• No se han encontrado resultados

UNA RECONSTRUCCION POSIBLE

“La ambición, piafante, estaba allí cuando yo tenía nueve años, cuando tenía diecisiete…en todas mis edades”. (Victoria Ocampo, Autobiografía IV, Viraje, Buenos Aires, Ediciones Revista Sur, 1982, p 10)

Transgresora, feminista, idealista, luchadora, demócrata, liberal, genio, figura, son algunas de las maneras a partir de las cuales ha quedado impresa en los imaginarios sociales la figura de Victoria Ocampo. Como apuntó Bronislaw Baczko:

Estas representaciones de la realidad social (y no simples reflejos de ésta), inventadas y elaboradas con materiales tomados del caudal simbólico, tienen una realidad específica que reside en su misma existencia, en su impacto variable sobre las mentalidades y los comportamientos colectivos, en las múltiples funciones que ejercen en la vida social. De este modo, todo poder se rodea de representaciones, símbolos, emblemas, etc., que lo legitiman, lo engrandecen, y que necesita para garantizar su protección. (Baczko 1991: 8)

Victoria Ocampo nació en 1890. Fue miembro de una de las familias más ricas de la elite porteña. Desde pequeña fue educada por institutrices, tomando al francés como primera lengua. Con una estricta formación que vedaba el lugar de las mujeres, dejando solo para ellas los espacios referidos a roles domésticos, Victoria comienza desde niña a observar cuáles eran sus limitaciones en tanto mujer. Sin embargo, tendrá en claro que gozará de otras oportunidades, las dadas por su clase.

Siendo la primera de las hijas de Manuel Ocampo y Ramona Aguirre, Victoria recurrirá al derecho de primogenitura para afirmarse primero en su infancia por encima de sus hermanas. Tendrá con Silvina, la menor de las Ocampo, una competencia crucial, dado el éxito de esta última en el mundo de las letras. Considerará a Clara, la hermana muerta, fuera de las competencias por la supremacía. Cuando adulta, tomará buena parte de su patrimonio y lo invertirá en la revista Sur y la editorial del mismo nombre, los dos proyectos materializados por Victoria para salvar en tanto mujer el buen nombre de su familia. La revista y la editorial trabajaran sobre todo lo nuevo que se produzca en el ámbito de las letras con una heterogeneidad interna que reforzará la cordialidad en la República de las Letras. Los guiños serán hacía las figuras centrales de ámbitos distinguidos de Occidente. La revista se enmarcará como una respuesta a la crisis del treinta (Gregorich 1983) y postulará la idea de los intelectuales como ajenos a la política recuperando las obras de Ortega y Gasset (1983) y Julien Benda (1980). Desde sus filas Sur repetirá hasta el hartazgo que se trata de una revista literaria apolítica (Vázquez

1991). Las evidencias nos muestran que desde sus orígenes fue una revista política19 marcada por los acontecimientos locales e internacionales. En particular harán eco en sus páginas la Guerra Civil Española en la cual Sur apoyará al bando republicano y la Segunda Guerra Mundial donde se inclinará por el bando aliado (Pasternac 2002). El peronismo será motivo de crítica en clave ya que se lo asociará al fascismo (Sigal 2002). Luego del golpe de estado de 1955 exteriorizará de manera descarnada su crítica a

peronismo20.Sur fue la articulación de un grupo cultural (Gramuglio 1983) que se

extendió hasta los años setenta publicándose periódicamente, posteriormente lo hará a

partir de algunos números especiales.21

El potencial del poderío económico y relacional de Victoria Ocampo le abrirá las puertas de varios espacios en América y Europa y ganará de esta forma un marcado reconocimiento mundial que utilizará para posicionarse en el campo cultural y civilizatorio de la Argentina. Su agencia - sobre la cual focalizaremos nuestra atención- no estará exenta de contradicciones. Con una activa participación en la Unión Argentina

de Mujeres en los años treinta, dejará esta militancia por oponerse al comunismo.

