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III. POBREZA EN CHILE: BREVE HISTORIA DESDE LAS

3.4 Tercer periodo: Estado benefactor y la expansión de los grupos medios

3.4.1 La tecnificación del Estado y consolidación del saber-poder

principalmente a través de un aparato dotado por una parte de ciencia, y por otro, contando con una masa ciudadana dócil ante la apuesta del aprendizaje civilizatorio, y el cuidado de la salud y del cuerpo dado desde el mismo. El concepto incluía una Ciudadanía dispuesta a aprender y a dejarse conducir en su aprendizaje, desde el cual El Estado emergía como educador de masas, modelador de la infancia, y forjador del nacionalismo, como motor del desarrollo.

Esta situación permitió la expansión de los grupos medios de la sociedad chilena que comenzaron a configurarse como un sector social con amplia capacidad de negociación y presión hacia las esferas del Estado (Arellano, 1985). Grupo conformado en gran medida por profesionales egresados de la “expandida” educación superior, y los empleados de la creciente burocracia estatal y privada del país (Martínez y Palacios, 1996:181).

Aumenta significativamente el ingreso de las primeras generaciones a la universidad, ello se puede ver reflejado en el crecimiento de las matrículas universitarias, que aumentan de 4.900 en 1930 a 17.000 en el año 1955 (Arellano, 1985), los hijos de “la prole” (o proletariado), pasan a ser la primera generación de su familia en asistir a la universidad, chilenos que cambian el oficio por la profesión, y en ello, su forma de ser parte de esta sociedad.

La emergencia de la asistencia social, el saber de médico de la puericultura, y los especialistas ingenieros y educadores, demuestran la configuración de una matriz práctica, origen del desarrollo de las ciencias y la academia en Chile, como necesidad de adecuar la vida de los hombres y mujeres al aparato de producción, formando parte del Estado- Nación, desde la necesidad de generar una plataforma de observación científica sobre el mundo social a gobernar.

La educación pasa a ser un medio más para la integración evolucionista deseada por las élites, en el periodo anterior, dentro de la que se gesta una primera generación (principalmente masculina) que cambia su indumentaria de obrero por la de intelectual, las ojotas por los zapatos de cuero, pasando a ser en muchos casos, “la primera generación con zapatos” de su familia.

En este marco, desde la educación toman cuerpo las tecnologías de poder, desde donde se construye el conocimiento del otro como una colonialidad del saber (Lander,

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2000). Anclada en una doble gubernamentalidad: “De un lado, la ejercida hacia adentro por los estados nacionales, en su intento por crear identidades homogéneas mediante políticas de subjetivación; de otro lado, la gubernamentalidad ejercida hacia afuera por las potencias hegemónicas del sistema-mundo moderno/colonial, en su intento de asegurar el flujo de materias primas desde la periferia hacia el centro. Ambos procesos forman parte de una sola dinámica estructural” (Castro- Gómez, 2000).

La educación así configurada, se perfila para los distintos sectores del espectro político y sindical, el medio para el desarrollo personal, y para el país, el medio para superar las condiciones de precariedad existentes, contribuyendo así, a una búsqueda que conlleva la “superación” de los rasgos tradicionales y pre-modernos que han obstaculizado el progreso (asumida por las élites intelectuales latinoamericanas a lo largo de toda la historia de este continente). Se buscará inspiración para la transformación en las sociedades liberales-industriales occidentales, contribuyendo de esta manera a ocultar, negar, subordinar o extirpar toda experiencia o expresión cultural que no ha correspondido con este “deber ser” que fundamenta a las ciencias sociales (Lander, 2000).

El periodo del Estado benefactor terminará a mediado de los años 50, cuando la política anti-inflacionaria pone freno al aumento de beneficios que se venían registrando. Desde esta época, la inflación será una de las principales preocupaciones económicas del país. Entre sus causas está el conflicto por la distribución del ingreso, el que utiliza a las políticas sociales y laborales como medio, ya que al no tener el financiamiento adecuado terminó generando presiones inflacionarias.

