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LA SITUACIÓN DE LA COMUNICACIÓN DETERIORANTE

Y ahora, permítaseme que considere el caso especial en el cual se está produciendo un deterioro de la actitud comunicativa, es decir, que el paciente se está tornando menos comunicativo y obra como si pensase que el entrevistador es cualquier cosa menos un experto. Cuando las cosas parecen ir de mal en peor, yo aconsejaría a cualquier terapeuta que controle su ansiedad por el momento, silo es posible, y que trate de estudiar el deterioro de la relación, por medio de una revisión retrospectiva puesto que de esta manera puede ganarse muchísimo. (Confío en que se está tomando claro el motivo por el cual destaco que le conviene al entrevistador tener algún recuerdo de lo que ha ocurrido, lo cual es improbable si se limita a disparar preguntas y más preguntas con toda la rapidez que puede, sin hacer caso de las respuestas.) El entrevistador puede comenzar su estudio con un intento de determinar el instante en que el deterioro pareció caracterizar a la relación por primera vez. Suele ocurrir que una entrevista psiquiátrica “marchó mal” desde el comienzo, desde que el entrevistador pronunció sus primeras observaciones al extraño. Con mayor frecuencia, marcha mal desde el reconocimiento. Tal vez el entrevistador, por su manera de obtener la historia social general del paciente, ha tropezado con algún aparato, de

seguridad del paciente, y si eso es cierto, conviene mucho saberlo, O, en retrospectiva, el entrevistador puede darse cuenta de que el comienzo de la entrevistase caracterizó por una cierta disposición y consideración mutuas por parte del U y el paciente, que les hizo pasarlas etapas del reconocimiento, o bosquejo de la historia social del paciente, con toda felicidad y que aun durante algún tiempo en el interrogatorio detallado todo parecía marchar perfectamente bien.., hasta un cierto punto, en que el entrevistador preguntó algo, el paciente respondió, y las cosas parecieron agriarse desde entonces. Tal descubrimiento es muy útil, por cierto, tanto como base para rectificar la situación deteriorante y, mucho más importante, como dato para alcanzar el propósito que persigue la entrevista. Las cosas no tienen que ser hermosas para que una entrevista sea un éxito; algunas entrevistas muy desagradables pueden producir al entrevistador una impresión bastante buena respecto a lo que aqueja al entrevistado. Podría añadir que cuanto más tiempo haga que el entrevistador ha estado trabajando con una misma persona, más posible habrá de ser que esté razonablemente seguro de lo que ha ocurrido. Al comienzo de una relación, el entrevistador puede saber tal vez lo que él mismo dijo y puede saber lo que el paciente dijo; sin embargo, ha sido como sidos extraños estuviesen hablando para sí. Más adelante, las entrevistas progresan a menudo hasta lo que equivale a comunicaciones singularmente sutiles de hechos. Cuanto más larga sea la relación en cuanto al tiempo que lleva como tal, mayor será la posibilidad de que el entrevistador esté razonablemente seguro de cuáles fueron las cosas que marcharon mal y cuál fue, probablemente, la situación en el momento en que apareció el deterioro.

Al estudiar esta cuestión de la regulación del tiempo, el entrevistador deberá advertir si la situación comenzó a ir de mal en peor insidiosamente o con relativa brusquedad. Si su aparición ha sido relativamente abrupta, una cuidadosa revisión en la propia mente del entrevistador sobre las circunstancias aparentes, le proporcionará un “pálpito” sobre lo que ha ocurrido, y ese pálpito puede luego ser puesto a prueba de diversas maneras- Si en retrospectiva el entrevistador no puede determinar ningún instante particular en el cual las cosas parecieron empeorar, pero tiene la sensación de que comenzaron a mostrarse peores insidiosamente desde el principio de la entrevista, tiene algo en sus manos que muy probablemente habrá de resultar intrincadísimo. En este caso: Primero, le conviene revisar la base de hechos para su más pronta y más favorable apreciación de ka situación.

Es posible que algunas veces descubra en retrospectiva que su propio entusiasmo, más bien que el del paciente, fue el responsable de que sintiese que las cosas habían ido mejor en el comienzo. Dicho en otros términos, en algunas situaciones que se supone han estado deteriorándose insidiosamente, el asunto ha andado muy mal desde el principio, y el paciente ha sido empujado más y más a impresionar al entrevistador sobre cuán mal están las cosas, hasta que el entrevistador seda cuenta finalmente. Pero eso no es deterioro. Cuando el entrevistador seda cuenta del hecho de que la situación es mala, eso significa —si significa algo— un cambio ligeramente favorable, puesto que la comunicación ha mejorado.

Así, conviene mirar hacia atrás, a fin de ver si existía una razón valedera para pensar que las cosas iban mejor en cierto momento, y ahora van peor.

Segundo, y esto es muy importante en la situación que verdaderamente se está deteriorando, el entrevistador deberá revisar lo que ha sucedido todo lo mejor que pueda, para enterarse si ha ocurrido algo desalentador respecto al resultado de la entrevista. ¿Ha dicho o

pareció significar algo el entrevistador, o alentó al paciente a decir algo (que el entrevistador no ha neutralizado) que desaliente la esperanza del paciente de lograr un resultado favorable de la entrevista? Cuando una persona se desalienta respecto a una relación interpersonal, las cosas comienzan a ser fastidiosas, y la persona tiende a pensar en cómo podrá hacer para salir de esa situación cortésmente. La mayor parte de los psiquiatras han experimentado esa desagradable concepción de que han dicho, o han permitido al paciente que diga sin replicarle, algo que es profundamente desalentador. Luego de eso, es posible que las cosas vayan mucho peor. En algunos casos, el paciente está tan desalentado en relación con el psiquiatra, que no tarda en darse cuenta de que las cosas no van a andar bien con ese experto en particular, por lo cual, desde el principio prácticamente, se pone a pensar en cómo le será posible escapar para probar con otro psiquiatra.

