"A mi parecer, no hay nada más misericordioso en el mundo que la incapacidad del
cerebro humano de correlacionar todos sus contenidos. Vivimos en una plácida isla de ignorancia en medio de mares negros e infinitos, pero no fue concebido que debiéramos llegar muy lejos. Hasta el momento las ciencias, cada una orientada en su propia dirección, nos han causado poco daño; pero algún día, la reconstrucción de conocimientos dispersos nos dará a conocer tan terribles panorámicas de la realidad, y lo terrorífico del lugar que ocupamos en ella, que sólo podremos enloquecer como consecuencia de tal revelación, o huir de la mortífera luz hacia la paz y seguridad de una nueva era de tinieblas."
I
Mi nombre es Zárate, me llaman la Soñadora. Hija de una famosa familia, sobre la cual cuelga una marca estigmática de sangre y muerte. Para que comprendan mejor mi caso, les relataré cierta historia:
Hace unos 150 años, comenzaría una pesadilla escalofriante gracias a la autoría del trágicamente famoso Dr. Anastacius Delacroix. Un experimentado neurólogo, que tenía años de estudiar la mente humana, y decidió realizar cierto experimento. Sin embargo, sus estudios sobrepasaban las barreras firmemente establecidas por la ciencia racional. Se introdujo por los oscuros abismos de la perdición y de los conocimientos abismales. Se refugió en las tinieblas del pensamiento, y en el lado oscuro y perverso de la mente humana.
Su alma se contaminó con la sangre pestilente de las larvas que pululan retorciéndose en el Caos. Y los seres malignos susurraron en sus pesadillas...
Con el tiempo, el Dr. Delacroix, desarrolló una teoría, harto interesante; por medio de una intervención quirúrgica en ciertas partes del lóbulo frontal y de la médula cervical, el cerebro humano no sólo sería capaz de desarrollar poderosas habilidades psíquicas. Además, la capacidad de penetrar más allá de la realidad convencional. Más allá del plano triangular tiempo—espacial que convencionalmente conocemos. La mente humana podría adentrarse por los abismos interestelares, y vislumbrar lo que se esconde fuera de las estrellas, lo que mora fuera del tiempo, lo que realmente existe entre las sombras.
Los colegas de Delacroix, como es natural, le dieron una acogida pésima a dicha teoría. Delacroix fue censurado e insultado. Lo llamaron maniático, demente y loco. Y se le retiró su licencia.
No obstante, Delacroix no cesó en sus esfuerzos de investigar su teoría. ¿Quien se ofrecería de voluntario para dicho experimento? Nadie, quizás... nadie con sus habilidades mentales dentro de la normalidad.
Delacroix viajó a un alejado pueblo británico llamado Hill Road (Camino de la Colina), donde conoció a una joven llamada Azabeth Arkham, hija de un viejo granjero, famoso por su violencia y cruel sadismo. El viejo misántropo se llamaba Barthus Arkham, y era un hombre grueso, gordo, barbudo, grosero y exudante de un aire malévolo. Se decía que había matado a su hermano, y que gozó invocando al Diablo en sus años adolescentes. Muchos temían al tosco granjero por la forma en que había apaleado a dos muchachos de diez años que entraron a su propiedad sin permiso. Uno de los muchachos había perdido seis dientes y su ojo derecho quedó semicerrado por el resto de sus días. El otro sufrió recurrentes pesadillas con el viejo por años.
Lanzó uno de sus sangrientos perros de caza a tres jovencitas quinceañeras que se adentraron, sin saberlo, en sus tierras. Y en una pelea en un bar, le introdujo una cuchilla en la mejilla de su competidor hasta dejarle visibles los dientes. El hombre quedó cicatrizado de por vida.
El odio y la aversión que el viejo Arkham provocaba en la gente, lo obligó a vender sus tierras y huir, adentrándose en las montañas. El viejo Arkham, a pesar de su infame crueldad, se casó con una prima suya, llamada Ifrigia. La mujer nunca fue bonita, y se dice que se le dio en matrimonio a Barthus como pago de una deuda millonaria.
