• No se han encontrado resultados

GRADO UNDÉCIMO: PRIMER PERIODO

6.3. Referente Conceptual

6.3.6 La práctica del aula como parte del currículo

El aula de clase concebida como el microcosmos donde confluye toda una serie de factores internos y externos, entendidos como actitudes, aptitudes, comportamientos, ideologías y conocimientos propios del educando y del educador, con una proyección socio–cultural, se convierte en el punto de partida y de llegada dentro del proceso de enseñanza–aprendizaje. En este orden de ideas, el currículo como un macro componente que guía y direcciona el proceso educativo se entiende como el eje articulador entre la teoría y la praxis en un contexto social determinado. La singularidad, importancia y deber ser del currículo sienta sus bases en el quehacer pedagógico, puesto que a través de este proceso tanto educadores como educandos perciben su importancia y su esencia en cada una de las actividades desarrolladas con miras a lograr un proceso educativo significativo y contextualizado a la realidad social. Además, se genera ambientes dialógicos propicios y congruentes con el deber ser de la educación en la contemporaneidad. En este sentido,

Un curriculum se justifica, en definitiva, en la práctica por unos pretendidos efectos educativos y éstos dependen de las experiencias reales que tienen los alumnos en el contexto del aula, condicionadas por la estructura de tareas que cubren su tiempo de aprendizaje (Sacristán, 1991).

Según lo expresado por el autor, las actividades escolares propenden por el fortalecimiento de la praxis pedagógica a través de ambientes propicios de dialogo, de reflexión, de análisis y de la autocrítica constructiva que permita generar cambios sustanciales en la forma de ver, sentir y percibir la realidad del educando con miras a su transformación.

En este sentido, la práctica pedagógica se considera un proceso complejo y versátil, cuán difícil y complejo es el ser humano. Dentro de este proceso, un camino que puede llevar a entender en profundidad la problemática que acontece en el salón de clase, sus causas e implicancias es la investigación, camino que según Sacristán (1991), permite al educador “bucear en los elementos diversos que se entrecruzan e interrelacionan en esa práctica tan compleja”

Es decir, el quehacer pedagógico en la contemporaneidad se considera un proceso abierto, flexible y complementario donde quien enseña aprende y quien aprende se proyecta hacia el logro de sus metas con miras a su autorrealización humana y social; en este sentido, tanto el conocimiento como las formas de llegar a él son diversas e infinitas, dichas prácticas se evidencian en el día a día de la práctica pedagógica; en este orden, el que enseñar y cómo hacerlo, la actitud del profesor, los recursos didácticos y las relaciones sociales se convierten en la base fundamental que direcciona el proceso educativo hacia las nuevas lógicas que emergen en el devenir de los días.

Lo anteriormente expuesto, permite adentrarnos en el microcosmos donde se lleva a cabo el proceso de enseñanza–aprendizaje; es decir el aula, espacio que se define como:

Elemento de análisis significativo, resaltando el valor del contexto de enseñanza como modelador de los procesos de aprendizaje del alumno y también de los esquemas de comportamiento de los profesores. Siguiendo esos planteamientos ecológicos, el aula se configura como el microsistema educativo más inmediato definido por unos espacios, unas actividades, unos papeles a desempeñar y una forma de distribuir el tiempo, unas coordenadas organizativas, etc. (Sacristán, 1991).

Los planteamientos expresados por el autor, ponen de manifiesto la importancia del aula como un espacio de interacción constante donde convergen ideales, metas y propósitos de seres humanos potencialmente activos y capaces de dar la significancia que el proceso de enseñanza– aprendizaje requiere para un óptimo desempeño académico.

Según, (Doyle 1982, citado por Sacristán 1991), en el aula confluyen una serie de situaciones ambientales dentro de las cuales se puede destacar la práctica y competencia de los profesores, el comportamiento y los resultados de los alumnos, situaciones que permiten al educador pensar, analizar y entender su praxis pedagógica como un proceso integral. En este orden de ideas, el profesor debe estar lo suficientemente preparado para planificar, desenvolverse y guiar situaciones complejas de aprendizaje porque en definitiva cada contexto social tiene sus complejidades particulares, las cuales se evidencian en el comportamiento y forma de ser del alumno.

Por consiguiente, el curriculum se hace visible en el aula a través de las actividades escolares, las cuales según Sacristán (1991), se conocen como “tareas”. Las tareas se piensan y se estructuran institucionalmente para conseguir las finalidades de la propia escuela y del curriculum. Las tareas según nuestra percepción se entienden como un proceso sistemático, atractivo, flexible, coherente, didáctico, pedagógico y sobre todo rico en contenidos que despierten el interés del educando. En este sentido,

Las tareas escolares representan ritos o esquemas de comportamiento que suponen un marco de conducta para quien actúa dentro del mismo. Es una práctica que no depende solo de las iniciativas, intenciones o cualidades del profesor, sino a la que este tiene que someterse en cuanto a las demandas que le plantea. Este carácter social de las tareas les presta un alto poder socializador de los individuos, pues, a través de ellas, se concretan las condiciones de la escolaridad, del curriculum y de la organización social que es cada centro educativo (Sacristán, 1991).

Según lo expresado por el autor, la puesta en marcha de una tarea, entendida como un esquema dinámico Sacristán (1991), permite en primera instancia, espacios de integración y relaciones dialógicas entre educadores y educandos a través de un comportamiento disciplinar adecuado y recursos didácticos que promuevan la motivación del educando para alcanzar los objetivos propuestos en un área específica. Las tareas son reguladoras de la práctica y en ellas se expresan y conjugan todos los factores que la determinan. De esa suerte, el currículo se concreta a través de esquemas prácticos.

En este orden, se puede afirmar que las tareas cuando son significativas y pertinentes a los intereses y al contexto socio-cultural del educando, se convierten en experiencias significativas de aprendizaje y es a través de estos medios donde el deber ser del currículo se cristaliza; es decir,

Las tareas, formalmente estructuradas como actividades de enseñanza y aprendizaje dentro de los ambientes escolares, que definen en secuencias y conglomerados lo que es una clase, un método, etc., pueden ser un buen recurso de análisis, en la medida en que una cierta secuencia de unas cuantas de ellas constituyen un modelo metodológico (Sacristán, 1991).

Según lo planteado, la práctica del aula como parte del currículo, toma gran significancia en la medida en que el educador como un ser humano organizado, beligerante, recursivo, serio, responsable y presto al cambio busque espacios de interacción con sus compañeros profesores para saber y conocer lo que ellos hacen en su praxis pedagógica y de esta manera poder reflexionar y perfeccionar su práctica cotidiana.

Lo anteriormente expuesto, no significa que el educador invente o cree un sin número de tareas diferentes para cada clase, sino más bien, profundizar las tareas que a diario se realizan con el fin de descubrir las cosas nuevas que se suscitan y de esta manera perfeccionar su quehacer pedagógico.

Los cambios en los estilos docentes son cambios evolutivos y paulatinos, no son producto de grandes y bruscas mutaciones (Stake, 1996. Citado por Sacristán 1991).

En síntesis, el currículo a través de la praxis pedagógica se evidencia claramente en la medida en que el educando se forme como ser humano único en su actuar, pensar, sentir y forma de ver el mundo y el educador sea consciente que es arte y parte en dicho proceso, ello es, sentido de pertenencia por la educación y sus implicancias: idoneidad, profesionalismo y buena actitud para enfrentar los cambios trascendentales que se suscitan en el contexto social.

6.3.7 Concepción del currículo desde el proceso de enseñanza–aprendizaje de las