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El tratamiento general

In document La Fuerza Del Pensamiento Dinamico (página 190-200)

El método que yo empleo y que quiero enseñarte es el siguiente: en primer lugar di con sinceridad y dándote cuenta de la verdad de lo que estás diciendo: «No existe el mal, sólo el bien infinito». A continuación eleva el espíritu al Dios trascen- dente y afirma: «Tú eres el bien infinito, la perfección infinita, la belleza y la gracia infinitas». Mientras pronuncias estas pala- bras, visualízalas y contempla en tu propia alma lo que signifi- can. Intenta hacerte una idea general y espiritual del bien infi- nito de todo el Universo, procura darte cuenta de qué es la perfección infinita, y después de recoger hermosas flores y con- templar grandiosas salidas y puestas de sol, trata de compren- der la belleza y la gracia infinitas de Dios.

Pasa luego a desentrañar en tu mente el significado de todo lo que sigue, dedicándole un poco de tiempo a cada uno de sus aspectos, para así ser consciente de todos ellos: «Eres el amor (detente de forma especial en esta idea), la alegría, la paz y la felicidad infinitas. Eres la abundancia y la prosperidad infinitas, el éxito, el logro, la persistencia, la perseverancia, la paciencia, la superación y la victoria infinitas. Eres la sabiduría, el conocimiento, la verdad, la luz, la comprensión, la justicia, la equidad, la honestidad y la rectitud Infinitas. Eres el guía segu- ro de todos los que Te conocen. Llevas al hombre siempre por el buen camino, y le muestras paso a paso por dónde debe ir. Eres el gran solucionador de problemas, el hombre nunca pue- de sentirse confuso ni consternado, porque Tú le resuelves todos sus problemas inmediatamente, y el Espíritu Divino que hay en el hombre le dice exactamente qué debe hacer. Eres la vida y la salud infinitas. No existen la enfermedad, la dolencia, la mala salud ni la infección. (Aquí niega tus propias debilida- des y enfermedades, dándote cuenta de que no pueden existir

en Dios.) «Sólo existen la vida, la salud, la pureza, la perfec- ción, la gracia, la belleza, la juventud, la dicha, la felicidad y el amor infinitos».

Con esto abarcarás todos los aspectos de tu vida. Niega en especial los problemas, los malos hábitos y las dificultades que te preocupen, y observa que nunca pueden existir en Dios. De este modo te será más fácil darte cuenta de sus opuestos posi- tivos que existen en Dios. Todo es cuestión de percatarse, por- que sólo cuando te das cuenta de la perfección infinita de Dios es eficaz el «tratamiento» y el poder de Dios empieza a actuar dentro de ti. Cuando consigas hacerlo verás el estallido de luz, esplendor y gloria espirituales en tu interior. Por consiguiente, cuando seas consciente de que en Dios no existen la enferme- dad ni el fracaso, y de que estás en Él y formas parte de su vida, no podrá haber en ti enfermedad ni fracaso; estos males empe- zarán a desaparecer, simplemente porque no pueden existir donde está Dios.

Observarás que en su conjunto el «tratamiento» es una meditación, de modo que siempre que la haces te asemejas más a Dios y tu vida se acerca más a la celestial. Siempre que te «tratas» de este modo, abandonas la vida vieja y su fracaso, y te adentras más en la vida infinitamente perfecta del espíritu. Si haces de este «tratamiento» un hábito diario y profundizas en la Vida Divina, con el paso de los años verás que tu existencia se hace más y más armoniosa, bella y bienaventurada, y se ase- meja más a la del cielo. Al principio persistirán las viejas difi- cultades, naturalmente, pero con el tiempo disminuirá su viru- lencia y se harán menos frecuentes, hasta que acaben por des- aparecer por completo. Se requiere constancia y perseverancia. Muchas veces pensarás que no avanzas, pero si insistes y perse- veras nunca puedes fracasar. Los resultados serán los previstos, porque te riges por la Ley Inmutable y el poder infinito del

Absoluto, de manera que no puedes fracasar. Es posible que los resultados se retrasen debido al pensamiento equivocado acu- mulado en el pasado, pero es seguro que llegarán.

Los resultados, sin embargo, no quedan confinados en esta vida, porque cada vez que te «trates» de la forma indicada forjas el cuerpo del alma y el cuerpo del espíritu, y así te prepa- ras para las vidas que habrás de vivir después de que hayas abandonado este ir y venir mortal. Según lo que construyas ahora, así será tu vida cuando se diluya esta bruma fugaz y pasajera. Sabio es quien hoy construye bien.