El Estado empresarial desarrollista entre los años 1930 a 1955, logró dar forma a las nuevas clases medias, así también, se logra disciplinar al movimiento popular bajo el imperio de la constitución y el código del trabajo, el cual incluso colaboró con el clientelismo hasta 1946, y que luego entró en el mercado de las peticiones. Buscando propiciar el industrialismo y utilizando el populismo, las nuevas clases políticas hegemónicas acogen al movimiento popular como movimiento predilecto, primero con el mensaje de educar es gobernar (Pedro Aguirre Cerda 1938-1941), y posteriormente, en el siguiente periodo, por medio de los mensajes de desarrollar (Eduardo Frei Montalva 1964- 1970), y liberar (Salvador Allende Gossens 1970-1973) (Salazar y Pinto, 1999).

Sin embargo, la enorme masa de marginales no se convierte en un proletariado industrial al “estilo europeo”, hijos del fordismo, y que dan origen a las sociedades de bienestar del llamado “viejo continente”. A diferencia de estos procesos, en la

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industrialización chilena, como en mucho de los países Latinoamericanos, la población proletaria era una y los pobres no solamente correspondían a éstos.

La creciente implementación de políticas sociales, con la demora en la legislación, las dificultades en la implementación de planes, la complejidad de las múltiples excepciones en las leyes laborales, dan cuenta de que las políticas sociales más que integrar al poblador, no lo terminan de sacar de su condición de “peticionista”. La voluntad de apertura y estimulación de los espacios de organización sindical, no significaron necesariamente la integración de estos grupos a la elaboración de las políticas sociales, lo que significará que éstas no necesariamente reflejan las necesidades de estos grupos, y por tanto, no dan satisfacción a sus afecciones.

El Estado con las medidas de desarrollo de la industria social, hacia dentro desde los años 1930, pasa de la presencia de una hegemonía de clases productoras a tener una alianza tecnocrática-nacional, formada por los ingenieros civiles y las nuevas generaciones de políticos científicos. Si bien el discurso de éstos, tomaba en cuenta como función fundamental las condiciones de vida de los trabajadores, no se incorporaba a estos actores en el desarrollo de la política económica.

A raíz de lo cual, el discurso social productivista, base de las propuestas de desarrollo económico social, pasa a formar parte de un plan nacional de desarrollo industrial, para lo que se funda la Corporación Nacional de Fomento a la Producción (1939). Producto de la ausencia de participación por parte de los sectores afectados en la creación de la legislación y de la participación activa de su puesta en marcha, su función fue más política que empresarial, y más estatal que corporativista21, conservando así, la comunicación con la población y a las organizaciones políticas emergentes de este, por medio del populismo asistencial (Salazar y Pinto, 1999).

A partir de lo anterior, es posible entender que el Estado haya estimulado un tipo de ciudadanía peticionista en los ámbitos acordados como fundamentales, tal como las condiciones de vida de los trabajadores, de los niños, y de las mujeres-madres, esto a través de las políticas de salud y educación en boga. La mentalidad de la época, en cuanto a responsabilidad social del Estado, también se ve reflejada cuando con la posibilidad de un desarrollismo industrial asociativo, no se abordan problemáticas fundamentales para los pobres del país y prevalecen en el espacio rural las maniobras pre- capitalista y feudalista, junto con acciones anti-sociales por parte de la oligarquía latifundista, que hacen perpetuar las condición de destierro y precariedad en la

21 Menciono la CORFO porque desde el estado financió posteriormente la creación de distintas empresas que constituirán a este “Estado Empresario”.

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población rural chilena, lo que tendrá repercusiones como veremos, en el siguiente periodo.

3.5 Cuarto periodo: ¿Apertura del Estado o toma de los sectores