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LOS DISCURSOS DE ADIÓS COMO GÉNERO LITERARIO

1.1 ORIGEN DE LAS PREGUNTAS: EL TEXTO Y SU IDENTIDAD

1.2.1 LOS DISCURSOS DE ADIÓS COMO GÉNERO LITERARIO

El primero en abordar el estudio del género literario de esta unidad «testamentaria», que posteriormente denominó como «discurso de adiós» o «testamento de Jesús», fue Johannes Munck en 195091; ya, en el contexto de esta comprensión, Enrico Cortès92, ahondando más el tema, lo desarrolla proponiendo los elementos constitutivos del género, y los expone de la siguiente manera:

1. El moribundo, o el que sube al cielo, se despide reuniendo a su familia (anuncio de la partida, reunión de los suyos);

2. Exhorta a los descendientes y predice el castigo o el premio (donación de la suprema y definitiva enseñanza);

91 Cfr. Munck, Discours d'adieu dans le Nouveau Testament et la littérature biblique,155ss.

92 Cfr. Cortès, Los discursos del adiós de Gen 49 a Jn 13-17. Pistas para la historia de un género literario, 366- 388.

62 3. Presenta su vida, o su persona, como modelo;

4. Profetiza el destino de su familia. Sin embargo, también sostiene que los dos últimos elementos, no son tan usuales como los dos primeros;

Más adelante, Cortès resume en tres, los elementos de Munck, afirmando que los dos últimos, pueden variar en el orden o encontrarse mezclados:

1. El moribundo (o el que sube al cielo) llama a los suyos para hablarles;

2. Da sus exhortaciones; entre ellas sobresale por su frecuencia la alusión a las obras de misericordia, a la caridad, al amor o a la unión fraterna;

3. Unas frases sobre el destino o el futuro de los suyos, parecen concluir el discurso (suelen aparecer al final, una serie de disposiciones funerarias).

A la luz de este esquema, el Antiguo Testamento ofrece una serie de ejemplos de discursos de adiós, la mayoría de los cuales, giran en torno a las grandes figuras veterotestamentarias93, como Jacob, quien viendo que se acerca el momento de su muerte, se dirige a sus hijos y los bendice (Gn 47,29-49,33); Moisés antes de morir, como Jacob, con sus últimas palabras, da su bendición a las futuras doce tribus (Dt 33,6-25); Josué convocando a todo Israel, sus ancianos, jefes, jueces y oficiales, les dirige su discurso final (Jos 23-24); la despedida de Samuel (1Sm 12,20-25); llegando al término de sus días, David da instrucciones a su hijo Salomón (1Re 2,1-10); el testamento de David, en torno al Templo (1Cr 28-29); el discurso de adiós de Matatías Macabeo (1Ma 2,49-70); y los dos discursos de despedida de Tobit: uno en el capítulo 4 (incompleto), y otro en el 14, mucho más detallado (Tb 4 y 14).

93 No es el objeto, entrar en los detalles de cada uno de los ejemplos que se citarán a continuación, pues su enunciación sin más, según los intereses que jalonan esta exposición, pretende constatar y ejemplificar la existencia en el Antiguo y Nuevo Testamento, de un género literario, que desarrollado en forma midrashtica, revela sus elementos constitutivos bajo el nombre de "Discurso de Adiós".

63 Cierto que no todos los textos se ajustan estrictamente a los cuatro elementos constitutivos, por cuanto el esquema mismo, ha sido desarrollado a partir de la meditación y del tratamiento midrashtico94, sin embargo, se puede constatar que dos elementos se imponen como una constante: 1) Llamar a los hijos, o incluso a la comunidad (Tb 4,2-3; Jos 23,2; Gn 49,1-2), y 2) Prescribir el testamento (1Re 2,1; Gn 49,29.33; Tb 14,3.9), dejando sus enseñanzas bajo la forma de e)ntolh./

También en el Nuevo Testamento, hay algunos casos de discursos de adiós: Los testamentos de Pablo, uno en 1Tm 4,1s95, y otro más completo, en 2Tm 3,1-4,1096, pues contiene todos los elementos de un discurso de adiós: 1) Pablo anuncia su muerte y llama a su hijo; 2) A éste su hijo (Timoteo), le da las últimas exhortaciones y recomendaciones; 3) Ante la inminencia de su muerte, Pablo se preocupa intensamente por el futuro de la Iglesia de Éfeso; en 2Pe 1,12-15 Munck y algunos autores modernos, ven un discurso de despedida, sin embargo, son muchos, los que al mismo tiempo, retienen que no sólo este texto, sino la carta entera, es un discurso de despedida97; finalmente, en Hch 20,17-38 aparece un "discurso de adiós" de Pablo, desde Mileto, para los cristianos de Éfeso98.

En el caso del Evangelio de san Juan, la trama narrativa de la primera parte de la obra, muestra cómo Jesús revelando su gloria, con su luz comunica al mismo tiempo la vida y la verdad (8,12), sin embargo, los hombres prefieren las tinieblas (3,19), intentando de manera abierta, apagar esta luz y suprimir esta verdad. Así, se revela de manera dramática el misterio del amor de Dios que

94 Cfr. Cortès, Los discursos del adiós,105.

95 Cfr. Spicq, Les Épîtres Pastorales,33-34; 44-45; 153.

96 Dicha perícopa, teniendo en cuenta el contexto general en el que se encuentra (como también el hecho de que Pablo esté prisionero y consciente de que su vida peligra), ha dado pie a considerar toda la carta, como el último discurso de Pablo dirigido a Timoteo, es decir, su Testamento (Munck, Discours d'adieu dans le Nouveau Testament et la littérature biblique,155-170).

97 Pero tanto la perícopa como la carta, plantean no pocos problemas, pues al final, a pesar de las numerosas exhortaciones y predicciones, es difícil considerar 2Pe 1,12-15 como un verdadero ejemplo de "discurso de adiós" (Cfr. Cortès, Los discursos del adiós,399ss).

98 Éste es el tercero de los tres grandes discursos de Pablo en los Hch, de los cuales, el primero está dirigido a los judíos en la Sinagoga de Antioquía de Pisidia, en el capítulo 13 y el segundo, en 17,22s, a los paganos en el Areópago de Atenas (cfr. Dupont, Le Discours de Milet, Testament Pastoral de Saint Paul,1962).

64 crece de manera paralela al odio ("enceguecimiento" = ceguedad) del mundo, y el deseo de eliminar a Jesús. Con la resurrección de Lázaro, el odio del mundo llega a su punto más álgido, decidiendo la muerte de Jesús; prácticamente así, es decir, con este signo en Betania se cierra la primera parte del Evangelio, pues a partir de este momento, Jesús se oculta (12,36), concluyendo definitivamente su ministerio público.

Pareciera como si todo hubiese fracasado; ¿Por qué Israel no ha creído en su Mesías? A este problema que atormentará a los discípulos, responde san Juan (12,37-41), afirmando que todo se realizó así, "a fin que se cumplieran las palabras del profeta" (Is 6,9). Así pues, habiendo llegado la «hora», Jesús se reúne con los suyos (sus discípulos), les abre su corazón, les exhorta a permanecer en la unidad, y les advierte de los peligros por venir: he aquí entonces, el Discurso de Adiós por excelencia del NT; no ya el testamento de Pablo o Pedro, sino el testamento del mismo Jesús.