Tercero, conviene al entrevistador que está buscando los hechos referentes a una situación- entrevista en deterioro, observar qué relación tiene la situación actual con su propia actitud hacia ese entrevistada Debe estudiar cuál ha sido su actitud desde el mismo principio, o cuál ha sido desde el hecho particular: por ejemplo tal vez el entrevistado dijo algo que desagradó al entrevistador, o que provoque una repentina concentración de su interés. Algunas veces el joven psiquiatra encuentra que los datos referentes a una madre, un padre, tías solteras, etc., le resultan aburridos y no le inspiran, pero se interesa sobremanera por algún “problema” — tal como la masturbación—, y algunas veces las entrevistas se deterioran lamentablemente, después que se ha producido tal repentina revelación de inesperado interés por parte del psiquiatra.

Así, cuando las cosas están deteriorándose más bien insidiosamente, conviene al entrevistador verificar si su paciente le desagradó al entrar en el consultorio, si el paciente le ofendió de alguna manera, o si, por desgracia, el entrevistador demostró indebido interés por algunos aspectos de la información, de tal manera que el inteligente entrevistado puede haberlo interpretado como señal de que el entrevistador estaba muy poco interesado por él, pero sí le interesaba vivamente algún aspecto de su vida, del cual él podíaser el actual ejemplo entretenido.

Y ahora, deseo mencionar varias actitudes más que pueden parecer como cambios en la entrevista, tanto de parte del entrevistador como del entrevistado. Consideramos, particularmente, las situaciones en las cuales el informante se torna aburrido, se siente claramente divertido ante una indagación del entrevistador, está manifiestamente irritado, o francamente enojado. Los cambios en la situación-entrevista representados por la aparición de cualesquiera de esas actitudes por parte del paciente, no tienen nada de alentadores. Esas mismas actitudes pueden, como es natural, aparecer en el entrevistador, en algunas ocasiones, algunas de ellas pueden ser deliberadamente asumidas por el entrevistador. Hay momentos en los cuales conviene que el entrevistador exprese aburrimiento, aparezca ligeramente divertido o hasta irritado; no obstante, si el entrevistador está genuinamente irritado, yo diría que eso se debe probablemente a un serio defecto de sus avios para entrevistar. Además, tenemos los pacientes que desde el principio de la entrevista o durante el transcurso de la misma, se muestran frívolos, petulantes, arrogantes, insolentes, sarcásticos o irónicos. Por parte del entrevistador, hay ocasionalmente circunstancias, si se trata de un profesional realmente experto, en las cuales puede resultarle útil expresar cualquiera menos las dos primeras y la última de esas actitudes. Que yo sepa, una actitud frívola jamás puede resultar útil por parte de un entrevistador. También aconsejo rotundamente en contra de la menor

petulancia en cualquier circunstancia, y eso puede aplicarse todavía con mayor fuerza a los tratos con pacientes que comienzan con petulancia las situaciones-entrevista. Dar a nuestra actividad un tipo similar al del informante en ese caso, no conduce absolutamente a nada, Y una actitud irónica por parte del entrevistador es desperdiciada a menudo y puede causar muchos dolores de cabeza, porque la ironía, sobre todo si es sutil, puede resultar fácilmente engañosa y colocar al psiquiatra en situaciones de las cuales le resultará difícil salir. Es por eso que aconsejo en contra de la actitud irónica.

Los informantes muestran, a veces, cambios bastante abruptos, al tornarse decididamente más evasivos de lo que han sido hasta ese momento. En algunas ocasiones se vuelven muy activamente obstructivos; insisten enfáticamente en hablar fuera de lugar, de manera que el psiquiatra apenas puede dejar de advertir la definida mala disposición del paciente a seguirle y a mantenerse dentro del tópito que él considera urgente. En especial en el campo psiquiátrico, el entrevistador encuentra con relativa frecuencia un paciente que se vuelve, a juicio seguro del entrevistador, oscuramente desconfiado.

Estas actitudes que acabo de mencionar constituyen índices bastante importantes de cambio en la situación-entrevista. Más adelante trataré de ser un poco más informativo al respecto, pero por el momento estoy tratando de construir una especie de tosco cerco dentro del cual quizá podamos, o quizá no, cultivar algunas vides. Y ahora, permítaseme que presente una regla que el entrevistador haría muy bien en grabar en su mente: durante todo el proceso de la entrevista, hasta en sus fases de terminación, es muy importante para el entrevistador verificar secretamente sus observaciones; no debe limitarse a reaccionar de manera automática o inconsciente a las actitudes expresadas de! paciente, ya sea por medio de palabras tonos o gestos. Todos nosotros somos muy dados a la respuesta automática —es más, la vida es tan excesivamente compleja, que necesitamos un gran número de maneras para solucionar las cosas instantáneamente, sin mucho tiempo para meditarlas—, pero la misma no tiene lugar alguno en el trabajo de la entrevista psiquiátrica, que es por cierto intensamente compleja y por lo tanto bastante, por no decir extraordinariamente incierta. Si bien es de desear siempre la aparición de la espontaneidad en las reacciones del entrevistador a los momentos afectivos y cambios en el paciente, esas reacciones no deberán ser jamás automáticas de la manera que podrían serlo, por ejemplo, con su esposa, su hijo, el conductor del ómnibus en que viaja, etc., puesto que en el acto mismo de la respuesta automática es probable que la desatención selectiva elimine la mitad o más de los datos útiles. Y ningún entrevistador puede permitirse semejante pérdida.