En principio la cultura sostiene una visión seudo moderna instaurada en la alta edad media por Gelasio. La visión gelasiana esta fundada en la existencia de dos poderes: el temporal y el espiritual. Según esta teoría ostentar el poder espiritual es estar por encima de la temporalidad, es decir, para Gelasio la Iglesia esta por encima del Estado.
Esta visión esta deformada, pues niega el Principio de Originalidad, que es esencialmente atemporal; ergo, el principio de originalidad es esencialmente superior a la temporalidad. Todo proceso de las entidades materiales es temporal, y esto es visible en su ciclo progresivo de emergencia, desarrollo (tiempo de utilidad) y perecimiento.
El principio generador no puede ser ni espacial ni temporal sino completamente trascendente a las dimensiones inferiores donde se desarrolla el proceso entelequial de las entidades materiales. Es más, es del todo posible que el principio de originación tenga que ver con la formación de las diferentes dimensiones, puesto que como principio de originación, podría requerir de la dimensionalidad para plasmar las entidades originadas. El tiempo, es una dimensión, por lo tanto es posterior, o si se quiere, GENERADO, por un principio de originación o principio generador.
Es por esto que decimos que el Estado es a-priori del tiempo, y por lo tanto la teoría gelasiana esta viciada de nulidad, ya que invierte el sentido de la verdad asignando a la religión el poder espiritual que esta vinculado al principio de originación. En otras palabras, el espíritu es el principio de originación, el alma es una entidad procedente, es decir, que emana del principio de originación, por lo tanto el alma debe someterse a un proceso de temporalidad, o proceso dimensional, para emerger desde el origen.
Esto no es nuevo, Arrio dio pie a toda una corriente herética al afirmar que el Cristo como emanación del Padre, es AUTÓNOMO y no consubstancial con este, como afirma el dogma católico: la consubstancialidad de Cristo y el Padre, que ambos son Uno y Él Mismo.
Bien, el seguimiento del viaje del alma por las regiones dimensionales se hace a partir de las religiones y cultos, y siempre se realiza desde un tipo de construcciones diseñadas para modelar los procesos energéticos de la psike, llamadas tem-plos, pues representan la dimensión tem-poral, o son la contraparte de la dimensión tem-poral en el plano material. Esta demás agregar que el cuerpo físico esta signado como tem-plo de la psike o alma.
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Ahora hagamos una recapitulación: el poder espiritual siempre ha sido ostentado por la casta guerrera. ¿Por qué? Porque en su sangre, o su inconsciente personal, se siente más clara y por ende más pura, la naturaleza extradimensional del principio de originación, que necesariamente es antitético u hostil a la dimensionalidad, pues participa de la infinitud, y no puede ser mensurado. De ahí que lo guerrero representa REALMENTE esa naturaleza antidimensional, o antimaterial del principio de generación u originación.
Y este es el “liev motiv” de toda Metaética, desarrollar sufienciéntemente el lenguaje y sus aserciones sémicas indispensables para tener la capacidad de distinguir gnoseológicamente entre espíritu y alma. Para entrever mejor esta comparación entre el poder espiritual y el temporal hay que hacer una aproximación psicológica que nos ayude a desentrañar estas significaciones. La función regia se sostiene en la sangre, y la sangre por su permanencia trascendente y atemporal es como una piedra. La espada son las aristas, las presencias de la sangre que contienen todo el sentido posible; esta potencia de las presencias de la sangre no es manipulable desde los sujetos psicológicos, o mejor dicho, los sujetos psicológicos son impotentes para sostener esta potencia; por eso la “espada” permanece atrapada en la “piedra”, el caudal milenario que contiene la potencia racial; en algún “lugar” del tiempo. Sólo el Rey, quién ostenta REALMENTE la función regia podrá liberar la espada; Es decir, sólo aquel que es capaz de vincularse o siquiera vislumbrar el principio de originación, el “Vrill”, podrá apoyarse en la coyuntura y “sacar” la “espada” de la “piedra”, o lo que es lo mismo, expresar el CARISMA QUE ESTA IMPREGNADO EN ESA MEMORIA RACIAL EN CADA UNA DE LAS PRESENCIAS DE LA SANGRE, QUE JUNTAS SON LA POSIBILIDAD PURA DE LA RAZA.
El poder consiste en hacer mi voluntad e imponerla. Ese es el significado de “poder”. Hay tres formas de imponer la propia voluntad, una, la “legal”, apoyada en el principio de originación, la legítima, es mediante el carisma, que es el poder de convocar todo el sentido posible y evocarlo colectivamente. Las otras dos formas usurpan la función regia: la fuerza y la dádiva, el dinero. Y estas formas de ostentar la función regia son propias de un colectivo social decadente, acéfalo, sin líder de sangre pura.
El “Graal”, o como símbolo asimilado por el judeocristianismo, el “Grial”, “copa”, representa ese poder de originación, es el aval de la función regia, más allá de toda ley propia de las dimensiones inferiores a su ORIGEN, que refleja la belleza intrínseca de lo puro, de lo ORIGINAL, y confirma la función regia por el sentido que sólo puede generar lo increado, el ORIGEN. Afortunadamente existe una secuencia fílmica que expresa esta idea del desafío y rebeldía graciosa de Lucifer, cuya Gema dejada en Arras, es garantía de la última aproximación de la humanidad al principio de originación. Vamos a describir la secuencia, pero antes expresaremos la idea del “Graal” de Don Germán Grundy, uno de los gnósticos más esclarecidos de los últimos tiempos: “Lucifer se aproxima al universo de el Uno, y deja caer una gema de su corona con gracia divina, infinitamente seguro de su belleza original…y ese reflejo deja helados de terror a quienes se tenían por los más grandes creadores
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materiales… quedan pasmados ante ese fulgor de verde infinitud que rasga todos los velos ilusorios que dejan entrever tan solo la pobre y simplista fealdad del universo material a su paso.” Ahora invitamos al lector a mirar la secuencia del filme “Amadeus” de Milos Forman: el maestro “Salieri” compone una sonata para dar la bienvenida a Mozart en la Corte de José II de Austria; ante la genialidad de Mozart, la pobre melodía es infinitamente mejorada en un acto de generación original. Desde ese día Salieri vivirá para tratar de emular vanamente esa genialidad, que nunca podrá expresar por la injerencia fatal de su animismo airado y ofendido por la belleza que sólo es capaz de generar un verdadero genio, es decir, aunque pequemos de repetitivos, aquel que participa del principio de originación.