Formará parte de la lucha antifascista pero visitará a la Italia de Mussolini para dar conferencias sobre la cultura. Promotora de la alta cultura y enemiga del peronismo, negará sus logros en materia social y cultural y utilizará su carácter de presa política durante el mismo, comparándose con los intelectuales perseguidos por el fascismo. Odiará lo que considerará la intromisión del Estado en asuntos propios de su clase. Amante declarada del pensamiento de Gandhi, apoyará el golpe de Estado de 1955 y la violencia perpetuada por el antiperonismo. Considerándose parte del feminismo no reconocerá más que a las mujeres célebres de la historia, dejando a las sin voz fuera de la categoría de sujetos. Acérrima defensora de la democracia, señalará los riesgos de la politización y mantendrá silencio frente a los gobiernos militares, siendo recuperada por la última dictadura militar como modelo de mujer luego de su muerte en 1979. Desde aquí, no sostenemos la ilusión de un sujeto integralmente coherente, pero tampoco podemos desconocer las ventajas de un discurso que se adapta a los patrones de lo admitido y a las premisas fundamentales de un liberalismo fuertemente conservador.

19

Los abordajes de Gramuglio (1983) y Pasternac (2002) han profundizado sobre esa hipótesis. 20

Revista Sur N°237, Noviembre-diciembre de 1955. 21

Se suspende como revista bimestral en 1970. Véase Victoria Ocampo, “Sur: ese desconocido” en Testimonios, novena serie 1971-1974, Bs. As, Editorial Sur, 1979, p 211.

Amada y odiada, hasta el presente, Victoria sigue siendo considerada una referente de la cultura argentina y Sur una de las revistas culturales más importantes de América Latina. Buena parte de nuestros imaginarios están teñidos por sus contradicciones. La tensión manifiesta en sus posicionamientos con claros cambios y permanencias-más continuidades que transformaciones- ilustran de cuerpo entero a la elite a la cual pertenecía y a una cultura política a la cual representaba y por la cual se representaba a sí misma.

1-De lo notorio a lo más imperceptible

Cuando se trata de incluir a las mujeres en la historia, es importante volver a las reflexiones de Joan Scott para redefinir y ampliar los rudimentos tradicionales del significado histórico y así poder abarcar la experiencia personal y subjetiva y a su vez las actividades políticas y públicas de estas. (Scott 2008:3). Desafiando la dicotomía occidental, solo se aprehende a una persona cuando se alcanzan sus dimensiones materiales y subjetivas. Ese será nuestro propósito al recuperar el análisis de Victoria Ocampo, abordarla desde los más visible y notorio, hasta lo más imperceptible, en interrelación. Es decir, indagar sobre estas especies de cuencos que se rebalsan y conectan mutuamente. De aquí se desprenden varios ejes de análisis entre ellos: el rol de su escritura autobiográfica y testimonial por una parte y por otro lado -y no de menor importancia- rescatar a partir de esta su rol como “ego” y su trabajo como difusora cultural a través de la revista Sur.

Mucho se ha escrito sobre el papel y la impronta de las biografías. A grandes rasgos podemos decir que estas pueden considerarse como método, como género y como recurso (Bruno 2012:114) Una cuestión central que se desprende de la anterior es: “qué y en qué medida se puede conocer por medio del abordaje de una vida” (Bruno 2012:114). El propósito de este trabajo es recuperar a través de la biografía como documento histórico: “el análisis de otros problemas que deben atraer la atención del historiador” (Romero 1988:116). Lo interesante al analizar una biografía es, a partir de esta, aproximarnos a la dinámica cultural de una época, a las diferentes formas de vivir esa cultura.

