Ahora bien, el verdadero tesoro que pondrá fin a nuestras desdichas y dificultades nunca está lejos, ni ha de ser buscado en alguna región distante; yace enterrado en el escondite más oculto de nuestro hogar, es decir, de nuestro ser... pero hay una extraña realidad que persiste por la que es sólo luego de un viaje lleno de fe a una región distante, a un país extranjero, a una tierra extraña, que el significado de la voz interior que guiará
nuestra búsqueda puede ser revelado a nosotros.
HEINRICH ZIMMER Si se analizan otras culturas y períodos históricos, se encuentra evidencia convincente que apoya las hipótesis básicas que sustentan el concepto de emergencia espiritual. A través de la historia, la mayoría de las culturas ha tenido en alta estima a los estados alterados de conciencia. Solían tener un extraordinario conocimiento de la cartografía del viaje interior y han desarrollado una variedad de técnicas de lo sagrado —métodos para inducir experiencias espirituales— porque le daban un valor muy grande al potencial positivo de tales estados. Estas técnicas que alteran la mente combinaban diversas formas de percusión, cánticos, danzas, respiración, ayunos, dolor físico, separación del grupo social y aun la ingestión de plantas con propiedades psicodélicas. Este capítulo explora distintas áreas de la cultura de la humanidad que son particularmente relevantes para la emergencia espiritual. La primera es el chamanismo, la religión y ciencia curativa más antigua. Íntimamente ligados al chamanismo están los llamados ritos de pasaje, rituales poderosos realizados por muchas culturas en momentos de importantes transiciones biológicas y sociales. Otro fenómeno fascinante es la iniciación a los antiguos misterios de muerte y renacimiento como los de Grecia, Egipto, Roma, América Central y otras partes del mundo. Las fuentes más importantes de información sobre las emergencias espirituales son las escrituras de las grandes religiones de la humanidad y sus ramas místicas. Entre ellas, los libros de los muertos tienen una posición especial: fueron utilizados como guías para los moribundos y como manuales para prácticas de meditación y procedimientos de iniciación.
EL CAMINO DEL CHAMAN
Sentí una gran alegría inexplicable, con tal fuerza que no podía reprimirla y tuve que comenzar una canción, una canción de poder con espacio para una sola palabra: ¡Gozo, gozo!... Y entonces, en medio de tal estado de deleite misterioso y arrollador me convertí en chamán, sin yo saber cómo ocurrió. Había ganado mi iluminación, la luz del cerebro y del cuerpo del chamán. Un chamán esquimal citado en Ecstatic Religions
Chamán es el término que utilizan los antropólogos para un tipo especial de hombre o mujer capaz de sanar; médicos brujos o curanderos que utilizan estados alterados de conciencia para curarse a ellos mismos o a otros, prever el futuro, abrir canales de percepción extrasensorial y comunicarse con animales, elementos de la naturaleza y seres del más allá. En el núcleo del chamanismo se encuentra la noción de que durante estados inusuales de la conciencia uno puede realizar viajes visionarios benéficos a otras regiones y dimensiones de la realidad. Los primeros chamanes fueron quienes originariamente exploraron y realizaron una cartografía de tales regiones interiores. El chamanismo es un fenómeno universal. Es extremadamente antiguo también; sus comienzos pueden rastrearse hasta el hombre de Cromagnon de la era paleolítica. Muchas pintaras rupestres y grabados en las paredes de las grandes cavernas de Altamira, Font de Gaumc, Les Trois Fréres y otras exhiben motivos con chamanes.
Las investigaciones arqueológicas, históricas y antropológicas indican que los rasgos básicos del chamanismo y sus técnicas de lo sagrado han permanecido relativamente sin cambios por decenas de miles de años. Han sobrevivido migraciones por todo el planeta, mientras que otros aspectos de las culturas en sí sufrieron cambios drásticos. Estos hechos sugieren que el chamanismo involucra niveles primordiales, universales y atemporales de la psique humana. Con el correr de los siglos, los chamanes han adquirido una enorme cantidad de conocimientos que fueron transmitiendo a sus aprendices en todo el mundo, y las experiencias de estos sanadores y las de aquellos a quienes ayudaron los han confirmado una y otra vez. Es probable que la misma palabra chamán derive del verbo tunguco-manchuriano s que significa “saber”. Una traducción literal de la palabra tungus saman es, entonces, “aquel que sabe”. Como guardianes del antiguo conocimiento de los estados alterados de conciencia, los chamanes representan una fuente in valuable de información sobre los procesos que implica una crisis de transformación. Varios aspectos importantes del chamanismo son de gran relevancia para el concepto de la emergencia espiritual. Muchos chamanes comienzan su trayectoria curativa luego de un episodio de gran dramatismo y de una perturbación tanto emocional como psicosomática, que a menudo adquiere proporciones que la psiquiatría occidental calificaría de psicóticas. Sin embargo, el chamán emerge de esta crisis con un mejor estado de salud, como un individuo que funciona en plenitud. En segundo lugar, un chamán con experiencia en su práctica tiene la capacidad y los medios para entrar en estados
alterados de la conciencia, estados que, lo repetimos, serían considerados psicóticos. No obstante, es capaz de funcionar durante estas experiencias, utilizarlas para una variedad de propósitos y regresar de ellas sin efectos posteriores negativos. En tercer lugar, entre las habilidades de un chamán se cuenta la capacidad de inducir estados no ordinarios en los demás y de guiarlos de una manera que resulte curativa o los beneficie de alguna forma.
