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En un sentido amplio el área de estudio se encuentra comprendida entre los meridianos 65° y 66° y los paralelos de 26° y 27°, en el territorio de la provincia de Tucumán, República Argentina; abarcando gran parte de los departamentos de Tafí del Valle y Trancas.

El área describe un amplio espacio irregular entre los 65° 13´ y los 65° 57´ de longitud oeste y entre los 26° 18´ y 26° 39´ de latitud sur aproximadamente; este espacio se caracteriza por la presencia de tres grandes unidades fisiográficas fácilmente reconocibles: 1) El cordón montañoso de las Cumbres Calchaquíes; 2) El sector oriental del valle de Santa María o Yocavil y 3) La cuenca de Tapia-Trancas.

Los límites propuestos para este trabajo se corresponden en líneas generales con rasgos fisiográficos notables, principalmente cuencas fluviales, grandes elementos estructurales como la mega falla de Amaicha y límites interprovinciales. Con esta delimitación se buscó englobar la mayor superficie posible del cordón montañoso de Cumbres Calchaquíes y espacios adyacentes para articularlos en una aproximación a escala regional de la problemática de estudio. Así, el límite norte está dado por la frontera interprovincial entre Salta y Tucumán y por la cuenca del río Acequiones en el Dpto. Trancas. El eje que describe el río Salí hasta su desembocadura en el embalse Dr. Celestino Gelsi (El Cadillal) constituye el limite este. De la misma manera, el eje norte-sur del río Santa María delimita el área de trabajo por el oeste. Por último, el río Amaicha hasta su confluencia con el río Santa María junto a la mega falla que separa los bloques montañosos de Cumbres Calchaquíes-Sierra del Aconquija hasta el valle de Tafí (Quebrada de Amaicha-Abra del Infiernillo) y una línea imaginaria que la une con la cuenca del río Tapia hasta su desembocadura en el Salí constituyen el límite sur. La superficie comprendida en el polígono definido por estos límites es de 3710 km2 aproximadamente (Figura 1).

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55 3.2. Características generales

El área de estudio presenta características notables desde el punto de vista biogeográfico, con ambientes altamente contrastados que van desde los bosques del Chaco en el oriente, hasta la pre Puna en el extremo occidental, pasando por las selvas de Yungas, los valles intermontanos de altura y los valles áridos del oeste. Todos estos ambientes se suceden en unos pocos kilómetros -en sentido meridiano- 80 Km en promedio-. Asimismo, los amplios rangos de altura existentes para el área (desde los 400 a los casi 5000 msnm) posibilitan una marcada zonación biótica vertical. Estas características le confieren al área una gran sensibilidad ambiental ante modificaciones en el clima regional (Gómez Augier et al., 2008) (Figuras 2 y 3).

Fig. 2. Perfil topográfico (O-E) del área de trabajo realizado mediante SIG.

Tres elementos resultan determinantes en la conformación de este espacio heterogéneo: la topografía local, los patrones de circulación atmosférica dominantes y la ocurrencia periódica de cambios o eventos climáticos que alteran dichos patrones. De estos tres elementos, quizás el más determinante sea el topográfico; la posición de los bloques montañosos siguiendo un eje norte-sur aproximado, opuestos a la dirección del gradiente pluvial generado por el Anticiclón del Atlántico Sur en verano, y a los vientos del oeste que aportan precipitaciones en forma de nieve durante el invierno generadas por el Frente Polar, constituyen una verdadera barrera orográfica que determina que la aridez del sector occidental, en contraposición a las zonas bajas orientales, sea un rasgo permanente y característico del espacio regional. La influencia del Anticiclón del Atlántico Sur, genera un gradiente de precipitaciones que se incrementa conforme nos movemos de este a oeste desde la llanura chaqueña hasta alcanzar los cordones montañosos pre-andinos orientales donde alcanzan su mayor valor, cuando las masas cargadas de humedad se ven forzadas a ascender

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para trasponer dichos cordones produciéndose el fenómeno conocido como efecto sombra de lluvia o de lluvias orográficas, el que se verifica a todo lo largo de los contrafuertes andinos sudamericanos.

