Para poder entender nosotros mismos nuestros propios descubrim ientos, intereses, ideas, intuiciones, etc., se nos hace necesario expresarlos con cierta precisión y firmeza. Para lograr expresar lo que creem os, com unicarlo a otras personas de m odo com prensible y persuadirlas de actuar a nuestro lado, es preciso, de alguna manera, “fijar" nuestro conocim iento en ¡deas estables, simples y claras (aúnque, com o vimos en el caso de M axim ina, eso no es suficiente).
La necesidad de “fijar” el propio conocim iento en ideas estables y comunicables puede brotar en circunstancias muy variadas. Por ahora, en esta parte, voy a referirm e únicam ente a circunstancias en las que están en juego relaciones de fuerza desigual, relaciones de opresión.
Por ejem plo, un grupo o individuo que se hallaen una novedosa situación de poder sobre otros, puede com enzar a percibir la realidad de una m anera distinta a la q u e es común y corriente entre sus semejantes (y diferente, también, a la que com partía antes de alcanzar esa posición de m ando). En esas condiciones, tal grupo o individuo puede verse impulsado a sentir que ahora
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conoce m ejor la realidad; que las cosas no funcionan com o antes pensaba y com o otros todavía creen. Y, en su esfuerzo por convencerse a sí m ism o y a los dem ás de ese nuevo punto de vista, aquel grupo o individuo echará mano de todos los recursos accesibles para form ular su percepción de la realidad de una nueva m anera al menos tan fija, clara y convincente com o la anterior.
R ecuerdo aquí a José, un profesional que fue mi am igo y que ocupó diversas posiciones de poder en una universidad latinoam ericana. C uando era m iem bro del sindicato del profesorado de su universidad, José propugnaba aum ento de sueldos para sus colegas y luchaba contra el gobierno. Sus ¡deas y argum entos eran diáfanos y persuasivos. Así se ganó el apoyo de com pañeras y com pañeros de trabajo, siendo elegido presidente del sindicato. Allí continuó, victoriosam ente, la lucha por aum entos salariales para el profesorado. Algunas personas aúnque también críticos del gobierno trataron de hacerle ver a José lo siguiente. En una ciudad pequeña y aislada com o la suya, con una universidad tan grande, los aum entos de sueldo del profesorado podían provocar una fuerte inflación. Esa inflación afectaría negativam ente a la m ayoría de la población de la ciudad: trabajadores pobres cuyos salarios no aum entarían a la par de la inflación. Adem ás, para el profesorado, esa inflación anularía, en corto tiempo, los supuestos “beneficios" del aum ento salarial. José desarrolló nuevos argum entos para defender sus tesis: “quienes no quieran aum ento", se burlaba, “ ¡que lo repartan entre los pobres!” . Con el prestigio adquirido, José se lanzó de candidato a Rector de su universidad ofreciendo aún m ayores aum entos de sueldo y ganó con buena m ayoría de votos. A los pocos m eses, el sindicato que él había dirigido lanzó una cam paña pidiéndole los prom etidos aum entos. La respuesta de José fue clara y term inante: “la universidad no tiene dinero; el profesorado ya gana lo suficiente; un aum ento salarial acelerará la inflación y se autoanulará a c o rto plazo; etc., etc.” ... ¡los m ism os argum entos que José había rechazado del gobierno y de una m inoría de oposición durante años!
Pero esa necesidad de form ular el propio conocim iento en ideas firmes y claras no sólo surge al ocupar el poder. T am bién germ ina cuando descubrim os que parte de nuestros sufrim ientos son fruto de acciones de personas o grupos j con mayor poder que el nuestro. Hace varios años, en Love Canal (en E.U.A.), varias amas de casa com enzaron a sospechar y a decir claram ente que las crecientes enfermedades de sus niños eran consecuenciade sustancias químicas venenosas botadas en el canal años antes por com pañías que ya no operaban en lazona. Allí arrancó unacam pa ña d e investigación, inform ación y movilización que produjo entre otras cosas declaraciones sencillas, firmes e intransigentes sobre lo que acontecía; esas declaraciones ayudaron a hacer avanzar una lucha que culm inó en algunas victorias para la com unidad.
O presión, lib e ra c ió n y conocim iento
Cuando un grupo oprim ido se halla acosado y am enazado de extinción al igual que cuando una m inoría poderosa ve en grave peligro su dom inio esa tendencia a expresar el conocim iento en ideas fijas y firmes se radicaliza: allí pueden em e rg er entonces visiones sum am ente sectarias, excluyentes e intolerantes. Ejemplos pueden ser, en religión, los casos de anabaptistas y luteranos: unos alimentaron guerras campesinas contra los grandes terratenientes de C hecoslovaquia y Alem ania; los otros animaron matanzas de los mism os cam pesinos basándose en textos como el de Lutero “Contra las bandas rapaces y asesinas de los cam pesinos”.
Por el contrario, si nuestras ideas son expresadas de m anera dem asiado flexible, variable, inestable y abierta, será muy difícil convencernos a nosotros m ism os o persuadir a otros de entablar iniciativas basadas en tales ideas.
Por esas y otras razones com o también, por ejemplo, el que nuestros idiomas hacen casi inevitable expresar el conocim iento de modo inflexible y simplista es muy común vernos obligados a expresar nuestra percepción de lo real de m anera fija y simplista, a veces incluso rígida e inflexiblem ente.
