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Necesidad y límites de las teorías de la opresión

In document Maduro, Otto - Mapas Para La Fiesta (página 36-38)

Uno de los m otivos para querer entender clara y definitivam ente cómo y p orqu é las cosas son com o son, puede ser el sentirnos agobiados por la realidad m ism a y, por lo tanto, con urgentes deseos de cambiarla. Cuando surge esa necesidad de com prender una realidad opresiva para transform arla es corriente elaborar, discutir, buscar o aceptar alguna teoría explícita que satisfaga esa necesidad.

Rosa dos Santos, una telefonista nacida en Recife (Brasil), en 1919, es uno de estos casos. Rosa fue jubilada en 1980 a solicitud personal, con la esperanza de una vejez tranquila después de trabajar 40 años en una em presa de Río de Janeiro. Al com ienzo, la pensión le alcanzaba apretadam ente pero alcanzaba para vivir una vida “norm al,” com o dice ella, “sin pedirle lim osna a nadie” . Con el pasar de los años, para su desagradable sorpresa, la m ensualidad le daba para pagar cada vez menos cosas: en 1991 tuvo que em pezar a trabajar en la calle, de vendedora am bulante. Pocos meses antes, avergonzada, le había pedido a un hijo suyo, casado, que la dejara vivir con él, pues le resultaba imposible pagar alquiler. En poco tiem po, la dependencia, la inseguridad y la vergüenza se apoderaron de ella.

En esa situación m ientras vendía joyas de fantasía en una calle de Río se topó un día con una m anifestación de jubilados pidiendo “aum ento del 147% contra la inflación”. Rosa cerró su negocito y se incorporó a la manifestación. Luego asistió a una reunión de jubilados prom ovida por un partido de oposición y, a partir de ese día, su vida cam bió bastante. Em pezó a leer más a fondo los periódicos, a asistir a reuniones y m anifestaciones, y a conversar de política y econom ía con otros jubilados a m enudo tratando de convencerlos de que leyeran, se reunieran y protestaran. Su vida adquirió un nuevo sentido: se volvió mucho más activa y optim ista pese a que “su econom ía no m ejoraba” en nada.

Mapas para la fiesta - O lio Maduro

En m edio de todo este proceso, Rosa se convenció de dos cosas: primero, la corrupción adm inistrativa en las altas esferas del gobierno es la causa de que no haya dinero para mejorarle la pensión a los jubilados; segundo, la única manera de solucionar esasituación e ra o votar porciviles honestosen las próximas elecciones ... o esperar que militares honrados diesen, por fin, un golpe contra esta democracia corrompida.

Para superar circunstancias opresivas hacen falta para llamarlas de algún modo “teorías de la opresión y de la liberación”: ideas más o menos claras que nos expliquen por qué las cosas andan mal y cómo es factible salir del aprieto en el que estam os metidos. Y hace falta gente que comparta esas teorías.

Por una parte, tal tipo de teorías hace falta para brindarnos la sensación sicológica de que pese a nuestros fracasos, aislamiento y debilidad sí hay salida. Es decir, tales teorías hacen falta, por lo muy menos, para sobrevivir a las dificultades, m antener un cierto sentido de la vida, no desesperarnos ni perder la razón. Hacen falta, de alguna manera, para no sucum bir totalm ente a la opresión, manteniendo viva la esperanza.

Sin esa esperanza, muy pocas personas podrían continuar la lucha por su sobrevivencia y la de sus seres queridos. Aún más: sin esa esperanza, difícilmente alguien haría esfuerzos por lograr cam bios y mejoras en su vida personal o en la de su comunidad. Los Alcohólicos Anónimos, las iglesias pentecostales y grupos radicales como Sendero Luminoso cada uno a su manera bien distintay específica pueden ilustrar el papel esperanzador que cu mplen diversas “teorías de la opresión y de la liberación”.

Pero, por otra parte, entonces, “teorías de la opresión y de la liberación” son también necesarias para alentar, sustentar e impulsar esfuerzos prácticos que intenten superar de hecho condiciones opresivas. Las luchas y victorias latinoamericanas por la independencia, la democracia, el voto para las mujeres o la reforma agraria fueron posibles precisamente y entre otros factores gracias a ideas y teorías nacionalistas, independentistas, liberales, democráticas, socialistas, sufragistas, etc.

Muchas de esas teorías lograron expresar en un lenguaje claro y común el m alestar y las expectativas de grandes sectores de la población. De ese modo, tales teorías estimularon la comunicación, laconfirmación recíproca, laaglutinación y la movilización de m ucha gente. A través de alguna o varias de esas teorías la gente descubría intereses comunes, explicaciones y culpables de la opresión, razones y caminos para rebelarse, aliados y esperanzas para la victoria.

Ahora bien, la m ism a capacidad de una teoría para explicar la opresión y brindar aliento a luchas de liberación como pasó en muchos países de Europa oriental con el m arxismo puede fácilmente tornarse en un “cuchillo de doble filo” . Veamos cómo.

