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La oración unitiva

Intentamos ahora entrar en la que denominamos «oración unitiva», centrada en Dios y que, desde Él, tiende a una cierta totalidad. De entrada, hay que decir que la oración unitiva es más frecuente de lo que se piensa. Con frecuencia, muchas personas, sin saber siquiera el nombre, han experimentado en su vida esta oración unitiva, sea en unos momentos muy determinados, sea durante etapas más o menos largas, e incluso de forma relativamente permanente.

Hablamos de oración, indicando una relación entre un ser humano creyente y Dios, en el marco del amor. La meditación y la contemplación pueden llevar no solo a un notable bienestar personal, sino también a estados místicos. Parece que en esto hay acuerdo. Si la meditación o la contemplación se viven desde la fe, el estado místico que a veces se da es gracia de Dios, que en la meditación ayuda a una tarea espiritual humana, y en la contemplación, partiendo de lo que contempla, el Señor inicia la novedad en la que la persona recibe gratuitamente más de lo que ella haya podido hacer o elaborar.

La oración unitiva va toda ella por otro camino; sin lugar a dudas, es don recibido gratuitamente de parte de Dios. Esta gratuidad, cuando se trata de verdadera oración unitiva, está muy clara en la conciencia personal. «Yo no he hecho nada. Sé que todo me ha sido dado de forma inesperada. Incluso recuerdo como un momento de cambio. No ha sido demasiado largo, pero hace ya años, y lo sigo teniendo presente. Te diría el lugar y el día y la hora, etc.». Estas y otras expresiones similares

no son nada infrecuentes cuando se intenta explicar la experiencia de la oración unitiva. Reflexionemos sobre la oración unitiva. En primer lugar, no es el resultado de una vida santa, perfecta, entregada y modélica. Evidentemente, se puede dar y se da entre personas que viven en estas condiciones. Pero incluso para ellas puede llegar a ser una gran novedad, que no tiene relación con su posible generosidad y entrega. Siempre la oración unitiva es una novedad. No tiene nada que ver con un premio a la perfección ni con determinadas formas de meditación, de contemplación y oración, como si ellas llevaran a la oración unitiva. Absolutamente gratuita, es un don de la libertad amorosa de Dios. Cabe resaltar que es una gracia, un don, muchas veces un auténtico regalo, algo que depende solo del Espíritu. Hay muchos ejemplos acerca de esta sorprendente gratuidad. Algunas conversiones repentinas, incluso de personas que estaban lejos de toda vida cristiana o religiosa, son testimonios evidentes de la gracia de Dios, que puede entrar en la vida sin siquiera llamar a la puerta. La oración unitiva generalmente tiene un comienzo y un final. Cierto que en algunas personas en las que, por el don de Dios, esta oración se ha normalizado en su vida, puede darse una especie de estado difuso y permanente de unión real con Dios que, en intensidades diversas, siempre está permanente. Esta es una situación no demasiado frecuente. En este caso, si la persona ha cambiado su vida, si ha hecho una conversión con la ayuda del Señor, la oración unitiva

la mueve a vivir con toda su alma en el amor a Dios, en el amor a los demás y a nuestro mundo. Incluso en situaciones de este tipo, siempre hay plena conciencia de que la unión que se experimenta con Dios es gratuita y no tiene otra causa que Dios mismo.

La oración unitiva suele tener un comienzo y un final. Para explicar mejor vamos a suponer dos hipótesis. Una persona está orando, y otra persona está en su casa preparando la comida. La persona que está orando medita untexto determinado del Evangelio o lo contempla. Supongamos que ha tenido varias distracciones y que ha empleadouna parte de su tiempo intentando dejarlas aparte. De repente, empieza a notar interiormente un cambio que la pacifica de forma radical, y se siente invadida por una notable paz y quietud que nada tiene que ver con los pensamientos o imaginaciones en los que estaba inmersa. Sabe que hay una presencia del Señor inesperada. Vive un estado diferente, casi de pasividad total, aunque interiormente, en el espacio de la conciencia refleja, se cuestiona suavemente sobre lo que le está pasando y se pregunta si es una impresión subjetiva o una presencia de Dios; como si Él hubiera descorrido una cortina cerrada y le hubiera dicho: «estoy aquí contigo». Diríamos, pues, que esta persona que estaba en oración ha entrado, de la mano del Espíritu, en la oración unitiva sin causa precedente. Ahora pasamos a la persona que está en casa preparando la comida, ocupada en pelar las patatas o en limpiar la verdura. En un momento determinado, tiene una impresión rara de que hay alguien delante. Intenta sacárselo de la cabeza, pero no puede. Deja lo que estaba haciendo y se sienta en la silla de la cocina. No tiene ningún miedo, su espíritu está invadido de una vibración de amor inconcreto en ese momento. También su conciencia refleja le pregunta suavemente si lo que vive es pura imaginación o responde a una gracia del Señor. No se quiere engañar de ninguna manera. Se vuelve a levantar e intenta convencerse de que lo que vive es una quimera, de que primero es la obligación que la devoción. Pero no puede. Crece rápidamente la presencia y sabe que allí mismo Dios está presente. Se arrodilla, mejor dicho, casi se encuentra arrodillada como por un impulso del corazón, mientras dice: «Señor mío y Dios mío».

Esta segunda persona puede haber entrado en la oración unitiva. De manera similar, las dos personas, la que oraba y la que preparaba el almuerzo, después de la oración unitiva entienden que se está desvaneciendo el don recibido, hasta que muy pronto vuelven a la normalización de su tarea. Lo que pasa es que ya no es como antes. Posiblemente experimentan gozo inmenso, paz, ganas de en todo amar y servir, aumento del amor a Dios y a los demás, sentido de novedad de su existencia... A menudo, puede pasar mucho tiempo, incluso años, en los que no explicarán a nadie esta vivencia, porque no quieren ser personas tenidas por visionarias o por santas. Quizá queden un tanto sobrecogidas si un día una persona experimentada en el camino espiritual les dice: «Sí, no creas; estas cosas son más normales y frecuentes de lo que la gente piensa»

que les hizo la conciencia refleja será sobre si su vida normal se ha ido renovado en el amor.