• No se han encontrado resultados

EL TEOREMA DE LA EMOCIÓN RECÍPROCA

Y ahora, permítanme desviarme hacia una consideración en cierto modo más teórica de las cuestiones que he estado discutiendo. Como ya he indicado antes, la entrevista es un sistema, o una serie de sistemas, de procesos interpersonales, derivados de la observación participante, como resultado de la cual el entrevistador puede llegar a conclusiones referentes al entrevistado. En estas circunstancias, las entrevistas caen en un principio general que yo he organizado como el teorema de la emoción recíproca. Este teorema es como sigue: la integración de una situación interpersonal es un proceso en el cual: 1) las necesidades complementarias son resueltas (o agravadas); 2) los

tipos recíprocos de actividad son desarrollados (o desintegrados); 3) se facilita la previsión de satisfacción (o rechazo) de necesidades similares.

Este teorema es una declaración extremadamente general que, hasta ahora en mis exploraciones, no ha parecido tener defectos serios. Creo que si uno estudia sus implicaciones plenas, un gran número de cosas pertenecientes al estudio de las relaciones interpersonales, y pertenecientes asimismo ala observación participante, por medio de la cual el entrevistador obtiene sus datos, serán aclaradas. En esta declaración general, empleo la palabra ‘necesidades” en el más amplio sentido de la misma; en el sentido genérico. De esta manera, al discutir el desarrollo de la personalidad, nos referimos a todos los motivos importantes, o “motores’ de la conducta humana como necesidades de satisfacción. Existe una necesidad de satisfacción de varias fuerzas, tales co- mo la lujuria y el hambre; y la necesidad, en este sentido particular incluye también la de una sensación de seguridad personal en las relaciones interpersonales, que a su vez puede ser calificada necesidad de evitar, aliviar o huir de la ansiedad o, asimismo, necesidad de autoestima.

Ahora bien: en la primera parte del teorema mencionado he dicho que las necesidades complementarias pueden ser resueltas, desarrollándose tipos recíprocos de actividad. Por ejemplo, en el reino de las operaciones de seguridad, el impulso de reasegurar es complementario de la necesidad de reaseguración. Reasegurar por implicación, el lugar de por elogio directo o reaseguración directa, es el tipo de actividad que es recíproco de la pauta, en la otra persona, de descontar, descreer o invertir el elogio directo o la apreciación. Dicho en otros términos, si una persona tiene que descontar, no creer o convertir en lo opuesto todo elogio directo, entonces la pauta recíproca de actividad que aparecería en una situación interpersonal simple sería la reaseguración por implicación, o sea por medio de expresar algo que muy poco tendría que ver directamente con la autoestima de la otra persona, pero ante una elaboración más amplia, se comprobarla que significa un punto de vista favorable o una perspectiva promisoria. La experiencia de una situación interpersonal así caracterizada, es decir, caracterizada por tales necesidades complementarias y pautas recíprocas de acción, tiende hacia su futura reintegración (es decir, su recurrencia), sobre la base de una anticipación escrita o mental de mejoramiento de la autoestima de uno en o por la relación.

Éste es un patrón muy general de pensamientos respecto a todas las relaciones interpersonales. Ahora, deseo mostrar cómo ese patrón general puede estar relacionado con la situación-entrevista. Consideremos una situación-entrevista en la cual el entrevistador comunica —por medio de gestos tonales, o por el tipo de sus observaciones, o ambas cosas a la vez lo cual ocurre por regla general— su propia necesidad de reaseguración. La manera más generalizada en que los entrevistadores revelan su necesidad de que el paciente tenga confianza en ellos —o sea su propia tranquilidad— no es pidiendola, sino mediante alguna forma de actividad que está destinada a ignorar, menospreciar o humillar al paciente en el curso de la entrevista. En efecto, tales actividades, casi sin excepción expresan en realidad una necesidad del entrevistador de que se le tranquilice en alguna forma respecto a su propia importancia, aunque el paciente no se dé cuenta de ello, o lo advierta muy vagamente. En este caso, la necesidad del paciente, que sería complementaria y por lo tanto llevaría a una resolución sería una cosa algo curiosa: la necesidad de ser despreciado. En realidad, existen en efecto situaciones en las cuales es perfectamente razonable decir que una persona necesita ser despreciada. Sin embargo, eso es toda una novedad

