CONSTRUCTO DE LA SOCIEDAD PATRIARCAL
2.3 LA VIVENCIA DE LA SEXUALIDAD Y EL PAPEL DEL CUERPO EN LA SOCIEDAD PATRIARCAL
2.3.3 La Violencia como Mecanismo de Dominación
En la sociedad patriarcal se establecen rituales alrededor de la sexualidad, los cuales están legitimados en la heterosexualidad y el consentimiento, no obstante, el estímulo social que ha recibido el hombre de mantener relaciones desde la dominación, termina propiciando, a la larga, el ejercicio del poder en este plano. En la concepción histórico-jurídica, la violación se concibe como una lesión de dos bienes jurídicos: la honestidad de la mujer y la honra de los hombres relacionados con ella. Al respecto Redondo (222:54) comenta que “con la violación desaparecía
la máxima cualidad reconocida en la mujer, o sea, la castidad (mantenerse virgen hasta el matrimonio), una vez casada mantener relaciones sexuales exclusivamente con el esposo y al enviudar renunciar para siempre a las relaciones sexuales”.
De lo anterior se evidencia, que la violación se consideraba delito solo si se trataba de mujeres honestas, castas y pudorosas de buena fama, considerándose una afrenta para los hombres que rodeaban a la mujer; incluso en la Edad Media, a los hombres afligidos por semejante desdicha se les unía el señor de la tierra donde el hecho se había producido, considerando un ultraje el haber violentado a una mujer de su señorío.
Tradicionalmente la violación se utilizó como fórmula para humillar y controlar a los hombres, constituyéndose en un atentado contra el honor del padre, del hermano, del marido o del familiar masculino a quien se aplicaba venganza de esa manera. Incluso, como aporta Redondo:
“No hace mucho la violación como una relación sexual no consentida sólo se aceptaba cuando el hombre era un extraño y violento, la víctima mostraba una activa resistencia y denunciaba el hecho inmediatamente después de ocurrir. Pero cuando la violación era cometida por un hombre conocido por la víctima, se convertía - y aún puede convertirse en algunos casos – en un concepto difícil de manejar incluso para los propios profesionales del sistema jurídico- penal.”(Redondo:2002:56)
Sin embargo, en años recientes se han percibido ciertos cambios en la comunidad científica, que se evidencian en las publicaciones concernientes a la violencia sexual, lo que ha coincidido con el resurgimiento del movimiento feminista y los escritos de algunas mujeres que han propiciado una visión más amplia de la violación referida a un contexto cultural, político e histórico.
Según Redondo (2002:56-57):
“Aunque en las primeras investigaciones la conducta de agresión sexual se consideraba estrictamente biológica, posteriormente se comenzó a atender aspectos motivacionales como el deseo de poder y control (Groth y Burgués, 1977). Groth (1979) sugirió que el ataque sexual satisfacía las necesidades de poder y expresión de la ira en más allá del 95% de los violadores. Resultados similares obtuvieron otros investigadores (Cohen, Garofalo, Boucher y Seghorn, 1977; Howells, 1981).”
Es importante señalar que, aunque se hable de poder como una habilidad o un sentimiento, en todas las definiciones aparece la idea de producir un impacto en el medio en el que se desenvuelve el sujeto. Desde esa visión, la agresión sexual siempre representa un intento por controlar física y emocionalmente a la víctima. La idea de dominación sexual, viene implícita en el constructo de masculinidad, los hombres han sido entrenados para ejercer el control, especialmente sobre las mujeres, niñas (os), ancianas (nos), mientras que la feminidad implica sumisión, sobre todo ante los hombres.
De ahí que los hombres, en aras de validar su autoridad, han tenido la legitimidad para controlar a las mujeres y a los hijos (as), sea a través de la violencia física, emocional, económica, residencial, cultural, siendo que el padre o esposo asume que tiene la obligación de ayudarlas a no desviarse. Si bien en la actualidad existe una mayor sensibilización ante la violencia doméstica, las cifras de maltrato continúan siendo muy elevadas.
El control histórico, sobre las mujeres ha incluido no solo su sexualidad, sino también su capacidad reproductora, de lo que resulta según Redondo (2002:57-59):
“Que en las leyes anglosajonas, la violación en el pasado fue un crimen contra la propiedad sexual. El valor de las mujeres se basaba, y aún continúa basándose, en su habilidad para atraer a los hombres, en su capacidad reproductora y en su capacidad para proporcionar placer. De hecho, el concepto de sexo se ha relacionado confusamente con lo femenino. Y por tanto a los ojos de un agresor, controlar sexualmente a la mujer significa destruir o denigrar su valor más fundamental.”
Desde la perspectiva del feminismo, con la que comulgan las investigadoras, la violencia sexual obedece a motivos de poder, la violación es su vehículo de expresión y el cuerpo es el medio. El ofensor utiliza dicho acto para obtener el poder y control que no encuentra en su vida, puesto que no tiene confianza en su masculinidad.
Las motivaciones sociales de la conducta ofensora sexual de hombres adultos, es semejante a la de los jóvenes, puesto que ambos se desenvuelven en el mismo contexto social patriarcal, en el tanto que comparten y le son comunes las mismas imposiciones de género, de ahí que, el análisis es igualmente válido cuando se trata de jóvenes ofensores sexuales; haciendo la aclaración de que los jóvenes victimizan en mayor porcentaje a niños, niñas y discapacitados, que a mujeres jóvenes o adultas, en vista de las características de edad, estatura y poder que poseen.
Para efectos de esta investigación, es preciso hacer hincapié en las particularidades de la violencia erótica, enfatizando en aquella que se dirige contra mujeres, niñas y niños, a raíz de la posición de desventaja y vulnerabilidad en que la sociedad los ubica.