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Las ciencias modernas: utilidad e idolatría

In document Maduro, Otto - Mapas Para La Fiesta (página 57-59)

Desde antes del siglo dieciocho, ciertas formas de conocim iento cada vez más populares en Europa em pezaron a ser vistas, crecientem ente, com o superiores a todas las dem ás; como si ellas tuviesen laclave de lo que las religiones habían prometido pero habían postergado para“la otra vida”: la felicidady la libertad humanas.

Mapas para la fiesta - Otlo Maduro

Esas formas de conocimiento recogían mucho de las m atem áticas árabes; de la alquim ia europea medieval; de parte de las tradiciones filosóficas inglesas, chin asyg rie ga s;d ela con fian zae n el progreso técnico alimentada por la revolución industrial inglesa; de la fe anticlerical de la ilustración europea particularmente m arcada en la Revolución Francesa en el poder de la razón humana, libre de las ataduras de la religión; y, en general, del optimismo de la burguesía liberal urbana europea, convencida del inevitable progreso de la humanidad hacia tiempos de m ayor racionalidad, libertad y felicidad.

La mezcla de esos elementos disparates impulsó enérgicam ente sobre todo en Europa a pa rtirde l dieciocho la experim entación en laboratorios; la construcción y el uso de aparatos para la observación m inuciosa de la realidad (telescopios, microscopios, etc.); la invención de complejas herramientas útiles para la producción (telares mecánicos, m áquina de vapor, etc.); la construcción de nuevas teorías sobre el cosmos, la materia y la vida (la física de Newton, la quím ica de Lavoisier, el evolucionism o de Darwin, etc.); y ensayos de aplicación de cálculo matemático concebido entonces como absolutam ente racional e infalible a todas esas actividades.

Esas labores eran usualmente consideradas en la Europa anterior al siglo dieciocho com o “parte" de la filosofía, de la teología, de la medicina, del arte militar o, más simplemente, del trabajo humano. Poco a poco, empero, las universidades y la prensa empezaron a brindarle cada vez m ayor confianza y atención específica a ese cúmulo de faenas. Así, éstas empezaron a adquirir contornos propios: temas, jerga, m étodos, metas, libros, especialistas, aplicaciones útiles, prestigio, premios, etc. Y, lentamente, fueron constituyéndose un conjunto de nuevas formas de conocimiento, relativamente independientes las unas de las otras: astronomía, geología, física, biología, química, etc.

En Europa, hasta hace relativamente pocos siglos, el idioma común de los intelectuales era como ya dijimos el latín. En latín, “saber" se decía “scire”. De allí salió “scientia” , que significaba “las cosas sabidas”. Y de “scientia” nació la palabra “ciencia”, en castellano (y términos similares en otras lenguas).

La palabra “ciencia" como todas las palabras tiene una historia: lo que se quería decir con ella varió a través de los siglos. Todavía en el siglo diecinueve, “ciencia” significaba, simple y sencillam ente el saber, el conocer, las cosas sabidas y conocidas22. Pero, en el último par de siglos, “ciencias” ha venido a significar aquellas form as de conocim iento que com enzaron a adquirir prestigio e independencia, sobre todo en Europa a partir del siglo dieciocho: química, física,

“ Y era, habitualmente, sinónimo de “filosofía”, como sucedía en alemán (con las palabras “w issen” [saber] y “W issenschaft” (el ocuparse con el saber]) y e n holandés (“w zen” y “w sbegeerte”, con sentidos similares al alemán, sólo que “w sbegeerte" significa, todavía hoy, algo parecido a "filosofía”).

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Para repensar lo que entendemos por “conocimiento"

biología, geología, astronomía, y cualquier otra con rasgos análogos a éstas. De esas formas de conocim iento las ciencias m odernas una en especial se tornó com o en m odelo, norma o prototipo: la física. Así, hay todavía hoy tendencia a considerar una disciplina tanto más científica cuanto más se parezca a la física, y tanto m enos ciencia cuanto menos rasgos de la física comparta.

¿Y cuáles son esos rasgos? La verdad es que la respuesta a esa pregunta depende del especialista interrogado. Em pero, m uchos coincidirán en que los atributos siguientes son clave para caracterizar una ciencia m oderna: definición clara de los térm inos a usar, preferiblem ente en referencia a datos observables y relaciones m a te m á tic a m e n te e xpresa ble s; e xp e rim e n ta ció n reiterada, comunicable a otros especialistas y repetible por éstos; uso de instrumentos de la mayor precisión posible para la medición cuantitativa de los elementos implicados en la experim entación ;form alización m atem ática de los resultados de la investigación experim ental; construcción de teorías capaces de predecir comportamientos futuros de realidades análogas; y así por el estilo.

A estas “ reglas del ju e g o ” habitualm ente presentes entre los especialistas de la física se les da a m enudo el nom bre de “m étodo científico". Y al conjunto de las disciplinas que guardan una cierta sem ejanza e interacción con la física, se las e n g lo ba xo n frecuencia bajo el nombre de “la ciencia”, en singular.

Sin embargo, “la ciencia", en realidad, nunca ha existido. Lo que hay son ciencias, en plural: disciplinas variadas, cada unacon sus especialistas, escuelas universitarias, textos, prem ios, teorías, vocabulario y discusiones propias; en relación variable, conflictiva y com plicada con otras ciencias, otros métodos científicos y otras form as de conocimiento.