Fuera cierto ó no, Ifrigia murió tres años después de casada con Barthus. Fue encontrada colgando por el cuello, de una gruesa soga mojada, en las afueras de la propiedad de Barthus. Pendiendo como un saco de basura de un viejo árbol enmohecido.
Azabeth nunca fue bautizada ó fue llevada a la escuela. De hecho, de no ser porque un grupo de foráneos –los locales evitaban pasar por la cabaña Arkham— observaron el cuerpo ahorcado de la mujer, y a sus pies, a una niña jugando impávidamente y llevándole flores, muñecas y comida al semidescompuesto cadáver, la existencia de la niña hubiera pasado desapercibida.
¿Mató el monstruo Barthus a su esposa? ¿Por qué dejó que la niña viera el cuerpo muerto de su madre tanto tiempo sin removerlo? La policía encontró una nota suicida de Ifrigia Arkham, y no se tomaron acciones legales contra Barthus.
Azabeth Arkham creció, y se convirtió en una adolescente. Era una muchacha rubia, de ojos azules, relativamente bonita, tenía una cara hermosa, aunque retraída por una mueca de sempiterna confusión y un belfo labial caído, y a veces babeante. Sus ojos mostraban tal abstracción y desorbitación que pocos suponían que la joven pensara. Su cuerpo era, no obstante, perfectamente bien formado, esbelto, voluptuoso y proporcionado.
Azabeth sufría de retardo mental, ó al menos, de una inteligencia considerablemente inferior a la promedio... Muchos aseguran que su padre jamás prodigó para ella el más mínimo gesto de cariño, aprecio ó amor, al menos en público. Y dicen que solía golpearla en forma brutal desde niña. Que gran parte de su cuerpo y de las facciones retraídas de la cara fueron moldeadas a base de palizas salvajes. Y, que con el tiempo, la joven se llegó a inmunizar al dolor.
Otros juraban que el padre abusaba de ella tranquilamente, y que las únicas muestras de cariño y caricia que le proporcionaba eran durante las incestuosas interacciones sexuales a las que sometía a la muchacha, desde muy pequeña. Quizás, desde muerta su madre, ó antes.
Sea como fuera, Barthus Arkham gozaba de demasiada mala fama, y dichas sospechas recaerían en él en forma natural. Jamás logró probarse nada.
Cuando Azabeth cumplió los quince años, por un motivo u otro, empezó a viajar al pueblo Hill Road. Antes, las esporádicas visitas de su odiado padre, espaciadas por meses, se daban cuando requería algo con urgencia, como medicamentos ó alcohol. Generalmente, sus alimentos provenían de lo que cazaba y de lo que cultivaba. El resto del dinero lo recibía de ventas usuales en ciudades alejadas. Y generalmente lo invertía en enormes cantidades de licor.
Luego de un tiempo, Azabeth viajaba con regularidad a Hill Road, y su padre era visto muy escasamente y sólo por personas que se acercaban a la propiedad –generalmente por motivos que estaban fuera de su control. –La joven era temida por muchos, odiada por otros, y compadecida por unos. Los niños y jóvenes la apodaron la Chica Idiota, y se burlaban de ella, lanzándole piedras e insultos. La joven se mantenía estoica ante los ataques constantes y no los respondía. Y algunos cesaron conmovidos. Ciertos residentes trataron de defenderla –el profesor de la Escuela, Martínez, el Doctor del pueblo, Robinson y tres jóvenes muchachas adolescentes— pero salvo por las almas más caritativas, la marginación a la que se sometía a la mujer era generalizada. Y los esfuerzos de los misericordiosos no penetraron entre el impermeable repudio.
Generalmente bajaba a Hill Road a vender productos agrícolas, huevos y leche. Su léxico era extremadamente lento, básico y malversado, y además, a veces se quedaba observando el vacío en forma boba. Muchos se dieron cuenta de la tan limitada inteligencia de la mujer, y le sacaron provecho, pagándole miserias por sus productos. Incluso, contrataban a la infeliz muchacha para realizar labores denigrantes que no debían ser hechas por seres humanos ó para efectuar favores sexuales…
Pero, pasados un par de años, Azabeth logró integrarse a la sociedad de Hill Road lo mejor que pudo. Se le permitía ir a la iglesia, participar como espectadora de los juegos y partidos, acudir a las reuniones que el alcalde convocaba, y hasta la contrataban para limpiar jardines, recolectar leña ó frutos, barrer las aceras, juntar basura y otras labores de limpieza más aceptables y remuneradas.
