VIL Dios no es el origen del universo, es la meta
III. El proceso de ilusión y de verdad
El espíritu, la energía, es la RELACIÓN entre los dos polos cero en el centro del infinito en el «exterior», yo y universo, polo de repulsión y polo de atracción en la partícula atómica. Entre los griegos, esta relación se llama LOGOS, o LÓGICA, o RAZÓN. También lo llaman el «VERBO», pues es el pensamiento, la palabra y la acción a la vez. Es la onda asociada a la partícula,
Santo ya no deja espacio para el misterio» Es la verdadera realidad que separa y une al mismo tiempo las dos «irrealidades» que son Padre e Hijo.
Potencia creadora del Padre que engendra al Hijo; potencia amorosa del Hijo que vuelve ai Padre. Padre e Hijo no son más que las apariencias, yo y el otro, sí mismo y el universo, que no tienen realidad ni uno ni otro. La verdadera realidad es la relación que separa y une a la vez esas dos
potencialidades. Esta relación es. El proceso que nos lleva a creer que existimos y que nos hace perseguir una meta que no existe efectivamente, este proceso ilusorio es la verdadera realidad.
De ahí que el Espíritu Santo salga ganando al Final de los Tiempos. Conciencia y Amor impersonales y universales, ésa es nuestra auténtica naturaleza, que no es persona ni materia, ego ni universo, nada ni realidad: entre la causa y el efecto, que son inseparables, pero no tangibles ni reales, y nuestra verdadera realidad psicológica, nuestra vida de evolución, de sufrimiento y de gozo, que enlaza y genera a la vez a SI MISMO (fuente de nuestra conciencia y de todo amor de mi universo, Primera Persona) y al PRÓJIMO, criatura hecha para ser amada, reintegrada en sí misma dentro de la unidad espiritual que es la meta concreta.
No hay separación, sí mismo es una ilusión, como el universo es una ilusión. Lo que existe es el proceso de ilusión de separación que engendra a ambos,, Somos esa «relatividad», como diría Einstein, la existencia, la relación, el amor-conciencia, y sin duda ninguno de los dos polos ilusorios, yo y el mundo, que percibimos.
El hombre creía lo que veía, hoy sabrá que lo que ve no puede ser y que lo que es, él no lo puede ver.
Es incompatible. El mundo de lo absoluto, el proceso de ilusión que es lo único que existe, está en la cara opuesta del mundo de las ilusiones, de las que ninguna tiene realidad.
En Extremo Oriente se representa este espíritu universal e invisible en la figura del DRAGÓN. ¿Y sabe el lector cómo se dice «dragón» en chino? ;Le llaman LOG!
93 No hay ni Padre ni Hijo efectivos en nuestras vidas, no son sino ideales que nos animan y nos guían, pero el espíritu es real, es la apariencia de materia, es la vida, es la comunicación con el otro. Ahí se sitúa la realidad de «Dios» y al cuidar y sanar esta relación con el otro, con el mundo, con el universo, uno se acerca a ese absoluto inaccesible que de hechos somos nosotros, aunque inconscientemente.
No hay otra relación con «Dios» que la relación con los demás, con el mundo.
Este es el principio fundamental de la espiritualidad.
La espiritualidad es un enfoque de la «materia exterior», según el cual se considera que ésta es uno mismo. De este modo, la religión lleva a cabo su obra unificadora. Todo es religión, pues todo es esa meta. La meta engendra todas las cosas y nada más que la meta puede generar cualquier cosa. En particular, el azar no está en condiciones de engendrar el espíritu (ni la materia, por cierto), Todas las cosas, por tanto, son SIGNO, y manifiestan que hay resistencia a la meta o, por el contrario, conformidad;
SERVIR SIN DEJAR DE SER UNO MISMO y sin entregarse a los mezquinos: PÓNGASE EN CONTACTO URGENTEMENTE CON SU CENTRO DIVINO Ahora que sé:
1, que todo está en mí, que no hay nada exterior que me sea ajeno, que todo lo que me ocurre me es indispensable para máximo beneficio del todo; 2. que no soy la persona que creía, sino una meta eterna que adopta
provisionalmente todas las formas para que el útil sea cada vez el más apto para la ejecución de una tarea;
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3k y que dondequiera que esté se halla la totalidad del infinito y del Principio
Creador, que no hay nada más que el espíritu que lo contiene todo, y que el espíritu es UNO MISMO,
¿Cómo tener en cuenta el ego y el Sí mismo para que lo Verdadero crezca y lo falso mengüe? ¿Cómo reconocer y dejar que viva lo espiritual dentro de mí y volver a poner en su sitio al humano que cree que es su propia meta?
A menudo se oye el consejo de «póngase en contacto con la fuente, toque con los dedos ese océano de amor que contiene usted». Sea» Estaría bien» Pero ¿y si no la percibo, esa fuente, qué hará que la perciba? Dicen que estar iniciado es encontrarla, pero ¿dónde está? ¿Cómo devenir el océano de amor que soy?
