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LOS FUNDAMENTOS DE UNA CONSTRUCCIÓN IDENTITARIA

1- La cultura política liberal: Entre la corrección y la conciencia de su abandono ¿Qué lleva a contar una vida, la propia existencia? ¿Por qué hacerlo? ¿Quiénes han contado su propia vida a través de la escritura? ¿Cómo han articulado dichos itinerarios? ¿Qué han dejado detrás? ¿Qué han omitido? ¿Qué han presentado al público para pasar a la posteridad? Ciertamente muchos intelectuales han escrito sus autobiografías desde Nietzsche, pasando por Freud, siguiendo por Sartre y De Beauvoir. El caso de Victoria

Ocampo130 es una pieza a no perder de vista en lo que hace al lugar de las mujeres de las

elites en Argentina que dejaron su impronta autobiográfica ya que su obra, como hemos

señalado, es esencialmente una autobiografía. Su caso nos abre el camino para analizar

a la elite a la que pertenecía y los mecanismos que esta escritora utilizó para colocarse en el centro de esta y asimismo de la escena cultural e intelectual de nuestro país. Asimismo nos deja la puerta abierta para el análisis de la cultura política liberal. Como señala Marcelo Topuzian al retomar a Paul de Man, el estudio crítico de la autobiografía puede constituirse como tal sino renuncia a las contradicciones de que surge su interés, es entonces potenciando esas contradicciones que puede allanarse el camino para renovar los estudios al respecto (Topuzian 2003:273-274) Sería por esto simple observar en esta forma de escritura sólo el enmascaramiento de un profundo narcisismo, sin embargo notorio en Victoria Ocampo. Es preciso analizar el contexto en el cual fueron lanzadas esas palabras al papel y el sentido que Victoria quiso darles a las mismas, para

entrar de lleno en el análisis de las representaciones y significaciones emanadas de esta.

Por cierto sería oportuno señalar que sus palabras iban dirigidas a un público minoritario, una elite patricia, a la que ella pertenecía. Ese decir, Victoria buscaba realzar las características de la elite a la cual pertenecía, consideradas por ésta como positivas, sobresalientes y ejemplares, manifestando la omisión sobre los sectores

populares o realzando en estos aspectos negativos. Fundamentalmente se trataría de una

negación de la condición de sujeto a esos grupos sociales subalternos que sólo aparecen como complemento, decoración o receptáculo de lo negativo.

Victoria se presentaba a sí misma como el opuesto a esos seres sin matices, sin brillos.

Asimismo, intentaba posicionarse como mujer de la elite y como intelectual ydesde allí

130

etiquetaba y establecía estereotipos sobre los modelos a seguir. De manera que creemos que su escritura marca sin dudas las perspectivas e identidades que las elites pusieron sobre los otros y otras, los que no aparecen en sus palabras, ya que parecen según su óptica no merecer siquiera la enunciación y en el caso de hacerlo sólo es a través de características negativas y peyorativas. En este sentido hay una clara demarcación frente a los “otros”, como queda asentado en toda su obra y de manera más exacerbada

(más libre) en la correspondencia que esta mantenía con su círculo íntimo.131 Con

respecto a la autobiografía Molloy sostuvo la presencia de la autocensura, silencios sobre lo que no puede contarse (Molloy 1996:17) Es por esto que sostenemos que existe en Victoria conciencia de la incorrección política desde su pertenencia a la cultura política liberal argentina, por ello busca guardar las formas en público lanzando las descripciones más descarnadas en el ámbito privado. Como podemos notarlo en un ejemplo, sencillo pero representativo:

“Bajamos en Port au Prince (Haití) y me ha encantado lo poco que de esa isla he visto.

Los negros, vendiendo pulseritas de plata se abalanzaron sobre los viajeros”132.

