las enseñanzas de las lecciones del curso que has estado estu- diando, a fin de disponerlas de tal modo que las puedas utilizar para obtener el máximo beneficio práctico día tras día, y al mismo tiempo elevar todo lo enseñado a un plano superior. Te he enseñado las negaciones, las afirmaciones, la visualización y las meditaciones, y ahora te mostraré cómo combinarlo todo en un ejercicio que si se realiza según su espíritu, además de su
forma y letra, todas las noches y todas las mañanas, te manten- drá en la salud, la prosperidad, el amor, la alegría y la dicha, permitiendo así que recurras a tus fuerzas invisibles, que te servirán de escudo contra todo daño, peligro o desgracia. También se te mostrará cómo llevar a tus seres queridos a la
misma influencia divina, y así bendecir, proteger y enriquecer sus vidas como la tuya.
Llegados a este punto, deja que te diga que es imposible que fracases, o que las leyes del Universo dejen de regir. Tampoco puedes fracasar en ponerte en armonía con estas leyes si sigues conscientemente y día tras día las enseñanzas expuestas. Con esto no quiero decir que te vas a curar inmedia- tamente de una enfermedad prolongada, ni que quedes libre instantáneamente de las discordias y limitaciones presentes
en tu vida, ni tampoco que puedas mantener enseguida aleja- dos de tu círculo familiar los males que llevan presentes mucho tiempo. Lo que quiero decir, y a lo que quiero que prestes espe- cial atención, es que cada vez que recurras a la Mente Infinita, al Centro Divino Absoluto, a Dios, al Espíritu Divino —no importa el nombre que le quieras dar, ni si buscas el bien infi- nito dentro de ti o por encima de ti—, cada vez que te unes conscientemente al Espíritu Divino y te pones en contacto con el auténtico mundo espiritual de la perfección, y a continua- ción niegas el mal en tu vida y afirmas todas las perfecciones infinitas de Dios, se eliminará de tu vida una porción del mal de forma definitiva y con absoluta certeza, y ocupará su lugar la correspondiente cantidad de bien. En este sentido, no exis- ten el azar, la suerte, el error, el destino ni la incertidumbre, ya que la ley es absoluta e inmutable y nunca puede cambiar ni variar, como tampoco puede el poder infinito, que siempre está a tu servicio, dejar de operar. La ley y el poder que hacen que el sol salga cada mañana con todo su esplendor, belleza, majestad y poder son los mismos que actúan en tu vida y la mía, y ya no pueden dejar de operar cuando, con las negaciones y afirmacio- nes, los utilizamos a conciencia, con la misma seguridad que el sol y nuestro planeta pueden resistir el poder que los sostiene y la ley que guía su progreso. La ley es inmutable, y en esto
radican nuestra fuerza y nuestra seguridad. Lo que tenemos que hacer es armonizar con la ley, y si lo conseguimos nuestra vida se enderezará progresivamente y nuestros problemas se irán diluyendo. Los resultados siempre tardan en manifestarse, pero cuando lo hacen y contemplamos el relativamente corto tiempo que ha tardado la transmutación del mal en bien, nos quedamos atónitos ante su rapidez. Si pensamos en las situa- ciones desesperadas en las que nos puso el pensamiento equi- vocado, y en la gran acumulación de males que este pensamien- to y la consiguiente acción habían generado, nos sorprende que en algún momento no pudiéramos librarnos del pen samiento equivocado en esta vida, y mostrar en su lugar el más alto bien. Pero no sólo es posible, sino que así ocurre todos los días. Es el mayor tributo que se le puede hacer al intenso poder del correc- to pensamiento científico.
