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Mundo de la vida y sistema en el individuo moderno

3. PERSPECTIVAS TEÓRICO ANALÍTICAS CONTEMPORÁNEAS ACERCA

3.1 Jürgen Habermas: el individuo a la luz de la teoría de la acción

3.1.3. Mundo de la vida y sistema en el individuo moderno

Para Habermas, el concepto del mundo de la vida forma parte del de acción comunicativa; esto por la razón de que el primero es el que proporciona al

segundo aquellos elementos que forman un marco interpretativo del que los individuos echan mano, cuando buscan obtener un consenso sobre algo en el mundo o para realizar una acción teleológica. El filósofo alemán se refiere a estos elementos como saberes de fondo, los cuales son parte de un acervo de saber que poseen los individuos capaces de lenguaje y acción.

Este acervo de saber que está implícito en la acción comunicativa se divide en tres grupos, los cuales tienen que ver con el tipo de mundo al que hagan referencia en las emisiones. Para Habermas existen tres mundos a los que los participantes de la acción comunicativa hacen alusión al realizar actos de habla:

Un hablante… al ejecutar uno de los actos de habla estándar, entabla una relación pragmática:

- con algo en el mundo objetivo (como totalidad de las entidades sobre las que son posibles enunciados verdaderos); o

- con algo en el mundo social (como totalidad de las relaciones interpersonales legítimamente reguladas); o

- con algo en el mundo subjetivo (como totalidad de las propias vivencias a las que cada cual tiene un acceso privilegiado y que el hablante puede manifestar verazmente ante un público), relación en la que los referentes del acto de habla aparecen al hablante como algo objetivo, como algo normativo o como algo subjetivo. (Habermas, 2005 b: 171)

A pesar de que en una situación específica se haga referencia a uno sólo de estos mundos, según Habermas, los individuos aluden de manera implícita a los tres: al social, objetivo y al subjetivo al mismo tiempo. Esto porque de ellos es de donde los participantes en la interacción extraen las definiciones de la situación en la que se encuentran al emitir los actos de habla para poder entenderse. Al mismo tiempo, los saberes de fondo del mundo de la vida son considerados por el individuo como algo incuestionable, como evidentes de suyo y que no necesitan de justificación. Según Habermas, sólo cuando una situación se presenta como problemática es cuando estos saberes son sometidos a evaluación. Esto es, necesitan de una argumentación que posea la racionalidad comunicativa necesaria para poder llegar a un consenso sobre el aspecto del mundo que se presenta como problemático. En este sentido, el mundo de la vida proporciona un

marco de interpretación transmitido culturalmente (cfr, Habermas 2005 a y b). Asimismo, el lenguaje es muy importante, puesto que es el que estructura semánticamente ese acervo de conocimiento y sirve al mismo tiempo para llegar a un acuerdo sobre tales evidencias de suyo.

De manera general, Habermas considera al mundo de la vida como... ...Por así decirlo, el lugar trascendental en que hablante y oyente

se salen al encuentro; en que pueden plantearse recíprocamente la pretensión de que sus emisiones concuerdan con el mundo (con el mundo objetivo, con el mundo subjetivo y con el mundo social); y en que pueden criticar y exhibir los fundamentos de esas pretensiones de validez, resolver su disentimiento y llegar a un acuerdo. En una palabra: respecto a lenguaje y a la cultura los participantes no pueden adoptar in actu la misma distancia que respecto a la totalidad de los hechos, de las normas o de las vivencias sobre que es posible el entendimiento (Ibíd.: 179)

Ahora bien, esos tres mundos a los que se refieren los saberes de fondo del mundo de la vida, conforman lo que Habermas considera como los elementos estructurales del mundo de la vida. Estos consisten en cultura, sociedad y personalidad. La cultura tiene su origen en el mundo objetivo; la sociedad, en el mundo social y la personalidad en el mundo subjetivo. A través de la acción comunicativa, estos componentes estructurales se encargan por un lado de proporcionar el sustrato material del mundo de la vida. Pero al mismo tiempo se encargan de su reproducción.

En relación con la reproducción del mundo de la vida Habermas asegura que:

Bajo el aspecto funcional de entendimiento, la acción comunicativa sirve a la tradición y a la renovación del saber cultural; bajo el

aspecto de coordinación de la acción sirve a la integración social y

a la creación de solidaridad; y bajo el aspecto de socialización, finalmente, sirve a la formación de identidades personales. (Ibíd.: 196)

La manera en que se lleva a cabo esta reproducción es, según Habermas, la siguiente:

Las estructuras simbólicas del mundo de la vida se reproducen por vía de la continuación del saber válido, de la estabilización de la solidaridad de los grupos y de la formación de actores capaces de responder de sus acciones. El proceso de reproducción enlaza las nuevas situaciones con los estados del mundo ya existentes, y ello tanto en la dimensión semántica de los significados o contenidos (de la tradición cultural) como en la dimensión del espacio social (de grupos socialmente integrados) y en la del tiempo histórico (de la sucesión de generaciones). A estos procesos de reproducción

cultural, integración social y socialización corresponden los componentes estructurales del mundo de la vida que son la cultura,

la sociedad y la personalidad (Ibídem)

El modo en que este filósofo alemán define a estos elementos estructurales es como sigue:

Llamo cultura al acervo de saber, en que los participantes en la comunicación se abastecen de interpretaciones para entenderse sobre algo en el mundo. Llamo sociedad a las ordenaciones legítimas a través de las cuales los participantes en la interacción regulan sus pertenencias a grupos sociales, asegurando con ello la solidaridad. Y por personalidad entiendo las competencias que convierten a un sujeto en capaz de lenguaje y de acción, esto es, que lo capacitan para tomar parte en procesos de entendimiento y para afirmar con ellos su propia identidad. (Ibídem)

Según Habermas, la reproducción del mundo de la vida se lleva a cabo de dos maneras: una de ellas es la reproducción simbólica; ésta surge a través de las interacciones comunicativas cotidianas de los participantes del mundo de la vida. La segunda es la reproducción material y se da a través de la actividad teleológica con la que los individuos intervienen en el mundo para, a través de los medios elegidos, realizar sus fines.

