1.1 ORIGEN DE LAS PREGUNTAS: EL TEXTO Y SU IDENTIDAD
1.1.2 LAS PREGUNTAS ORIENTADORAS DE LA HIPÓTESIS
Las observaciones señaladas anteriormente poseen connotaciones programáticas, ya que vienen como a determinar el camino a recorrer, así:
La ausencia de referencias sobre la Segunda Venida del Señor, en la primera parte del Evangelio, capítulos 1 al 12, y su presencia, en cambio, en la segunda parte, capítulos 13 al 21, es un claro indicio de que la Segunda Venida del Señor, no está vinculada con “el ministerio de Jesús”, sino con lo que en Juan, se suele denominar, “la hora de Jesús”10, “el libro de la gloria” o “la Pasión”. Entonces, ¿en qué sentido, la Segunda Venida se entiende en línea de
continuidad con la pasión y discontinuidad con el ministerio de Jesús?
Las referencias en cuestión, con base en su propia ubicación en los capítulos 14, 16 y 21 demandan una particular atención a sus contextos, pues los grupos de textos de los capítulos 14 y 16, pertenecen a su vez, a los capítulos 14 a 17, comúnmente denominados “Discursos de Adiós de Jesús”, y que parecen tener un estatuto particular, del mismo modo que la referencia
del capítulo 21, el cual, como se verá, también goza de un reconocimiento especial. Claramente, será necesario interactuar con el conjunto de todo el Evangelio, de tal manera que una aproximación previa a la obra, evidencie las características del escrito y se pueda así, configurar mejor la identidad de los capítulos 14, 16 y 21 como ámbito de comprensión e interpretación del horizonte de sentido de la Segunda Venida del Señor. En otras palabras, ¿qué puede, por consiguiente significar, que las referencias a la Segunda Venida del Señor, en términos verbales, se encuentren en contextos literarios que de por sí, poseen una identidad particular de frente a todo el conjunto del Evangelio?
10 La hora de Jesús es una expresión característica de la tradición joánica para referirse a la Pascua de Jesús, razón por la cual, es la hora de su muerte, pero también la de su glorificación, es la hora del desenlace de la existencia y de la misión de Jesús, es la hora de la comunión con el Padre (cfr. 7,30; 8,20; 12,23.27; 13,1; 17,1).
36 Para referirse exclusivamente al Retorno Glorioso de Cristo al final de los tiempos11, con la consecuente manifestación de su "día"12, el cristianismo primitivo adoptó el término griego
parousi/a, que significa "presencia - venida"13 y que aparece 26 veces en el NT, de las cuales, 18 se refieren a la Venida del Señor14, encontrando un especial eco en san Pablo15. Sin embargo, junto al término parousi/a, el NT ofrece una amplia gama de términos para referirse a esta realidad: El sustantivo a)poka/luyij16, el sustantivo e)pifa/neia17, el verbo fai/nw18 y el verbo fanero/w19.
11 Cfr. Mt 24,3.27.37.39; Jn 6,39-40.54; 1Co 1,8; 15,23; St 5,7-8; 2Pe 3,4.12; 1Jn 2,28 y el símbolo niceno- constantinopolitano DS 150: “y de nuevo ha de venir con gloria”.
12 "El día del Señor" (cfr. 1Co 5,5; 2Co 1,14; 1Ts 5,2; 2Ts 2,2; St 3,12) es el día del cumplimiento en la era escatológica, inaugurada por Cristo, del "día de YHWH" anunciado por los profetas (cfr. Am 5,18+); ya realizado en parte por la primera venida de Cristo (cfr. Lc 17,20-24) y el castigo de Jerusalén (cfr. Mt 24,1), esta etapa última de la historia de salvación (cfr. Hch 1,7), será consumada por el Retorno Glorioso (cfr. 1Co 15,23; 1Tm 6,14) del juez soberano (cfr. Rm 2,6; St 5,8-9).