Quizá convenga también decir en este aspecto que debes seguir usando las negaciones y las afirmaciones en todo momento a lo largo del día. No te entorpecerán en el trabajo, sino que lo acelerarán y harán que te resulte más fácil. Además, te allanarán el camino y suavizarán tramos más abruptos de la vida. Es posible que te veas forzado a habitar en un mar de irritabilidad, pero si niegas que pueda afectar a las criaturas de Dios, y afirmas que todo es paz, amor y alegría, las turbaciones desaparecerán rápidamente.

Hay que señalar que cuanto más te eleves al mundo per- fecto (el Cielo) y te dirijas a la Mente Divina (Dios), y afirmes las maravillas y portentos de su carácter, más progresarás en tu nueva vida, mayores serán tus logros y te sentirás más feliz.

Te he enseñado cómo te debes «tratar», y ahora te enseña- ré cómo «tratar» a los demás y curarlos, o ser el medio con el que puedan curarse, de las dolencias de la mente, del cuerpo o de su estado.

Lo que debes hacer es pensar en alguien a quien quieras ayudar, para establecer una conexión mental y luego aplicar el mismo tratamiento que te aplicaste a ti mismo, y a un tiempo ol vidarte de él y dejarte perder en la consecución de una percep- ción clara de Dios. Imagina que tu amigo está enfermo; estableces

una conexión y luego te giras hacia Dios: ¿qué encuentras? En lugar de una percepción clara y un flujo de luz espiritual, hallas una densa oscuridad que no puedes penetrar –su causa es la enfermedad de tu amigo, porque la enfermedad es la ausencia de Dios–. Sin embargo, si sigues negando la dolencia de tu ami- go (pero al mismo tiempo sin recordarlo, porque debes pensar únicamente en Dios), y sigues afirmando la vida, la salud, la pureza y el resplandor infinitos de Dios, verás cómo poco a poco se desvanece la oscuridad, hasta que consigas una percep- ción clara y te inunde la luz espiritual. Cuando así ocurra, tu amigo estará curado o, como suele ser más habitual, estará curado en parte, porque normalmente conseguir los resultados deseados es una cuestión de perseverancia e insistencia. Éste es el auténtico arte de la curación Divina; no es obra de la suges- tión ni de la mente mortal, sino que se logra simplemente me - diante la percepción de la pureza y la salud perfectas de Dios.

Del mismo modo puedes «tratar» a todos los miembros de tu familia tanto por la noche como por la mañana, y así se mantendrán alejados de todo mal y protegidos de cualquier daño, peligro, dolencia o adversidad. Además se les transforma- rá el carácter para asemejarse a la Imagen Divina. Este «trata- miento» llevará la armonía a los hogares donde antes no existía; hará lo que se llama imposible, o milagros, sencillamente por- que no depende de ningún agente humano o finito, sino sólo de Dios. No llevará a las personas más allá del ámbito que se les haya asignado, pero hará que vivan más felices y con mayor armonía en el espacio que les corresponde.

Al actuar de este modo no sólo podrás hacer tu vida más feliz, exitosa, armoniosa y bienaventurada, sino que llevarás el mayor de los bienes a la vida de los demás.

Las vibraciones de algunos individuos son más altas que las de otras, por lo que son mejores sanadores, simplemente

porque consiguen una mayor percepción, pero todas las perso- nas pueden ayudarse no sólo a sí mismas, sino a las demás. Algunas son tan vibrantes que ante ellas desaparecen hasta las enfermedades más graves, pero aunque no pueda ocurrir lo mismo en todos los casos, todos podemos servir de cura a los demás y procurarles el bienestar. Y recuerda que es más fácil evitar la enfermedad que curarla. La prevención no es tan espectacular, pero es mejor que la curación. Al «tratar» a los miembros de tu familia, debes negar toda enfermedad, dolen- cia, debilidad o fracaso, y todo aquello de lo que quieras prote- gerlos –ya sabes que estas cosas no pueden existir en Dios–. A continuación afirma sus opuestos positivos y percibe que todos están en Dios y la Mente Divina. Por tanto, «trata» a diario, no sólo a ti, sino a cada uno de tus seres queridos, individualmen- te, ya que hacerlo con todos a la vez no resulta tan eficaz. La

curación con el tratamiento mental y espiritual no puede más que intensificar, fortalecer y ayudar a las fuerzas curativas de la naturaleza. Ésta siempre intenta curar, y con el «tratamiento», o la plegaria constructiva, se contribuye a esos esfuerzos y se les da un mayor incentivo. Por esto los materialistas y los médicos dicen enseguida que se trata de una recuperación natural. El «tratamiento» no puede hacer que crezca una extremidad que se haya perdido, ni un ojo donde se haya quitado otro; no hará que se suelde un hueso roto, pero sí que se cure más deprisa y limpiamente cuando se le hayan aplicado los medios físicos. El tratamiento mental y la curación divina son maravillosos, pero tienen sus limitaciones, y si algunas sectas lo recordaran se ahorrarían muchas estupideces. Así pues, se entenderá que es mucho mejor prevenir la enfermedad que curarla, y la necesi- dad del «tratamiento» espiritual tan pronto como el caso lo permita. El procedimiento habitual de probar primero con todo «tratamiento» material posible y, cuando ya se está al borde de

la muerte, recurrir al sanador mental o espiritual no es justo ni para el paciente ni para el profesional.

