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Los dos ritmos de la vida interior

In document La Vida Interior - Jesús Renau Manen [Sj] (página 104-108)

En una mirada de conjunto se pueden señalar dos ritmos diferentes en el desarrollo de la vida interior. El primer ritmo lo podríamos definir como el de la constancia: la vida interior se va desarrollando de forma constante; es un proceso que más o menos mantiene una cierta velocidad permanente, con altibajos sostenibles que, en conjunto, no hacen variar el ritmo de forma notable. Hay épocas en que la vida interior de una persona se mueve de forma más o menos constante: años, por ejemplo, de serenidad afectiva, de trabajo agradable; o lo contrario; ritmo permanente de vacío o de búsqueda; etc.

En cambio, el segundo ritmo es de rotura repentina. Hay situaciones que representan un antes y un después muy diferenciados, como es el caso de la muerte de un ser querido y fundamental para nuestra vida: una honda crisis personal, la conversión a la fe de forma casi instantánea, etc. El desarrollo de una vida tiene sus rupturas importantes. Dicen los expertos que el nacimiento es una de las más fundamentales, como experiencia de grandes cambios en todos los sentidos. También en la infancia se dan transformaciones importantes, como la adolescencia, la juventud o aquellas situaciones de la vida adulta que la tradición ha clasificado con nombres como «la crisis de los cuarenta» o «el demonio meridiano». Finalmente, la jubilación y los últimos años de la tercera edad pueden representar situaciones y vivencias de cierta ruptura y posterior entrada en tiempos diferentes. Es innegable que en todos estos cambios y transformaciones la vida interior es un elemento fundamental, tanto para el desconcierto como para la superación y adaptación a las nuevas situaciones. Desde el primer día de nuestra existencia nosmovemos continuamente. El tiempo va marcando de forma regular los procesos y acumulando un pasado que, de hecho, no existe sino en la memoria y en las señales que han marcado nuestra persona. ¿Dónde está el pasado? Ya no está. Quizá lo encontremos en las reliquias que haya dejado, o en las obras realizadas y, según y cómo, en la memoria, siempre expuesta a grandes olvidos.

Hay situaciones vividas, sin embargo, que no se pueden olvidar, que se han clavado en nuestro interior y han dejado una huella imborrable. Son el conjunto de referencias que se convierten en pilares de la vida personal. Muchos de ellos hacen referencia a personas, padres, hermanos, parejas, hijos, amigos, etc. En cierto sentido, nos habitan dentro; nuestra memoria muchas veces les da una virtualidad real que nos ayuda o nos produce malestar. Entre estos pilares también podemos encontrar referencias religiosas o místicas que marcan o han mercado de forma importante nuestro mundo interior.

Dentro de tan amplio panorama, nos ceñiremos a unas pocas situaciones, que, más o menos, se dan en mucha gente, sin ninguna pretensión de que sean las más importantes para todos. Intentaremos tratar del enamoramiento y de la segunda conversión. Las

preguntas sobre cada una de estas dos realidades son: ¿qué es lo que se vive?, ¿cómo puede ser vivido en el ámbito de la vida interior?

El enamoramiento

Enamoramiento. La palabra misma nos indica movimiento hacia el amor. El amor sería la culminación. Se trata de un proceso muy especial y muy diverso, según edades, personas, situaciones y criterios. Hay en él una concentración afectiva hacia una persona que está cerca, o tal vez lejana, o que incluso puede pertenecer al pasado. Hay una gran polarización afectiva que desvela movimientos imaginativos, intencionales y, sobre todo, emotivos de gran potencia. Normalmente, los detalles tienenuna importancia extrema y pueden ser valorados o desvalorizados rápidamente. La persona enamorada se centra en el sujeto de su enamoramiento, y el resto de la propia vida y de las responsabilidades y tareas pasa a un segundoplano. Hay una prioridad incuestionable en la que se vive casi siempre apasionadamente. Es un estado de vida lleno de cierta iluminación, alusiones, sufrimientos, fijaciones y euforias. También puede suceder todo lo contrario, arrastrando al sujeto a un dolor afectivo y a la misma depresión.

La vida interior de la persona enamorada queda muy marcada por el proceso afectivo que está viviendo. Casi en todo momento, tiene la imagen interior de la persona que ha desvelado tanta pasión. El enamorado/a dialoga consigo mismo haciéndose preguntas sobre la relación, imaginando los posibles encuentros, lo que va a decir, cómo reaccionará, etc. Vive una especie de novela rosa interna que muchas veces dista mucho de la realidadobjetiva. Toda su vida puede quedar afectada, incluso durmiendo –cuando pueda hacerlo–, por la vivencia siemprepresente. Como situación extraordinaria, será siempre una referencia personal, que muchas veces se recordará como lo mejor vivido, y se deseará regresar a ello comosi el enamoramiento fuera el punto más sublime del amor.Que, por cierto, no lo es.

El enamoramiento suele tener un final. Muchas veces es un final lento, que se va diluyendo en un amor creciente que normaliza la estimación, la abre a los demás y se convierte en una mayor fuerza de donación y creatividad humanas. Otras veces, el final es la ruptura por múltiples razones, que puede suponer un cierto duelo, excepto cuando se trata de una liberación personal, que también se da. El final del enamoramiento puede ser un comienzo de determinadas rutinas y falta de comunicación que, si no se reacciona, podrá llegar a desvirtuar el mismo amor tan buscado y tan soñado.

El enamoramiento es muy complejo. De hecho, muchos enamoramientos no son buscados, sino que llegan por las circunstancias de la vida. No piden permiso. La persona se encuentra implicada, y pronto llega a tener lasensación de que va perdiendo el margen de libertad afectiva que tenía antes de darse cuenta del proceso. Si el enamorado sabe interiormente que es un enamoramiento imposible, ya que su vida está comprometida en amor con su pareja estable o con otras situaciones que no suelen tener marcha atrás, como el caso de una vida religiosa, le será muy doloroso ir deshaciendo el vínculo afectivo del enamoramiento reciente. No basta con una decisión determinante de la

voluntad, sino que tendrá que establecer estrategias que muchas veces piden un guía sabio. Un voluntarismo sin estrategia no es suficiente y puede conducir a una ruptura interior o a una ruptura de los compromisos vitales adquiridos. En cambio, supuesta siempre la decisión de la voluntad, las estrategias prudentes, que sepan conjugar la suavidad en las formas y la determinación en el fondo, ayudarán a ir deshaciendo aquella pasión emotiva e ir potenciando las opciones y la libertad de anteriores compromisos. Proceso a veces duro, que cuando termina según la libre decisión personal, es un fuerte activo para la personalidad y la coherencia interior.

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