Este día del Señor, aparece también bajo otras denominaciones similares: “el día de nuestro Señor Jesucristo” (cfr. 1Co 1,8), “el día de Cristo” (cfr. Flp 1,6.10; 2,16), “el día” (cfr. 1Co 3,13; 1Ts 5,4), “aquel día” (cfr. 2Ts 1,10; Mt 7,22; 24,36; Lc 10,12; 21,34), “el día del Hijo del Hombre” (cfr. Lc 17,24), “el día de Dios” (cfr. 2Pe 3,12), “el día de la visita” (cfr. 1Pe 2,12), “el gran día” (cfr. Judas 6; Ap 6,17; 16,14), y “el último día” (cfr. Jn 6,39.40.44.54; 11,24; 12,48) (cfr. BJ, 1Co 1,8+).
13 Es con estos dos significados que el término aparece en la LXX, 3 veces en, y solo en los libros escritos en griego (cfr. Jdt 10,18; 2Ma 8,12; 15,21); el término era utilizado a propósito de los dioses y los soberanos de la época helenística: la parousi/a de los dioses sería su venida sobre la tierra, y la de los soberanos, la visita política que ofrecen a cada una de las regiones o ciudades de su imperio. En el mundo greco-romano, designaba la visita oficial y solemne de un príncipe en cualquier lugar (cfr. BJ, Mt 24 ,3+); de esta forma es sugestivo que el modo como san Pablo describe la Parusía en la más antigua de sus cartas (1Ts 4,15), sugiera ya en su misma terminología, la idea de una visita solemne de un rey (además, en 1Co 16,17; 2Co 7,6.7; Flp 1,26 y 2,12 el término se refiere a la visita, sea de Pablo o de uno de sus discípulos y colaboradores) (cfr. Feuillet, Le sens du mot Parousie,263; Oepke, Parousi/a, 858 y Pozo, La Venida del Señor en la gloria, 54).
14 4 veces en Mt (24,3.27.37.39), 7 en Pablo (1Co 15,23, 1Ts 2,19; 3,13; 4,15; 5,23; 2Ts 2,1.8) y 5 en las cartas católicas (St 5,7 y 8; 2Pe 1,16 y 3,4; 1Jn 2,28). Sin embargo, se encuentran otros usos en los que aparece como “Venida” de Satanás (2Ts 2,9), “Visita” de Estéfanas (1Co 16,17), “Llegada” de Tito (2Co 7,6.7), “Presencia” del cuerpo (2Co 10,10), “Presencia” de Pablo (Flp 1,26; 2,12), y “Venida” del Día de Dios (2Pe 3,12). Parece sumamente interesante, considerar el término en su estricta relación con el verbo pa/reimi y su forma infinitiva
parei=nai (cfr. Hch 24,19 y Ga 4,18.20), el cual, directamente hace pensar en “estar presente o estar aquí” además de las formas que ha tomado como “llegar, venir, estar cerca”.
15 Es posible que Pablo haya tomado prestado este término, del lenguaje de la corte de la época helenística, aún presente en su tiempo, y que lo haya aplicado al misterio de la exaltación de Jesús; tampoco es imposible dejar de pensar, que el judaísmo de entonces haya tomado y asumido el término, para referirse a la última venida de Dios y aquella del Mesías (cfr. Monloubou y Du Buit, Dictionnaire Biblique, 538-539).
