta extensión en el tercer capítulo, ha señalado los problemas que existen en relación con el enfoque sociométrico. Las nominaciones de rechazado que se obtienen con el método
sociométrico no se centran directamente en características conductuales o aspectos de personalidad del niño o niña. Solamente reflejan las evaluaciones por parte de los iguales, su entorno social, en la forma de que si el niño o niña cae bien o no cae bien a sus compañeros. Obviamente, una persona puede caer y no caer bien a alguien por muchas razones, por lo que razonablemente se puede esperar una gran heterogeneidad en el grupo de niños/as que son rechazados.
Cuando sí se aplica este método y el niño o adolescente obtiene una puntuación de estatus entre sus iguales, se observa que los comportamientos que resultan de este status tienden a fortalecer sus actitudes lo que refuerza el nivel de popularidad que tiene. Al menos, esto es lo que propone por ejemplo Ladd (1983). Observó a niños de tercero y cuarto (entre 8 y 10 años) que fueron clasificados como populares, ignorados o rechazados por sus iguales en el patio y encontró que los niños rechazados están más tiempo aislados de otros o muestran conductas negativas como agresión. Los niños ignorados estaban más tiempo mirando a otros niños mientras jugaban; solían estar en los extremos del patio y no participaban en el juego. Los niños populares pasaron mucho de su tiempo en grupos relativamente heterogéneos que incluían a sus amigos y otros niños populares.
Se ha asociado el status dentro del grupo con muchos variables, utilizándolo como predictor de comportamientos o estados psicológicos futuros. Sin embargo, la mayor parte de estos estudios sociométricos son de tipo correlacional, y como bien sabemos, la correlación no muestra causación. Entonces, como también en el caso de Ladd (1983), no se puede concluir a partir de esas correlaciones que ciertos
comportamientos causan un tipo o nivel de status en el grupo, ni tampoco que un cierto status causa conductas de algún tipo. Existen varias revisiones acerca de lo que
correlaciona con la popularidad, como por ejemplo Coie, Dodge y Kupersmidt (1990), Newcomb, Bukowski y Pattee (1993) o Parker, Rubin, Price y DeRosier (1995).
Las experiencias entre iguales en la escuela.- Un tipo especial de experiencias con los
iguales son aquellas que tienen lugar en la escuela. Esta proporciona un contexto único de interacción y relación con sus semejantes, pero también con adultos (véase Del Barrio, van der Meulen y Barrios, 2002). La afirmación de Johnson (1980) que se ha citado al principio de este capítulo señala como en su opinión las relaciones8 entre los alumnos son esenciales para su desarrollo cognitivo y social y la socialización general. Según Johnson, estas contribuyen en varios modos, como se puede observar en el Cuadro 1.1.
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Johnson (1980) no explica cuál es según él la diferencia entre interacciones y relaciones. En mi interpretación, refiere a interacciones en el sentido de conductas en un determinado momento y un determinado lugar (la clase). Estas interacciones influyen en las relaciones, durante más tiempo, entre los alumnos que juntos forman un grupo. Por eso escribe más adelante de dinámica del grupo, consciente de
Cuadro 1.1. Contribuciones de las relaciones entre alumno y alumno al desarrollo cognitivo y social y socialización general de los niños y adolescentes.
1. Contribuir a la socialización de los valores, actitudes, competencias y modos de percibir el mundo;
2. Ser indicadores pronósticos para la futura salud psicológica;
3. Enseñar las competencias sociales que son necesarias para reducir el aislamiento social; 4. Influir en la ocurrencia o no-ocurrencia de conductas problemáticas potenciales en la
adolescencia como el uso de drogas ilegales;
5. Proporcionar el contexto en el que los niños aprenden a controlar los impulsos de agresión; 6. Contribuir al desarrollo de la identidad conforme el papel del género;
7. Contribuir a la emergencia de las habilidades de toma de perspectivas; 8. Influir en las aspiraciones educativas y el logro académico.
Tomado de Johnson (1980), p. 125.
Este trabajo, aunque no reciente, parece importante porque señala la relevancia del estudio de las relaciones entre iguales, y de éstas para los y las educadoras. Estos tienen que ser conscientes de que los alumnos tienen influencia en el desarrollo y bienestar de sus iguales. La lista de Johnson podría tener más elementos, como por ejemplo, la contribución al autoconcepto y la autoestima de los niños/as y adolescentes en el presente. En cualquier caso, una vez señalada esta importancia, es necesario, en consecuencia, dar atención a las malas relaciones que pueden existir entre los niños y adolescentes.
La tarea del profesorado para lograr buenas interacciones entre alumno y alumno.-
Las relaciones entre iguales sólo tendrán efectos constructivos cuando las interacciones entre alumno y alumno se caracteriza por apoyo y aceptación. El ser o no ser aceptado por los iguales afecta a la vida del alumno en el aula. Y para poder promover las influencias constructivas entre iguales, los profesores y profesoras tienen que asegurar que los alumnos interactúen y además que estas interacciones tengan lugar en un contexto de apoyo y de aceptación. Dicho de otra manera: “los profesores y profesoras
tienen que controlar la dinámica del grupo que afecta a la interacción entre alumno y alumno” (p.132). Johnson demuestra, a partir de otros trabajos realizados, que varios
aspectos de este dinámica del grupo son importantes para tal objetivo (p.157): - La estructura de las metas de aprendizaje. Es importante que se colocan a los
estudiantes principalmente en grupos de aprendizaje cooperativo, y que se usa cautamente aprendizaje competitivo y individualista.
