Para una crÍTica de la conTaBilidad nacional
141los moDelos De crecimiento económico cuAntitAtiVo
Mayor es el gasto adicional de consumo, tanto mayor es el multiplicador. En viceversa, tanto mayor es la propensión marginal al ahorro, y por tanto la “dispersión” debida a nuevo ahorro en cada ciclo de gasto, menor será en definitiva el multiplicador (Samuelson, Nordhaus, 1987: 150).
El incremento de las inversiones provoca, directamente, un incremento igual de la demanda global, la cual determina un incremento a la par de la renta. Este último dispara un mecanismo de retroalimentación (feedback). De hecho, provoca un incremento de los consumos y, por tanto, de demanda y de renta, el cual, a su vez, actúa nuevamente sobre los consumos, y así de vuelta. El proceso converge en un valor finito porque los sucesivos incrementos de la demanda son cada vez inferiores y tienden a cero (Cozzi, Zamagni, 1995: 335).
La importancia del multiplicador para la economía de vocación neoclásica es enorme. Posibilita, en primer lugar, ese optimismo de fondo que impulsa las soluciones de política económica. Con su sim- plicidad y aplicabilidad, y sobre todo con su adherencia a fenómenos que aparentemente –pero solo en una visión superficial– podrían desencadenarse, el multiplicador enciende la atención del estudiante de macroeconomía cuando llega a estudiar las teorías poskeynesianas.
1.4. Relación capital-producto
1. Una empresa, para poder producir, necesita combinar los dos factores productivos: K (capital, en- tendiendo por ello las instalaciones) y L (trabajo).
La relación capital-producto indica cuántas unidades de capital es necesario invertir para lograr, anualmente, un cierto número de unidades de producto nacional, precisando así, en efecto, el grado de utilización de los recursos productivos disponibles, cuyo mejoramiento debería obtenerse sin cons- treñir al colectivo a un ahorro excesivo. Efectivamente, la relación capital-producto será más baja en la medida en que los recursos productivos estén en régimen de pleno uso, y en esto puede ser funda- mental, según los keynesianos y poskeynesianos, el papel intervencionista del Estado, al estimular las inversiones y el progreso tecnológico, asegurando la utilización plena del capital y el trabajo.
Al utilizar las relaciones funcionales ligadas a la relación capital-trabajo, se pueden identificar los siguientes indicadores:
1.4.1. Productividad del trabajo
1. Por productividad del trabajo se entiende la renta producida por cada empleado en un determinado intervalo de tiempo. La productividad puede ser calculada tanto para el factor trabajo como para el capital, e incluso, si bien con mayor dificultad, para ambos factores simultáneamente. Se puede calcu- lar la productividad media del trabajo mediante la división de la renta producida entre el número de empleados o el número de horas trabajadas (dos maneras diferentes, entonces, de calcular el factor L).
Podemos además calcular la productividad marginal del trabajo, que indica el incremento reditual por unidad adicional de trabajo.
De igual manera, se puede calcular la productividad del capital (producto o renta lograda por una unidad de K) sustituyendo en L el factor K.
2. La productividad de L y de K puede ser clasificada de distintos modos: genérica, específica y global. Para el sistema económico en su conjunto se recurre a la relación entre PIBt (o el PINt) y el número
total de empleados o de las horas trabajadas. Esa productividad es conocida como producto por unidad
142trAtADo De métoDos De Análisis De los sistemAs económicos
a) Productividad genérica: Por productividad genérica de L o K se entiende la relación entre la pro- ducción total alcanzada en un determinado tiempo y la cantidad de L o K empleada en el proceso productivo.
b) Productividad específica: Indica la relación entre una parte del producto elaborado en un determi- nado tiempo por L o K y la cantidad total de L o K empleada en la producción.
c) Productividad global: Combina la productividad de ambos factores (tanto L como K) utilizados en un proceso productivo para obtener la producción x. Una premisa para ese cálculo es, obvia- mente, que los dos términos sean sumables (homogéneos), por lo que es necesario reducirlos a una unidad de valor.
1.5. Relación deuda pública-PIB
1. Casi cotidianamente oímos hablar por televisión o leemos en los periódicos, artículos que aluden a la relación entre deuda pública y PIB. Sobre todo desde que, incorporados a la Unión Europea y suscritos los acuerdos de Maastricht y Ámsterdam, esa relación se convirtió en uno de los índices fundamentales de la “salud” de la economía nacional, al que es preciso tener bajo control para respetar los parámetros básicos fijados por las políticas comunitarias en materia económica8. Tratándose de un dato de stock,
se puede calcular la deuda pública de un año t1 con solo sumar a la deuda pública del lapso precedente
t0 las necesidades del sector público en el mismo año t1.
La deuda pública equivale en la práctica al total de los préstamos acumulados por el Estado, esto es, incluyendo el total de obligaciones que ha emitido y, por tanto, al conjunto de los pasivos del Estado; el déficit es un flujo y no un dato de stock del nuevo débito en que incurre el Estado en un año cuando gasta más de lo que obtiene en ingresos.
Los criterios de Maastricht establecen que, para entrar en la Unión Monetaria Europea (UEM), un país debe tener baja inflación y una sana política fiscal. En otras palabras, las tasas de interés nominales deben ser bajas (lo que significa que los mercados confirman expectativas de baja inflación) y, al menos por los dos últimos años, estar exentos de devaluación.
El déficit de balanza no debe sobrepasar el 3% del PIB, y la relación deuda-PIB no debería superar el 60%. Muchos economistas han puesto en duda la validez de los criterios de Maastricht y, sobre todo, su rigidez.
1.6. El principio de aceleración
1. Según el principio de aceleración9, y partiendo de la hipótesis de que el stock de capital sea utilizado
plenamente10, a un aumento de producción debe corresponder un aumento del stock de capital, tal
que la relación fija entre capital invertido y producción permanezca inalterada.
En la base del principio de aceleración está, pues, la convicción de que, al menos en el corto plazo, existe y puede mantenerse esa relación fija entre stock de inversión y producción, a la que hemos apenas aludido.
La variación de la renta determina, entonces, el coeficiente de aceleración. Es importante hacer notar que, mientras la teoría de la “dependencia de la inversión respecto al nivel de la renta” sostiene que “existe un flujo de inversión neta incluso si el flujo de la renta se mantiene constante”, según el principio de aceleración “la inversión (neta) es nula si la renta no varía” (Gandolfo, 1975: 36).
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