Esta tendencia a ver la realidad de modo estático a creer que vemos las cosas com o son, que las cosas son com o son, siem pre fueron así y así serán perennemente puede relacionarse de muchas maneras distintas con lasrelaciones de opresión y con los anhelos de autonom ía de diferentes sectores de una comunidad.
Por lo pronto, sin duda, a toda élite poderosa, privilegiada y pudiente le interesa y le conviene percibirse y ser percibida constante y claram ente com o merecedora, justa, adecuada, etc. Pero ¿cómo lograr eso con visiones confusas y cam biantes de la realidad social, política, económ ica, moral o religiosa? ¡Sería casi im posible! Por eso las élites tienden a com batir cualquier am enaza a la estabilidad y firm eza de su propia visión del mundo.
En estos años estam os recordando el caso de las élites españolas y portuguesas que se establecieron en el poder desde hace unos 500 años sobre indígenas de Am érica y África. Esos grupos invasores ejercieron, sin duda, fuerte violencia arm ada para im poner su dom inio. Pero, com o bien lo captaron sus líderes, eso no era suficiente. Si querían perpetuar su poder militar, económ ico y político sobre la población trabajadora, era necesario más que la fuerza física y el terror sicológico: era preciso convencerse a sí mismos y convencer a la m ayor cantidad posible de indígenas, africanos, mulatos y mestizos de que el dom inio ibérico era justo e invencible. Y, para eso, era conveniente por ejemplo una sola visión religiosa de la realidad, bien firm e y bastante precisa, la m ism a para poderosos y subyugados.
Por eso fue tan importante para los monarcas de Portugal y España tener el m ayor control posible sobre la Iglesia Católica en Am érica. Hasta el punto que
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los m onarcas decidían nom bram ientos de obispos y curas párrocos, existencia de sem inarios y conventos, envío o expulsión de congregaciones religiosas, perm isos y prohibiciones de libros y lecturas, com unicación de las autoridades eclesiásticas en Am érica con el Papa... ¡y viceversa! Y si algún obispo predicaba una interpretación de los Evangelios que desagradaba a los grandes señores, ese obispo podía sufrir desde una simple am onestación h asta el asesinato como M onseñor Valdivieso, en Nicaragua, hace m ás de 400 años pasando por la multa, la prisión, el exilio e incluso la tortura.
Sugerircam bios.proponeralternativas.señalarcontradicciones.odespertar confusiones en cuanto a la visión de la realidad predom inante en una sociedad puede, pues, m inar la seguridad y la autoridad de quienes allí detentan el poder. Y, por eso m ism o, eso puede provocar la represión por parte de quienes en efecto tienen m ayor fuerza para im poner sus propios intereses. Pensar más allá de los límites establecidos puede, pues, ser algo subversivo y peligroso.
Mas no sólo los poderosos se “encadenan” a visiones estáticas y simplistas de la realidad. Q uizá todas las personas lo hacemos, sobre todo si nos sentimos inseguros y am enazados. Entonces podem os llegar a defender fanáticam ente una m anera de ver las cosas a la que ya estábam os habituados; o, por el contrario, abrazar sectariam ente una nueva visión que por ser más rígiday simple que la anterior nos devuelva con creces la perdida certeza interior. Eso acontece, y con frecuencia, en las luchas de grupos oprim idos por su liberación (véase, si no, Sendero Lum inoso, los shiítas iraníes, o los nuevos m ovim ientos racistas de E uropay los E.U. A., todos con a poyode sectores oprim idos anhelantes de mayor poder sobre sus propias vidas).
De hecho, cabría aquí sugerir, ya para cerrar este punto, lo siguiente. Muchos grupos avasallados por otros, despliegan y propagan contra la visión dom inante de la realidad nuevos criterios para entender la realidad. Tales m odalidades alternativas de definir la realidad tienden, con frecuencia, a tornarse tan estáticas y simplistas com o las dom inantes. Eso aconteció, verbigracia, a inicios del siglo diecinueve, con patriotas am ericanos y liberales europeos que abandonaron las conservadoras iglesias cristianas de la época: muchos abrazaron un ateísm o radical que veía estáticam ente a la religión com o causa de todos los males sociales y, por ende, com o algo a ser elim inado definitivam ente.
Pero las realidades cam bian y m udan asim ismo quienes participan de tales realidades y de las visiones de las m ism as. Y, con frecuencia, las élites poderosas se renuevan y se adaptan a las circunstancias vigentes. Si hay ideas difundiéndose en la sociedad que am enacen su dom inio, las élites usualmente reaccionarán de varias maneras, como desplegar estrategias para asimilar, desprestigiar o desterrar cualquier idea firme y definida que parezca minar el dom inio ejercido por ellas mismas.
Opresión, liberación y conocimiento
Un ejem plo que me gusta citar al respecto es el del PRI (el Partido Revolucionario Institucional), que está en el poder político en México hace ya varias décadas. Este partido ha realizado una “obra m aestra” de apropiación, reinterpretación y uso de todo el rígido y tradicional lenguaje revolucionario, socialista, anticapitalista y antiim perialista “desarm ando” así intelectualm ente hasta ahora a los partidos que le hacen oposición ¡con la com placencia, durante años, tanto de gringos com o de soviéticos!
La “congelación" de nuestro conocim iento de la realidad es, pues, con frecuencia, una “necesidad”. Pero, ciertam ente, esa “necesidad" entraña riesgos para cualquier esfuerzo liberador.