No obstante estas grandes variables estructurales determinadas por los elementos topográficos y los patrones de circulación atmosférica general, es importante señalar que los mosaicos de ambientes que originan, admiten variaciones a lo largo del tiempo. Dichas variaciones o cambios pueden deberse a ciclos recurrentes a escala planetaria (Ciclos de Milankovich; Eventos de Daansgaard-Oeschger / Bond, Heinrich, etc.), eventos periódicos como los fenómenos de La Oscilación Meridional El Niño (ENSO), fluctuaciones climáticas como la Anomalía Climática Medieval (ACM) y la Pequeña Edad de Hielo (PEH), o actividad volcánica intermitente (ver capítulos 2 y 7). La ocurrencia de estos cambios genera que los ambientes y las comunidades bióticas pertenecientes a cada uno de ellos experimenten a lo largo del tiempo episodios de avance, retroceso, fragmentación, diversificación o desaparición (Meggers, 1994; Stine, 1998; Veth, 1993; Fagan, 2009a y 2009b; Mendoza y González, 2011). Como señala Murray (2008) para el noreste mexicano -con similitudes fisiográficas y climáticas con ésta área-, si bien no es posible pensar que el desierto repentinamente torne en un vergel o viceversa, no obstante cambios a largo plazo en los factores macroclimáticos pudieron haber ocasionado un reacomodo ecosistémico de los nichos ya existentes, aumentando la complejidad de un mosaico pre configurado por una topografía accidentada.

Esta compleja dinámica, que comenzamos a visualizar y comprender, ha sido determinante en los procesos de poblamiento, adaptación y desarrollo por parte de los grupos humanos y ha tenido, como veremos, consecuencias notables en los modos de vida durante el pasado en el área.

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Fig. 3. Modelo Digital de Elevación (DEM) del área de estudio realizado con SIG. 3.3. Cumbres Calchaquíes

Las Cumbres Calchaquíes se extienden desde el Abra del Infiernillo al sur, hasta los límites entre Tucumán y Salta al norte. Sus mayores alturas se encuentran frente a la Quebrada de Amaicha, desde dónde pueden divisarse el Cerro Pabellón (3700 m), El Negrito (4660 m) y el Alto de La Mina (4762 m); un poco más al norte se encuentra el Monte de la Laguna, cota máxima con 4765 que msnm (Ruíz Huidobro, 1972). En años recientes se puso fin a la intransitabilidad este-oeste que caracterizó al bloque para momentos históricos (aunque en tiempos prehispánicos existían diversos caminos que conectaban el piedemonte oriental con el valle de Santa María), mediante la apertura de la ruta provincial N° 352 que atraviesa las Cumbres desde la localidad de Colalao del Valle hasta la de Hualinchay.

El cordón Aconquija-Cumbres Calchaquíes no constituye una unidad orográfica, se encuentra dividido en dos cuerpos por una estructura oblicua al macizo de rumbo NNO-SSE que rompe su continuidad. Dicha estructura genera valles consecuentes que se dirigen desde el Abra del Infiernillo hacia Tafí y la Quebrada de Amaicha (la que posee una extensión de 16 Km desde el Infiernillo hasta su unión con el valle de Santa María). Esta gran falla constituye la principal vía de comunicación entre el valle de Santa María y la llanura tucumana (Alderete, 1998).

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Las Cumbres Calchaquíes -al igual que la sierra de Quilmes- están formadas por bloques de antiguas estructuras, peneplanizadas, luego fracturadas y levantadas; son por lo tanto, troncos de montañas de paredes abruptas, superiormente truncados por extensas planicies onduladas e inclinadas hacia el ESE por un movimiento de basculación que acompañó su levantamiento. Las Cumbres Calchaquíes conservan aún frescas las líneas de su amplia plataforma, ondulada por lomas suaves y cuencas chatas, a veces ocupadas por lagunas (Frenguelli, 1937). Este cordón montañoso contiene la divisoria de aguas entre los ríos Salado y Dulce; además separan la vertiente atlántica con la región sin desagüe al océano (Figura 4). Una característica relevante desde el punto de vista de la potencialidad para el desarrollo humano es su gran permeabilidad secundaria debida a fracturas y diaclasas que facilitan el drenaje de las aguas de las altas cumbres a través de una importante red de arroyos y ríos temporarios hacia el fondo del valle de Santa María (Tineo y Ruiz, 2005).

Dentro del ámbito de Cumbres Calchaquíes, el trabajo se focalizará en los piedemontes y sectores adyacentes de ambas vertientes del bloque montañoso, no así en el sector cumbral. De esta manera el sector occidental incluye la ladera, piedemonte, quebradas y fondo de valle hasta el río Santa María; el sector oriental queda conformado por el piedemonte y la cuenca de Tapia- Trancas hasta el río Salí y el piedemonte occidental de la Sierra de Medina.

