La segunda medida que debe adoptarse pan la consolidación de los resultados de una entrevista consiste en una prescripción de acción, que deberá ser seguida en adelante por el entrevistado. El entrevistador deberá ofrecer tal prescripción, ya proyecte un contacto siguiente con el entrevistado o considere que presumiblemente ésta será su entrevista final con el mismo.
Cuando la entrevista es interrumpida, aunque sea por muy breve tiempo, la prescripción que el entrevistador brinda para el intervalo que mediará hasta su reanudación es, a modo de un deber casero, una especie de preparación para la entrevista siguiente. Por ejemplo, al final de una entrevista, a lo mejor puedo mencionar algún punto sobre el cual me siento confundido, porque el paciente no ha sido capaz de recordar los detalles, y entonces digo: “Esta cuestión de cómo se produjo esto o aquello está bastante oscura. Tal vez la próxima vez usted pueda recordarlo mejor”. De esta manera, el entrevistador puede proporcionar al paciente algo que hacer. Ya le sugiera o no que haga algo en su casa, es seguro que el paciente lo hará antes de la sesión siguiente, y el entrevistador podrá tener entonces un juicio algo mejor que el que tiene el paciente respecto de lo que pueda resultar útil.
Si el entrevistador no proyecta ver nuevamente al entrevistado, puede prescribirle que encuentre a alguien con quién realizar una psicoterapia intensiva, o, en el caso de una entrevista referente a un empleo, que el entrevistado busque una clase de ocupación en cierto modo distinta de aquella por la que consultó al psiquiatra para obtener, y asi sucesivamente. En otras palabras, el entrevistador indica al entrevistado un curso de hechos en los cuales puede intervenir y que, a
juicio del entrevistador, y en vista de los datos que ha conseguido acumular, mejorarían apreciablemente sus probabilidades de éxito y satisfacción en la vida.11
11
[Nota de los editores: Este texto pertenece a una conferencia del año 1945. En su conferencia de 1944 sobre el mismo tema, Sullivan hizo la distinción que sigue entre la “prescripción de acción” y el consejo habitual del psiquiatra al paciente o cliente:
“Cuando los pacientes desean mi consejo, generalmente me siento inclinado a alguna clase de débil agudeza, como, por ejemplo: ¿Por qué me ha elegido a mi? Usted puede pedir a cualquiera y en cualquier parte, que le aconseje, y obtendrá el consejo. Pero, ¿por qué diablos ha de perder usted el tiempo con un psiquiatra sólo pan pedirle que le dé un consejo?» Si un psiquiatra aconseja sobre bases muy adecuadas, entonces muy a menudo está infligiendo un insulto a la inteligencia de la persona que recibe su consejo. Si aconseja sin esa base, entonces está hablando solamente para divertirse a sí mismo. Por lo tanto, si uno ha de aconsejar —y ciertamente el psiquiatra tiene que hacerlo con frecuencia— resulta en realidad una aclaración del campo para el ejercicio de la previsión, y uno cuida siempre de hacerlo de una manera completamente indirecta.
“Como ya he mencionado anteriormente, una vez di un consejo que fue bastante mal recibido, pero que tal vez estaba a tono con una adecuada ejecución de mis funciones profesionales. En aquella ocasión, le dije a una mujer psicótica que no me oponía a que ella tuviese una psicosis, la que ciertamente tenía y bien florida, pero que si alguna vez sentía el deseo de hacer algo contra la gente «molesta» con la que trabajaba, le aconsejaba que primeramente se dirigiese al hospital Bellevue y solicitase que la admitieran por unos días, Este consejo, lo confieso, fue ciertamente muy duro y puso íin prontamente a la entrevista; pero creo que en esa ocasión sólo hice lo que tenía que hacer- Estaba diciendo que la única vez en que resulta verdaderamente peligroso tener una psicosis en cuando el comportamiento puede conducir a una invasión a los asuntos de otra persona de una manera hostil y punitiva. En el caso que acabo de comentar, la persona estaría mucho mejor internada en un hospital de enfermos mentales, donde se la protegiera contra cualquier error que estuviera a punto de cometer.
“Aunque una persona puede dirigirse a un psiquiatra en busca de ayuda, puede al mismo tiempo, albergar verdaderas dudas de que tal ayuda exista realmente- Al manejar la referencia para esa clase de paciente, tal vez me sea posible bosquejar el área general y las características de algún problema muy serio con mayor certidumbre de que el paciente pide ser ayudado; pero puede ocurrir que me dé cuenta al mismo tiempo de que el caso es difícil o que el ayudarlo depende hasta cierto punto de la habilidad del terapeuta a quien va a visitar. Muy pocas veces resulta prudente aconsejar bruscamente al paciente que vaya a ver a tal o cual terapeuta. En lugar de eso, yo formulo el problema tal como lo veo y discuto el carácter general de un ataque a tal problema, así como los medios con los cuales quizá pudiera lograrse una curación. Después, sugiero a una persona que está, estoy seguro, completamente familiarizada con ese tipo de problemas y el tipo de tratamiento que yo considero mejor, y termino con una sugestión en el sentido de que el paciente inquiera si ese terapeuta tiene tiempo disponible para atenderlo. Una vez que he hecho todo eso, entonces sí puedo aconsejar rotundamente al paciente que se someta a un tratamiento. De esta manera, el consejo llega completamente al final, como para redondear aún más lo que ya es obvio. Lo que pasa es que, como psiquiatra, algunas veces me es necesario redondear lo obvio, porque hay personas notoriamente obsesivas que se muestran muy reacias por cierto a llegar a una conclusión, y por lo tanto el psiquiatra les brinda como en bandeja esa conclusión. En realidad el «consejo» es, en su mayor parte, un abrumador despliegue de los factores pertinentes al problema, además de una clara declaración por el psiquiatra de lo que cree firmemente que puede hacerse sobre ellos.
“Hay ocasiones en las cuales uno «desaconseja» definitivamente con toda energía. Algunas veces, un paciente dice que va a hacer algo que resultará visiblemente desastroso para él sin la menor duda. Hay varias maneras de resolver tal cuestión, según sea la claridad con que el psiquiatra perciba el carácter irracional del acto proyectado. Si no es claro por qué el paciente está comprometido a seguir una senda tan desastrosa, entonces supongo que la mejor forma de dar el consejo es decir «¿Y cómo fue que decidió usted hacer eso?., y luego escuchar. Si el carácter irracional del impulso es completamente claro y resulta evidente el desastre que se advierte, acostumbro a decir «No», en forma enfática, como una manera de interrumpir a la persona. Y luego añado, a modo de declaración: «¡Dios piadoso! Estudiemos lo que seguiría a eso». Entonces trato de hacer lo que en realidad equivale a «desaconsejar». Bosquejo el probable curso de los hechos según creo que habrán de desarrollarse. Y cuando termino, me vuelvo hacia el paciente y pregunto: «¿Dónde no hice más que esperar lo que en obvio? Si él me puede indicar dónde fue que me he mostrado indebidamente pesimista o equivocado, me alegra saberlo. Si no le es posible hacerlo entonces la situación permanece