Con el transcurso del tiempo, Azabeth logró conmover a ciertas almas compasivas y se integró aún más en Hill Road. Ahora, el profesor Martínez, el Dr. Robinson, y las tres muchachas –lo más parecido a amigos que tenía la infortunada— podían ayudar a la muchacha más abiertamente, y muchos la saludaban al pasar y le regalaban comida – aunque casi siempre sobros. –Incluso le pagaban bien por sus productos y labores, y hasta la invitaron para el baile de San Valentín. El alcalde Morrison le dio un buen tajo de dinero, y su "compasión" le valió la reelección.
Hasta en Navidad fue partícipe de la celebración y fue receptora de regalos navideños –en su totalidad prendas viejas.
La joven seguía siendo mentalmente atrasada, y dialectalmente prehistórica, pero ahora era algo más hermosa que antes. Y se bañaba mucho más seguido.
Lo cierto es que Barthus Arkham fue encontrado desnudo y repleto de lodo, aullando como un perro y comiendo animales crudos una tarde de otoño, por Martínez y Robinson.
Fue internado en un hospital psiquiátrico donde permaneció el resto de sus días. Murió diez años después de su internamiento.
Azabeth no lloró pero si se mostró profundamente dolida y melancólica.
Fuera como fuera, aquí es donde volvemos con Anastacius Delacroix. El médico se refugió de sus furiosos colegas y de las vigilantes autoridades en el lejano Hill Road. Montó un modesto laboratorio, y no llamó demasiado la atención.
Pero, seguía obsesionado con continuar sus estudios neurológicos—esotéricos. ¿Como? ¿Quien accedería a realizarse la operación? ¿Quien aceptaría una intervención quirúrgica cerebral experimental?
Azabeth Arkham...
El Dr. Delacroix se hizo amigo de Azabeth. La trató como nadie en su vida. Le proveyó de comida, ropa nueva, una cama para dormir, y un compañero de juegos.
Y, todo el tiempo, le realizaba a Azabeth experimentos y estudios continuos y específicos, investigando compulsivamente, sus teorías e investigaciones.
Convirtió a la joven retardada en el objeto principal de su experimentación, y en su conejillo de indias. A lo largo de casi un año, Delacroix utilizó a Azabeth en forma inseparable de su investigación.
El pueblo sospechó, y algunos se quejaron. Pero la felicidad de la joven hizo que la opinión negativa se menguara considerablemente. Hasta le valió a Delacroix la admiración de muchos.
Pero el Dr. Delacroix ya estaba preparado para la operación, a sabiendas de que, aún teniendo licencia, era ya de por sí ilegal...
Una fatídica noche víspera del Día de Todos los Santos, bajo una intermitente y feroz tormenta que parecía provenir del infierno, Anastacius Delacroix realizó la operación neural al cerebro de Azabeth Arkham.
II
Sólo Dios puede saber que ocurrió aquella macabra noche. La mañana dio paso a los radiantes rayos del Sol matutino. Y un caos de escombros y charcos, remanentes de la
tormenta anterior, permanecían invadiendo el entorno de Hill Road como recordatorio indisoluble de las inclemencias climáticas.
Y en las afueras de la casa de Delacroix, se encontraba Azabeth Arkham... enloquecida... Martínez, Robinson y el padre Francis la encontraron prorrumpiendo en alaridos incoherentes, y balbuceando extrañas letanías incoherentes.
La mujer tenía los ojos totalmente desorbitados y una gran parte de la cabeza rasurada, y con una grosera sutura llena de costurones enormes e inapropiados.
