El Guerrero del Afecto tiene como cualidades la iniciativa y persistencia. Su deber es el de actuar y encontrar soluciones adecuadas para cada problema que se le presenta y no retirarse. Todas las soluciones que toma se basan en el principio fundamental de responder a la violencia con la no violencia. Siendo la forma adecuada y eficaz para ganar una batalla. El Guerrero no debe entrar al juego de las provocaciones del contendiente, su reacción serena y audaz marcará la estocada final. Debe saber cómo identificar sus estados de ánimo y la forma en el que los mismos influyen en sus actos. El buen guerreo es ilimitadamente paciente y siempre actúa, inclusive, bajo el miedo de cometer errores.
Permanentemente las personas que se han formado en ambientes de violencia tienden a repetir comportamientos violentos al punto de creer que no existe otra respuesta posible al entorno que los rodea. Traeré tres casos como referencia: el primero, el de nuestro comandante afectivo, en quien me he inspirado al escribir este texto; el segundo, al General del mundo y el tercero, el de una mujer viuda, desplazada por la violencia a quien no conozco, para mostrar que la no violencia como respuesta a la violencia, genera revoluciones y propicia cambios.
Historia de nuestro Comandante del Afecto
Pasó su infancia en un pueblo rodeado de agua, en donde las canoas y el sonido del viento hacían música para llamar a los peces en tiempos de creciente. Su padre, un hombre de ojos grandes y azules, dio vida a las achacadas tardes de un pueblo de las sabanas del norte del país con sus historias de vida como telegrafista en varios pueblos del Gran Bolívar, mientras en su casa, el olor a ñame y guandú cubría la casa de sus padres al ser revuelto en la sopa para el almuerzo. Su hijo, nuestro comandante, se embarco en un ritmo de vida lejos de las preocupaciones materiales. Llegó a la edad adulta sin tener casa propia, carro o cuenta bancaria, pero él era libre y su corazón inmenso.
Él no sabría que su cruz y a la vez su gloria sería ser el Comandante del Afecto. Un día después de varias incursiones exitosas en el mundo de la política, sus enemigos, verdes de la envidia, se unieron para acusarlo de un crimen que no cometió. Nuestro Comandante decidió huir al no aceptar los cargos que le imputaba la policía. Sabía que lo matarían. Pasados 5 años, lo encontraron; fue llevado a un calabozo mientras se resolvía su situación judicial. Durante 21 días que estuvo preso junto a asesinos, prostitutas, indigentes y ladrones. Descubriría el poder de la afectividad para calmar entornos violentos, suavizar corazones rígidos y sembrar esperanza en almas de oscuridad.
Al entrar al calabozo y escuchar detrás de sí el pesado sonido de los barrotes
cerrarse, sintió que todo acababa. Pensó “¿Cómo voy a sobrevivir?” Dos palabras llegaron
a su mente: “Abrazos” “Biblia”. Entonces diseñó cautelosamente su plan de ataque. Doce personas debían ingeniárselas para dormir en un espacio de 9 metros cuadrados, apiñados, estresados, resignados a la perdida de la libertad. Allí la desesperanza y agresividad eran las musas del momento. Nuestro Comandante se levantó decidido a
pelear afectivamente y dijo “Mi nombre es Jorge Núñez, soy abogado, por si alguien
necesita” Sintió las miradas expectantes, puso su colchoneta en una plancha de cemento, vio el televisor encendido y dijo: “Yo les cuento que me acuesto siempre a las 9 de la noche, entonces, a las 8:30 los invito a orar, los que quieran me acompañan y al menos les pido el favor de que apaguen el televisor cuando estemos orando” Todos desde sus lugares rieron al unísono. Un hombre con una cicatriz que le atravesaba la cara y estaba en el calabozo, acusado de matar a puñaladas en el rostro a una mujer, le dijo días después al comandante de guardia “Allí hay un hijueputica maricón que los pone a rezar y luego los
abraza”. Después, el hombre de la cicatriz dijo: “Aquí nadie ora. Nadie se abraza.” Haciendo caso omiso a sus provocaciones nuestro Comandante tomó sus armas, agarró de la mano a algunos y comenzó a orar, como lo hizo desde la primera noche.
