La forma de la reflexión
Capítulo 1: La novela breve
Sobre la novela breve, nouvelle o novela corta189 existen diversos ensayos de la crítica alemana que se han escrito durante los siglos XIX y XX. También ha sido tratada fundamentalmente por los formalistas rusos, la crítica francesa y por la crítica estadounidense desde los años sesenta, sin mencionar a aquellos escritores que se han dedicado a la interpretación y análisis de este género, ya sea desde los prólogos de sus obras o en tratados sobre el tema.
En España ha habido una abundante producción de novela corta durante las tres primeras décadas del siglo XX, sin embargo, como lo explica Cardona López190, al auge de este producto literario no lo acompañó una reflexión teórica, a diferencia de la Alemania decimonónica. Sin embargo, diversos estudios de renombrados críticos españoles, que aparecen más tarde, analizan la cuestión. Podemos destacar los trabajos de Mariano Baquero Goyanes, Gonzalo Sobejano y un ensayo crítico de Federico Sainz de Robles.191
En nuestra opinión otro texto fundamental, que Cardona López no menciona, es la tesis doctoral “La invención del término ‘Novelle’. La fuerza de la
sangre como texto ejemplar de la Novelle alemana”, de Germán Garrido.192 Su agudo y completo examen sobre este género nos sirve de guía en nuestro análisis de la novela corta.
En Hispanoamérica –al contrario de lo que sucedió en España- la producción de novelas breves no se ha concentrado en pocos años, antes bien el proceso ha sido lento y se han ido publicando novelas de corta extensión desde el siglo XIX.
189 En este trabajo utilizamos indistintamente estos vocablos al referirnos al género en cuestión. 190 José Cardona López, Teoría y práctica de la nouvelle. México, Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, 2003.
191 Ibídem, pág. 69.
192 La tesis de Germán Garrido puede hallarse en la siguiente página de Internet:
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Con el surgimiento de la nueva narrativa hispanoamericana, se editan diversas nouvelles un siglo más tarde, a mediados de la década del treinta y en los años cuarenta. Autores como Adolfo Bioy Casares, Alejo Carpentier, Ernesto Sábato y Juan Carlos Onetti, entre otros, publican varias de sus obras más destacadas y todas responden a la forma de la novela corta.
Sin embargo, más allá de resaltar la abundante producción de obras de este género en el mundo hispano, el dato curioso es que a pesar de esta notable fecundidad, destaca la ausencia de análisis bajo las consideraciones teóricas de la nouvelle.193
Juan José Saer, en el volumen que recopila varios de sus ensayos –Trabajos- escribe sobre Juan Carlos Onetti y la novela breve.194 En su artículo, reflexiona acerca de la génesis de este género en Hispanoamérica y sus posibilidades. Según Saer, en los años 60, era la novela breve la forma que abordaban los jóvenes narradores americanos. Las particularidades de la novela breve, frente a otros formatos, son para el escritor santafesino:
[…] atributos propiamente poéticos y retóricos, como el ritmo, el cuidado verbal, el laconismo, la sugestión, en contraste con la discursividad, el prosaísmo, las convenciones estructurales, el conceptualismo de la novela.195
El planteamiento de Cardona López reside en que el objetivo de la crítica no debe ser discutir sobre la extensión o sobre las opciones terminológicas del género sino que la forma nouvelle con su elusividad interviene en la literatura actual como dispositivo cuestionante en y de las clasificaciones genéricas.196
193 José Cardona López, op.cit., pág. 73.
194 Juan José Saer. “Onetti y la novela breve”, en Trabajos, Buenos Aires, Seix Barral, 2006, pp. 243- 251.
195 Saer agrega el siguiente comentario: “La novela era un poco el pariente pobre de la creación narrativa, y la tradición novelística latinoamericana solo existía gracias a dos o tres excepciones. […] a partir de 1960, el mapa de la narración latinoamericana, muy pocas novelas en el sentido convencional del término se salvan, y en cambio, la abundante producción de cuentos y de novelas cortas constituye una colección de indiscutible riqueza. Mariano Azuela, Quiroga, Arlt, Borges, Bioy, Silvina Ocampo, Rulfo, Onetti, Di Benedetto, Felisberto Hernández, etcétera son la prueba más que suficiente de que, con la doble excepción de Arlt y de Juan Carlos Onetti (y quizá también de Alejo Carpentier), la creación narrativa latinoamericana de la primera mitad del siglo XX había sido capaz de prescindir de la novela. Ibídem, pág. 244.
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Del conjunto de la obra narrativa de Rivera, se puede decir que sólo contiene hasta el momento, si se considera la extensión: tres novelas: El precio197,
Nada que perder y El verdugo en el umbral; el resto de sus producciones adoptan el
formato de la nouvelle o novela corta y, de entre estas últimas, La revolución es un
sueño eterno es la obra de mayor extensión, ya que se aproxima a las doscientas
páginas198.
Es notable que la categoría novela defina la primera obra publicada por este autor y las otras dos, escritas previamente a la serie de obras cortas referidas a los acontecimientos de la historia argentina, aunque no es un dato incongruente en relación a las características que posteriormente adopta su escritura.
Andrés Rivera, enemigo de las totalizaciones, encuentra en esta forma breve el medio adecuado para narrar y construir así sus ficciones, como bien lo expone Guillermo Saavedra en la introducción a la antología de nuestro autor, Cuentos
escogidos (2000).199
En este sentido pueden leerse las novelas breves de Andrés Rivera, y, sin embargo, también como una forma que se ajusta perfectamente a su prosa breve y concisa, fundada en enunciados que se inscriben en el ritmo de la repetición.