3. PERSPECTIVAS TEÓRICO ANALÍTICAS CONTEMPORÁNEAS ACERCA
3.2. Anthony Giddens: la identidad del yo
3.2.1. La modernidad como fuente de la identidad
Para Giddens, las condiciones de la modernidad son las que proporcionan determinados elementos para la conformación de la identidad del yo. La manera en que este autor define el concepto de identidad del yo es la siguiente:
La identidad del yo constituye para nosotros una trayectoria a través de los diferentes marcos institucionales de la modernidad a lo largo de la duración de lo que se suele llamar <<el ciclo de la vida>>… Cada uno de nosotros no sólo <<tiene>> sino que vive una biografía reflexivamente organizada en función de los flujos de información social y psicológica acerca de los posibles modos de vida (Giddens, 1995: 26)
En este sentido, la identidad del yo consiste en la formación, por parte del individuo, de un modo de vida específico, elegido entre una variedad de opciones modeladas por las instituciones sociales. Además, la forma de vida elegida se manifiesta en todos los contextos en que actúa e interactúa el individuo con los demás.
Anthony Giddens considera que los principales mecanismos institucionales de la modernidad han surgido por los elementos que hicieron que ésta apareciera a finales de la edad feudal europea: la industrialización, la economía capitalista y el Estado, los cuales son los ejes principales que modelan el carácter moderno. La importancia de estos elementos radica en que generan un carácter dinámico que inciden en la identidad del yo: en primer lugar, la industrialización como una forma de relaciones sociales generada bajo las condiciones de la forma de producción con base en la mecanización, seguida por la economía capitalista que influye a través del mercado y la conversión de la mano de obra en mercancía, así como el Estado nacional que genera formas de control social a través de su organización
burocrática. En general, estos elementos logran generar una amplia influencia institucional sobre el individuo y sus relaciones sociales. (Cfr. Giddens, 1994; 1995a)
Los mecanismos dinámicos a los que alude el autor son, en primer lugar, la separación del tiempo y del espacio. Para él, la aparición de la modernidad se caracteriza porque las relaciones sociales experimentan una nueva noción del tiempo en relación con el espacio y con la medición del tiempo a través de relojes y calendarios, por lo que los individuos pueden desarrollar determinadas actividades al mismo tiempo y desde diferentes lugares. Esto permitió, según este autor, que se rompiera con la necesidad de la fijación a lugares específicos para la actividad de individuos que tenían determinados vínculos entre sí; en palabras del sociólogo británico, la modernidad supuso un “vaciamiento” del tiempo y del espacio, que proporcionó múltiples formas de tiempo vivido en los individuos, lo que genera que en la modernidad la acción social se pueda coordinar sin la necesidad de mediación del lugar geográfico:
La organización social moderna supone la coordinación precisa de muchos seres humanos físicamente ausentes entre sí: el <<cuando>> de estas acciones está directamente vinculado al <<dónde>>, pero no como en las épocas premodernas, por la mediación del lugar. (Giddens, 1995a: 30)
Según Giddens, la separación de tiempo y espacio es condición para el surgimiento del segundo elemento de dinamismo de la modernidad que consiste en el desenclave de las instituciones sociales bajo la influencia de sistemas abstractos. Giddens considera que a través de estos elementos se da una extracción de las relaciones sociales de su ámbito local y al mismo tiempo, experimentan una rearticulación en dimensiones espaciotemporales indefinidas. Desde su perspectiva, los sistemas abstractos, que funcionan como mecanismos de desenclave, consisten en dos tipos: las señales simbólicas y los sistemas expertos. Las señales simbólicas consisten en “medios de valor estándar y, por tanto, intercambiables en una pluralidad de circunstancias” (Ibíd.: 31). Para ejemplificar la manera en que funcionan estas señales simbólicas, Giddens recurre al ejemplo del dinero y retoma el análisis desarrollado por Simmel en su filosofía
del dinero para mostrar la manera en que las señales objetivan determinados tipos
de relaciones sociales en donde existe una suspensión de tiempo y espacio, debido a que el dinero puede ser usado para crédito (tiempo) y por que además se utiliza por una multiplicidad de individuos que no se conocieron nunca y que no tienen una relación espacial específica. (Cfr. Giddens; 1994, 1995a, 1995b)
Los sistemas expertos son entendidos por Giddens como aquellos “sistemas de logros técnicos o de experiencia profesional que organizan grandes áreas del entorno material y social en el que vivimos” (Giddens, 1994: 37). La importancia de estos sistemas se encuentra en que no solo influyen en contextos relacionados con la pericia tecnológica, sino que se encuentran presentes en las relaciones sociales y en la identidad del yo; esto lo hacen porque son fuente de conocimientos aplicables a la mayoría de ámbitos de la vida del individuo, por lo que éste los utiliza como fuente de saber válido.