16 Entendido como descubrimiento o revelación (cfr. 1Co 1,7; 2Ts 1,7; 1Pe 1,7.13; 4,13), este término alude al señorío del que Jesucristo goza junto al Padre y que se hará patente en el mundo, de modo que habrá
37 Claro que el lenguaje de la Parusía, en sí mismo complejo, lleva consigo contenidos muy numerosos, que van desde el anuncio del final de la historia del mundo hasta la resurrección y la palingénesis (cfr. 1Ts 4,15; 1Co 15,45; 2Pe 3,13), precisamente en la línea de la predicación profética veterotestamentaria de Isaías, según la cual se espera el advenimiento de “unos cielos nuevos y una tierra nueva” (cfr. Is 65,17-21; 66,22), y que en el Nuevo Testamento halla sus expresiones en las mismas palabras de Jesús (cfr. Mt 15,28), y en la predicación apostólica,
a)poka/luyij de su gloria y poder, es decir, el descubrimiento de su exaltación al mundo. Del mismo modo (cfr. Rm 8,19; 1Co 1,7; 1Pe 1,7.13; 4,13), viene usado sobre todo a partir del siglo I, prevalentemente en un sentido religioso, así como el verbo apokalu/ptw (cfr. Lc 17,30; 1Pe 5,1; Ef 3,5; 1,7.13; 4,13), derivado de kalu/ptw
(esconder, cubrir, velar), los cuales no son muy frecuentes en el NT (26 veces el verbo y 18 el sustantivo), y faltan completamente en una serie de escritos (Mc, Hch, Col, 1Ts, cartas pastorales y católicas, a excepción de 1Pe). En el Evangelio de san Juan, el verbo es usado sólo en 12,38 (citación de Is 53,1 para motivar la incredulidad), y en los otros casos, es usado fanero/w; en el Ap aparece sólo en el título en 1,1. Este sustantivo tiene siempre un significado teológico, mientras el significado del verbo es mucho más amplio (cfr. Mundle, a)pokalu/ptw,
1589.1590-92).
17e)pifa/neia, como aparición o manifestación (cfr. 2Ts 2,8; 1Tm 6,14; 2Tm 4,1.8; Tt 2,13; y también 2Tm 1,10 para referirse a la primera venida de Jesús), y el verbo e)mfanizw bajo las formas de adjetivo: e)mfanh= (Hch 10,40), e)mfanh/j (Rm 10,20), infinito aoristo: e)mfanisqh=nai (Hb 9,24), y futuro e infinitivo presente en Jn 14,21.22. En Juan es característico el uso de la doble posibilidad de e)mfani/zw en 14,21 (se piensa en una revelación visible, y Jesús se refiere a una nueva interpretación) (cfr. Bultmann y Lührmann, Fai/nw, 848-849). 18 Recurre especialmente bajo la forma del adjetivo: e)fa/nh (Mc 16,9), siendo mucho más frecuente en el NT el uso de fai/nomai (cfr. Mt 2,7: 24,27; Flp 2,15; St 4,14; Ap 18,23 var); asume el significado de manifestarse o mostrarse, dejando ver una cierta distinción entre la percepción óptica y la percepción espiritual (cfr. Mt 13,26; Rm 7,13; 2Co 13,7 y otros) (cfr. Bultmann y Lührmann, Fai/nw, 835-836). Precisamente, a partir del uso de “epifanía” como equivalente de “parusía”, se puede decir que las cartas pastorales inauguran la confrontación de la “venida” en la encarnación, considerada también como una “epifanía” (cfr. 2Tm 1,10; Tt 2,11; 3,4) con la venida final, dando lugar al uso sucesivo en la tradición, que especialmente a partir de Justino, hablará de las dos venidas de Cristo: la de la humildad de la carne y la futura, como juez glorioso de vivos y muertos. Este lenguaje de las dos venidas sugiere la visión cristiana de la historia, según la cual, la misma era cristiana está como delimitada por estas dos venidas, de manera que en el espacio intermedio el creyente vive en la expectación gozosa y esperanzada (cfr. Tt 2,13), de la última venida de Cristo (cfr. Bordoni, Jesús, nuestra esperanza, 293-294).
