Hay un «todo». Siempre hay un «todo». Poco importa su naturaleza, si es «Dios», universo, energía o espíritu, si es ilusorio o real, el todo existe, y esto no necesita demostrarse ni explicarse. Incluso en el caso de que no hubiera más que la nada, esa nada sería el todo.
He aquí una certeza insoslayable, a la que de inmediato se asocia otra: el «soy» es ese todo, Poco importa, asimismo, la naturaleza de este soy, pues es incontestable, como es incontestable que no hay ninguna otra cosa que se afirme como ser. Toda sensación, toda «realidad», es siempre una sensación del «soy», y por tanto es interior, forma parte de éL
Se observa igualmente que este todo que es por tanto espíritu aparente, de hecho es nada. En efecto, este «soy» infinito, este Todo, es
exclusivamente presente, y el presente es un punto nulo, que no tiene duración. Así, todo esta contenido en un punto carente de volumen y duración, lo que equivale a decir que todo es NADA, Es lo que se llama la «ABSONIDAD».
Dicho esto, la nada no debe darnos miedo. No impide en modo alguno la apariencia eterna del ser y de los universos asociados al mismo. Al contrario, la conciencia y el amor son absolutamente indispensables para que exista el «Absonita». Esta es su razón de ser y su causa primera: el ser permite la nada, del mismo modo que el hombre o el universo permite a «Dios», Sin criatura no hay creador.
Entonces se plantea la cuestión de la condición de lo limitado en este contexto ilimitado. Ni que decir tiene que sólo existe el infinito, que la infinitud es la única verdad y que todo lo que parece contener este infinito es pura ilusión. Esto esta demostrado desde la noche de los tiempos, pero en general nos negamos a admitirlo, por temor a perder el contacto con la realidad y hundirnos en el desespero. Suele ser el caso de los que comienzan
150
Metafísica antes de haber tenido tiempo de darse cuenta de que es la ilusión del mundo que, lejos de convertirlo en huero y carente de interés, le otorga, por el contrario, toda su importancia y lo cambia en fuente eterna de gozo: en efecto, decir que el todo es ilusión significa simplemente que el universo es mental. Es interior a mi espíritu, y la conciencia consiste en tener la impresión de que es exterior (cuando hay identificación con el cero en el centro y no en el infinito entero, causa del ego). Decir que el universo es un único espíritu no es triste, ni mucho menos. Lo único que quiere decir es que se puede tener conciencia de él, comunicarse con él y amarle En efecto, si el universo no fuera ilusión, si no fuera MI espíritu, no podría de ningún modo tener conciencia de él (aquello de lo que tengo conciencia es por fuerza interior a mi conciencia); no podría comunicarme con él (la comunicación es imposible entre dos espíritus separados; el hecho de comunicar demuestra la unidad del espíritu y por ende el hecho de que todo es espíritu, ya que podemos comunicarnos con todo); finalmente, el amor sólo es posible porque se siente que el otro es uno mismo„
Potencialmente.
SÍ el otro fuera otro, es decir, si el universo «exterior» fuera efectiva- mente exterior e independiente de uno mismo, no habría de ninguna de las maneras la menor motivación de amor. Ignoraríamos incluso la existencia de ese «otro». Tenemos conciencia unos de otros porque somos una única y la misma conciencia, amamos porque ya somos uno, el todo, aunque nos identificamos con una parte del todo, lo que nos da la impresión de estar separados. Por todas estas razones, el hecho de que el universo sea el espíritu infinito y único, es decir, pura ilusión (no tiene una existencia
objetiva y material en sí), le da un interés inmenso que no tendría si
existiera realmente,
Para terminar con estas consideraciones metafísicas incontestables te- nemos que demostrar que este infinito es indivisible.
Supongamos que dividimos el infinito entre dos, ¿cuál es el resultado? ¿Dos semiinfinitos? Eso no significa nada. Un semiinfinito es necesaria- mente infinito,. Sólo hay un infinito, ninguno más. Dividámoslo por tres,
151
cuatro, mil, siempre volvemos al mismo problema. Una milésima de infinito es por fuerza infinita y es el infinito mismo. «Dios» es indivisible, dicen. Esto no impide a algunos decir que «cada uno lleva en su interior una parte de “Dios”, una chispa divina cuya suma es “Dios”». Esto es falso, evidentemente. Donde se halla la conciencia, allí se encuentra la totalidad del infinito y por tanto «Dios», que es indivisible.