El tono diferenciado, el desprecio desmedido en las cartas privadas que no aparecen en los textos públicos, evidencian que Victoria Ocampo quería construir una mejor imagen de sí misma, que no ofendiera, por ejemplo a sectores progresistas y, por ende, sabía que esos desprecios ya no eran bien vistos por el conjunto de las elites o al menos, tenían el decoro de no decirlo públicamente. En este fragmento que escribe a sus familiares mientras viaja, Victoria deja en claro su señalamiento peyorativo hacia la República negra de Haití y sus habitantes que vendían artículos considerados sin valor y tenían, según su óptica, actitudes relacionadas a la “barbarie”, ya que los “negros” se “abalanzaban” para vender sus mercancías a los viajeros.

La cultura política liberal ya no admitía ciertas “barbaridades” dichas públicamente, por eso Victoria cuidaba bien de mantener en un estricto marco de intimidad sus expresiones con tácticas de represión (lo que no puede decirse) y de autovalidación (lo

que se ubica como aceptable133):

131

Con círculo íntimo nos referimos concretamente a sus hermanas Angélica y Pancha, su cuñado Adolfo Bioy Casares y José Bianco.

132

Carta de Victoria Ocampo a sus hermanas, 1946. Carta de Victoria Ocampo N°3, En Cartas de Posguerra, Bs. As, Editorial Sur, 2009, p 32.

133

Esta noche voy a visitar a Richard Wright, el negro que escribió la novela ésa, la del chauffeur que lo acusan de rape. Lo invité a comer, pero los negros hacen muchas dificultades para aceptar invitaciones…Están escaldados, y con razón. Ils ne sont pas des gens fáciles (cuando pertenecen a cierta categoría intelectual). Espero darle la

impresión a Wright de que para mí no es un mono.134

La apariencia y la simulación (el disfraz) son centrales frente a la mirada de los otros, espera que no se note su incorrección frente a Wright que para ella es un negro pero con categoría intelectual. Claramente la noción de intelectual presente en Victoria queda atada a lo social y a la clase, ella sostiene “cierta categoría intelectual”. La descripción descarnada en el fuero íntimo comparando a Wright con un mono aparece disimulada o mejor pensada en sus calificativos presentes en otros casos, como por ejemplo el de sus sirvientes, en su escritura pública:

“Yo quería mucho a todos los sirvientes: Micaela, Catalina, Carmelo, François, Juan

Montero, etc.”135.

Aquí describe desde sus recuerdos de niña a los sirvientes relacionados con sus tías abuelas y relata que había otros más como por ejemplo Mary que era irlandesa y mucama de su madrina:

La conocí siempre jubilada y viviendo en casa de las tías abuelas, con toda clase de privilegios. Le llevaban la comida a su cuarto porque sufría de reumatismo. Mary era misteriosa. Hablaba mal el español, a pesar de que entró a la casa a los diecisiete años y allí se quedó para el resto de la vida.

A todo le agregaba: but. ´But ya le dije que su Madrina la llamaba’. ´¿But por qué desobedece?´ ´But when yo le digo que…´ Madrina hablaba siempre de la ´pobre Mary´136. Yo no le veía nada de pobre y mucho de prepotente137.

La prepotencia en las representaciones de Victoria siempre tiene cara de mujer, Mary no obedece y no aprende el español a pesar de vivir toda la vida como un objeto en casa de sus tías abuelas. El desprecio es central, es irlandesa, mujer y no tocada por el barniz pedagógico de su familia. Como si fuera poco en nota al pie señala para seguir denigrándola- ya que antes había dicho que era un privilegio que le llevaran la comida a su habitación- la existencia de un hijo, información en extremo íntima, y que había llegado a ser comisario, coartando las posibilidades, considera como lo máximo que a que podría aspirar un pobre. Describir cuestiones privadas de la vida de los pobres era

134 Carta de Victoria Ocampo a sus hermanas Angélica y Pancha. New York, 21 de abril de 1946. Carta N°9, en Cartas de Posguerra, Bs, As, Editorial Sur, 2009, p 57.