Para curar al enfermo no es necesario verlo ni estar cerca de él. Puedes estar a kilómetros de distancia sin que suponga diferencia alguna, porque todos estamos en Dios (la Mente Divina) y Dios está en nosotros, y juntos formamos un todo completo. Así que es tan fácil «tratar» a una persona a cientos y hasta miles de kilómetros de distancia como hacerlo con otra que esté cerca de ti. Sin embargo, la tarea te será dura si la per- sona a quien quieres curar no coopera contigo, porque no pien- sa en Dios ni confía plenamente en la influencia del Espíritu Divino en la curación. Si consigues que el enfermo abandone toda creencia en los medios materiales y en su lugar recurra a Dios del mismo modo que tú lo haces, la tarea te será mucho más fácil. De hecho, siempre será difícil obtener buenos resul- tados a menos que, además de «tratar», también «enseñes».

Algunos se preguntarán: «¿Y toda la visualización que he hecho? ¿Ha sido en vano?». No, no ha sido en vano, ha tenido un objetivo, y todo lo que debes hacer ahora es visualizar en Dios, en lugar de en el hombre. Con ello simplemente utilizas tu facultad creativa en un plano superior. Por ejemplo, si has estado visualizando la prosperidad y la plenitud, ahora visuali- zarás y percibirás la abundancia infinita de Dios. Te darás cuenta de lo maravillosa y completa que es la plenitud de la Mente Divina Universal. Quizá hayas estado visualizando la salud, tratando de verte como una criatura perfecta y radiante, y ahora, en su lugar, visualizarás la perfección y la vida infinitas de Dios y el Cielo. Así pues, sea lo que sea lo que necesites, te percatarás de que está en Dios, y es entonces cuando se te abri- rán el conocimiento y la percepción de que estás en Dios y que Él está en ti, que todo es tuyo, que sólo existe un todo comple- to y que, al estar en armonía con él, pasas a poseer todo lo

bueno. Por consiguiente, no es más que cuestión de tiempo que estas creencias se te manifiesten en la vida.

La razón de percibir que todo está en Dios satisfaga todas tus necesidades, es que Dios y el hombre son uno. Todo lo que Dios es y tiene, el hombre lo es y lo tiene, y sólo ha de darse cuenta de ello. Por lo tanto, la conciencia de todo esto es el objetivo al que hay que apuntar, y se llegará a él a través de la práctica de lo que se enseña en esta lección.

Algunos alumnos preguntarán: «¿Y la formación especial de la mente subliminal?». También ésta ha tenido su finalidad, te ha enseñado a apaciguar los sentidos para escuchar la voz interior. Es la voz de Dios, y tu mente subliminal o supercons- ciente es la encarnación de la Mente Infinita de Dios. Por tan- to, ahora has de percatarte de que no existe la separación de Dios, porque Él y el hombre son uno. En lugar de decir: «Mi mente subliminal me solucionará todos los problemas», ahora afirmarás: «Dios es quien soluciona todos los problemas del hombre». Abandonas tu personalidad, que ha estado obstaculi- zando tu camino, evitando así que la luz, la verdad y la com- prensión penetraran en tu conciencia, y te alegras al darte cuenta de que estás en Dios (la Mente Divina) y Él está en ti, que sois uno. Y ser uno con Dios te convierte en uno con todas las cosas, todo lo bello que acompaña al nuevo día, el frescor del aire, la salida del sol, el cielo azul, el canto de los pájaros, el aroma de las flores, el luminoso rocío y la vida radiante, todo es tuyo, y tú eres de todo ello, somos todos uno: uno con noso- tros y con Dios.