Esto tiene una consecuencia inmediata: todo es infinito. Uno no puede exhibir un objeto, una persona, lo que sea, que no sea enteramente «Dios». La impresión de que es una parte del todo es pura ilusión. Todo es «Dios», no porque «Dios» esté presente en todas las cosas o porque forme parte de ellas. No De hecho, lo que llamamos «Dios» (el «Abso- nita», realidad última no condicionada del «soy» universal y nulo) es la naturaleza real y entera de todas las cosas, por nimias y despreciables que parezcan. Cualquier cosa aparentemente finita es en realidad infinita.
Lo que quiere decir que por mucho que me esfuerce inconscientemente por ser un ego, y por identificarme con mi cuerpo, en ningún caso eso me permitirá contrarrestar el hecho primero y evidente de que soy «Dios» en su totalidad. Soy el todo, cualquiera que sea la imagen que yo tenga de mí mismo, cualquiera que sea la idea que tengo de mí, hombre, animal, cuerpo u otra cosa,,
El biólogo Jean-Pierre Garel lo demuestra por cierto recurriendo a la física y la matemática, y lo hace de un modo indiscutible:
Tomemos un objeto. Midámoslo en la dimensión que nos plazca. Después, utilicemos una medida más pequeña,. Obtenemos una dimensión más grande porque con una medida más pequeña accedemos a componentes de la forma también más pequeños e inaccesibles para un instrumento de medida más grueso. En el microscopio veremos que podemos recorrer contornos interminables sobre una superficie que a simple vista nos parece lisa, con lo que se multiplica su dimensión. Entonces, si utilizamos un instrumento de medida suficientemente pequeño para medir los átomos que componen el objeto en cuestión, no podríamos darle ninguna dimensión, pues mediríamos una partícula esférica, atravesaríamos un inmenso espacio
152
vacío antes de hallar otra partícula esférica, mientras que en su interior y
entre ambas podemos encontrar otras en pianos geométricos distintos y así
sucesivamente, de modo que nunca podríamos rodear el objeto entero» Cualquier objeto resulta infinito para un instrumento de medida no infinitamente pequeño, sino suficientemente preciso.
Del mismo modo, mirando desde el espacio podemos medir la longitud de un continente» Peto en el suelo, con todos los rodeos que hay que hacer para ir de un punto a otro, la distancia resulta mucho más grande,
Y si nos paramos a rodear cada grano de arena, veremos que el continente, incluido el grano de arena, es infinito,
Menudo berenjenal en el que nos hemos metido: si uno o una se creía cómodamente instalado o instalada en un cuerpo armonioso y bien delimitado, con una mente muy particular, ahora resulta que ese cuerpo es infinito. Que no es una parte del todo, sino el propio todo„ Y que el espíritu que le anima, aunque esto ya lo supiera, no es un espíritu limitado, sino la totalidad del espíritu universal Así es como personas totalmente normales han tomado súbitamente conciencia, un día, de que son el Cristo. Se les ha tachado de locos y los han lapidado porque decían lo que nuestra mente rechaza continuamente: su infinitud. Pero ¿quién está más loco?
La PSICOLOGÍA OLÓSICA, llamada «holística» porque incluye todo el universo en la esfera psíquica, es el instrumento de la auténtica liberación. Puesto que se apoya en una metafísica insoslayable para la mente, que por tanto ya no puede oponerse repitiendo todo el rato eso de que «pero ya ves que es falso, la materia existe, tienes tus límites, hay que seguir
dependiendo», permite alcanzar muy pronto el objetivo trabajando
conjuntamente en el plano del PENSAMIENTO LIBERADOR (mi pasado es mi creación presente, no puedo lamentar nada, tan sólo agradecerme por haberlo creado POR MI BIEN, pues únicamente mi meta es la energía que puede crear) y en el plano del PENSAMIENTO CREADOR (afirmo la realidad de aquello a lo que aspiro, pues esa aspiración es presente y por tanto real, mientras que el universo que me rodea es pasado y por tanto irreal).
153
Dado que sólo puedo mantener esta actitud si soy consciente de que el OTRO ES YO y de que CONTENGO EL UNIVERSO, a partir de ahora creo para SERVIR, mientras que hasta ahora creaba para SERVIRME, al estar atado a mi pasado y por tanto a mis deficiencias egóticas.
Servir no es ser sumiso, al contrarío, es el verdadero medio para estar maravillosamente protegido gracias a la anulación de toda influencia ex- terna. De mi sensación de unidad con mi cuerpo universal depende mi libertad,
No olvidemos lo que dijo un comandante extraterrestre, llamado «Pierre», un gentil extraterrestre, en un mensaje telepático destinado a unos terrestres en el decenio de los setenta: «Lo que distingue a los que serán barridos de los que sobrevivirán y podrán servir más allá delArmage- dón, son aquellos para quienes el trabajo sobre sí mismos es una prioridad1 no quienes trabajan PARA sí mismos)'»,