135

Victoria Ocampo, Autobiografía I, El Archipiélago, Buenos Aires, Ediciones Revista Sur, 1979, p 108. 136

“Supe mucho después que Mary tenía un hijo natural que la visitaba como sobrino, y llegó a ser comisario”. (Nota al pie de Victoria Ocampo)

137

Victoria Ocampo, Autobiografía I, El Archipiélago, Buenos Aires, Ediciones Revista Sur, 1979, p 109-110.

una estrategia más para denigrar asociando a estos a lo bajo, lo vulgar, lo poco fino. Mientras hunde a algunos, realza a su clase y a su propio yo, porque necesita a los otros

para legitimarse138. Sin embargo esos calificativos son menores si se los compara con

sus expresiones en el ámbito privado:

Ang. te quejas de la gente de nuestros pagos. Aquí es tan igual o peor. “Who do you think you are” es lo que dicen o piensan todo el tiempo at the least provocation. Pero al lado de eso hay gente buenísima y comedida y paternal. En todas las clases. Por ejemplo: tengo 2 sirvientas, la de la mañana, la de la noche. La de la mañana es una vieja buenísima. Le guardo el azúcar de mis desayunos. Es americana. La de la tarde es odiosa e irlandesa. Le doy propina porque si no me comería cruda. Pero por mí, si de mí dependiera, cambiaría de cuarto para no verla.139

A lo largo de su escritura el mundo de los sectores populares es a las claras excluido en los pasajes de su vida, sólo hay pocas menciones que quedan circunscriptas al ámbito doméstico y tienen que ver con la servidumbre. En las cartas no hay disimulo ni disfraz sino toda la crudeza que se explaya en el ámbito privado. Aunque cambie de escenario el desprecio a los pobres sigue intacto. Les exige sumisión, marcando a las claras un trato paternalista. La sirvienta obediente es “buenísima”, le guarda el azúcar, un gesto de desprecio, merece por su obediencia las migajas, no más que esto. Es americana, lo cual es un rasgo positivo. La segunda sirvienta es una irlandesa sinónimo de atraso, de barbarie, es odiosa. La mención a cambiar de cuarto para no verla es central, y describe a la perfección el desagrado, y la amenaza que los pobres significan para la elite. No quiere verlos, los odia, potencian sus inseguridades pero los necesita para reafirmar su superioridad. Amenazada su identidad, anula con las peores calificaciones a quienes siente que coartan su rol social. No hay en Victoria orden posible de ser subvertido. Hay terror al desborde de lo social y también en su hermana esto está presente, ya que queda claro era motivo de conversaciones. La elite desprecia a quienes considera una amenaza para mantener su lugar inquebrantable.

En el ámbito público, su mención a los sectores populares es también a través de la caracterización de rasgos negativos como la inactividad:

138

Caso contrario cuando busca realzar su yo a partir de la magnificencia de sus contactos y vínculos personales. Omitir por ejemplo el incidente de Tagore que es un claro ejemplo en el cual Victoria suprime de su escritura que la delegación peruana no envía a nadie a buscar al poeta y sólo describe el escenario de la gripe que lo obliga a quedarse en Buenos Aires. Episodio relatado por Keyserling.

139

Carta de Victoria Ocampo a sus hermanas Angélica y Pancha. New York, 21 de abril de 1946. Carta N°9, en Cartas de Posguerra, Bs, As, Editorial Sur, 2009, p 59.

Otro irlandés, Gathny, iba todos los veranos a Villa Ocampo con su hijo de mi misma edad. Era butler. Alto y serio. Al comienzo de la temporada desaparecía dos días. Madrina decía: ‘Hay que dejarlo al pobre. Es su debilidad, pero después se porta muy bien’. Los sirvientes no hablaban de debilidad sino de tranca. ´Duerme la mona´, comentaban. Yo le preguntaba a Franky, el chico: ‘¿Y tu papá?´. ´Está durmiendo’140.

Aquí se nota la distinción social: la tranca para los pobres, la debilidad para su Madrina. Sin embargo el interés central sigue siendo la obediencia y la sumisión de los pobres.

