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A partir de las dos últimas décadas, las representaciones de la pobreza en conjunto con las categorías para nombrarla han ido cambiando de manera significativa. A la par de estos cambios, las formas y estrategias para atenderla también han experimentado transformaciones, todas ellas acordes a los referentes de tiempo y espacio cultural. Con este escenario, el propósito de esta sección es revisar los avances respecto de los diferentes enfoques y adecuaciones que han sufrido las estrategias y políticas que en México se han establecido para atender a la pobreza.

Durante el otoño de los noventa, la forma de problematizar el desarrollo fue reorientada, derivado de ello, la mirada hacia la pobreza también sufrió cambios. Se desprenden dos formas, la carencia de ingresos monetarios, fuertemente relacionada con la capacidad de consumir y la segunda, en la cual alude a la falta de capacidades.

El protagonista de esta nueva discusión es Sen (1995; 2004). Cuando planteó que el análisis del nivel de vida de las personas se debería hacer con base a sus capacidades, las realizaciones y los servicios disponibles. La capacidad de una persona está en Max Neff (1994 correspondencia con la libertad que tiene para llevar un determinado estilo de vida y lograr funcionamientos valiosos. La libertad es un elemento fundamental del bienestar individual que intenta posicionarse como valor central de las propuestas de desarrollo.

La libertad de elegir como elemento constitutivo fundamental para el bienestar, se coloca justamente entre el conflicto de los intereses personales y los del grupo doméstico por una parte, y los intereses de la familia y los colectivos por otra. En la acción de la libertad de elegir se encuentra implícito el lugar desde donde se lleva a cabo la elección. Se trata de una acción, que como dice Kabeer (1998), parte de un análisis hecho desde lo doméstico y se articula en todo momento, con el ámbito económico en su forma más amplia y con base a ello se pueden resignifican las formas del ―ser‖.

Max Neff (1994), argumenta que implícito al proceso de la libre decisión se halla un conjunto absoluto de necesidades mínimas, que según el autor, son iguales en todas las culturas y periodos históricos. Cabe destacar que la forma de satisfacer esas necesidades sí están determinados culturalmente, es decir, el vestido en la región tropical va a ser diferente

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al vestido en una zona fría, finalmente la necesidad del vestido estaría cumpliéndose cuando se tenga el adecuado para la región de la que se hable.

El argumento central de Sen en torno a las capacidades, se circunscribe dentro del elemento constitutivo del nivel de vida. Dentro de este elemento se encuentra el contexto socioeconómico y cultural, como la familia y las distintas relaciones sociales en las que se da la elección de las personas (Sen, 1995). Es decir, Sen no considera la relación ingreso- consumo como el factor determinante de la pobreza y la desigualdad, sino que éstos fenómenos se dan por las capacidades y realizaciones de cada individuo.

El concepto de necesidad es sumamente útil para operacionalizar las capacidades y realizaciones de Sen, para lo cual, las personas deberán tener primero cubiertas sus necesidades (Boltvinik, 2003). En ese tono, Arendt (2005), argumenta que todas las personas, hombres y mujeres, deben tener satisfechas sus necesidades básicas; en tanto no lo logren, su significación como sujetos libres quedaría minimizada a objetos inanimados. Por lo tanto, para las usuarias del microcrédito, deseando que se apegaran a este conjunto de ideas, mencionadas desde 1949 por Beauvoir al suscribir la frase: “mediante el trabajo ha sido como la mujer ha podido franquear la distancia que la separa del hombre. Y en tanto la mujer realice un trabajo, será lo único que puede garantizarle una libertad completa‖ (Beauvoir, 1949:21-22; Thurén Britt-Marie, 1992)

El enfoque de las capacidades al centrarse en lo que las personas son capaces de ser y hacer, permite abordar las desigualdades de las mujeres desde un primer plano, el hogar, espacio donde existe una lucha de poder por el acceso a los recursos, lucha que se da básicamente por la diferencia de oportunidades, de trabajo, educativas y que se materializan frecuentemente en actos de violencia (Nussbaum, 2003).

Para Nussbaum, en el enfoque de las capacidades subyace la posibilidad de que las personas pueden ser libres de elegir, no obstante, en esta mirada, cada persona es tratada como un fin, y no como un simple apéndice o medio para los fines de otros. Y aunque en términos prácticos la libertad de elección tendería como objetivo el de que cada persona consiga atender sus prioridades, para lograrlo, necesita recibir el apoyo de otros (y a su vez, apoyar a quienes lo ayudaron). En este esquema mutualista, la prioridad central es la de vivir en condiciones de justicia social, con oportunidades para realizar un trabajo productivo, disponer de tiempo y poseer la escolaridad adecuada.

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Nussbaum al establecer un diálogo con Sen, le solicita que establezca las condiciones dentro de las cuales las personas deben desarrollarse y construir sus relaciones sociales. Sen se niega a ello porque enmarcar la libertad de elegir de las personas conllevaría a limitar justamente esa libertad. En este sentido, Nussbaum (2003), sin manifestar un acuerdo, manifiesta la importancia que tiene la libertad de elección de las personas. Al gozar de una libertad plena y antes optar por una opción dentro del abanico de posibilidades, las personas deberán disfrutar de diez condiciones clave:

Para obtener estas condiciones de vida, los requerimientos filosóficos para vivir una vida plena por capacidades son los siguientes:

1. Estar vivo. Ser capaz de vivir hasta el final de la vida, una vida normal, no morir prematuramente.

2. Tener salud. Ser capaz de tener una buena salud, lo que requiere una alimentación adecuada y una vivienda digna.

3. Libertad de moverse. Ser capaz de moverse libremente de un lugar a otro; de no ser una persona sujeta de asalto con violencia, incluyendo el sexual. Ser capaz de moverse sin recibir agresiones domésticas, de disfrutar de oportunidades de satisfacción y decidir cuándo reproducirse sexualmente.

4. Ser capaz de sentir, imaginar y pensar, en iguales condiciones que otras y otros. Para estos aspectos verdaderamente humanos, es necesario disfrutar de una educación adecuada, incluyendo la alfabetización, la formación básica matemática y científica, cultivados mediante una educación adecuada. Ser capaces de elegir libremente los aspectos religiosos. Ser capaz de utilizar la mente protegida por las garantías de la libre expresión, respetando los discursos políticos y artísticos. Ser capaz tener experiencias placenteras y de evitar el dolor sin beneficios.

5. Manifestar emociones. Ser capaz de tener apego a las cosas y personas ajenas a nosotros mismos, amar a los que aman y se preocupan por nosotros, para llorar en su ausencia; en general, amar, sufrir, experimentar deseo, gratitud y una ira justificada.

6. Poseer razón. Ser capaz de formar una concepción del bien y de la una reflexión crítica sobre la planificación de la propia vida.

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7. Tener afiliación donde se incluyen dos puntos:

A. Ser capaz de vivir con y hacia los demás, reconocer y mostrar preocupación por otros seres humanos, para participar en diversas formas de la vida social interacción, ser capaz de imaginar la situación de otro.

B. Tener las bases sociales del respeto de sí mismo y no ser humillado. Esto implica disposiciones de no sufrir discriminación por motivos de raza, orientación sexual, etnia, religión y origen nacional.

8. Otras especies. Ser capaz de vivir con la preocupación por y en relación con animales, plantas y el mundo de la naturaleza.

9. Reproducir. Ser capaz de reír, jugar y disfrutar de actividades recreativas. 10. El control sobre el propio entorno.