Casi siempre, esto pasa por el encuentro con una persona perfectamente humana, de carne y hueso, que ya ha hecho este tipo de trabajos y que muestra ese carisma extraordinario en el que se reconoce uno mismo, quienquiera que sea. En el contacto con los maestros, el contagio es frecuente. De ahí, por otro lado, por qué aguzamos el oído cuando corren rumores o los medios dan a entender que alguien «es», y muchos comerciantes juegan con esta dependencia potencial de todo lo que puede parecerse a un «gurú»; tan
esperado» Pero por sí solo, ¿es posible? ¿No puede uno convertirse en fuente de luces de modo autónomo?
Autónomo quiere decir «independiente de toda persona», es decir, de hecho, fuerte, responsable, adulto. Todos los que estudian la ciencia de lo mental o el pensamiento positivo no tienen otro propósito que convertirse en eso, de hecho. Sentirse bien no sufriendo el mundo, sino asumiéndolo» Es, por
cierto, la misma búsqueda que la que hace la ciencia y la tecnología: otras
maneras de dominar el universo» La espiritualidad también nos dice: cambia tus pensamientos, cambiarás el universo. Todo estriba en saber si quiero dominar el universo porque tengo frustraciones que superar, o si quiero ser el amo del universo gracias al reconocimiento de mi naturaleza creadora benévola»
Ser fuerte, ser el amo, es ser la fuente de todo: voluntad, conciencia, amor. Está claro que ya lo somos. El problema es reconocerlo y, a partir de ahí, asumirlo. No es fácil de admitir (pues supone la aceptación de la soledad
95 infinita y su todopoderosa responsabilidad), y es aún más difícil de asumir frente al mundo, aun sabiendo que se es el creador del mundo.
Para reconocer la fuente en mí debo adquirir la intuición permanente» Esto puede pasar por la comprensión del origen y de la naturaleza del espíritu, que permite esclarecer toda la relación con el universo comprendiendo cómo y sobre todo por qué creamos un universo* El universo que vivimos corresponde estrictamente a nuestras necesidades espirituales. Sitúo «en el exterior» de «mí» lo que necesito amar, integrar, para convertirme en lo que soy: TODO.
Una vez más, la simple confrontación de lo que se siente y de lo que se sabe a ciencia cierta basta para resolver la cuestión: todo prueba que el
universo en que vivimos es el que más necesitamos. Sabemos que lo creamos tal únicamente porque tal es lo que debemos aprender a amar. Estas pruebas fehacientes están al alcance de todos, pero no es posible detallarlas aquí.
Ahora bien, frente a esta ahora certeza, aspiramos a la autonomía, a la fuerza de quien no tiene necesidad de nada ni de nadie porque es capaz de crearlo todo. Muchas veces, el «pensamiento creador» lo practican
precisamente quienes temen al mundo tal como es, con el fin de cambiarlo de acuerdo con sus deseos. Es un error, pues el mundo tal como es, es el que necesito. Lo he creado para eso. Si quiero cambiarlo, es que lo rechazo y por tanto no lo amo. En estas condiciones, lo necesito para desarrollar mi amor, y por tanto voy a reproducirlo en cada instante de forma más o menos parecida. Esto es lo que hace que el mundo parezca no evolucionar y que los grandes problemas subsistan, o que nos hallemos regularmente ante los mismos obstáculos o situaciones. No hemos sabido amarlos.
Una vez ha amado al mundo, uno puede hallarse libre de crear otra cosa. Mientras no lo integre, no podrá cambiarlo. ¿Cómo se puede llegar a amar esos acontecimientos, esos obstáculos, o todo lo que nos parece indiferente o inútil? Porque ése es el verdadero problema. En mi universo hay muy pocas cosas que amo profundamente. El resto me deja indiferente o me molesta. Sin embargo, si yo fuera yo mismo, nada me sería indiferente: amaría todo apasionadamente, sería la fuente infinita de amor, ese surtidor de luz que aspiro a ser.
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parecen indiferentes o desagradables son de hecho las que más necesito. Comprender que son ellas las que necesito PARA SER, para ser uno mismo, para existir como hombre y manifestar nuestra divinidad, es el primer paso hacia ese amor infinitOv
Miremos alrededor de nosotros: esa lámpara, esos muebles, esos árboles, esos viandantes, ¿Se imagina uno tal vez que están ahí de todos modos, indiferentes a quien los mira, que por tanto se siente indiferente hacia ellos? Pues bien, todo lo contrario. Esas cosas y personas sólo están ahí para uno. No tienen otra razón de ser que permitir la realización espiritual del que observa. Uno se ha situado en este entorno porque es el que necesita infinitamente. No tiene ninguna otra razón de ser. Todas esas cosas le dan la vida y la ocasión de evolucionar. Sin ellas, uno no podría ni siquiera respirar, ni siquiera pensar, ni siquiera ver . Ellas le dan la vida. Uno no podría ser lo que es si cada una de ellas no fuera exactamente lo que es, allí donde está.