“El m étodo científico”, en singular, tampoco existe: hay reglas, nociones, técnicas y pautas que em e rg en , entran en conflicto con otras, se imponen parcial y gradualmente, y acaban volviéndose “norm ales” durante unos años o décadas entre la m ayoría de los cultivadores de una o varias disciplinas23. Tales normas varían según la disciplina, época y región de la que se trate. Es más com o lo subrayó, con muchos otros, el físico, m atem ático e historiador de las ciencias, Paul Feyerabend24 los grandes descubrim ientos, inventos y cam bios en la historia de las ciencias generalm ente han resultado de revisar y superar críticamente los m étodos científicos hasta entonces consagrados en una época, disciplina o región.

Las ciencias y los métodos científicos, a través de su historia, han contribuido a estim ular, entre otras cosas positivas (desde mi punto de vista), las

a Véase el clásico texto de Thom as S. Kuhn: The Structure o f Scientilic Revolutions. Chicago: Tho University of Chicago Press, 19702, 21 Op. (del cual hay traducciones al castellano y al portugués).

■''Véase su interesantísimo libro Contra el método (la versión original revisada lleva el título

Against Method, Londres-Nueva York: Verso, 1988, 296p ), que ha sido una fuente de inspiración

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siguientes: una atención cuidadosa a lo que realm ente ocurre a nuestro alrededor, independientem ente de nuestras intenciones conscientes, nuestras creencias y sentim ientos; una tendencia a la observación sistemática, al contraste, la comparación y la experimentación repetida bajo condiciones tanto parecidas como diferentes a fin de asegurarnos de la validez de nuestras conclusiones; una apertura deliberada a la discusión con otras personas, a la reflexión crítica en grupo y a la renovada revisión de los resultados de nuestras investigaciones. Todas estas características, me parece, es necesario valorarlas y aprovecharlas en cualquier esfuerzo por mejorar las condiciones de la vida humana en el mundo actual.

Las ciencias son por lo demás extraordinariamente útiles e importantes en el mundo de hoy. Directamente o no, el quehacer económico, político, sanitario, militar, educativo y comunicacional es decir, nuestras condiciones de vida y de muerte dependen enormemente de la producción científica. Y de ésta también depende en mucho la suerte de los anhelos humanos de justicia y paz duraderas.

Estos hechos podrían bastar para con vencernos de que las ciencias son cosa seria y a ser tomadas en serio. Y creo que es mucho lo que de las ciencias y de los métodos científicos hay que aprovecharen cualquier intento de transformación de las sociedades actuales.

Esos hechos no deberían cegarnos ante otro hecho clave del mundo de hoy: lo que algunos denominan “cientismo” y que yo llamaría “idolatría de la ciencia". Me refiero a la actitud ingenua pero hondamente difundida y aceptada según la cual el único conocimiento válido es el “científico”: supuestamente universal, acumulativo, permanente, así como absolutamente verdadero y bueno. Según esta posición, además, tal conocimiento sólo podría ser controlado y juzgado por los científicos propiamente tales jamás por la gente común y corriente, ni siquiera a través de representantes democráticamente elegidos.

Esta idolatría de la ciencia comparte el prejuicio de erigir a la física sobre todo new tonianaen modelo y criterio de ciencia, de qué sea científico (y por lo tanto digno de atención y de crédito) e, incluso, de qué sea verdadero. Según esa perspectiva, las ciencias humanas (sociología, antropología, sicología, etc.) serían una especie de “subciencias” sin mayor validez. En esa línea, cada ciencia debe dedicarse específicamente a su propio objeto (con sus métodos, vocabulario y especialistas propios) sin meterse en otros campos y sin permitir que nadie ajeno se meta en el suyo. Y a esta especialización fragmentaria de las ciencias se sum a algo peor: las preocupaciones éticas, ecológicas, sociales, religiosas y políticas no tendrían razón ni derecho alguno de perturbar la actividad científica (ni los científicos tendrían por qué molestarse con estas “anticientíficas” preocupaciones).

Esa idolatría de la ciencia me preocupa por al menos dos motivos. Uno: esa es la imagen de las ciencias divulgada por la mayor parte de escuelas, medios de comunicación, empresas y ejércitos que conozco (de “izquierda", “derecha" o lo que

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sea). Dos: creo que tal imagen de las ciencias contribuye a que la gente no quiera ver ni hacer nada ante el grave aporte de las mismas ciencias al armamentismo, la destrucción ecológica, la miseria creciente y la violencia endémica del mundo contemporáneo.

Lo trágico, pienso, es que mientras muchos científicos multiplican iniciativas y recursos para salvar, sanar y facilitar la vida humana, simultáneamente, cada año se dedica una mayor tajada de los recursos científicos mundiales expertos, aparatos, dinero, formación e investigación para sustentar y proteger militarmente las aventuras económ icas y el estilo de vida de mínimas minorías pudientes de los países más poderosos del planeta.

Las ciencias son una creación humana reciente, cada vez más decisiva en cuanto a quiénes de nosotros, cómo, cuándo y dónde vamos a vivir o a morir. Los humanos todos tenemos necesidad y derecho de intervenirde manera deliberada, organizada, continua y crítica en las actividades humanas que afecten la calidad de nuestras vidas y de nuestras muertes: incluso (¿sobre todo?) en las actividades científicas, seam os científicos o no. Más hoy: tiempos en que fuentes financieras y exigencias militares hacen de las ciencias crecientemente armas destructivas en manos de poderosas minorías, en lugar de herramientas al servicio de la vida cada día más amenazada de la mayoría de los humanos.

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