Acabo de decir que siempre parece que los resultados tar- dan en llegar. Algunas personas han de esperar años para ver cumplidos sus objetivos, pero el proceso de forja al final culmi- na en el cumplimiento de sus deseos, minuto a minuto, hora tras hora, y día tras día. Lo que quiero que entiendas es que nunca puedes fracasar una vez que hayas comprendido la ley espiritual superior de la oferta y la demanda, y trabajes mental- mente en el silencio todas las noches y todas las mañanas. Es posible que no veas ningún resultado durante muchos meses, pero puedes estar seguro de que el cambio se está produciendo cada hora que pasa, de que se está eliminando el mal y sustitu- yéndolo por el bien. No es una cuestión de duda o incertidum- bre, de si te curarás o no, de si tendrás éxito o fracasarás, por- que no se pueden plantear preguntas como éstas. Se trata sim- plemente de trabajar de forma sistemática, creyendo y sabiendo que se está produciendo esa maravillosa transformación, hasta que ésta se manifieste. Cada vez que te diriges a tu Fuente
Divina y te elevas al mundo superior de la causa, alejas de tu vida un poco de enfermedad o de propensión a sufrirla, algo de fracaso, una pizca de pobreza de espíritu o material, un puñado de desdicha o infelicidad, un brote de tensión y confusión, ciertas debilidades del carácter, determinados defectos e imper- fecciones, y el lugar que todo ello deja pasa a ocuparlo la corres- pondiente cantidad de salud, éxito, abundancia, felicidad, armonía, paz, fuerza de carácter y perfección del alma. El cam- bio es tan paulatino que no se nota durante períodos relativa- mente largos, pero no deja de avanzar, de forma constante y segura. Sin embargo, no progresará satisfactoriamente si el tra- bajo mental es irregular. Sólo se pueden obtener resultados con el trabajo constante, consistente y persistente en lo Oculto. El tiempo que se emplee por la noche y por la mañana no tiene por qué ser mucho, pero hay que hacerlo regularmente, no dejarlo ni rebajar su intensidad nunca ni con ningún pretexto. Los estudiantes suelen decir: «No puedo dedicar a su sistema el tiempo que requiere, estoy muy ocupado». Nadie está demasia- do ocupado para hacer lo que quiero que haga, y en esta lección se verá que unos pocos minutos en silencio por la noche y por la mañana bastarán para el conjunto de enseñanzas de las lec- ciones que hemos visto. Naturalmente, los resultados llegarán antes si se dedica más tiempo a este trabajo mental en lo Oculto. Lo que te enseño es lo mínimo que te puede reportar éxito. Por desgracia, la mayoría de las personas están demasia- do ocupadas incluso para vivir, y además si se les pide que uti- licen en buena medida sus poderes mentales, se cansan y des- animan; por esto mi propósito es que mi sistema requiera el menor tiempo posible sin por ello dejar de producir resultados. A pesar de esto, quienes puedan deberían, por su propio bien, dedicar más tiempo, en realidad tanto como se puedan permitir,
sin que ello haga que se olviden de la familia, o incumplan sus obligaciones sociales o profesionales.
Nunca nadie puede estar demasiado ocupado para seguir este sistema, porque se puede hacer mientras uno está en la cama, vistiéndose o desvistiéndose, o paseando, aunque es mejor reservar unos pocos minutos por la noche y por la maña- na para este trabajo concreto –y hay que estar muy ocupado para no poder hacerlo–. Es necesario hacer una excepción en el caso de quienes quieren encontrar una conciencia divina y des- plegar su propia divinidad.
En las lecciones del curso ha habido una cantidad consi- derable de ideas del «haré» y «puedo», y ha llegado el momento de llevarte a un plano superior. Con ello te encontrarás casual- mente con un gran misterio. Ahora se te enseñará no a afirmar soy esto o lo otro, sino, en su lugar, a aseverar que en Dios o la Mente Infinita están todas las cualidades perfectas y todo el bien que deseas, o que quieres llevar a la vida de los demás. Una vida de éxito, salud, armonía, dicha, amor y buenaventura sólo es posible cuando nos libramos de nuestra personalidad finita para que se pierda en la Mente Universal. Te preguntarás cómo es posible llenar de bien tu propia vida y las de los demás con la afirmación de que existen en la Mente de Dios. La res- puesta es el mayor de los misterios: la Mente Infinita de Dios está oculta en el yo de cada uno de nosotros. La gran verdad que ha estado escondida en todas las religiones pero que nunca se ha enseñado a la multitud, y sólo se ha revelado a los ilumi- nados, es que Dios o la Mente Infinita está dentro del hombre, que el hombre y Dios son uno. El descubrimiento de esta ver- dad sólo lo logran quienes con la meditación paciente desplie- gan de forma gradual el yo interior, hasta que por fin les llegan reflejos de la Conciencia Universal, que acaban por fundirse en la total contemplación.