Minutos después al terminar la oración dijo “Los invito a compartir esa costumbre que tenemos antes de ir a dormir: desearnos las buenas noches con un abrazo y un beso en
la mejilla” Tomó uno a uno con un cálido y sincero abrazo, diciéndoles al oído palabras de aliento y oración. Uno a uno tiraron las armas de la prevención a la cercanía, y poco a poco el ambiente hostil se convirtió en tranquilidad y nuestro Comandante cerró la noche
diciendo “La paz y la tranquilidad reine sobre nosotros” Nadie prendió de nuevo el televisor. Todos decidieron entregarse al sueño, a excepción del hombre con la cicatriz en la cara, quien solo atinaba a mirar extrañado al Comandante del afecto en el calabozo. La rigidez de su cuerpo pronto empezó a darle paso a una relajación total que le daría paso a un largo descanso. Para ser un buen guerrero nunca se puede revelar que las acciones son conscientes y tienen propósitos fijos. Si lo hiciese crearía desconfianza en las personas que lo rodean, al creer que todo lo que hace, es por su militancia en E.R.A. Un Guerrero no
puede decir súbitamente, sin ser parte del terreno “vamos a empezar a abrazarnos en la mañana al despertar, para mejorar nuestra afectividad”. ¡No! el buen Guerrero simplemente actúa en silencio, invita a sus contrincantes a participar y contagia a los demás en su acción. Si le preguntan por qué lo hace, él dirá que es porque le nace, lo cual debe ser siempre verdadero. Él actuará con sus armas: abrazos inesperados, declaraciones de gratitud, reconocimientos públicos, bombas de sonrisas, metralletas de cosquillas, actos de escucha, momentos de oración. Dichos ataques sorpresa socavan la violencia.
Orar, abrazarse e ir a dormir a las 9 pm fue rutina diaria en el calabozo. Los nuevos que llegaban eran adentrados en la práctica. Los que llevaban varios días eran cada vez más diestros en la expresión de sus sentimientos. Un día, el jefe de policía llamó a nuestro Comandante del Afecto y le preguntó “¿Usted qué hizo hermano, que nadie se queja, nadie
pelea, todos están tranquilos?” Él respondió “Abrazarnosy orar”.
Cuando el Guerrero comprende que la afectividad potencia su capacidad de acción, debe estrenarse y practicar varios tipos de pelea, así encontrará cual es la respuesta más efectiva ante un hecho violento determinado y asegurará su supervivencia en momentos de inseguridad.
Historia de nuestro General del Afecto.
Nuestro general nació en un pueblo sombrío, hijo de una mujer campesina y un padre carpintero. Creció en otro pueblo sombrío. Trabajo desde niño y luego se fue desde joven a andar por las montañas, a conocerse y conocer hasta que cumplió los treinta años. Durante tres años, se convirtió en predicador errante, un especie de motivador moderno. Nunca escribió un libro. Nunca ocupó cargos. Nunca fue propietario de una casa. Nunca
pisó una gran ciudad. Nunca viajó a más de trescientos kilómetros del lugar donde había nacido. Nunca hizo las cosas que generalmente acompañan la grandeza. No tenía credenciales ni diplomas. Se tenía únicamente a sí mismo. No tenía nada que ver con este mundo, excepto el poder desnudo de su cariño por la humanidad.
Cuando aún era joven, la marea de opinión popular se volvió contra él. Sus amigos huyeron. Uno de ellos lo negó. Fue entregado a sus enemigos. Fue sometido a la farsa de un juicio. Fue clavado a una cruz entre dos ladrones. Sus verdugos se jugaron la única posesión que tenía en la tierra, mientras moría: su túnica. Cuando hubo muerto fue bajado y puesto en una tumba prestada, gracias a la misericordia de un amigo.
Veinte largos siglos han venido y han ido, y hoy Él es el centro de la raza humana y el caudillo de la columna del progreso. Ni todos los ejércitos que han marchado, ni todas las armadas que han sido construidas, ni todos los parlamentos que han deliberado, ni todos los monarcas que han reinado, puestos todos juntos, han influenciado la vida del hombre en la tierra tan poderosamente como lo hizo nuestro general usando el amor y el perdón, hace más de 2000 años.
Historia de una mujer cabeza de familia desplazada por la violencia
Generalmente, cuando alguien nace y se construye en un ambiente de violencia tiende a responder de manera violenta. Como acción repetitiva, el virus de las acciones de violencia corroe en el alma de los hogares. Una madre cabeza de familia, quien es desplazada y perdió su esposo al ser asesinado por terroristas, debe responder por 4 hijos. Su entorno siempre ha sido conflictivo, por eso inconscientemente reacciona de manera agresiva y sus hijos repiten el mismo comportamiento en defensa, ella no cree que exista la posibilidad de responder de manera diferente.
