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Por una reconsTrucción crÍTica de la Fase acTual del caPiTalismo en Proceso de mundialización

25orÍgenes Históricos De lAs cAtegorÍAs económicAs

La segunda actitud es aquella que podría considerarse dogmática e incluye a quienes, fieles al legado marxista, pretenden, sin embargo, hallar respuestas clásicas a todas las preguntas, más allá de la realidad y de la práctica.

Consideramos que tales posiciones no favorecen hoy ni al marxismo ni al socialismo. Es muy importante erradicar de la teoría revolucionaria la incapacidad de comprender los cambios sin revisio- nismo ni dogmatismo. La crítica marxista de la economía política y aplicada debe abarcar también la economía política marxista, es decir, la estudiada y concebida hasta ahora por los marxistas.

Actualizada, la teoría de Marx, de hecho, produce no solo una nueva filosofía y una nueva eco- nomía política y aplicada, basada en las posiciones de clase del proletariado, sino también su crítica y su constante afinamiento; las contradicciones son el motor propulsor de todo progreso, incluido el progreso de la inteligencia. Para Lukács, el dejarse instruir constantemente por la realidad, el asimilar lo nuevo, es una condición esencial, de absoluta prioridad, en la praxis de la teoría marxista, que en todo caso mantiene, como dice Bujarin, el siguiente objetivo estratégico: “En la sociedad socialista, la economía política perderá toda razón de ser: quedará solo una ‘geografía económica’ –ciencia de carácter monográfico– y una ‘política económica’, ciencia normativa”19.

Las ciencias sociales han desarrollado en los últimos años un amplio y complejo sistema de categorías, muy esnob, que frecuentemente es impuesto desde los grandes centros de poder inte- lectual de la burguesía y acríticamente asumido, también con frecuencia, por la llamada izquierda alternativa y radical. Los nuevos hechos deben ser explicados con nuevos modelos de análisis. Pero los viejos conceptos son defendibles mientras sigan siendo válidos para interpretar la realidad. De hecho, no se trata de condenar la ciencia a la repetición de aquellos viejos conceptos, pero sí de estar alertas contra el esnobismo cultural y de precisar la medida en que lo viejo y lo nuevo se presentan en cada caso concreto, como momentos de la realidad que se somete a análisis. To- mar seriamente en consideración esta actitud, enriquecería notablemente nuestra relación con las obras de los clásicos y nos pondría en guardia contra el exceso de teorización. Detrás de la excusa de “lo nuevo que avanza”, muchas veces se ocultan nuestra ignorancia y pereza analítica.

La tercera actitud frente al marxismo es innovadora; o sea, considera el análisis marxista como algo vivo, capaz de adecuarse a las nuevas circunstancias superando todo dogmatismo y haciendo valer lo mil veces repetido y pocas veces comprendido: que el marxismo no es un dogma sino una guía para la acción. La teoría marxista del MPC refiere precisamente a las formas de movimiento del modo de producción y a sus tendencias intrínsecas en cada época. Está, además, formulada en un nivel de abstracción en el que no comparecen ni pueden comparecer, singularmente, los capitalismos históricos reales (esos que ya A. Labriola llamaba las configuraciones del modo de producción). Es necesario introducir teorías y modelos de menor nivel de abstracción para llevar cuenta de los datos de partida, de las tradiciones y condiciones de la capacidad productiva, de la habilidad y competencias técnicas, de las instituciones y de la cultura en general. Es dentro de ese medium que vienen actuan- do y modificándose las “leyes generales” del MPC (cfr. Marx, El Capital, tomo I, cap. XIII), y es a través de ese proceso cognoscitivo que se desarrolla, y eventualmente se modifica, incluso la teoría más general (como sucede en toda ciencia). Esta última es la única posición correcta, siempre que quede claro en qué dirección se intenta renovar y no se pretenda fundir el marxismo con supuestas corrientes actuales20.

26trAtADo De métoDos De Análisis De los sistemAs económicos

6. En la discusión científica se hace necesario que los economistas de izquierda trabajen también sus modelos matemáticos y estadísticos y demás instrumentos, que, en todo caso, deben estar fuertemente caracterizados por la renovación de la crítica de la economía política y aplicada y centrarse en el análisis de clase, en la vigencia del análisis económico de Marx, en la cientificidad del materialismo histórico y del materialismo dialéctico. Asimismo, se debe partir del análisis de la fase actual de la globalización neoliberal, que, particularmente en los países de capitalismo maduro, modifica las mis- mas modalidades de producción y las relaciones sociales, siempre y de cualquier modo centradas en la extorsión de plusvalía; vale decir, en el mismo modo de producción capitalista, en la explotación capitalista.

En la fase actual se asiste a una globalización de los mercados o, mejor dicho, a una cada vez más feroz competencia global21, causa y efecto del aumento de la competitividad y productividad del

sistema económico en su conjunto y, en particular, de los operadores económicos individualmente. El mejoramiento de los transportes y de la comunicación electrónica, así como el desmantelamien- to progresivo de las barreras arancelarias, incluidos los renovados acuerdos políticos y económicos internacionales, tienen aparentemente el carácter de una liberalización aumentada, pero en los he- chos muestran una fuerte connotación proteccionista y competitiva, y han llevado a las empresas a confrontarse más directamente y a comportarse como si operasen en un mercado sin fronteras territoriales.

El mercado, convertido en cada vez más dinámico y competitivo, parece hoy presentar una clara tendencia a convertirse en mercado único; pero se trata, en cambio, de un mercado que tiene una di- mensión de feroz competencia mundial, en el cual se van definiendo las áreas de influencia de al menos tres polos imperialistas: Estados Unidos, la Unión Europea y Japón (o, mejor, variable imperialista del área asiática). Estas dinámicas se aceleran particularmente en el marco de la crisis de valorización iniciada en los años setenta, que todavía continúa.

7. Junto con la internacionalización del proceso productivo se registran profundos cambios en los modelos conductistas subjetivos y sociales, que se hallan en la base de la manifestación de la demanda de bienes y servicios producidos. En los países que hasta no hace mucho eran definidos como indus- trializados, y que hoy se prefiere definir como área del capitalismo avanzado, el consumidor se ha convertido en un sujeto mucho más complejo con respecto al pasado, desde el momento en que la densa red de información de que dispone lo lleva a asumir conductas cada vez más flexibles y multi- dimensionales22. Esto deriva de un contexto general en el cual la información electrónica nómada y la

conexa comunicación desviada y desviante han asumido un rol estratégico y dominante, tanto en el terreno de la producción y la acumulación como en el del consumo y, sobre todo, en el plano social, como hipótesis de un totalitarismo cultural orientado a vaciar de contenido la democracia y destruir el papel de la política.

Los paradigmas del progreso y la cohesión social son abandonados discretamente para ser sustituidos, respectivamente, por la comunicación y el mercado. La impresión general es que el mundo se ha desplomado en el caos. Cabalgamos estas grandes transformaciones, pero ignoramos a dónde nos están llevando. ¿Cuál será el escenario político, económico, social, cultural, ecológico del planeta cuando este tremendo terremoto del siglo llegue a su fin? Actualmente, nadie parece en capacidad de describirlo (Ramonet, 1999: 113).

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