Si quieres explorar el gran misterio y desplegar tu yo inte- rior para así encontrar a Dios, te diré que si te sientas a meditar todos los días y buscas a Dios, es seguro que lo vas a encontrar, no en ninguna religión, credo o dogma particulares, sino en tu propia alma. Todos los más grandes místicos comparten el mis- mo testimonio, todos se refieren a las mismas experiencias, todos hablan la misma lengua. Como afirma Dean Inge,1 no es posible decir a qué religión pertenecen los místicos, porque las experiencias de todos ellos son idénticas. Por consiguiente, si ésta es la prueba de los grandes místicos de todos los tiempos y todas las religiones de que Dios está en el alma de la persona, ha de ser verdad, porque es lo único en lo que todas las religio- nes y filosofías coinciden, y es vital y fundamental, mientras que todo lo demás, todo lo que distingue una religión o filoso- fía de otras no es esencial, no es más que hojarasca, símbolo y verborrea. Pero la verdad eterna sigue viviendo y permanece inalterable. La creencia religiosa y las filosofías cambian con sus circunstancias y con las transformaciones que se producen con el paso del tiempo, pero la verdad eterna y gloriosa de que Dios vive en el alma del hombre y es el alma del hombre, esta
gran verdad está viva y nunca se desvanecerá.
Así pues, si lo que deseas es abrirte paso en el gran miste- rio y encontrar tu propio Yo Divino, tu Centro, tu Espíritu que en ti habita, el Dios Inmanente de tu alma, debes dedicar mucho tiempo a la comunión y la meditación en silencio. No basta con aprovechar ratos perdidos, porque cuanto más tiem- po dediques a la meditación, mayor será la revelación y antes se producirá.
Por consiguiente, siéntate en el silencio y medita sobre todos los magníficos atributos de Dios, date cuenta de su
1. 1860-1954. William Ralph Inge, escritor inglés, pastor anglicano, profesor de Teología en Cambridge y deán de la catedral de San Pablo de Londres. (N. del T)
inmanencia, de que está en todas las cosas y en tu propia alma, de que Dios y tú sois uno. Con el tiempo te llegarán destellos de la Conciencia Universal, pequeñas visiones de la verdad cegadora, que en su momento darán lugar a lo que se denomina «unión transformadora» o, como lo llaman algunos místicos, «deificación». Después de esto, todo lo demás se difumina en la insignificancia.
En el avance hacia la conciencia de Dios son de gran ayu- da el estudio, la apreciación y el amor a la belleza. Entender espiritualmente la sencilla flor que crece junto al camino signi- fica entrar en el propio corazón de Dios.
El mayor de los atributos del carácter de Dios es el amor. Meditar sobre las palabras «Dios es Amor» significa entrar en la más elevada sabiduría. Si el amor es la gloria que corona la Mente de Dios, también ha de ser la nuestra, porque Dios y el hombre son uno.
Expongo estos pensamientos para aquellos alumnos míos que busquen la sabiduría más profunda, los mayores logros de todos. No son más que sugerencias, pero si se siguen conducen a unos resultados que escapan a la comprensión actual.
Sin embargo, el principal objetivo de esta lección no es éste. La finalidad principal es mostrar cómo hacer que se con- suma el mal que haya en tu vida, y llevar a ésta una corriente continua de bien, pero todo lo dicho anteriormente nos ayuda a comprender lo que viene a continuación. Mi deseo es mos- trarte cómo trabajar en el plano más elevado posible, algo que se consigue con la conciencia de la infinita perfección de Dios. De este modo, trabajarás en un reino de vibración mucho mayor y así te transformarás tú y se transformará tu vida. Cuando recurres al Dios trascendente y a Él aspiras, te das cuenta del poder y la presencia del Dios Inmanente en tu propia
alma, y no tienes más que afirmar que todas las cosas están en Dios para que las lleves a tu vida.
El sistema que sigue pone en juego todo lo que ya has aprendido, es una mezcla de meditación, negación, afirmación y visualización. Con el uso de estos métodos y poderes para despertar la conciencia de la perfección infinita y la plenitud de Dios, y con esta propia conciencia, se produce una conjunción de fuerzas entre el Dios trascendente y el Dios de tu alma, que destruye con fuego el mal que haya en tu vida y la llena del bien infinito. Cada vez que haces que se produzca esta concien- cia del poder divino, se destruye cierta cantidad de mal, y el bien ocupa su lugar. Por tanto, debe llegar un momento en que
el mal haya desaparecido y el bien se haya acumulado hasta tal punto que sea imposible que siga oculto y que pase necesaria- mente a manifestarse en la vida.
En las lecciones que ya has leído, te he advertido repetida- mente que no debes cambiar tu visualización, porque provoca- ría confusión en tu vida. El cambio que ahora te recomiendo no te causará más que un trastorno pasajero. Durante unos días se producirá cierta desarmonía debido al cambio de vibraciones, pero desaparecerá muy pronto. Esta enseñanza no contradice lo que ya has aprendido, sino que es su culminación. Con las lecciones que ya has asimilado estás preparado para la lección superior que ahora se te enseña.