Como sostuvo Peter Gay:

La mente humana tiene hambre de realidad; excepción hecha del ello, en gran medida encerrado, depositario de los impulsos puros y del material profundamente reprimido, las otras instituciones de la mente, el yo y el superyó, prestan continua y libre atención a la cultura en la cual subsisten, se desarrollan, tienen éxito y fracasan. Pese a que la mente presenta el mundo con sus necesidades, el mundo da a la mente su gramática, a los deseos su vocabulario, a la angustia su objeto. (Gay 1992:21)

Encontramos en Victoria la búsqueda de crear un personaje en el discurso y atribuirle las características que entiende definitorias para alguien de su clase. Es, por lo tanto, un accionar político de la elite que se siente amenazada. Pero también hay una vocación individual, personal, que pretende adelantarse a lo que otros pudieran escribir sobre ella luego de su muerte. Por ello, el guión de lo que debe recordarse, escrito por la propia Victoria, es también uno de los artilugios que esta inseguridad enmascara en los usos del lenguaje y lo que el lenguaje imprime sobre Victoria. La intencionalidad de ubicarse como centro esconde sus propias inseguridades, los deseos de aceptación por los actores considerados como selectos, distinguidos, y sobre todo evidencian la necesidad de

aceptación por parte de los varones.141 Sin duda, su pretendida omnipresencia busca

estirarse en el tiempo más allá de su vida terrena (Arendt 2013). Remarcar su superioridad y la de su clase frente a los considerados como “otros”. Esto es algo muy notorio en su escritura y puede rastrearse en toda su obra. Cuando era niña y jugaba con

los hijos de la servidumbre, comparaba las cabecitas motudas142 de algunos de estos

niños frente al hijo del sirviente inglés, rubio de piel blanca y ojos celeste. Más allá de la clasificación que realiza Victoria, lo interesante es que ya en sus primeros juegos, los niños negros, Juancito y Alfredo (hijos de Juan Allende, servidor de su bisabuelo) eran

140

Victoria Ocampo, Autobiografía I, El Archipiélago, Buenos Aires, Ediciones Revista Sur, 1979, p. 110.

141

Blas Matamoro (1986) sostuvo que Victoria buscaba la aprobación de los hombres. Sylvia Molloy(1996) marca también la inseguridad de Victoria en el mundo de las letras predominantemente masculino.

142

sus súbditos obedientes, mientras que Franky (el hijo del sirviente Gathny)143 solamente la aceptó una vez en pie de igualdad:

Franky era el hijo de Gathny, el sirviente inglés (¿o irlandés?) de Madrina. Rubio, de piel muy blanca, cubierto de pecas, tenía ojos celestes y preciosos. El trío jugaba con nosotras a la mancha, al ´rescate´, a ´los vigilantes y los ladrones´, al croquet. Juancito y Alfredo me gustaban y eran mis súbditos obedientes, pero yo admiraba a Franky y me desvivía por serle agradable. Jugaba a los juegos que él prefería, le guardaba parte de la torta que me daban (prueba indiscutible de amor). Pero Franky no se dejaba enternecer fácilmente y no daba señales de agradecimiento ante tan escandalosos privilegios. Una sólo vez me sentí aceptada por él en pie de igualdad144.

Sería importante analizar hasta qué punto estas percepciones de su infancia fueron arrastrándose a lo largo de su vida en su manera de interpretar el mundo. Los “negritos” según Victoria acataban su superioridad mientras que Franky le era indiferente. No es casual que plantee en su infancia que la indiferencia y frialdad de Franky, que le causaba dolor y le afectaba la autoestima. A pesar de ser un sirviente, era un inglés rubio.

“me destrozaban el corazón y me roían el amor propio (…) Todo en el me parecía

envidiable”145

La debilidad frente a lo europeo y la “vergüenza” por lo americano, puede verse en su comunicación con Waldo Frank que, a la vez, fue incluida como tema de debate en las páginas de Sur. Victoria señalaba:

…Ya en París, vi. qué el proyecto de revista me había precedido. Advertí el fantástico y absurdo aspecto que adquirió al pasar por las ajenas ese propósito inarticulado por mi boca. Entonces comprendí que tan grosera caricatura no cedería ante mis explicaciones o rectificaciones, sino ante la revista misma.