Babeaba por la comisura labial y se movía espasmódicamente dispersando blasfemias y maldiciones irracionales. A veces se retorcía como un animal, y a veces dispersaba alaridos espantosos y escalofriantes. Aullidos siniestros que helaban la sangre.
Buscaron a Delacroix, pero sólo encontraron un viejo diario con notas referentes a los experimentos del sádico científico. Y en la última página, la siguiente acotación:
"A fracasado, el experimento a fracasado... pero fracasó porque tuvo éxito... La joven ha observado más allá del Abismo, y observó lo que repta en él. Vio con sus ojos a los monstruosos y sádicos moradores de las sombras, y visualizó las criaturas repugnantes que se arrastran eternas entre las estrellas. Dio un vistazo a los espíritus malignos procedentes de las pesadillas, y a las larvas que roen lo que alcanzan con sus tentáculos. Fue asolada con la visión del Averno, y las ánimas depravadas y malditas que deambulan enloquecidas por los pasillos del tartárico limbo espectral.
La contemplación de estos espectros abismales es la contemplación de la verdadera naturaleza del Cosmos, y la realidad existente. La realidad más allá de la conveniente ilusión convencional con que la mente humana camufla las horripilancias abominables y atroces de la existencia. La realidad cruda y enloquecedora de la naturaleza. De la
humanidad. Lo que nos espera en las tinieblas. Lo que nos susurra en las noches. Lo que nos llama a regresar a nuestra verdadera naturaleza.
¿Quien es capaz de soportar tal enfrentamiento con la realidad? ¿Quien puede soportar el conocer las verdaderas imágenes naturales, una vez removidos los matices que convenientemente camuflan los horrores a la mente humana?
No, la verdad es demasiado sádica. Observar el rostro del Caos, y los ojos de la Maldad es algo extremadamente traumático. Nadie puede soportar la realidad no convencional y seguir cuerdo. Nadie es capaz de tener una visión fuera de la ilusión mental humana y no sumirse en la más impenetrable demencia...
La chica está loca. Y lo seguirá estando. Yo escaparé lejos... donde nadie me conozca..." Los esfuerzos del grupo de búsqueda organizado para atrapar a Delacroix fueron infructíferos. Azabeth Arkham fue encerrada en la iglesia, para que sus alaridos no siguieran atormentando a los moradores de Hill Road. Pero los desgarbados gritos de la joven retumbaban fuera de las paredes del templo.
A la mañana siguiente, Azabeth Arkham había escapado. No fueron capaces de enviarla al hospital psiquiátrico en donde su padre yacía.
En las noches oscuras y siniestras, plagadas de sombras escalofriantes y crípticas, Azabeth Arkham era vista recorriendo las praderas, bosques y ríos de los alrededores de Hill Road. Sus estrepitosos alaridos se escuchaban espantosos y chirriantes en las lejanías. Y sus desgarradores gritos poblaron las pesadillas de muchos, erizaron los cabellos de varios, y provocaron escalofríos a muchas espaldas.
Y pasaron los años.
Azabeth Arkham no era vista casi nunca, su existencia se conocía por los estentóreos gritos que aún repicaban a lo largo de los ecos de los bosques.
Algunos aseguraban haberlo visto. Se decía que el cabello le había crecido normalmente, pero ahora estaba greñudo y enmarañado. Y se decía que ahora no vestía ninguna prenda. Azabeth era temida y repudiada. Los que la veían, se llenaban de pavor y espanto. Y más de uno aseguraba haberla visto, cuando quizás era una alucinación o una mentira sensacionalista.
La loca se volvió un ser de leyenda... pero algunos decían que todavía mantenía cierta belleza física. Que era una especie de bella criatura salvaje…
Un día, las tres muchachas que habían sido buenas con Azabeth, fueron acusadas de realizar brujería. Las tres fueron sometidas a escarnio público y gran marginación, siendo apodadas las Tres Brujas, una rubia, una trigueña y una pelirroja. Pero no pasó a más y continuaron con lo que ellas llamaban Magia Natural. A pesar de las condenas del párroco. Eran tres jóvenes preciosas y muchos enamorados les perdonaron su excentricidad. Aunque los rumores del clérigo y de ciertas mojigatas acusaban a las tres jóvenes de no sólo limitarse a rituales mágicos –ya de por sí algo condenable— sino además, de sumirse en pecaminoso libertinaje.