Opresión, liberación y conocimiento

Com partir con otras personas una teoría es vivir, constantem ente, un proceso de confirm ación recíproca (“ ¡tienes razón!", “ ¡qué bueno encontrar alguien que piense com o yo!", “ ¡ahora sí entiendo lo que está pasando!). Eso es aún más así en minorías m arginadas o perseguidas, y que, por lo mismo, tienden a ser m ucho más “cerradas” (“cerradas” en que se abren poco a otras visiones de la vida que la suya, y también “cerradas" en que tienen una cohesión interna muy fuerte, con poca apertura a las relaciones con gente diferente).

En pocas palabras: una teoría explícita que alim enta las esperanzas y el sentido de la vida de gente oprim ida cuando es com partida larga y fuertem ente dentro de un grupo tiende a ser tom ada no ya com o una teoría, sino com o “la realidad real”. En tal situación, el grupo que com parte esa teoría elabora constantem ente “confirm aciones" de la m ism a tanto en las victorias com o en las derrotas y rechaza casi cualquier intento de criticar o transform ar su teoría. C uando nos identificam os profundam ente con una cierta visión de la realidad, nos resistim os a abrirla, enriquecerla, transform arla o s u s titu irla ... aún cuando la experiencia y la opinión “exteriores” nos sugieran la necesidad de revisar nuestras teorías. Es más (y peor): como observam os toda realidad a través de la teoría que com partim os, entonces, cualquier experiencia u opinión contraria a nuestra teoría la interpretarem os a través de la m ism a ... ¡y hasta la verem os com o una confirm ación más de nuestro modo de ver las cosas!

En la izquierda, por supuesto, se dan cosas parecidas. Muchos grupos m arxistas latinoam ericanos partidarios de la lucha arm ada ven en todo derrocam iento de una dem ocracia, una prueba de que el poder no se puede conquistar pacíficam ente; en las victorias dem ocráticas, confirm aciones de que la dem ocracia sólo le sirve a la burguesía; en las derrotas de la lucha arm ada, retrocesos m om entáneos en el único cam ino para el triunfo popular; y en toda crítica a esa visión tan cerrada, una traición. Com o se dice en mi país: “Si no te pela el chingo, te pela el sin nariz".

T ambién entre las élites capitalistas se pueden apreciar dinámicas análogas. Los neoliberales de todas las Am éricas están convencidos de que sólo la privatización de todas las em presas puede estim ular una prosperidad económ ica que logre acabar con la miseria. Com o ejemplos, citan a los “tigres asiáticos” (Singapur, Corea del Sur y Taiwán): países que supuestam ente con m enos recursos y m ayor pobreza que los nuestros, lograron “modernizarse” y acabar con la pobreza en muy pocos años, gracias a la “privatización". Cuando se les argum enta que esos tres países construyeron ese “desarrollo” bajo dictadura militar, con innumerables víctimas, algunos reconocen que es cierto, pero que es que “primero abrieron la economía, para después decidirse por la dem ocracia política”' 3. Si se les señala que en Taiwán las cuatro mayores empresas siderúrgica, petroquímica, naviera y m etalmecánica son estatales, desprecian o desconfían de

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tal dato. Al apuntárseles que Cuba logró sin privatización satisfacer las necesidades básicas de la población, reaccionan condenando laexistencia allí ¡de unadictadura militar! De nuevo: no hay modo ni manera de “abrir” una teoría tan “cerrada” de la realidad.

Para algu nos grupos relig iosos exitosos entre sectores m uy pobres, la “crisis m undial” y todos los sufrimientos actuales son resultado (es decir, efecto y castigo) de nuestros pecados individuales y anuncio del juicio final. Sólo se salvarán quienes se unan a uno de esos grupos, acepten su mensaje y vivan según sus reglas. Si, en uno de sus ritos de sanación, una persona es curada, ello confirma fuertemente el carácter sagrado del grupo y de su visión de la realidad. Si, por el contrario, una persona no es físicamente curada de una dolencia, ello será interpretado como curación espiritual, presenciadem oníaca, castigo o primer paso hacia la verdadera sanación divina. Si muchas personas se incorporan al grupo, ello confirm ará al resto en su compromiso. En el caso de que varias abandonen el culto, ello podrá ser visto como influjo de Satán. Difícilmente se admitirá la necesidad de ver las cosas de otro modo. Un caso extrem o fue el del grupo religioso estadounidense llevado por James Jones a Guyana, que optó por un suicidio colectivo antes que cambiar sus vidas y creencias.

Es claro que no es fácil menos aún entre m iseria y persecución ver nuestras teorías apenas como mapas provisionales de una porción de la realidad: mapas que sólo valen la pena mientras la realidad no cam bie mucho y mientras no dispongam os de mapas mejores para orientarnos hacía las m etas que nos interesan. Pero si por ello nos resistimos a la crítica y transformación de nuestras “teorías de la opresión y de la liberación”, estas teorías pueden dejar de ser herramientas para superar nuestras condiciones opresivas y convertirse en obstáculos a nuestra liberación.

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