Nuestra intención es arrojar algunas líneas de análisis que permitan bucear sobre la vida y la obra de Victoria Ocampo fuera de los abordajes con tintes heroicos y providenciales. Por esto, en este trabajo se analiza a dicha escritora a partir de los ejes

centrales abordados por Elías (1991 y 1999) de manera de realizar un estudio de ésta como individuo, inmersa en una red de relaciones sociales. Como sostuvo Colomer Pellicer “las biografías son como un centro de redes relacionales (…)” (Colomer Pellicer 1995:171). En este trabajo veremos cómo, en el caso de Victoria Ocampo, dichas relaciones fueron articuladas a partir de nexos de parentesco y amistad y actuaron como un tejido que se ensanchó a nivel nacional e internacional. Dichas redes construyen un orden posible. En este caso vemos como la autobiografía se convierte, tal como lo sostuvo como acierto Kadir en una suerte de auto-preservación, de auto-afirmación y de coartada (Kadir 1995: 15) Asimismo no perderemos de vista siguiendo a Molloy que: “La autobiografía es siempre una re-presentación.”(Molloy 1996:15)

Dentro de los interrogantes que buscaremos analizar se destacan: ¿cómo jugó aquí la cuestión del “ego”? ¿Qué atributos le permitieron crear la inmensa tela de arañas en torno a la Revista Sur y la Editorial del mismo nombre? ¿Fue rupturista o continuadora de las nociones oligárquicas que la ligaban a su linaje? ¿No hay una imagen de lo público y lo privado con lugares y funciones preestablecidas que condicionan las lecturas sobre Victoria? La imagen de mujer transgresora que tuvo que atravesar por caminos sinuosos, ¿es una construcción posterior de quienes se encargaron de estudiarla? ¿O más bien es una construcción de Victoria que al escribir y al poner escenas ciertas actitudes, como conducir automóviles, separarse, tener una relación fuera de la legalidad, etc. crea el personaje?

2-La configuración en el linaje

Sylvia Molloy en su clásico trabajo sobre la escritura autobiográfica en Hispanoamérica mencionaba que la autobiografía no depende necesariamente de los sucesos sino de su articulación.(Molloy 1996:16) El caso de Victoria Ocampo es bien interesante. Luego de posicionar a su “yo” en una clara autoreferencialidad prosigue con sus padres. A la

hora de hablar de sus antepasados, Victoria comienza por la línea paterna: “Los

Ocampo”, une a estos a la línea materna: “Los Aguirre” y por resultado da origen a “Mezcla”. Con descripciones de las más variadas, si hay un objetivo en Victoria es dejar en claro que ella no es hija de la inmigración masiva, sus orígenes se remontan a la

época de la conquista española, deja en claro que al igual que los Ibarguren22familiares

22

Carlos Ibarguren fue uno de los exponentes de la(s) derecha(s) en nuestro país. Es recuperado aquí porque permite desde una perspectiva de género y de historia intelectual la comparación con Victoria

políticos, su familia descendía de los primeros conquistadores23. Su nacimiento es retratado con una magnificencia un tanto exagerada:

(…) nací frente al convento de las Catalinas, que habían ocupado los ingleses en el momento de las invasiones, desde el 5 hasta el 7 de julio de 1807. Esta iglesia se encuentra en la esquina de San Martín y Viamonte, frente a la casa donde vivían mis padres y frente a la que ocuparían las oficinas de SUR.24

Su nacimiento es enlazado a los antecedentes de la patria, donde asimismo fija a su familia y a Sur, su mayor proyecto cultural. Su vida y la vida de la patria son una, los acontecimientos relevantes de ambas se van entrelazando en el relato construido de una forma intencionada por Victoria. El lugar dado a sus antepasados patricios es muy notable, su familia es el pilar por excelencia sobre el cual articular su escritura, su historia y su “ego”. En sus varias menciones a esta señala:

“Así como el Río de la Plata, visto desde una azotea de la calle Viamonte o desde las barrancas de San Isidro fue el horizonte de toda mi vida, mi familia fue el background

en que brotó y se desarrolló.”25

Victoria fue la mayor de las seis hijas mujeres del matrimonio Ocampo-Aguirre y el rol de primogénita es tomado por esta como un atributo para sustentar su rol como “ego”, ella misma aclara en relación a su padre:

Yo fui la mayor de sus seis hijas. En aquellos días de abril, habrá mirado por la ventana de nuestra casa las palomas que se pasean sobre las cornisas de las Catalinas, como a menudo iba a mirarlas yo. Esas campanas, destinadas a ser la música de fondo de muchas crisis interiores y exteriores, sonarían una tarde de abril, como todas las tardes, cuando a las cuatro y media, más o menos, empecé a llorar.26

La recuperación de la figura de su padre y la necesidad de seguir con el legado del clan es claro en Victoria, quien parece advertir hasta las palomas que su padre habría mirado por la ventana, que también serían las palomas que ella miraría con la misma mirada que su padre. La mirada de Victoria es a las claras la mirada de su padre. Es interesante pensar ¿en qué medida esa mirada se extendió a lo largo de su vida? Es en Victoria sumamente importante la figura del mandato familiar, sobre todo el rol rector de su Ocampo. En ambos casos puede observarse una exclusión de la mujer y asimismo una clara demarcación entre las familias presentes desde la conquista y los venidos con la inmigración masiva. Al respecto puede consultarse sobre la exclusión de género en Ibarguren y otros intelectuales de derecha: Echeverría (2000,2002, 2005 y 2007). Sobre la comparación entre Ibarguren y Ocampo véase: Echeverría, O y González, M.S (2015 y 2016).

23

Victoria Ocampo, Autobiografía I, El Archipiélago, Buenos Aires, Ediciones Revista Sur, 1979, p 31. 24 Ibíd., p 48. 25 Ibíd., p 51. 26 Ibíd., p 55.

padre que se extenderá a lo largo de su vida. En este sentido podemos decir que su propósito como mujer de la alta cultura fue sin dudas preservar ese lugar para los Ocampo- Aguirre como una de las familias hacedoras de la patria. Aunque los padres de Victoria rechazaran que esta se dedicara a la literatura y a la cultura, Victoria tomó el

rol de mecenas27 luego de la muerte de estos. De manera que desafía dentro de los

límites luego de la desaparición física de los padres pero con un ideal de dominio que sin embargo se corresponde con su clase. Los padres de Victoria buscaron un hijo varón hasta que cuando nació Silvina, la última de las Ocampo, desistieron. Es interesante reflexionar sobre la idea de dominio en Victoria retomando a Blas Matamoro cuando

señaló sobre la presencia del fantasma del primogénito varón. Según este autor Victoria

nació en el lugar en que la expectativa de los padres era que este fuera ocupado por un varón. Y es precisamente ese fantasma el que se extiende durante toda la espera que culmina con la última de las Ocampo, Silvina- quien lleva el segundo nombre de su padre (Matamoro 1986:13-14) -y sobre toda la vida de Victoria. En palabras de Matamoro:

“Su carácter de mujer irregulariza la expectativa de los padres, que insisten en busca del hijo que prolongue, durante una generación, el nombre del padre. Y así nacen cinco niñas más: Angélica, Francisca, Rosa, Clara, Silvina” (Matamoro 1986:13).

Victoria narra la ausencia del hijo varón y el peso de ese fantasma sobre ella. Por esto es que sostenemos la hipótesis que sobre dicho fantasma se extenderá toda su vida y toda su obra en materia cultural:

A partir de mi nacimiento, se esperaba siempre un varón, para matizar. Pero cuando no se presentaba (como que nunca se presentó), todo el mundo se regocijaba del acrecentamiento de la familia y a nadie se le ocurría que tantas mujeres eran una calamidad. Supongo que cuando nació Silvina abandonaron la esperanza de que las cosas variaran y la bautizaron con el segundo nombre de mi padre, por no gustarles el primero para una mujer. ¿Qué hubiera podido agregar a la batahola de las chicas de la calle Viamonte un varón? No lo sé.28

Pero si lo sabía, dada la presencia clara de esa pregunta, de lo contrario no lo señalaría. No para matizar como lo menciona, sino para tomar la figura del heredero varón. Una

27

Existieron otras mujeres de la elite porteña en organizaciones culturales: Adelia Acevedo, Tota Atucha, las hermanas Del Carril, Bebé Sansinena, Magdalena Bengolea, entre otras. Véase Matamoro (1986), p 19. De las anteriores Delia Del Carril fue amiga de Victoria, una de las pocas personas que sabía y compartía momentos en la relación de Victoria con su amante Julián Martínez. Delia Del Carril fue esposa de Pablo Neruda quien estaba sin embargo enemistado con Victoria por ser comunista. Sobre este tema volveremos más adelante.