- El modo en que se manejan disputas/controversias. El profesor tiene que estructurar las controversias o debates en los modos que aseguran su resolución constructiva. - La heterogeneidad entre los alumnos. Los alumnos deben tener la oportunidad para
interactuar con diferentes iguales con perspectivas, actitudes, antecedentes, habilidades, opiniones y edades distintas.
- Las normas en el aula. Es importante que las normas en el aula ayudan al logro y la conducta apropiada por parte de los alumnos.
- El tamaño de los grupos de aprendizaje. Los grupos de aprendizaje deberían ser lo suficiente grande para que haya las fuentes y diversidad necesarias, pero lo
suficiente pequeño para que se utilicen por completo las fuentes de cada uno, la participación es alta, la aceptación y el apoyo para todos los miembros es posible, la coordinación es fácil y la responsabilidad individual para el aprendizaje es factible.
Probablemente existen otros escritos, incluso más recientes, que valoran la dinámica del grupo para el aprendizaje en el aula, es decir para las relaciones entre los alumnos que influye en este aprendizaje. Además, habrá que realizar seguramente algunos matices en cuanto a los factores importantes de la dinámica del grupo que se han mencionado aquí arriba. La intención, sin embargo, ha sido enseñar que existen ideas sobre cómo se deberían manejar las relaciones en el aula para poder aprovechar de ellas para el desarrollo, y a la vez prevenir posibles malas relaciones que además
disminuyen el grado de bienestar de los alumnos.
La contribución de los compañeros (de clase) para el autoestima.- El apoyo de los
iguales en la forma de aprobación por parte de los compañeros en los contextos escolares es crítico para el autoestima de las personas. En sus estudios, Harter (1996) encontró en todos los diferentes niveles de la infancia media a tardía, adolescencia, los años de universidad y la edad adulta temprana hasta mediana, que la aprobación por parte de los iguales en el “dominio público” –compañeros de clase, los iguales en una organización etc.- está más relacionado con el autoestima que la aprobación por parte de los amigos íntimos. Es posible que el apoyo de los demás en el dominio público refleja mejor la aceptación por parte del “otro generalizado” (Mead, 1934), una aprobación que se puede percibir como más objetivo o precedente de fuentes más creíbles que el apoyo por parte de los amigos íntimos. Con esto no se niega la importancia que el amigo o la
más como base psicológica segura desde la cual uno puede partir para enfrentarse con los desafíos del otro generalizado.
Los compañeros de clase representan el otro generalizado para los niños mayores y adolescentes; el contexto de los iguales en las escuelas destaca como un determinante crítica para el sentido de valor que una persona tiene de su mismo. Además, no es un contorno del que se escapa fácilmente cuando el apoyo de los compañeros no viene. En la vida diaria, muchos niños con una autoestima baja tienen que confrontarse con la desaprobación, el rechazo o la ignorancia de los mismos compañeros de quienes es tan esencial recibir apoyo para tener un sentido de valor personal.
El funcionamiento en la escuela.- La calidad de las relaciones entre iguales ha sido
relacionada con varios aspectos del funcionamiento de los niños y adolescentes en la escuela. Así por ejemplo, la pérdida de un grupo conocido de iguales puede tener efectos negativos para el autoestima (Miller,1983; en Wentzel, 1996). Después, el rechazo (el status sociométrico como rechazado) se ha visto relacionado con problemas académicos o niveles más bajos de rendimiento académico y sentimientos de soledad (véase por ejemplo la revisión de Birch y Ladd, 1996). Según Parker y Asher (1987), los niños rechazados por sus iguales en la escuela tienen un mayor riesgo para
dificultades de ajuste en la adolescencia y edad adulta, incluyendo un mayor riesgo para dejar la escuela. Fine (1991; en Hymel, Comfort, Schonert-Reichl y McDougall, 1996) ha sugerido que a muchos jóvenes que abandonan la escuela (dropouts en inglés) es mejor llamarles “los que han empujado fuera (pushouts en inglés) de la escuela”. La razón es que varios aspectos del sistema escolar, pero también las malas relaciones con los iguales pueden ser la causa de que algunos y algunas jóvenes no siguen yendo a la secundaria. Sin embargo, Hymel et al. (1996) afirman que, a pesar de las sugestiones que los que dejan la escuela puedan sentirse socialmente aislados, de momento existen pocas pruebas empíricas claras que lo confirman. De todos modos, de los estudios realizados, no se pueden sacar buenas conclusiones, porque no se han hecho de modo apropiado. Por otro lado, parece que lo que Hymel et al. no han encontrado es que todos los que abandonan son rechazados o se sienten socialmente aislados. Pero lo que sigue siendo posible es que una razón entre varias para estar fuera de la escuela sean las malas relaciones con los compañeros.
Otros estudios sugieren que las relaciones positivas con los iguales contribuyen a la seguridad emocional y estimulan el logro académico, es decir, muestran la otra cara