19 Este verbo (cfr. Jn 1,31; 7,4; 21,1; también en las formas pasivas del aoristo: e)fane/owqh (cfr. Mc 16,12.14; Jn 21,14; Col 1,26; 1Tm 3,16; 1Jn 1,2; 3,2.5.8; 4,9), y aoristo indicativo: efane/rwsen (cfr. n 2,11; Rm 1,19; Tt 1,3), es el que más recurre en san Juan, como sinónimo de gnwri/zw (17,6.26), asumiendo una cierta importancia a partir de fanero/j: se trata de un manifestarse a los ojos de todos (7,4), o del hecho que Jesús revela la realidad divina, el nombre de Dios (17,6), las obras de Dios (3,21; 9,3); según Juan, toda la actividad de Jesús es una revelación (2,11), como ya indicaba el prólogo con fai/nw (1,5); la realidad divina es indirectamente revelada, también en el testimonio de Juan el Bautista (3,5.8), y en el epílogo (21,1.14); designa como en Mc 16,12.14 las apariciones del Resucitado. Está presente en 1Jn con el sentido revelador y cristológico (cfr. 1Jn 1,2; 2,19.28; 3,2.5.8; 4,9; cfr. 1,2; 3,16) y la revelación por venir (2,28; 3,2); en el Ap tan sólo aparece dos veces (3,18; 15,4) (cfr. Bultmann y Lührmann, Fai/nw, 843-844).
38 donde se propone la palingénesis como a)pokata/stasij (cfr. Hch 3,21), mientras que en
Pedro y el Apocalipsis, se retoma nuevamente la idea del “cielo nuevo y la tierra nueva” (cfr.
2Pe 3,13 y Ap 21,1).
Así pues, la constatación de la existencia de dos series de textos en el capítulo 14: una explícita (v. 3; v. 18 v. 28 con la utilización del verbo venir: eÃrxomai) y otra implícita (v. 6; v. 16; v. 19; v. 21 y vv. 22-23 con la utilización de otros verbos como ver: qewre/w, o(ra/w; manifestar: e)mfanizw; y conocer: ginw¯skw, oiåda),dan la idea de una comprensión física que entiende la Segunda Venida como un movimiento, en el que palpitan de alguna forma, expresiones de la tradición cristiana primitiva, provenientes especialmente de la primera carta a los Tesalonicenses (1,10; 4,15 y 5,23), y la primera carta a los Corintios (4,5; 11,26 y 15,23), mientras que las referencias implícitas, parecen insinuar más que un desplazamiento físico, un desplazamiento de acentos y comprensiones, marcado por una experiencia de muy hondo significado para los discípulos. En últimas, ¿estamos ante una serie de lecturas y relecturas? ¿Qué significa el cambio de lenguaje en función de la comprensión de la Venida? ¿Por qué las referencias en el capítulo 14 comienzan de forma explícita, y así terminan al final del Evangelio, en el capítulo 21? ¿Cuál es el tipo de cambio que se va operando dentro del capítulo 14, sugerido por el cambio de lenguaje, y cuál, el que se opera en el capítulo 16 con relación al 14, y finalmente, en el capítulo 21 con relación al 16? Evidentemente, tales constataciones no son más que una provocación para analizar el mundo conceptual joánico con el fin de constatar la evolución en torno a la comprensión de la Segunda Venida.
La ausencia del sustantivo parousi/a “venida” en el Cuarto Evangelio, tan central en la tradición cristiana primitiva, sumada al hecho de que en la literatura joánica, de forma exclusiva sólo se encuentra el vocablo en 1Jn 2,28 y la aparente predilección en el Evangelio, por el uso de formas verbales (e)/rxomai, qewre/w y o(ra/w, e)mfani/zw)20 para significarla,
20 Otro ejemplo característico del Cuarto Evangelio, tiene que ver con la ausencia del sustantivo “fe: pi¿stij”, prefiriendo las formas verbales de “creer: pisteu/w” de las cuales se considerarían unas 98 recurrencias (cfr.
39 puede ser no sólo un indicio del estilo característico del ambiente autoral de Juan, sino también, una clara expresión de la original identidad teológica y cristológica de este autor; constatar esta intención, significará avanzar en la comprensión del horizonte de sentido propio de Juan, y en una mejor identificación del ambiente y dinámica comunitaria de donde proviene este escrito. Pese a ello, ¿qué significa el silencio intencional del término, tan comúnmente utilizado en el Nuevo Testamento?