Ahora bien, siguiendo a Habermas, la reproducción tanto material como simbólica del mundo de la vida con la acción comunicativa, no puede medirse por el grado de racionalidad en los procesos de reproducción; más bien, puede verificarse en la racionalidad del saber cultural, el grado de la solidaridad social y la capacidad de las personas adultas para responder por sus acciones, por lo que

cuando el mundo de la vida sufre perturbaciones, estas llegan a manifestarse a través de pérdida de sentido, anomia y psicopatologías.

Además, según este autor, describir a una sociedad desde el punto de vista del mundo de la vida es insuficiente para analizar la evolución de las sociedades modernas; por lo tanto, propone incluir un análisis que describa a la sociedad como sistema, ya que considera que si se interpreta a la sociedad desde el punto de vista del mundo de la vida, se parte de una perspectiva unilateral que llevaría al científico social a adoptar la propia interpretación de los participantes del mundo de la vida; por el contrario, si también se analiza a la sociedad como un sistema, se puede adoptar el punto de vista de un observador externo.

De la misma manera, si se analiza a la sociedad vista exclusivamente como mundo de la vida, se incurre en el error de considerar a los individuos como autónomos, y a una sociedad en donde los procesos de reproducción se dan con base en el entendimiento. Pero según este filósofo, no es así; por lo tanto analiza también a la sociedad como sistema, puesto que desde su perspectiva, los componentes estructurales del mundo de la vida están remitidos a plexos funcionales de acción que están determinados por medios de control sistémicos.

Para Habermas estos medios de control sistémicos se refieren a plexos de acción carentes de regulación normativa, los cuales determinan ciertas acciones sin recurrir al entendimiento; esto quiere decir que los medios de control sistémicos operan en el mundo de la vida de manera objetivada; por lo tanto, en donde están presentes, ya no es necesario el lenguaje como un medio de coordinación de la acción. Al mismo tiempo, la sociedad entendida como sistema también posee funciones integrativas, pero a diferencia del mundo de la vida, la integración aquí viene dada a través de un control no normativo de decisiones particulares carente subjetivamente de coordinación y sus mecanismos son el dinero y el poder.

Para explicar la manera en que surgen este tipo de controles sistémicos, Habermas analiza la evolución social y establece que en el curso del desarrollo histórico, se fue dando un desacoplamiento entre sistema y mundo de la vida. Según él, desde la etapa primitiva hasta la edad moderna, la sociedad como

sistema se fue haciendo cada vez más compleja, hasta llegar a un punto en el que el sistema de la sociedad se diferenció en subsistemas, los cuales cobraron autonomía uno respecto al otro. Para este filósofo, los subsistemas que se definen de manera clara en la etapa moderna, son la administración y la economía. Así mismo, los medios de control que desarrollaron cada uno fueron el poder y el dinero17. Pero, para que los subsistemas puedan cumplir su función de integración

social, deben ser institucionalizados, y sólo de esta manera sus medios de control garantizan el mantenimiento de la sociedad como sistema.

La forma en que estos subsistemas son institucionalizados en la etapa moderna, según Habermas, es a través de la vía jurídica, puesto que el derecho es el que brinda el soporte necesario, por un lado para la legitimación del poder político, y por el otro sienta las bases para el funcionamiento de la economía, así la institucionalización asegura el funcionamiento de estos subsistemas, tanto del aparato estatal burocrático como de la economía de mercado. De esta manera, surgen los medios de control que le son específicos a cada uno de estos subsistemas:

Con la administración pública, con el ejército y con la administración de justicia, el aparato estatal se especializa en la realización de fines colectivos a través de decisiones vinculantes. El sistema económico capitalista marca la eclosión de este nuevo nivel de diferenciación sistémica que es el dinero. (Ibíd.: 241)

Además, según Habermas, en la etapa moderna los medios de control sistémicos quedan anclados en el mundo de la vida. Esto se debe a que ante la complicación e incremento de saberes que lo conforman, la institucionalización de los medios de entendimiento sustituye al consenso. Además, argumenta que idealmente dicha institucionalización debería de facilitar la reproducción del mundo de la vida a través de la reproducción e incremento del saber objetivo (cultura), capacidad de decisión y responsabilidad personal (personalidad) y reforzamiento de lazos solidarios (sociedad) (cfr. Habermas 1989), pero en la realidad el anclaje institucional, en lugar de permitir una integración social armónica entre sistema y

17 En su análisis Habermas considera que estos medios de control fueron también sufriendo una

trasformación. Los que existieron antes de la etapa moderna fueron el intercambio de mujeres y el prestigio estamental.

mundo de la vida, ocasiona una relación paradójica en donde el sistema coloniza al mundo de la vida, puesto que en lugar de permitir que en aquellos contextos carentes de control sistémico, la racionalidad comunicativa aumente su potencialidad, el mundo de la vida es colonizado por los medios de control sistémico:

A la postre, los mecanismos sistémicos acaban desplazando las formas de integración social, incluso en aquellos ámbitos en que la coordinación de la acción en términos de consenso no tiene sustitución alguna; es decir, incluso allí donde lo que está en juego es la reproducción simbólica del mundo de la vida. Entonces la

mediatización del mundo de la vida adopta la forma de una colonización del mundo de la vida. (Habermas, 2005b: 280).