LA CRISIS CHAMANICA
Observemos ahora con mayor detenimiento el aspecto más significativo del chamanismo con respecto a la emergencia espiritual: el tormentoso comienzo de la carrera de muchos chamanes en todo el mundo. Este se produce a través de una profunda crisis emocional y psicosomática que muchos antropólogos y psiquiatras occidentales llaman “la enfermedad del chamán”. Este término refleja el prejuicio de nuestra cultura para con los estados alterados de conciencia, así como la fuerte orientación hacia la enfermedad de la psiquiatría contemporánea. En ciertos casos, la “enfermedad del chamán” puede ser disparada por una crisis psicológica; también hay historias sobre chamanes esquimales o siberianos cuyas iniciaciones ocurrieron cuando tuvieron viruela o alguna otra enfermedad infecciosa, o cuando se estaban recuperando de una herida grave. En otros casos, no se presenta ningún factor desencadenante, y todo el episodio parece ser de naturaleza puramente psicológica y espiritual. En cuestión de horas o días, el futuro chamán desarrolla una profunda alteración de la conciencia durante la cual él o ella pierden contacto con la realidad cotidiana y, para quienes los observan desde el exterior, parecerán moribundos o locos. Estos cambios tomarán diversas formas. A veces estas personas se agitan, se mueven como tísicos y hacen gestos y muecas extrañas. En otros momentos tal vez se comporten de manera opuesta, retirándose a pasar horas en una posición reclinada, completa mente absortos, o hasta en una condición cercana a la pérdida de la con ciencia y al estupor. El habla se vuelve incoherente e incomprensible; tal vez parezcan estar poseídos por malos espíritus o en comunicación con los muertos, a los que se considera chamanes que desean instruir y guiar al futuro chamán en su iniciación. La gama de experiencias visionarias durante la crisis chamánica es muy amplia. En el curso de este viaje interior, el chamán novato visita otras regiones de la realidad, muchas de naturaleza mística o fantástica. Debe enfrentar vientos helados, bosques incendiados, ríos turbulentos y arroyos de sangre. Durante estas travesías, el viajero involuntario se encuentra con ancestros, guías espirituales, dioses, demonios y otros seres. Entre éstos, los “animales de poder” juegan un papel importantísimo: son los espíritus o facetas extraordinarias de distintas especies animales que pueden convertirse en guías y ayudantes del chamán. Durante estas aventuras, el iniciado aprende las reglas y tabúes del mundo interno y las leyes de un orden natural más elevado. Los espíritus guardianes, en forma animal o humana, aparecen en distintos momentos para hacer de guías en los paisajes funerarios: las peligrosas y terribles regiones del más allá. Las experiencias de la crisis chamánica varían en detalle de cultura en cultura, aunque aparentemente comparten un núcleo básico con tres fases características. La aventura visionaria comienza con un viaje terrible al otro mundo, al reino de los muertos. A esto le siguen una experiencia extática de ascenso a las regiones celestiales, y la adquisición de un conocimiento fuera de lo común. El paso final es el regreso y la integración de su aventura extraordinaria con la vida de todos los días. En el viaje visionario al otro mundo, el chamán es atacado por crueles demonios y malos espíritus, que lo torturan y lo obligan a someterse a terribles pruebas. Las entidades maléficas raspan la carne de sus víctimas hasta el hueso, les arrancan los ojos, les chupan la sangre o los hierven en calderos. Las torturas culminan con la experiencia del desmembramiento y la aniquilación total. En algunas culturas, esta destrucción final es realizada por un animal de iniciación, que destroza al novicio en pedazos o lo devora; de acuerdo con el grupo étnico este animal puede ser un oso, un lobo, un jaguar, una víbora gigante u otros. A esta experiencia le sigue una secuencia de renacimiento o resurrección. El aspirante a chamán siente como si recibiera una carne nueva, una sangre nueva y nuevos ojos; se siente cargado de una energía sobrenatural y conectado con todos los elementos de la naturaleza. Al sentir como si naciera de nuevo y rejuveneciera, experimenta el ascenso a los Mundos Superiores. El simbolismo de esta f varía también de acuerdo con la cultura y con el período histórico. Quizás crea que ha sido raptado por un águila u otro pájaro tradicionalmente asociado al sol, o que se transforma en otra criatura. El ascenso también puede consistir en trepar el Árbol del Mundo: una estructura arquetípica que conecta los mundos inferiores, intermedios y superiores del reino visionario. En ciertas culturas, un rol similar lo cumple una montaña, un arco iris o una escalera. Con frecuencia esta fase culmina con la sensación de haber alcanzado el reino del sol y de fundirse y unirse con su energía. Este aspecto esencial de la crisis chamánica puede ilustrarse con la siguiente descripción clásica de una forma extrema de iniciación de un chamán Avam-Samoyed siberiano, tal como fue registrada por