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60 3.3.1. Vertiente Occidental y valle de Santa María

La aridez general constituye en la actualidad la característica más relevante para este sector. Es probable, no obstante, que el área no siempre haya sido el desierto que se percibe hoy en día, y que cierta variación ecosistémica deba ser admitida como consecuencia de alteraciones en el clima regional, permitiendo la expansión de comunidades bióticas desde áreas vecinas y ampliando o reduciendo la existencia de nichos específicos y sus especies características.

Los vientos que alcanzan el valle de Santa María han descargado previamente su humedad en el flanco oriental del sistema Cumbres Calchaquíes-Aconquija por el efecto sombra de lluvia o lluvias orográficas. Estas masas de aire, prácticamente secas, trasponen sin detenerse el flanco occidental de Cumbres Calchaquíes y van a chocar contra la falda oriental de la sierra de Quilmes donde nuevamente se detienen y condensan un pequeño residuo de humedad. De este modo, las laderas oriental y occidental del valle difieren en la cantidad de agua que reciben cada una; mientras que para la ladera oriental de la Sierra de Quilmes encontramos numerosos arroyos de agua permanente que bajan al valle aún durante la estación seca, sobre una extensa red de torrenteras que surcan la superficie de los conoides, en la ladera occidental, las vertientes de las Cumbres Calchaquíes, por un trecho de casi 120 Km, descienden apenas dos arroyos de aguas duraderas: el de Amaicha y el de Tío Punco (Frenguelli, 1937:42).

3.3.1.1. Clima

En términos generales, el clima del área se puede definir como desértico, frío, con temperaturas medias anuales de 19°, con lluvias en verano e inviernos secos -BWk´ de acuerdo a la clasificación de Köppen1- (Mendoza y González, 2011). Las precipitaciones son de alrededor de los 200 mm anuales (con un importante déficit hídrico); y ocurren principalmente durante los meses de enero y febrero, cayendo en forma torrencial y localizada -a veces en forma de granizo- ”(…) pudiendo llover en un faldeo, mientras que en el opuesto no cae una gota” (Cigliano, 1960:12).

Por su importancia en los procesos erosivos que afectan a las instalaciones arqueológicas y al relieve en general, un elemento importante a considerar es el viento. Los vientos, variables pero presentes durante todo el año (Figura 5) y principalmente en el invierno producen erosión, desecación y endurecimiento de suelos junto a un considerable aumento de la evapotranspiración. Los vientos soplan principalmente del norte, de Agosto a Noviembre- Diciembre; este viento es cálido, presentando características de Zonda. Durante estos meses la

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erosión eólica es particularmente intensa. Debido al relieve montañoso se producen también vientos térmicos locales; fríos y descendentes por la tarde y noche -de las montañas al valle- y cálidos y ascendentes al mediodía -del valle a las montañas- (Sesma y Guido 2014).

En función de la posición en el relieve, orientación de los vientos o cercanía a determinados rasgos topográficos como elevaciones, explanadas o bolsones, podemos distinguir ligeras variaciones locales del clima, aunque las diferencias no resultan significativas; por ejemplo, para precipitaciones el promedio más elevado se registra para el paraje de Tío Punco con 240 mm al año (una diferencia de 22 mm más respecto con Amaicha del Valle y de solo 9 mm más en comparación con El Bañado). En cuanto a las temperaturas, las medias (tanto de máximas como de mínimas) arrojan valores similares para los distintos parajes, registrándose las temperaturas más frías en Amaicha con 20,3°C en Diciembre y 8,5° C en Junio, -piedemonte distal- y las más cálidas (levemente) para El Bañado, en el fondo de valle con 21,1°C en Diciembre y 9,4°C para el mes de Junio.

Fig. 5. Acción del viento sobre el valle de Santa María en proximidad de la localidad de Tío Punco. Noviembre de 2009.

Se presentan los datos climáticos para la localidad de Amaicha, representativa de las condiciones generales para la vertiente occidental de Cumbres: la temperatura media anual es de 14.9 °C, con un promedio de 222 mm de precipitaciones. El mes más caluroso del año es

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diciembre con un promedio de 20.3 °C ; el mes más frío es Junio con 8.5 °C .El mes más seco corresponde a julio con 0 mm, mientras que el mes que registra mayor cantidad de precipitaciones al año es enero con 55 mm. La diferencia en la precipitación entre el mes más seco y el mes más lluvioso es de 55 mm. Las temperaturas medias varían durante el año en 11.8 °C. (Figura 6).

