Los buenos hábitos, son considerados “buenos” porque contribuyen al logro rápido de tus objetivos, objetivos que te acercan a tus intenciones. Pensa- miento positivo, levantarte temprano, enfoque mental, buena nutrición, va- caciones familiares de alta convivencia, lectura de temas relacionados con objetivos e intenciones, rebotar ideas con personas que te pueden aportar valor, ejercicio, mantras positivos, observar y analizar a quien le aportas va- lor… todos son hábitos que te permitirán avanzar en el logro de tus objetivos, pero tú tendrás que definirlos antes.
Para llegar a nuestros objetivos existen muchas estrategias, medios y herra- mientas. Los hábitos deberían de ser simplificadores para el logro de nuestros objetivos. Sin embargo, cuando nuestros hábitos van en contra de nuestros
objetivos, se vuelven enemigos poderosos. Si para lograr terminar un trabajo necesitamos levantarnos temprano, pero tenemos hábitos de dormir tarde o tomar alcohol y fumar antes de dormir seguramente no nos podremos levan- tar frescos de cuerpo y mente para terminarlo. Si nos proponemos correr un maratón pero continuamos con hábitos alimenticios de comer mucha carne, sal, grasas y tomar muchos azúcares sin duda el esfuerzo será triple o nunca lograremos correr 42 kilómetros.
En cambio, si desarrollamos, poco a poco, hábitos de lectura, de pensamiento positivo, de verdadera nutrición, de ejercicio diario, de relajación emocional, de colaboración con otros, de pensamiento creativo, de planeación de me- diano y largo plazo, de comunicación eficiente, de análisis proactivo, etcétera, seguramente serán hábitos, buenos hábitos, que contribuirán a que logremos nuestros objetivos.
Cada objetivo nuevo nos obliga a plantearnos la pregunta de “¿son nuestros hábitos aliados o enemigos para el logro de este objetivo?” Puedes encontrar algún hábito que no tengas que eliminar o modificar porque no interfiere con tu inconsciente, pero también otros que tengan más poder sobre tu incons- ciente que los deseos o necesidades de lograr el objetivo propuesto.
Para muchos los hábitos predominan por sobre los objetivos, se vinculan po- derosamente a éstos y creen que de ellos depende su estabilidad; son ca- paces de sacrificar sus triunfos por la comodidad de no romper con el mal hábito. La fuerza de voluntad también es necesaria para modificar hábitos; en ti está el continuar con tus malos hábitos y sabotearte el camino para conse- guir tus propios objetivos o el adoptar buenos hábitos que te simplifiquen el camino para obtenerlos.
Los exitosos tienen una capacidad adicional de plantearse objetivos de ma- neras más comprometedoras para sí mismos. Un entrevistado, sumamente exitoso, me platicó de sus “promesas a sí mismo”, como él llama a sus objetivos. Esta persona no establece los objetivos al aire o los hace sin compromiso ni convicción, sino que los establece como promesas de él para él mismo, lo cual produce una propulsión mucho mayor.
Muchos exitosos creen en la ley de atracción, en que visualizar clara y emocio- nalmente sus objetivos es parte crucial para lograrlos, porque una vez que los imaginas los puedes comenzar a atraer o, dicho de otro modo, los obtendrás a partir de tu esfuerzo para acercarte a ellos. Por ello esta ley, más que llamarse Ley de Atracción debería de llamarse Ley del Acercamiento, a mayor claridad en tus objetivos, basados en una intención muy clara, más fácil te será acer- carte a ellos; porque éstos no llegarán como por arte de magia, tú tendrás que ir hacia ellos con esfuerzo y determinación.
Sentirse elegidos
Es mi deber anotar aquí lo que descubrí en el estudio alrededor de los exito- sos, por ello también anotaré que algunos exitosos (as) se han sentido o se sienten “elegidos”. No sólo ellos se auto-perciben así, sino que la comunidad a su alrededor, en su consciente o en su inconsciente, alberga la idea de que los exitosos fueron elegidos o escogidos. Parecería que a los exitosos les fue asignada una misión importante, por un ente espiritual, divino o de cualquier forma que se le denomine.
No es nuestra intención entrar en el análisis de estas filosofías, lo que sí pode- mos afirmar es que los exitosos trasmiten o “poseen” un halo que los hace ser percibidos o auto-percibirse con una responsabilidad no sólo material, sino in-material, más allá de lo terrenal. Y, por ende parecería que tuvieran comu- nicación o influencias que no todos tienen, que son capaces de ver o entrar a donde no todos pueden y que reciben una especie de ayuda especial para cumplir con la misión, también especial, que les fue encomendada.
Conocemos y hemos escuchado muchas historias de conquistadores, mo- narcas, guerreros, iluminados y más recientemente empresarios, políticos o líderes sociales que se creen o son orillados a creerse (contagiados por la nada despreciable percepción externa) “elegidos”, que han recibido ciertas facultades que otros no; incluso que han sido sometidos a momentos duros para emerger o re-surgir de ahí. Sea o no sea el caso que una divinidad elija a alguien, no lo sabemos y no estamos aquí para validarlo o desmentirlo. Lo que sí sabemos es que prevalece un pensamiento arquetípico en la mente incons- ciente de la colectividad que nos orilla, al menos en ocasiones, a pensar en el valor supremo de algunas misiones de vida o de algunas personas.
Joseph Campbell, en su libro El Héroe de las Mil Caras, al hacer un análisis sobre los mitos, leyendas y fábulas mitológicas de muchas culturas, descubre que un patrón o común denominador de los héroes es que estos encuentran o de repente están ya inmersos en una aventura que parecería ser el “llamado” cuando “se convoca al héroe” a cumplir una misión que sólo él o ella podrían cumplir. El “llamado” y el “reclutamiento” que hace la divinidad, el creador, el espíritu o su dios a este futuro-héroe implican una relación directa del huma- no con el dios que pocos tienen e implica una selección o elección entre mu- chos otros. Así, como a Hércules, Aquiles, Belerofonte o Atlas la mitología los considera como héroes elegidos por los dioses, de la misma manera tal vez muchos en la historia moderna se consideran o son considerados “elegidos”, aún con los grandes cambios filosóficos y religiosos que imperan en la época moderna. Tan sólo veamos el trato que se les da a muchos personajes en la actualidad, como se les presenta en la tele, como se les plasma en las revistas, como las personas los idolatran, les ponen veladoras, los imitan.
El ser humano es un ente individual e irrepetible, no hay otro igual a nosotros, ni ha existido, ni existirá, es un hecho irrefutable. Reconocerlo per se nos da un confianza adicional que nos motiva e impulsa. Y así, al sentir que somos en- tes individuales con una misión muy clara que nuestro señor, creador, univer- so o Dios ha escogido para nosotros, o bien saber que la que hemos escogido gracias a nuestro libre albedrío le genera placer a esta Divinidad, la confian- za, el impulso y deseo de lograr los objetivos se vuelven aún más poderosos, pero tal vez desde la base de una intención “luminosa”, “sagrada”, “espiritual”.