el antropólogo ruso A. A. Popov: El futuro chamán, que sufría de viruela, permaneció inconsciente durante tres días, casi muerto, por lo que por poco se lo entierra al tercer día. Se vio a sí mismo descender a los infiernos y, luego de muchas aventuras, fue llevado a una isla, en medio de la cual había un abedul joven que llegaba hasta el cielo. Era el Árbol del Señor de la Tierra, y el Señor le dio una rama de éste para que se hiciera un tambor. Luego llegó hasta una montaña. Atravesando una abertura, encontró a un hombre desnudo avivando con un fuelle un fuego enorme sobre el que había una pava. El hombre lo agarró con un gancho, le cortó la cabeza, picó su cuerpo en pedacitos y los puso en la pava. Allí hirvió su cuerpo durante tres años, y después le forjó una cabeza sobre el yunque. Finalmente, pescó sus huesos que flotaban en un río, los unió y los cubrió de carne. Durante sus aventuras en el Otro Mundo, el futuro chamán encontró a varios personajes semidivinos, de forma humana o animal, y cada uno de ellos le reveló doctrinas o le enseñó secretos del arte curativo. Cuando despertó en su
yurta (tienda redonda usada por los mongoles y turcos del Asia Central), entre sus parientes, ya estaba inicia do y era capaz de ejercer como chamán. Cualquiera sea la forma simbólica que adquiera el viaje chamánico, el denominador común es siempre la destrucción de la vieja identidad, y la experiencia de una conexión extática con la naturaleza, con el orden cósmico y con la energía creadora del universo. En este proceso de muerte y renacimiento, los chamanes experimentan su propia divinidad y adquieren un conocimiento profundo sobre la naturaleza de la realidad. Es muy usual que comprendan el origen de varios desórdenes y aprendan a diagnosticarlos y a curarlos. Si este proceso se completa con éxito y las experiencias extraordinarias se integran bien a la conciencia diaria, el resultado es una curación a nivel emocional y psicosomático, y una profunda transformación de la personalidad. La persona resurgirá de esta crisis en una condición incomparablemente mejor que aquella en que se encontraba cuando entró en ella. Esto no sólo incluye un mayor bienestar personal, sino también una mejor adaptación social, que le posibilitará funcionar como un líder venerado por la comunidad.
VERSIONES DISIMILES SOBRE LA CRISIS CHAMANICA
Salvo unas pocas excepciones, los expertos de Occidente coinciden en señalar que la crisis chamánica constituye una patología grave, aunque las opiniones difieren en cuanto a un diagnóstico clínico apropiado. Los diagnósticos más frecuentes son esquizofrenia u otra psicosis, histeria y epilepsia. Sin embargo, antropólogos y psiquiatras que conocen muy bien al chamanismo, incluso por experiencias de primera mano de lo que es un estado chamánico de conciencia, rehúsan considerar a tales crisis como enfermedades mentales. Afirman que este acercamiento clínico refleja la preferencia occidental por la realidad consensuada, la falta de una comprensión genuina de un estado alterado de conciencia y una fuerte tendencia a patologizar tales estados indiscriminadamente. Michael Harner, que es tanto un antropólogo cuanto un chamán iniciado, considera que esta actitud es etnocéntrica, porque expresa un fuerte prejuicio cultural. También la llama “cognocéntrica”, ya que utiliza corno única fuente de conocimiento la información que se origina en el estado normal de la conciencia. ‘Tenieirdo en cuenta los llamativos resultados positivos de la crisis chamánica por cierto seria más apropiado considerar a esta condición como —-al menos en potencia— un proceso sorprendente de curación y de reestructuración profunda de la personalidad que facilita la resolución de varios de los problemas de la vida. Su potencial terapéutico es comparable —--y sale favorecido---- con los mejores procedimientos de tratamiento de la psiquiatría occidental. Como mencionamos con anterioridad, hemos observado secuencias que no se pueden distinguir de una crisis chamánica en una variedad de medios: en sesiones psicodélicas, en nuestro trabajo vivencial con la respiración y la música y en el curso de las emergencias espirituales de los occidentales de hoy. Los científicos tradicionales atribuyen el aprecio que las sociedades no occidentales sienten por los chamanes al hecho de que estas sociedades no son capaces de discriminar lo anormal de lo supranormal, debido a su falta de educación y de conocimientos científicos. Esta explicación se contradice con la experiencia de quienes han tenido un contacto directo con chamanes o culturas chamánicas. Tales personas comprenden que las experiencias y conductas exóticas no alcanzan rara convertirse en un chamán. Mientras que ciertos individuos son considerados grandes cha manes, otros son vistos como enfermos o locos. Para que alguien sea considerado un chamán, luego de la crisis de iniciación debe demostrar un funcionamiento al menos adecuado en la realidad cotidiana. En muchos casos, la adaptación social de los chamanes es claramente superior a la de otros miembros del grupo.