Ahora bien, la importancia de los sistemas abstractos (señales simbólicas y sistemas expertos) radica en que son fuente de confianza en el individuo. Esta es la causa de que el individuo tome decisiones en su vida cotidiana al orientar sus acciones. Según Giddens, la confianza del individuo no es consciente, sino más bien es una actitud fundamentada mentalmente, esto es, el individuo opta por determinada acción con base en una actitud mental que le brinda cierto tipo de confianza que está basada en los sistemas abstractos:
La confianza, de varios tipos y niveles, sustenta una multitud de decisiones de cada día tomadas por todos nosotros al orientar nuestras actividades. Pero el hecho de confiar no es siempre, en absoluto, el resultado de decisiones adoptadas conscientemente; se trata más a menudo de una actitud mental generalizada que las fundamenta, algo que hunde sus raíces en la relación entre confianza y desarrollo de la personalidad. (Giddens, 1995: 32)
Al mismo tiempo, los sistemas abstractos junto con la separación del tiempo y del espacio son fuentes importantes para el surgimiento de la reflexividad en la modernidad, la cual supone que, a diferencia de los órdenes tradicionales, la vida social se libera de la dependencia de los preceptos y prácticas preestablecidas, puesto que los aspectos sociales y las relaciones con la naturaleza son objetos de
una constante revisión debido a la aparición de nuevos conocimientos, en palabras de este autor:
La reflexividad de la modernidad se refiere al hecho de que la mayoría de los aspectos de la actividad social y de las relaciones materiales con la naturaleza están sometidos a revisión continua a la luz de nuevas informaciones o conocimientos (Ibíd.: 35)
Por otro lado, desde la perspectiva de Giddens, la experiencia del individuo en la modernidad es mediada por los medios de comunicación, los cuales surgieron desde la difusión de libros con la imprenta pasando por la prensa escrita hasta llegar a los medios electrónicos actuales. Estas formas de comunicación revisten importancia en las consideraciones de este sociólogo debido a que, desde su perspectiva configuran en la modernidad tardía, en cierta medida, un sentido de realidad universalizante, en el cual los individuos se consideran como parte de un universo social configurado por todos los seres humanos del planeta, debido a que la difusión de sucesos y modos de vida a través de los medios de comunicación permiten conocer y realizar acciones que se desarrollan en lugares distantes:
Los múltiples modos de cultura y conciencia característicos de los <<sistemas del mundo>> premodernos formaban un conjunto auténticamente fragmentado de comunidades sociales humanas. En cambio, la modernidad tardía produce una situación en la que el género humano se convierte en ciertos aspectos en un <<nosotros>> que se enfrenta con problemas y posibilidades donde no existen los <<otros>> (Ibíd.: 42)
En general, para Giddens, los elementos de dinamismo de la modernidad y la universalización han ocasionado que en la etapa contemporánea surjan situaciones que en los inicios de ésta no se encontraban presentes y que en la actualidad son generadores de una radicalización de la modernidad. Para este autor la sociedad actual se caracteriza por un alto grado de escepticismo, así como un reconocimiento del alto grado de riesgo y peligro generados por la ciencia y la tecnología, estos elementos aparecen, debido a que el dinamismo de los cambios en la modernidad, generan que el individuo se enfrente constantemente a la idea de la contingencia, por lo tanto, ya no está seguro de que sus acciones ejecutadas en cualquier ámbito sigan una determinada dirección
y experimenta la sensación constante de que se puede ver afectado por sucesos no previstos. La importancia del escepticismo y de las situaciones de riesgo y peligro se encuentra en que el individuo tiene que organizar su futuro de manera constante tomando en cuenta las situaciones que se van generando en su presente, esto es, de manera reflexiva.
Por otra parte, para Giddens en la modernidad los cambios de la identidad del yo están relacionados con las transformaciones universalizantes, debido a que existe una conexión entre los aspectos íntimos y los vínculos sociales de amplio alcance. Esto sucede porque los cambios generados por la separación del tiempo y espacio, los sistemas abstractos y la reflexividad, junto con la tendencia a la universalización, hacen que para la constitución de esa crónica coherente de la biografía que constituye la identidad del yo, el individuo recurra de manera reflexiva a su pasado y a su futuro para organizar constantemente su presente. De esta manera, se ve ante una pluralidad de opciones que generan los mecanismos institucionales de la modernidad y de entre los cuales debe elegir.