2. FUNDAMENTOS TEÓRICOS DE LA INVESTIGACIÓN
2.3. La motivación pieza clave para el aprendizaje.
El aprendizaje se inicia con un proceso de motivación que moviliza las energías del estudiante respecto al acto de aprender. Mediante la motivación, el estudiante se abre activamente a los datos del “input” informativo para interpretarlos, procesarlos e integrarlos en las redes informativas ya existentes. La motivación, a veces generada por la simple curiosidad epistémica, desarrolla una expectativa relacionada con el objeto
meta del aprendizaje. Si no existe motivación, hay que crearla; y si existe una motivación negativa hay que cambiarla.
Cualquiera que sea la definición que se adopte, la motivación hace referencia al conjunto de procesos implicados en la activación, dirección y persistencia de la conducta, en este caso de la conducta del aprendizaje.
Motivación lectora. La motivación puede ser la pieza clave para el aprendizaje
lector y para la potenciación de la lectura. La motivación lectora dominante es la adecuación del argumento a los intereses del sujeto.
En este sentido, las fases son las siguientes:
1) Canciones, libros-imagen (2 a 6 años de edad).
2) Cuentos de hadas (6 a 9 años). Ésta es la edad del realismo mágico; le siguen el agrado por el ritmo y las rimas, el amor a la poesía.
3) Relato ambiental y lectura de datos (9 a 12 años). Se caracteriza por lo aventurero-mágico, en cubierto por el surrealismo.
4) Relatos de aventuras (12 a 15 años). En esta fase destacan el realismo aventurero y las lecturas sensacionalistas. Predomina el despliegue de la audacia y la formación de pesadillas. El adolescente se interesa por lo sensacionalista, la intriga y lo imprevisto.
5) Maduración del desarrollo lector (14 a 17 años). Se descubren el mundo interior, la escala de valores y los contenidos intelectuales.
Siempre se debe leer con eficacia, rapidez y comprensión. No se ha de leer palabra sino frases además se debe distinguir los párrafos más importantes, y en cada frase, la palabra clave asimismo si no se comprende un párrafo, es necesario releerlo hasta lograr entenderlo. Se requiere variar la forma de lectura: algunas veces se hará en voz alta y otras en silencio.
No debemos olvidar que siempre se hará una lectura rápida y comprensiva en la medida en que se conozca más vocabulario y se adquiera el hábito de la reflexión; es decir, en cuanto se logre comprender el significado de lo que se lee, se sepa organizar el mensaje o la idea escrita, así como elaborar nuevos pensamientos y evaluar lo leído.
(Brueckner y Bond, 1981) exponen que es conveniente desarrollar en el alumno los siguientes objetivos lectores:
1. Favorecer el hábito lector y la actitud positiva del alumno frente al texto. 2. El estudiante debe dominar su vocabulario con la máxima exactitud posible. 3. Debe saber manejar cualquier tipo de material impreso.
4. Debe realizar la lectura en forma comprensiva.
5. Debe dominar aquellos contenidos y técnicas que son necesarios para leer provechosamente los distintos temas de estudio.
6. Debe desarrollar por si mismo la afición por la lectura.
7. Debe dominar la lectura oral rápida y correcta, saber dialogar sobre el tema en cuestión y exponer en una charla su opinión personal acerca de lo leído.
La motivación escolar. La motivación escolar es un proceso general por el cual
variables tanto cognitivas como afectivas”. (Alcalay y Antonijevic, 1987) cognitivas, en cuanto a habilidades de pensamiento y conductas instrumentales para alcanzar las metas propuestas; afectivas, en tanto comprende elementos como la autovaloración, auto concepto, etc.
Ambas variables actúan en interacción a fin de complementarse y hacer eficiente la motivación, proceso que va de la mano de otro, esencial dentro del ámbito escolar: el aprendizaje.
Woolfolk (1995) en su obra “Psicología Educativa” establece cuatro planteamientos generales para la motivación escolar, los cuales se describen a continuación: Los seguidores de los planteamientos conductuales explican la motivación con conceptos como “recompensa” e “incentivo”. Una recompensa es un objeto o evento atractivo que se proporciona como consecuencia de una conducta particular.
Un incentivo es un objeto que alienta o desalienta la conducta, la promesa de una calificación alta es un incentivo, recibir la calificación es una recompensa. Por tanto, de acuerdo con la perspectiva conductual, una comprensión de la motivación del estudiante comienza con un análisis cuidadoso de los incentivos y recompensas presentes en la clase. Desde la perspectiva humanista, motivar a los estudiantes implica fomentar sus recursos internos, su sentido de competencia, autoestima, autonomía y realización.
La motivación y el aprendizaje significativo. Mucho se habla de la
para otros, no es una variable importante dentro del aprendizaje. Cuando hablamos de aprendizaje significativo, éste puede ocurrir sin motivación, lo cual no implica negar el hecho de que la motivación puede facilitar el aprendizaje siempre y cuando esté presente y sea operante (Ausubel, 1976).