en materia de necesidades de seguridad, y no es muy probable que ocurra en la entrevista psiquiátrica. En efecto, podría ocurrir realmente en la entrevista psiquiátrica sólo como motivo complejo, dirigido a un fin completamente fuera del de la situación-entrevista común. Puedo sugerir un ejemplo de esto en otra situación: un número de nuestros agentes OSS realizaron una excelente labor y contribuyeron a ganarla Segunda Guerra Mundial, al proporcionar, en su comportamiento, una clara expresión de ‘una necesidad de ser despreciados”, como consecuencia de la cual las personas que necesitaban esa tranquilidad quedaron completamente libres y revelaron cosas que esos agentes necesitaban descubrir. Pero ésas no eran situaciones-entrevistas, en el sentido que yo me estoy refiriendo a ellas. Los agentes OSS eran en realidad los entrevistadores y no los entrevistados, pero sus informantes, al convertirlos en las víctimas de su desprecio, equivocaron, felizmente, sus papeles. Uno no espera que esto suceda en las entrevistas psiquiátricas afortunadas.

Ahora bien, ¿qué ocurre en la entrevista psiquiátrica, si el entrevistador expresa una necesidad de ser tranquilizado, mediante el procedimiento de dominar a su víctima, o sea al paciente? Ya he dicho que, por definición cultural, el paciente es el cliente de un experto, y por lo tanto es inferior en ciertos sentidos significativos. Debido a esta situación, el paciente se considera menos capaz y, por lo tanto, necesita que se le reasegure mediante la actuación del entrevistador. En consecuencia (y esto sigue a la primera parte de mi teorema), la necesidad de ser reasegurado del mismo entrevistador no es satisfecha por medio de una necesidad complementaria por parte del paciente, y de esta manera, la necesidad de seguridad del entrevistado, en lugar de ser resuelta, es agravada. Y ahora tomemos la segunda parte del teorema: si el entrevistado ha de desarrollar un tipo de actividad que sea recíproco al tipo del entrevistador, ese tipo tiene que ser de actividad sumisa o reconfortante para el entrevistador, O, si no consigue desarrollar ese tipo, la actividad comunicativa se desintegra, o, lo que es lo mismo, se derrumba.

El desarrollo por el entrevistador de este tipo recíproco de actitud sumisa, representa, en realidad, un situación infortunada, Si en el desarrollo de la relación de la entrevista, el entrevistado obtiene la impresión de que le es imprescindible adoptar ciertos puntos de vista para agradar al entrevistador, y procede a someterse a tal exigencia, desde ese mismo instante los datos que logra el entrevistador serán casi imposibles de interpretar. A no ser que el entrevistador sea sumamente hábil en lo que se refiere a la interpretación de los datos interpersonales, no conseguirá comprender nada, salvo lo que lee de esos datos, fuera de la información que el informante sumiso le entrega obedientemente. El entrevistador obtendrá un panorama sumamente pobre del informante, en comparación con el que, el ejemplo, obtendrá de él un vecino estimado cualquiera. Este es un resultado muy mezquino para una indagación psiquiátrica y por lo tanto el entrevistador, si posee habilidad en la interpretación de situaciones sumamente complejas, no permitirá que el entrevistado caiga en cualquiera de esas relaciones sumisas.

Y finalmente, para explicar la última parte de mi teorema: en esta situación, el entrevistado desarrollará una vigilante previsión del rechazo de esa necesidad implícita de tranquilidad, y esto hará que asegure la protección de su autoestima. Es decir: cuanto más se prolongue tal situación, más será regido por la previsión de cualquier indicación de que habrá de producirse un empeoramiento de su ansiedad. Puesto que sus ansiedades son siempre detestablemente desagradables y una potente fuerza impulsora para alejarse de aquello que las provoca, se torna

más y más cuidadoso de que ninguna de sus inseguridades sea revelada o anunciada al entrevistador necesitado de seguridad.

LOS TIPOS DE RESULTADO DE LAS SITUACIONES