Otra constatación que puede ser clave para la comprensión no sólo del Evangelio, sino también y sobre todo, de la Segunda Venida de Jesús, es su reemplazo por la venida del Paráclito. En efecto, el término para/klhtoj
,
exclusivo de la tradición joánica, sólo aparece cuatro veces en el Evangelio (14,16.26; 15,26; 16,7), aplicado al Espíritu Santo, y una vez en la primera carta de Juan (2,1), aplicado a Jesús en cuanto intercesor - abogado ante el Padre. En el Evangelio, este término se encuentra formando parte de las “cinco promesas o dichos del Paráclito”21, las cuales tienen la intención de explicitar la misión o acciones del Espíritu SantoParáclito, una vez Jesús haya regresado al Padre. Así pues, su presencia en el texto, se entiende en relación directa con el proyecto de los discursos de adiós, en los capítulos 14 al 17, y su acción, a su vez, se entenderá en estrecha relación con la pascua de Jesús. En concreto, su presencia en dos de los textos implícitos (14,16 y 16,7), puede inducir a pensar que se trata efectivamente, de una comprensión radicalmente distinta de la Parusía, según la cual, la manifestación y actividad del Espíritu Paráclito, se podrán verificar, solamente después de la partida glorificada de Jesús. Podemos afirmar que ¿realmente, el Paráclito equivale a la presencia resucitada de Jesús? ¿y en qué términos?.
Cada uno de los cuatro Evangelios expresa una concepción propia sobre Jesucristo, su ministerio y su misterio, si bien existen elementos fundantes comunes a las diversas comprensiones y categorizaciones, razón por la cual, será de capital importancia, el explicitar
Ortiz, El Evangelista Juan. Introducción y Exégesis, 19), lo que evidencia la capitalidad del tema de la fe (verbal, es decir, conjugada), para la tradición de Juan (cfr. Jn 20,30-31).
21 1) El Otro Paráclito (14,16-17); 2) La enseñanza del Espíritu Paráclito (14,25-26); 3) El Paráclito, Testigo de Jesús (15,26-27); 4) El Paráclito y el pecado del mundo (16,8-11); y 5) La revelación del Espíritu y la plenitud de la verdad (16,12-15).
40 unas y otras, lo que en la práctica, significa recurrir a las distintas tradiciones literarias y teológicas acerca de la Segunda Venida, precisamente por la imperiosa necesidad de captar la originalidad de Juan, así como sus vínculos con las otras tradiciones, que consideramos anteriores a él. ¿Se está, por tanto, ante una comprensión y categorización realmente novedosa de la Segunda Venida?.
Jn 14,23 parece indicar que la Venida del Hijo coincide con la Venida del Padre, Jn 14,22 dice que ésta tiene lugar para los creyentes y no para todos, y varios de los textos, hacen énfasis en que la presencia del Señor en su Venida, producirá consuelo y alegría. Si el horizonte existencial de la presencia del Señor Resucitado, está marcado por dichas características, ¿estamos ante una teología de los efectos de la Parusía? ¿tal comprensión supone necesariamente la certeza de la Segunda Venida en la historia presente?, puesto que también los textos, insinúan una relación sinonímica entre Venida del Señor, conocimiento y visión. La constatación de un punto de partida tan plural a nivel literario y teológico, conduce a reconocer un ambiente plural de surgimiento de los diversos textos y sus respectivos matices a nivel de pensamiento, por lo cual, recorrer los textos, significa, recorrer la historia y las transformaciones de la tradición de Juan y del ambiente cristiano de mediados a finales del siglo I d.C., para percibir correctamente este pensamiento cristológico - escatológico. ¿Será posible, entonces, identificar el suelo comunitario vital, al que corresponden las distintas comprensiones explícitas e implícitas? He ahí la hipótesis y la tarea.