Quien ha comprendido la metafísica ya no se dice: «Soy Dios todopo- deroso, y todo esto lo puedo cambiar con un guiño para mis adentros». Eso es lo contrario de la fuerza. Quien así piensa, no es fuerte. Tiene miedo. Miedo de este mundo, y se protege, No es fuerte porque no tiene el valor de arriesgarse a morir, a sufrir, a desesperarse, perdiendo por ello una de esas cosas que más necesita, y entonces prefiere no tener necesidad de nada.
Quien es realmente fuerte, por el contrario, es el que reconoce que necesita todo y a cada uno. Que sin el otro, él no es nada, que sin todas las hojas de todos los árboles está perdido. Para quien la hormiga que le hace cosquillas en el dedo gordo del pie es una bendición infinita sin la que no podría ser él mismo. Todo me da vida. Todo es la condición de mi existencia. Nada en este universo ha sido creado inútilmente, he creado todo porque sin todo eso no soy, La verdadera fuerza está en reconocer esa necesidad ilimitada de todo y de todos, tal como son.
Así es como actúan los maestros que son todo amor. Eso es lo que les confiere ese poder de ternura y de carisma luminoso. T ienen necesidad de todo No son nada sin el otro. Por eso le aman,, Sienten una devoción total por todo lo que les rodea, no porque sean grandes señores condescendientes que se
97 prestan a amarnos como se ama a un mendigo, sino porque ellos mismos son mendigos, mendigos de todo, conscientes de que sin los demás no existirían, de modo que su amor deslumbrante no es sino la gratitud de aquel cuya
conciencia se ha despertado. Han comprendido y por eso aman, Si uno quiere amar sin comprender, verá que no puede.
SÍ uno quiere amar so pretexto de que es «Dios» y de que el universo es su criatura, verá que no puede. No puede si comprende que dios, que es él, es la criatura de ese universo infinito. «La existencia precede a la esencia», decía Sartre, y tenía razón. Nuestro servidor dice: «Lo relativo permite lo absoluto, el universoperviite a Dios», «Dios» no crearía si crear fuera condición imprescindible de su naturaleza divina.
Gracias a esto, precisamente, hemos creado lo que somos, y es el universo el que nos da vida y alimento espiritual. Sin ti no soy nada. Contigo, soy todo. No hay intermediario, no puedo ser «cualquier cosa».
El orgullo que frena e impide amar viene justamente de querer ser cualquier cosa, de tener una imagen de sí mismo que defender. Es también lo que impide al pensamiento creativo ser eficaz, como decía AI- phonse de Chateaubriand.
Entonces éste es el camino que debe recorrer aquel que se pregunta dónde está el sí mismo en mí, cómo entrar en contacto con mi fuente y rebosar de luz.
Soy «Sí mismo», o bien únicamente «yo», según si tengo miedo o no de sufrir carencia, y por tanto si acepto o no mirar de frente a mi nece- siciad infinita. Mientras cree que no tengo necesidad de todas las cosas para ser, es que tengo miedo de la frustración inherente a todo reconocimiento de la necesidad. Tan pronto como siento y acepto la necesidad, «me humillo», amo el objeto de esa necesidad, y ese amor incondicional y universal me convierte en el creador todopoderoso que contiene todo y de hecho no tiene, por tanto, necesidad de nada ni de nadie. Una vez más, el pequeño yo permite el gran Sí mismo.
Muy concretamente, este cambio de actitud es la clave de toda realización psicológica o espiritual Si tengo necesidad de dinero, es que no lo amo. Si lo amara, estaría en mí y no me faltaría nunca, Por mucho que repitiera «cada día
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soy más rico», mi deseo de no depender del dinero seguiría siendo muy fuerte. En cambio, si me someto a él y reconozco que no puedo existir sin su
presencia, si estoy agradecido por su existencia cada vez que lo veo manipulado por uno u otro, o que lo doy o lo recibo, entonces dejo de rechazarlo. Lo amo. Y como todo lo que se siente amado, vendrá hacia mí para que lo integre totalmente y deje de tener necesidad de ese problema,
Si me falta amor, ocurre lo mismo: no amo el amor. Probablemente creo que es sucio o que sólo sirve para los niños. De hecho, pensar así es una manera de protegerse de la carencia, de la frustración, Pero si me adelanto a esa
frustración afirmando mi necesidad y alegrándome de que exista, si reconozco que no puedo vivir sin él y no simulo que puedo prescindir perfectamente de él, él responderá a mi plegaria. Pensemos en Jacques Brel: tal vez no era muy guapo, pero ¿quién no estaba enamorado de él? El no tenía miedo de sentir una necesidad de muerte. Por tanto, era un maestro.
¿Te proteges de la vida? ¿Le pides que sea diferente para poder amarla? Entonces no serás Aquel que aspiras a ser. Seguirás siendo lo que no eres verdaderamente.
Da las gracias a cada partícula atómica por darte vida, y pídele cada segundo que siga dándotela De lo contrario, correrás el riesgo de sufrir sin límite cada vez que pierdas una parte de d mismo, y serás libre, eterno
creador y amo y señor de todas jas cosas, pero indiferente a tu naturaleza divina. Dios es la única «cosa» que no necesitas, porque tú lo eres por toda la eternidad.