28

Victoria Ocampo, Autobiografía II, El imperio insular, Buenos Aires, Ediciones Revista Sur, 1980, p 11.

línea de mujeres para el contexto de comienzo del siglo XX en nuestro país era realmente visto por la alta sociedad como una tragedia y Victoria lo trae al discurso cuando señala la idea de calamidad. Aunque trata de minimizar el asunto, a las claras el peso del heredero varón ausente es central. De allí que Victoria tome sobre si, por ser la primogénita la tarea de perpetuar el nombre de los Ocampo. Asimismo es importante mencionar que Victoria veía enser mujer un impedimento. A todos se les ocurría que cinco mujeres eran una barrera para perpetuar a la familia socialmente, ¿sino porque señalarlo? ¿Sino porque poner el segundo nombre del padre en la última de las Ocampo? Tal es el peso que veía en ser mujer que al recibir el premio Vaccaro en 1966

señala: “Lo poco que he hecho lo he hecho, insisto, a pesar de ser mujer”.29 Lo mismo

ocurre cuando recibe el premio Alberdi-Sarmiento en 1967, cuando describe lo limitada que fue su educación por ser mujer vuelve a aparecer la imagen paterna:

“En cuanto a mi padre, le oí decir una vez refiriéndose a su hija mayor: ’¡Qué lástima! De ser varón hubiera seguido una carrera´. Esto mismo se podía aplicar a mis otras

hermanas.”30

Es interesante pensar en cómo el fantasma del hijo varón que no fue (y de un destino que podría haber sido diferente) acompañó la visión y la manera de moverse de Victoria quien entendía el poder desde parámetros masculinos. Victoria hace carne al varón ausente en las Ocampo y a su vez justifica sus limitaciones en ser mujer. Ser mujer es una limitante y una justificación para Victoria. Asimismo vemos como la misma tiene apariciones estelares -relacionadas con las entregas de premios antes mencionadas- en contextos históricos como este en el marco del gobierno de-facto de Onganía donde el liberal-conservadurismo buscaba realizar cambios instituciones de relevancia que dentro de ese marco ideológico retomaban y defendían los idearios liberales y republicanos abordados en la Constitución Nacional de 1853 por la generación del ochenta (Morresi 2011:13)

Como hemos dicho, la historia que narra Victoria en su Autobiografía comienza cuando sus descendientes llegan a América y es así que vemos también una impronta colonizadora y civilizatoria en las líneas de Victoria que también se extendieron en el tiempo con sus proyectos culturales para nuestro país y América, tales como la revista

29

Victoria Ocampo, Testimonios, Séptima Serie (1962-1967), Buenos Aires, Editorial Sur, 1967, p 239. 30

Sur y la Editorial del mismo nombre. “La justificación del origen del poder y también de su ejercicio continuado es lo que se representa con el concepto de legitimidad y legitimación, respectivamente.” (López Hernández 2009:155). La asociación familia- Nación/Patria es aquí un aglutinante clave. Como sostiene Gomel (1996) al hablar desde una perspectiva psicoanalítica del espejo familiar, este se entiende como el “campo de las identificaciones tensado a partir de los supuestos identificatorios familiares, condensación de anhelos actuales y pretéritos”(Gomel 1996:17). En vida, Victoria había publicado diez tomos titulados “Testimonios” donde relataba las experiencias más importantes de las que había sido protagonista. Luego de su muerte, se publicó su

Autobiografía31que consiste en seis tomos donde comienza describiendo la historia de

su familia, los Ocampo-Aguirre, dialogando con la información que le brindaba Carlos

Ibarguren, hijo32. Por vía paterna es que Victoria encabeza su escritura hablando de sus

Documento similar