Fig. 6. Climograma y valores medios anuales de precipitación y temperatura (máximos y mínimos) por mes para la localidad de Amaicha del Valle. Tomado y modificado de

http://es.climatedata.org/location/145223/. 3.3.1.2. Geología, geomorfología y suelos

Geología

Encontramos presentes en el área rocas de distinta naturaleza y edad. El basamento está constituido por esquistos bandeados, gneises y migmatitas, con intrusión de rocas ígneas - intrusión de stocks y batolitos graníticos- (Ruiz Huidobro, 1972; Fernández, R. 2014).

Sobre el piedemonte, adosado por falla al basamento precámbrico, afloran sedimentos correspondientes al Grupo Santa María, constituidos por niveles limo-arcillosos, con arenas intercaladas, donde predominan los colores amarillos y verdosos de las formaciones San José, Las Arcas, Chiquimil, Andalhuala, Corral Quemado y Yasyamayo, de edad Mioceno-Plioceno (Galván Ruiz Huidobro, 1965; Bossi y Palma, 1982; Bossi, 1998: Bossi y Moyano 2014).

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Completan el cuadro, sedimentos cuaternarios en forma de depósitos aluviales, escalonados en cinco niveles pedemontanos principales.

Los materiales del Pleistoceno inferior y medio en Tucumán se caracterizan por la escasez de afloramientos y por la carencia de fósiles de Edad Mamífero Ensenadenses (Sayago et al., 1998); existe una similitud litológica considerable entre los materiales detríticos del Plioceno Tardío y el Pleistoceno Inferior lo que dificulta su identificación. También la neotectónica que afectó la génesis y distribución espacial de los depósitos hasta el Holoceno inclusive, es un factor relevante a tener en cuenta a la hora de analizar e interpretar el Pleistoceno (Sayago et al., 1998a; Collantes y Busnelli, 2014a). Los ciclos fluviales post terciarios determinaron la formación de niveles pedemontanos labrados sobre las rocas más antiguas (pedimentos) (Ruíz Huidobro, 1972). En el Valle de Santa María, Strecker (1987) estableció para el Pleistoceno cinco niveles de pedimentación (no caracterizados formacionalmente) constituidos por gravas fanglomerádicas. Son notables asimismo las bajadas originadas por la coalescencia de viejos abanicos aluviales.

El Pleistoceno Tardío en los valles intermontanos está representado por un complejo de loess y paleosuelos con esqueletos fósiles de grandes herbívoros de Edad Mamífero Lujanense (Sayago et al., 1998a). La formación Tafí del Valle presenta en su perfil holoestratotipo una sección de 18 m de espesor con capas de loess pardo amarillento interestratificadas por paleosuelos de color pardo a pardo rojizo (Collantes, 1993). Esta alternancia entre depósitos de loess y desarrollo pedológico ha sido interpretada como evidencia de importantes oscilaciones climáticas para la transición Pleistoceno Tardío- Holoceno (Zinck y Sayago, 1998; Zinck y Sayago, 2001; Collantes y Busnelli, 2014a). Los depósitos de loess señalarían condiciones de frío y aridez para el clima regional, mientras que el desarrollo edáfico podría ser atribuido a un incremento térmico y la presencia de mayor humedad. “El hecho de que parte de los restos semiarticulados [de Megatherium americanum] yacen sobre paleosuelos, sugiere un cambio climático llamativamente rápido hacia condiciones áridas. Estos períodos áridos podrían haber sido muy cortos (decenas de años), y contrastarían con períodos más largos y estables, con desarrollo de vegetación, suelos y fauna” (Sayago et al., 1998a:118).

Por su edad reciente, los depósitos holocénicos aparecen estrechamente relacionados con las formas del relieve superficial. En los valles intermontanos los sedimentos clásticos reflejan en su génesis la influencia de las condiciones climáticas locales. En los valles Calchaquíes los ciclos relativamente más húmedos están representados por sedimentos

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cenoglomerádicos en los abanicos aluviales en contacto con los cordones del Aconquija y Cumbres Calchaquíes, cambiando a fanglomerados y arenas y limos fluviales sobre otras geoformas en el centro del valle y al pie de la sierra de Quilmes. Los períodos áridos aparecen ligados a una morfogénesis desértica generadora de dunas, suelos salinos y horizontes petrocálcicos (Sayago et al., 1998a:122).