Cotidianamente su ambiente familiar es tensionante, entre ellos se gritan fácilmente y las demostraciones de afecto se reducen a la simplicidad de acciones como dejar la comida lista, la ropa lavada, despedirse de beso, ver televisión juntos, dando por sentado
que decir “te amo” , “estoy orgullosa de ti”, “discúlpame” no es necesario, porque el otro
Generalmente este tipo de grupo familiar no cree que exista otro tipo de comportamiento. En E.R.A queremos demostrar que hay elementos distintos para resolver conflictos, no necesariamente la realidad debe ser siempre la violencia, hay otros caminos.
Volviendo al caso de la mujer desplazada, un día empezó a cansarse de responder al ambiente agresivo y le dijo a mi colega quien me contó el caso “¿Hasta cuándo vamos a tener que seguir viviendo esto?” Entonces, buscó ayuda en una ONG, en donde le enseñaron a tener confianza en sí misma y a creer en su capacidad de cambio.
Tomando provecho de la ayuda profesional, empezó a cambiar su actitud en casa, redujo los regaños, se volvió más tranquila, comenzó a dar declaraciones de afecto a sus
hijo “Sabes hijo, me siento orgullosa de ti”, “Hijo, ¿cómo te fue? Te extrañé”, “Gracias por ayudarme limpiando la casa” y se convirtió poco a poco en una guerrera del afecto pues siempre que se encontraba en medio de una acción de violencia a la cual debía responder, mantuvo la calma, pensó estratégicamente y no acumuló odio. No se dejó seducir por la violencia, entonces cambió el ambiente familiar y sus hijos empezaron a reaccionar amablemente mejorando las relaciones entre ellos.
Razón de la lucha
Un o una militante del Ejército Revolucionario del Afecto mantiene el brillo en los ojos a pesar de que en la lid el destino aparentemente lo o la derribe. Él y la militante no renuncian aunque el camino sea cuesta arriba y la faena excesiva. No se dan tregua aunque surjan diques. No les da miedo equivocarse. Saben que esta vida es un ensayo constante en la idea de ser mejor. Comprenden que si esta hubiera sido una vida verdadera habríamos recibido más instrucciones acerca de dónde ir y qué hacer. Los militantes saben que lo importante no es ser el sol sino una simple luz que alumbre ahí donde los pongan.
¿Qué estrategias afectivas podemos crear para responder a la violencia?
“Hay que comprender que la violencia da la espalda a la esperanza. Hay que dotar a
la esperanza de confianza en la no violencia. Es el camino que debemos aprender a seguir. Tanto del lado de los opresores como de los oprimidos, hay que llegar a una negociación
que haga desaparecer la opresión; eso es lo que permitirá que no haya violencia terrorista”
(Hessel, 2011, p.42)
a. Creer: en sí mismo, en nuestra capacidad de cambio y de generar revoluciones afectivas en la cotidianidad.
b. Recordar: por qué quiero a la persona con la que existe el conflicto, qué ha hecho ella por mí, cuál es nuestro vinculo (hermanos, vecinos, madre, amigo, esposo, novio, etc.) cuáles son los buenos recuerdos que tenemos juntos.
c. Comprender: plantear diferentes hipótesis para entender por qué se comporta de esa manera que me molesta, qué busca con eso, es incluso consciente de que daña nuestro ambiente.
d. Comprometerse: apersonarse de que como guerrero se tiene un papel en la construcción de redes afectivas ya sea como integrante de la familia, compañero de clase, vecino el barrio, colega en el trabajo, pareja, etc.
e. Interiorizar: ¿qué he hecho yo para causar en el otro X actitud, estado de ánimo o sentimiento? el guerrero debe ser humilde para ver sus propios errores.
f. Atacar: Crear pactos de convivencia con los otros y usar las armas de la afectividad hasta ganar la batalla, pero siempre desde la sinceridad. Pues aquel guerrero que use las armas afectivas desde la simulación dejará de ser autentico y será detectado instantáneamente por sus objetivos de guerra y compañeros de campaña, perdiendo la credibilidad y poder de acción.