Siguiendo esta línea de pensamiento, no tiene caso que el profesor posponga ciertos contenidos a enseñar hasta que surjan las motivaciones adecuadas. No olvidemos que cuando hablamos de aprendizaje significativo, es el alumno el que tiene que articular las nuevas ideas en su propio marco referencial, de manera tal que el docente sólo presenta las ideas tan significativamente como puede, pero el verdadero trabajo lo hace el sujeto que aprende. En otras palabras, la motivación es tanto causa como efecto del aprendizaje. Por tal motivo, el docente no debe necesariamente esperar que la motivación surja antes de iniciar la clase.
El secreto radica en fijar metas que sean comprendidas por los alumnos, que sean realistas, susceptibles de ser alcanzadas por ellos por tener un grado de dificultad que se ajusta a su nivel de habilidad. El rol del docente será el de ayudar a que los alumnos se impongan metas realistas y evaluar sus progresos. Desde ya, tratará de presentar los contenidos de la manera más atractiva posible, recurriendo a los materiales didácticos más efectivos, pero siempre sin olvidar que el verdadero protagonista del proceso de aprendizaje no es otro que el alumno.
Pues en definitiva, “El elemento del proceso motivacional que da contenido a la motivación es la meta, la cual puede considerarse como la representación mental del
objetivo que el sujeto se propone alcanzar (aprender matemáticas, realizar un bonito viaje, etcétera). Cuando las metas son realistas y comprendidas por quien las persigue, tienen un nivel de dificultad que se ajusta al nivel de habilidad del individuo, son moderadamente novedosas y han sido elegidas por el sujeto, entonces potencian la motivación.” Rodríguez Moneo, M. y Huertas, J.A. (2000).
Teoría de la motivación intrínseca y extrínseca. Desde hace muchos años, los
psicólogos que estudian la motivación han identificado dos formas de conducta. La conducta intrínsecamente motivada es la que se lleva a cabo por sí misma, por el placer que produce, por el sentimiento de satisfacción que despierta en el sujeto.
Se manifiesta como curiosidad e interés, que motivan la implicación en tareas incluso en ausencia de apoyos o reforzadores externos y desempeñan un importante papel dinamizando la ejercitación y el desarrollo de las propias capacidades, en cambio, la conducta extrínsecamente motivada supone acciones ejecutadas para obtener un premio o evitar un castigo externo a la actuación en sí misma, y por este motivo se dice que está regulada externamente.
Está orientada hacia metas, valores o recompensas que se sitúan más allá del propio sujeto o de la actividad.
Sin embargo, como argumenta Deci y Ryan (2004) después de tres décadas de investigación sobre motivación intrínseca en humanos, se han producido matizaciones y refinamientos de ambos constructos, afectando sobre todo a la extrínseca. Esta ya no se concibe como única forma de motivación, sino más bien como un continuo que va
desde la regulación externa (próxima a la desmotivación) hasta la regulación integrada (similar a la motivación intrínseca).
El otro gran cambio es el experimentado por la motivación extrínseca como complemento o sustituto de la intrínseca. En un mundo controlado casi en exclusiva por reforzadores externos, en el ámbito académico no deben de rechazarse de plano ciertas formas de motivación extrínseca, como pueden ser las notas o las alabanzas. Además, se recuerda que el aprendizaje escolar no es un fin en sí mismo, sino que está orientado al futuro: aprender y obtener buenas notas puede ser refuerzo, pero también puede servir para alcanzar otras metas educativas y profesionales.
Los tipos de motivación son tres:
• Desmotivación
• Motivación extrínseca • Motivación intrínseca
La desmotivación es un estado de ausencia de motivación, de falta de intención para actuar, y se concibe como distinta de la motivación intrínseca y de la extrínseca. Cuando está desmotivado, el estudiante carece de intencionalidad y de sentido de causación personal. Ryan y Deci (2002).
a) Pensamientos sobre la propia falta de capacidad para realizar una tarea. Esta percepción puede darse tanto en estudiantes con aptitudes elevadas como en otros con capacidades inferiores a la media.
b) Convicción individual de que una determinada estrategia que se está
utilizando no va a dar el resultado deseado en la consecución de las metas o los objetivos planteados. A esto se une que, con frecuencia, el estudiante no dispone de otra estrategia más eficaz.
c) Convencimiento, por parte del estudiante, de que una tarea es demasiado difícil para él y de que no es competente para realizarla con éxito. Este pensamiento puede tener su origen en repetidos fracasos previos en esa tarea o en otras similares.
d) Sentimientos de indefensión y de falta de control, referidos a una percepción generalizada de que los resultados obtenidos no dependen en absoluto del esfuerzo desplegado y de que sus conductas tienen su origen en fuerzas que están fuera de su control.
e) Falta de valoración de la tarea, como consecuencia de todo lo anterior o porque no satisface ninguno de los objetivos o metas del sujeto.