Tal vez preguntes: «¿Y la oración? ¿Cuál es su lugar?». La respuesta es la siguiente: ser consciente de Dios es la única auténtica oración. Si examinas los escritos de los santos y los místicos, verás que todos dicen que la única oración verdadera es la percepción de la realidad en presencia de Dios. El proceso

del pensamiento que lleva a esta percepción no es la oración, pues ésta no es más que una oración primaria, o el sendero que lleva a la auténtica oración. Cuando el alma se da cuenta de la luz clara y pura y del resplandor de la gloria espiritual, sabe que ha encontrado a Dios no en algún lugar lejano, sino dentro de sí, y cuando ha encontrado a Dios se ha encontrado a ella mis- ma. Las negaciones y afirmaciones son la vía más rápida a la oración, a esa percepción divina por parte del alma que hace que todo sea posible. Suplicar y mendigar a Dios nunca da resultado. Es la percepción de que todas las cosas se logran, antes incluso de hacer la oración, la que recibe la respuesta. No se trata de conseguir algo, porque ya se posee todo, sino que es la conciencia de este hecho la que produce lo que denomina- mos una respuesta a la oración. Jesús enseñó a orar a sus discí- pulos, no a usar vanas repeticiones, sino a emplear unas pocas negaciones y afirmaciones. Los estudiosos dicen que la versión autorizada de la Biblia no traduce correctamente lo que se lla- ma «Oración del Señor», porque es imposible traducir a otra lengua el significado del griego original. La versión antigua, por otro lado, se hizo a partir de la traducción latina, porque en latín no existe el tiempo aoristo. La traducción de Ferrar Fenton2 es ésta: «Our Father in the Heavens; Your Name must be

hallowed; Your Kingdom must be restored; Your Will must be done in Heaven and upon the Earth (Padre nuestro de los cielos, santifica- do sea tu nombre, restáurese tu reino, cúmplase tu voluntad en el Cielo y en la Tierra). La forma que yo prefiero es: «Padre Nuestro, estás en el Cielo. Adorado sea tu nombre. Llegue tu Reino. Cúmplase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo. Danos el pan de todos los días. Perdona nuestras ofensas como

2. 1832-1920. En 1853 inició la traducción de la Biblia, una de las primeras al inglés moderno, que se publicó completa en 1903, aunque partes de ella se habían publicado anteriormente. (N. del T.)

nosotros perdonamos las ofensas de los demás. No nos tientes, sino presérvanos de todo mal».

Ésta fue la oración, hecha de negaciones y afirmaciones, que Jesús nos dio como modelo. Y en este modelo se basan mis enseñanzas. También en él se asienta toda la curación espiritual moderna.

Para concluir, quiero decir tres cosas:

Recuerda que si sigues trabajando pacientemente en lo Oculto día tras día, vas a obtener los resultados a su tiem- po. No dejes de trabajar porque pienses que no tienes tiempo; si decides hacerlo lo puedes encontrar. Deja que te ponga un ejemplo familiar. Imagina que tuvieras una pequeña parcela pero no pudieras cultivarla por falta de tiempo. Si dijeras: «No tengo tiempo de cultivar este terreno», la parcela nunca se cultivaría y tú nunca recoge- rías cosecha alguna. En cambio, si dijeras: «Hay que culti- var el terreno como sea. Tengo que sacar tiempo», lo encontrarías de un modo u otro, aunque supusiera levan- tarte unos minutos antes, atarte los zapatos más deprisa y dedicarle al cultivo sólo diez minutos todas las mañanas. Si, además, por la noche, cogieras una linterna y te dedi- caras a cavar la tierra otros diez minutos antes de acostar- te, verías que no sería más que cuestión de tiempo tener toda la parcela bien cavada. Del mismo modo, aunque sólo puedas reservar diez minutos por la mañana y diez por la noche, seguro que llegará un momento en que empezará a reflejarse en tu vida el fruto de tu trabajo. Cuando hayas «demostrado» la verdad de estas enseñan- zas y hayas puesto en armonía tu vida y tu círculo fami- liar, no te detengas para darte un respiro, no abandones tu

trabajo diario en lo Oculto, porque si lo haces retrocederás con toda seguridad, hasta llegar a una situación peor de la que saliste. Así pues, mientras vivas, nunca olvides poner- te en contacto a diario con lo Oculto, y renueva tu vida espiritual, la fuente de todo tu poder, tu éxito y tu salud. Todo depende de lo que hagas en lo Oculto, y si lo olvidas, tu vida empezará a empeorar enseguida. «Primero en lo Oculto, luego en lo que se ve, ésta es la Ley». Durante el resto de tu vida sigue trabajando diariamente en lo Oculto, y así vivirás en una paz, un poder y un éxito perfectos. Descubrirás que al darte cuenta de la perfección infinita del Ser Divino acabarás a su tiempo con todos los hábitos indeseables, grandes o pequeños, que puedas tener, y con la armonización con la voluntad divina todas las flaquezas de la voluntad humana se desvanecerán. En la lección XII te señalaba que repasaras todo el curso. Si lo haces, guíate por lo que se te enseña en esta lección, elimina el «yo haré» y el «yo puedo» que eran necesarios al principio, y sustitúyelos por el «tú eres» que todo lo abarca. Además, deja de guardarte los pensamientos y haz que sean positi-

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