Cierto ó no, no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que en una de sus fiestas ritualísticas en lo alto de la montaña Road, las jóvenes regresaron espantadas y contando una historia terrible.
—Vimos a Azabeth Arkham –aseguró la rubia— en lo alto de unas piedras, situadas en una antigua estructura celta. La mujer estaba... estaba... estaba copulando con... Con un monstruo espantoso. Parecía un ser mitológico. Todo peludo y con cuernos de carnero. Tenía pesuñas y una larga cola de reptil...
Un niño pequeño fue encontrado dos años después de narrado el encuentro sexual. Su piel era excesivamente blanca, y sus ojos negros, muy antinaturalmente negros.
El niño fue hallado en las faldas de la montaña Road. ¿Era hijo de Azabeth? No se sabe. Pero la gente del pueblo lo apellidó Arkham. Y lo llamaron Anastacius
—en recuerdo del que creían era el padre, Anastacius Delacroix.
¿Era Delacroix el padre, ó era la extraña criatura que las jóvenes hechiceras vieron aquella noche?
Anastacius Arkham fue entregado al orfelinato del pueblo Hill Road, y nunca fue adoptado por nadie. Creció y se convirtió en un joven distante y algo siniestro. Desde niño se caracterizó por su asocial conducta, y la forma en que no jugaba, ni reía, ni hablaba. Y de joven apenas varió esa conducta. Se dedicó a panteonero, y su silente trabajo de vigilar el cementerio parecía complacerle.
Anastacius ahorró lo suficiente para comprar la casa de su supuesto padre, ya abandonada. Luego, según afirmaban muchos, Anastacius se dedicó a la magia negra y la brujería. Encontró la vieja biblioteca de su supuesto padre, escondida en un cuarto secreto. Y se sumió en las más oscuras artes mágicas.
Y logró engordar su colección de libros, pues el joven prácticamente no tenía más gastos que los básicos, debido a su misantropía, y el sueldo de panteonero le quedaba holgado. Y, según aseguran muchos, Anastacius usó la Magia Negra y los Artes Oscuros para conseguir dinero. El viejo párroco juró ver una luz roja fulgurante proceder de la casa de Arkham, y escuchar la letanía del joven suplicando a algún ente maligno por los favores materiales. Y juró escuchar una voz espantosa e inhumanamente gruesa, responder guturalmente que se lo concedería por un precio de sangre...
Pero el viejo párroco había malgastado su credibilidad dilapidando mentiras de las Tres Brujas, y nadie le creyó.
Unos meses después, Anastacius Arkham encontró un tesoro valiosísimo en su casa. Un tesoro de oro y plata, de tiempos celtas. Aparentemente dejado por conquistadores romanos. El tesoro le valió para hacerse de una fortuna gigantesca. Y se volvió el hombre más rico de todo Hill Road.
Anastacius se casó, a los 30 años, con una joven de Hill Road, una bella muchacha de cabellos negros y piel blanca, llamada Emma: una de las Tres Brujas, y que entonces contaba sólo 22 años. Anastacius había estado enamorado de la joven por años, pero jamás le había correspondido. El matrimonio sorprendió a muchos, y las dos restantes miembros de las Tres Brujas estaban furiosas e indignadas jurando furiosas que Anastacius había realizado un hechizo oscuro, uno de sus pactos con fuerzas malignas para que Emma se enamorara de él.
Sea como fuere, Anastacius y su esposa, Emma, eran la pareja más rica de Hill Road y varios pueblos a la redonda. Y, siendo un millonario, tuvo siete hijos.
III
Y a partir de este momento, se bifurcan las historias de los Arkham. Resulta que un serio conflicto del que no tengo mucha información, comenzó a gestarse en el otrora tranquilo Hill Road.
Tal pareciera que muchos pobladores odiaban profundamente a Arkham y a su familia. Se decía que sus cuatro hijos varones eran todos violentos y ególatras. Niños malcriados de