A lo largo de las lecciones has intentado visualizar con claridad lo que esperas ser y conseguir. El único cambio que hace falta es darse cuenta de la perfección de Dios y el Cielo y visualizarlos en lugar de a ti mismo. Abandonas el yo mortal y en su lugar encuentras a Dios. En lugar de imaginar tus propios logros, visualizas los logros infinitos de la Mente Divina. Al trabajar así elevas el tono general de tu tarea, sitúas ésta en el plano más alto posible. En este punto es necesario señalar que
realmente no puedes visualizar a Dios, sino intentarlo, y que
a lo que más cerca podrás llegar es a un estallido interior de luz espiritual. Cuando así ocurra, sabrás que tu tratamiento es efectivo. Sin embargo puedes visualizar todo lo hermoso, mara- villoso y abundante del Cielo o del Mundo Perfecto de la Mente y el Espíritu, pero si puedes contémplalo con toda la luminosidad de la propia luz celestial. Deja ahora que te diga que cuanto más luminosa y brillante sea tu visión, y cuanto más bañada esté de la luz espiritual, mayor será la grandeza de los resultados que obtengas.
Si pretendes demostrar que con la visualización y la afir- mación han mejorado tus circunstancias, no debes cejar en tu empeño, y has de elevar tu trabajo mental de forma que te des cuenta de lo infinitas que son en Dios la plenitud y la abundan- cia. visualiza la riqueza y la prosperidad que manan como una
fuente del corazón de Dios, y que vierten sobre ti una abun- dancia que escapa a la definición. Sé consciente de que todas las cosas son de Dios y proceden de Él, y por consiguiente también las tuyas, porque Dios y el hombre son uno. Recuerda que nuncapuedes fracasar. Por muy pobre que uno sea, por
desesperada y sin futuro que le parezca la situación de sus negocios, es imposible que fracase en su demostración de la abundancia. Dios es la fuente de todo, lo es todo. Todo lo que necesitamos es una expresión de Dios y de Él procede. El gran secreto es que Dios no le niega nada al hombre, porque somos parte de Él, como la hoja lo es del árbol. Del mismo modo que el árbol no le niega el alimento a la hoja, Dios no nos niega la abundancia. De hecho, todo es ya nuestro, y si no poseemos lo bueno en abundancia es porque con el pensamiento negativo y al no exigir lo que ya es nuestro, alejamos todo lo bueno.
Por consiguiente, si pasas el máximo tiempo posible en el si lencio, por la noche y por la mañana, afirmando y visualizando
la plenitud y abundancia infinitas de Dios, y ves cómo te lle-
gan, y descubres y afirmas que todo procede de Él y ya te per- tenece, si lo haces de forma regular por la noche y por la maña- na, durante el máximo tiempo posible, nunca podrás fracasar. Más pronto o más tarde se producirá la demostración, y te percatarás de todo lo que hayas visualizado y afirmado. Puede que se tarde dos años o sólo unos pocos meses en ver los resul- tados, pero durante todo este tiempo se estarán produciendo los cambios, se estará preparando el terreno, y se reunirá todo el material necesario para la demostración. Primero en lo que no se ve y luego en lo que se ve, ésta es la Ley del Universo.
Sé que muchos de mis lectores dirán que su espíritu está por encima de estas cuestiones tan sórdidas y mundanas, pero por otro lado están quienes se sienten agobiados por circuns- tancias difíciles, cuando no por una auténtica pobreza, y sien- ten que la primera demostración que han de hacer es la de la prosperidad.
La visualización ha de ser clara; la afirmación, ferviente y respaldada por una fuerte emoción. Además, las afirmaciones han de ir precedidas de las negaciones de la pobreza y la caren- cia. Esto te ayudará a darte cuenta de la abundancia infinita de la Mente Divina.
Quienes deseen demostrar la abundancia han de seguir el programa anterior, además del «tratamiento» que se expone más adelante, en esta misma lección, y no deben pretender lograrlo mediante su mente humana o usándola de forma hip- nótica, porque si demuestran la riqueza de esta forma aparece- rán en su vida otros males que ocuparán el lugar de la pobreza. Lo que hay que hacer es mirar siempre a Dios y ver cómo mana de Él la abundancia infinita. Además, hay que negar el mal cuanto sea posible, y en su lugar afirmar el bien perfecto.