En los valles intermontanos el Holoceno temprano se caracterizó en general por condiciones de mayor humedad que generó importantes secuencias clásticas asociadas a abanicos aluviales o flujos detríticos producto de un incremento de la actividad glaciar- periglaciar en el área cumbral. En los valles la transición del Holoceno medio al superior coincidió con un nuevo ciclo de depositación loésica y un posterior desarrollo pedogenético (Sayago 1998; Sayago et al., 2003; Collantes y Busnelli, 2014a).

Geomorfología

En toda el área la evolución geomorfológica pone en evidencia tanto la influencia de la neotectónica como la derivada de los grandes cambios climáticos que caracterizaron al Cuaternario (Sayago et al., 1998b). El área presenta una combinación de formas fluviales, eólicas y aluviales, manifiestas a través de numerosos cauces secos de régimen estacional, campos de dunas, diferentes niveles de abanicos aluviales retrabajados, glacís cubiertos y afloramientos del Terciario con niveles ricos en fósiles de maderas y organismos marinos y terrestres (Gómez Augier, 2013). A grandes rasgos pueden reconocerse cuatro grandes unidades geomorfológicas que se escalonan a medida que descendemos en dirección este- oeste desde el sector cumbral al fondo del valle: I) Laderas (Alta y Baja), II) Piedemonte (Proximal y Distal) III) Terrazas Fluviales (Alta y Baja) y IV) Llanura de Inundación (Sayago et al., 2012) (Figura 7).

En respuesta a la aridez del clima, las laderas se presentan desnudas por influencia de la meteorización física y los movimientos en masa rápidos (desplomes, caídas, flujos de detritos). Las corrientes temporarias, controladas por la estructura, han labrado su curso adaptándose a los contrastes litológicos y tectónicos y muestran en el gran tamaño de los bloques que se acumulan en el fondo de los valles estructurales la gran energía de las corrientes que bajan de la sierra, las que se esparcen sobre el piedemonte formando abanicos aluviales y también otras formas vinculadas a procesos de remoción en masa como los conos de deyección (Sayago et al. 1998b:245). La presencia de potentes depósitos originados en flujos densos, principalmente en las pendientes media y altas, muestran la importancia de la

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actividad periglaciar durante el Pleistoceno y Holoceno asociada a la expansión glaciaria en las áreas cumbrales.

En la pendiente media y alta de Cumbres Calchaquíes, sobre sedimentos terciarios y mesozoicos, se desarrolla generalmente un relieve de cuesta; probablemente relacionado con un ciclo morfotectónico más antiguo. Una forma que puede aparecer en forma esporádica consiste en explanadas o plataformas estructurales, generalmente remanentes dislocados de la peneplanicie cumbral. Estas explanadas a veces pueden confundirse, debido a su suave inclinación y aspecto de criopedimentos, con relictos de glacís antiguos cuando aparecen cubiertas por depósitos detríticos (Sayago et al., 1998).

Sobre el piedemonte existe un importante desarrollo de formas denudacionales, principalmente glacís de erosión (de gran desarrollo y excelente conservación) que biselan el sustrato terciario; estos glacís se caracterizan por presentar en su superficie una cubierta detrítica. La misma varía en su carácter y espesor a medida que se desciende desde la ladera hacia el valle de Santa María. Así, los depósitos detríticos adosados al flanco de los cordones alcanzan espesores de hasta decenas de metros y presentan una estructura cenoglomerádica típica. Esta estructura se considera producto de flujos densos solifluidales generados bajo condiciones ambientales húmedas y relativamente frías. En cambio, hacia el fondo del valle, los depósitos decrecen en espesor y adquieren una estructura fanglomerádica que finalmente alcanza el río Santa María en forma de abanicos aluviales (Sayago, 1982).

El fondo del valle consiste en una ancha depresión de fondo chato que se hunde entre los cordones montañosos que lo flanquean por el este y el oeste por él que discurre el río Santa María, principal colector. Existe un predominio de su desarrollo longitudinal con respecto al transversal. Su ancho es variable, de entre 12-15 Km con un desarrollo norte-sur