Digo caricatura grosera al recordar que se me preguntó, con la mayor seriedad del mundo, si mi revista se proponía volverle la espalda a Europa. ¡Sencillamente porque declaré que su fin principal consistiría en estudiar los problemas que nos conciernen, de un modo vital, a los americanos! ¡Volver la espalda a Europa! ¿Siente el ridículo infinito de esa frase?

143

Quien luego dirá Victoria que era irlandés, en este pasaje dice ingles ¿o irlandés? Es curioso que con motivo de plantear sus preferencias o gustos trate de disfrazar al padre de Franky como inglés. Esto puede verse en Victoria Ocampo, Autobiografía I, El Archipiélago, Ediciones Revista Sur, Buenos Aires, 1979, p 110 y p 139. En la página 110 Gathny aparece como irlandés. En la página 139, lo pone como un interrogante.

144

Victoria Ocampo, Autobiografía I, El Archipiélago, Ediciones Revista Sur, Buenos Aires, 1979, p 139-140.

145

Victoria Ocampo, Autobiografía I, El Archipiélago, Ediciones Revista Sur, Buenos Aires, 1979, p. 140- 141.

Claro está que nos vemos irremisiblemente obligados, en el sentido físico como en el intelectual, a dar la espalda a alguna cosa si queremos volver la cara hacia otra. Pero eso no implica forzosamente que nos demos vuelta en sentido figurado”. 146

Claramente, la lectura que Victoria pretendía realizar de lo americano era con ojos europeos. En buena medida, se trataba de un lamento sobre aquellas cosas en las que América se diferenciaba de Europa. Ya lo sostenía en el primer número de Sur en 1931, en un contexto de redefiniciones identitarias de las elites en nuestro país, signado dicho por el gobierno militar de Uriburu de corte netamente fascista, la preocupación de Victoria es Europa, no la derecha en el poder:

…Yo pensaba que si América es joven, el mundo no lo es y que nuestro continente se parece a esos niños cuya infancia se marchita de vivir siempre entre adultos. América no cree ya en los cuentos de hadas, pero lleva en sí la eterna necesidad que los hizo nacer. Como necesita creer en ellos acabará por inventarlos de nuevo. Y ése será su milagro.147

La identidad desafiada, puesta en duda en tanto americana puede vislumbrarse a partir de la escritura testimonial en ese mismo año, 1931:

Si no hubiese sido americana, en fin, no experimentaría tampoco, probablemente, esta sed de explicar, de explicarnos y de explicarme. En Europa, cuando una cosa se produce, diríase que está explicada de antemano. Cada acontecimiento nos hace la impresión de llevar, desde su nacimiento, un brazalete de identidad. Entra en un casillero. Aquí, por el contrario, cada cosa, cada acontecimiento, es sospechoso y sospechable de ser aquello de que no tiene traza. Necesitamos mirarlo de arriba abajo para tratar de identificarlo, y a veces, cuando intentamos aplicarle las explicaciones que casos análogos recibiría en Europa, comprobamos que no sirven.148

Ser americana, ser mujer, es considerado por Victoria como una mancha en su propia identidad, es su necesidad de justificarse frente a los otros. Un brazalete de identidad dice Victoria, un casillero, una clasificación ya hecha, podríamos decir en lo Europeo. Como señaló Kadir la justificación aparece y toma su mayor impronta

146

Victoria Ocampo, “Carta a Waldo Frank”, Revista Sur N°1, Verano de 1931, pp. 10-11. 147

Ibíd p. 12. 148

Victoria Ocampo, “Palabras francesas”, en Testimonios Primera Parte/1920-1934, Buenos Aires, Ediciones Fundación Sur, 1981, p 31.

“cuando los justos se sienten agraviados.” (Kadir 1995: 25) Volviendo a Gay (1992) vemos en Victoria la angustia por su propia definición: es mujer, es americana. Realmente considera un estorbo, una imposibilidad en estos atributos, se siente inferior por género y “raza”, lo cual no es menor ya que a esto le sumamos su miedo a lo popular. Dicho de otra forma, Victoria reúne los tres pilares de la elite a la que pertenecía: la exclusión del género, el racismo y el tono marcadamente anti plebeyo. La

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