En esta situación, el estudiante se siente desilusionado con las actividades académicas y se pregunta continuamente por qué tiene que asistir al colegio; también lleva a cabo una escasa o nula regulación externa o interna de la conducta. Como consecuencia, tiende a no participar en las tareas escolares o a realizarlas sin implicación alguna, lo que puede llevarle a pensar en abandonar los estudios, llegando en muchos casos a concretar en hechos esas situaciones.
(Lepper y Henderlong, 2000) las relaciones entre motivación intrínseca y extrínseca no siempre han sido entendidas del mismo modo a lo largo de los últimos veinticinco años. En un primer momento se concibieron como orientaciones
motivacionales opuestas; analizando situaciones del mundo real, investigaciones posteriores consideraron que las dos podían coexistir; más recientemente se contempla la posibilidad de que ambas se potencien en el aula y se complementen mutuamente.
En los primeros años de la década de los setenta se diseñaron numerosos experimentos de laboratorio en los que se recompensaban a los alumnos y alumnas por realizar una tarea hacia la que estaban motivados intrínsecamente; una vez retirado el premio, comparados con los que no lo habían recibido premio. Los sujetos recompensados se mostraban menos interesados por esa actividad, la elegían en menor medida y persistían en ella menos tiempo.
De estas investigaciones se concluyó que ambas modalidades de motivación eran incompatibles. En una segunda fase se consideró que podían coexistir, como ocurre cuando un estudiante tiene que leer un libro porque se lo manda el profesor y, al mismo tiempo, disfruta con su lectura. En este caso, esa conducta no puede categorizarse, de forma exclusiva, como motivada extrínseca o intrínsecamente, puesto que ambas fuerzas están presentes. Así lo constataron, con alumnos y alumnas de tercero a octavo, curiosidad e interés correlacionaron de modo positivo con el deseo de agradar al docente y de obtener buena nota.
A la vista del deterioro que sufre la motivación intrínseca en determinados niveles educativos, se han intentado diseñar entornos de aprendizaje en los que se utilicen ambos modos de motivación: a pesar de que la promoción de la motivación intrínseca es una meta educativa deseable, no es el único factor que merece ser tomado en consideración.
El objetivo ideal del estudiante intrínsecamente motivado, de forma permanente y exclusiva, para aprender nuevos temas y para dominar destrezas desconocidas se muestra inalcanzable y, en ciertos casos, incluso no deseable. Las razones de esta situación son diversas: en primer lugar, no todas las actividades que ha de realizar el estudiante son (ni pueden ser) intrínsecamente motivadoras; asimismo, en las fases iníciales de múltiples aprendizajes (por ejemplo, tocar la guitarra, manejar un ordenador o aprender un idioma extranjero), el valor intrínseco no aparece claro para el alumno o alumna hasta que ha adquirido un mínimo de competencia; pero, además, el dominio profundo de un tema puede exigir cientos o miles de horas de aprendizaje y práctica.
En todas estas situaciones, la utilización prudente y apropiada de motivadores extrínsecos (valores, metas o recompensas) puede resultar totalmente adecuada para incrementar el nivel de implicación del estudiante para mejorar su aprendizaje.
Cuando se intenta aclarar el papel de los incentivos externos sobre la motivación académica, conviene tener en cuenta los resultados obtenidos a lo largo de tres décadas de investigación. Algunas de las principales y más consensuadas conclusiones, extraídas a partir de diversos análisis y metas -análisis de experimentos y programas, son:
• En aquellas tareas en las que es muy bajo el interés inicial del estudiante, las recompensas incrementan la elección de las mismas, aunque no siempre afectan al interés por ellas.
• En las actividades interesantes, los efectos dependen del tipo de recompensa, de las expectativas respecto a ella y de su relación de contingencia con la conducta (las condiciones establecidas para recibirla).
• Las recompensas verbales (por ejemplo, reconocimiento o alabanza) aumentan de forma significativa tanto la elección de la tarea como el interés y la motivación intrínseca hacia ella.
• Las recompensas tangibles (por ejemplo, comprar un juguete o una moto) es menos probable que tengan efectos negativos cuando no son esperadas por el estudiante.
• Cuando a un alumno o alumna se le ofrece previamente una recompensa tangible por hacer bien una tarea, la elección posterior de ésta y la motivación intrínseca hacia ella pueden deteriorarse.
• Con el fin de minimizar los posibles efectos negativos de estos incentivos externos, se recomienda que se eliminen tan pronto como se estimen necesarios.
En situaciones reales de aprendizaje suelen coexistir diferentes tipos de motivación. Así lo comprobaron, con estudiantes de secundaria, Norwich (1999) en matemáticas y lengua; Manassero y Vázquez (2000) en matemáticas. En ambos casos, las razones elegidas por los alumnos y alumnas denotaron tanto motivación intrínseca como diversas modalidades de motivación extrínseca, encontrándose elevadas correlaciones entre ellas.