Los chamanes suelen ser participantes activos en los asuntos sociales, económicos y hasta políticos de la tribu. Son cazadores, granjeros, jardineros, artesanos, artistas y, con frecuencia, miembros responsables de una familia. La tribu los considera guardianes del equilibrio psicológico, espiritual y ecológico, e intermediarios entre el mundo visible y el invisible. El chamán debe hallarse como en su casa, tanto en los estados alterados de conciencia como en la realidad de todos los días, y manejarse exitosa- mente en ambos; esto es considerado la evidencia del poder genuino de un chamán. Todos estos factores son difíciles de reconciliar con la idea de que los chamanes son psicóticos ambulantes o individuos con graves perturbaciones, aunque el comienzo de la trayectoria de un chamán pueda haber estado marcado por una perturbación emocional y psicosomática. La observación del mundo del chamanismo aporta un gran alivio al discriminar entre los estados patológicos, que deben ser tratados médicamente, y los estados de transformación, que poseen un potencial positivo que debería ser apoyado.
LOS RITOS DE PASAJE
Otra importante fuente de información sobre las crisis de transformación sancionadas culturalmente son los acontecimientos rituales que los antropólogos llaman “ritos de pasaje”. En este caso, la apreciación y comprensión cultural del valor positivo de los estados alterados de con ciencia va un paso más allá: mientras que en el caso de la crisis chamánica, el grupo social acepta y valora los episodios espontáneos de estados alterados de conciencia, con los ritos de pasaje de hecho utiliza diversas técnicas que han sido desarrolladas específicamente para inducir tales estados. Ceremonias de este tipo han existido en muchas culturas de la humanidad y se realizan hasta hoy en sociedades preindustriales. Su principal propósito es redefinir, transformar y consagrar a individuos, a grupos y hasta a culturas enteras. Se realizan ritos de pasaje en épocas de cambios cruciales en la vida de una persona o de una cultura; suelen coincidir con transiciones psicológicas y sociales de gran importancia, como el nacimiento, la circuncisión, la pubertad, el matrimonio, la menopausia y la muerte. Rituales como éstos se relacionan con la iniciación al estado de guerrero, a la aceptación en
sociedades secretas, a las fiestas anuales de renovación, a las ceremonias de curación y a los desplazamientos geográficos. En todas estas situaciones, la persona o el grupo social deja atrás una forma de ser y pasa a circunstancias de vida totalmente nuevas. Esta transición suele ser drástica y se asocia con una serie de experiencias inusuales aterrorizantes y psicológicamente desestabilizantes. El término rito de pasaje fue acuñado por Arnold Van Gennep, autor del primer tratado científico sobre el tema. Van Gennep reconoció que en todas las culturas que había estudiado los rituales de este tipo seguían un patrón similar, con tres etapas diferenciables: la separación, la transición y la incorporación. En la primera etapa —la separación— el individuo es apartado de su contexto social: familia, clan o resto de la tribu. En este momento, el neófito quizás esté totalmente solo, o comparta la situación de inseguridad con sus pares o compañeros de la misma edad. La pérdida del medio familiar y la ausencia de uno nuevo que lo reemplace lo conduce a un estado límite, a la condición de estar entre una cosa y la otra. Durante este periodo de separación, sentirá una enorme pena por la pérdida de la vieja forma de ser. También es posible que sienta miedo y esté ansioso, asustado por el cambio, lo inesperado, lo desconocido. Esta situación se parece mucho a la de la emergencia espiritual, en donde la realidad conocida es reemplazada a la fuerza por los desafíos interiores. Sin embargo, en las iniciaciones grupales que ocurren en los ritos de pasaje tribales, este atemorizante periodo de separación tiene