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CAPÍTULO 2. EL APRENDIZAJE DEL ENTORNO CONSTRUIDO: COGNICIÓN, EMOCIÓN Y

1. LA PERCEPCIÓN DEL ENTORNO CONSTRUIDO

1.6 Los sentidos en la percepción del ambiente

Cuando hablamos de percepción solemos pensar invariablemente en el sentido de la vista, quizás debido a una tradición que podríamos calificar de occidental-moderna (situando su origen en el Renacimiento) que ha priorizado la visión considerándola superior al resto de los sentidos. Este hecho ha influido de manera evidente en la forma en la cual se han diseñado los ambientes urbanos. Sin embargo la percepción del ambiente implica a la totalidad de los sentidos, podemos decir que su naturaleza es una naturaleza multisensorial. La percepción del ambiente implica al cuerpo en su conjunto y esto supone responder a lo visual pero también a los sonidos, los olores, las texturas, las temperaturas, etc. Es decir, la sensorialidad se convierte en un factor clave para el sentido del lugar, sobre todo en la infancia. La conexión entre sensorialidad y emoción en la percepción de los lugares la ha descrito Kevin Lynch de la siguiente manera: “Hay un extremado placer en percibir el mundo: el juego de luces, el tacto y el olor del viento, los sonidos, los colores, las formas. Un buen

lugar es accesible a todos los sentidos, hace que sean visibles las corrientes del aire, capta las percepciones de sus habitantes. El disfrute directo de una percepción vívida se amplia todavía más porque los lugares sensitivos e identificables son adecuados para la asociación de recuerdos, sentimientos y valores personales.” (Lynch, 1985:100-101)

Siguiendo a Rapoport (1978:176-184) revisaremos algunos conceptos relativos a esta cuestión. Este autor distingue entre percepción autocéntrica (centrada en el sujeto) y percepción alocéntrica (centrada en el objeto). Aunque no hay que considerar esta distinción en términos absolutos los sentidos autocéntricos estarían relacionados con lo que la gente percibe entre la sensación y el nivel de placer, y nos referimos al gusto, el olfato, el tacto, la temperatura y el sentido propioceptivo. Los sentidos alocéntricos serían la vista y en menor sentido el oído, se centran en la objetivación, la comprensión, la direccionalidad y la atención.

Los sentidos autocéntricos son más físicos y primarios, con un fuerte vínculo con el placer y el confort y los alocéntricos son más intelectuales. Los primeros son más difíciles de compartir y de comunicar, quizás por eso hayan sido menos estudiados. Veamos algunas de las características de los sentidos considerados desde la percepción del medio ambiente:

• Visión. Sentido predominante en los seres humanos, ha sido el más estudiado en diseño y en psicología. Proporciona mucha más información que el resto de los sentidos. La visión no es pictórica, sino activa y exploratoria incluyendo visión periférica y consciencia de detrás y encima. La orientación en nuestra cultura es gran medida visual. La percepción visual del medio ambiente se apoya en el espacio, la distancia, la textura, la luz, el color, la forma, el contraste, etc. (Gibson, 1952, citado por Rapoport, 1978)

• Olfato. Es un sentido inmediato, emotivo y primitivo. Al ser ambiguo no resulta muy exacto. Puede ser muy importante en el recuerdo de lugares y así enriquecer el sentido del lugar. El olor recibe un significado social. Comparado con otras culturas, los países anglosajones son pobres con respecto a este sentido. En muchas ciudades el olor tiene un protagonismo muy importante: la comida, los puertos, etc. El diseño puede ayudar a realzar el olfato.

• Sonido. Es el sentido más analizado junto con la vista. Es la fuente de la información verbal y de la comunicación humana. El espacio acústico no sitúa, es esférico y sin límites. Enfatiza más el espacio que los objetos. Es transitorio y tiende a huir del contexto. Es más pasivo que la visión. Es muy importante en otras culturas. Para los esquimales es más importante que la visión (Carpenter, 1973, citado por Rapoport, 1978). Las ciudades modernas enmascaran los sonidos ambientales detrás del ruido omnipresente del tráfico.

• Tacto. La experiencia principal del tacto en el entorno proviene del suelo, a través de los pies. Se puede distinguir entre duro y blando, suave y rugoso, entre diversos materiales (hierba, tierra, piedra, grava, etc.), si bien en las ciudades modernas el uso ubicuo del asfalto ha ido eliminando estas experiencias.

• Cinestesia. Este sentido actúa a través de la estructura propioceptiva que sintetiza las sensaciones de desplazamiento y cambio de posición, relacionada con los cambios bruscos de forma (Gibson, 1968, citado por Rapoport, 1978), la velocidad, el cambio de dirección, movimiento activo o pasivo, sensaciones de desplazamiento, etc. Normalmente actúa a escalas pequeñas. También se pueden encontrar grandes diferencias culturales.

La evidencia del papel que juegan los diferentes sentidos en la percepción ambiental es difícil de determinar pero se ha probado la existencia de diferencias culturales y de variaciones con la edad. Por ejemplo, en Estados Unidos, los niños y las niñas dan importancia a los olores y a los sonidos (Maurer y Baxter, 1972 citados por Rapoport, 1978). Pero podemos generalizar diciendo que en nuestra cultura a medida que crecemos vamos reemplazando los sentidos autocéntricos por los alocéntricos.

Uno de los puntos más difíciles de dilucidar es cómo interaccionan los diferentes sentidos en la percepción ambiental. Partiendo de que el medio ambiente proporciona variedad de estímulos sensoriales con diferente predisposición a ser captados y diferente potencial informativo, no está clara la manera específica a través de la cual los sentidos interaccionan con el contexto, cuándo se refuerzan o cuándo operan “sinergicamente”.

Para el geógrafo Yi Fu Tuan (1979) las experiencias y órganos sensoriales que capacitan al ser humano para tener un fuerte sentimiento espacial son la cinestesia, la visión y el tacto. El gusto, el olfato, la sensitividad de la piel o el oído, no pueden hacernos individualmente conscientes del espacio externo, sin embargo, en combinación con las facultades “espacializadoras”, estos sentidos pueden enriquecer nuestra aprehensión del mundo en su carácter espacial y geométrico. El gusto puede definir un sabor como cortante o plano, el olor es capaz de sugerir masa y volumen (olores pesados, olores delicados, suaves) y la presión de los objetos sobre la piel puede transmitir información sobre su forma y tamaño. También el sonido puede transmitir información sobre el espacio, por ejemplo el ruido de unas pisadas en el interior de una catedral o por la manera en que las personas aprendemos a modificar el sonido de nuestra voz en función de la distancia. También podemos decir que la música puede evocar sensaciones espaciales, etc. Para las personas ciegas el sonido y el tacto se convierten en los sentidos que informan sobre el espacio.

Después del nacimiento del Movimiento Moderno en arquitectura surgieron nuevas maneras de sistematizar los sentidos desde el punto de vista psicológico (Bloomer y Moore, 1982). Una de las aportaciones más importantes ha sido la de J.J. Gibson que contribuyó a clarificar la naturaleza del sentido del tacto al tiempo que propuso un nuevo sentido. Nos apoyaremos en Blomer y Moore (1982:45-47) para resumir la aportación de Gibson al papel de los sentidos en relación con la percepción del ambiente construido.

Gibson consideró los sentidos como sistemas activos que solicitan constantemente información del ambiente exterior. Elaboró un inventario más reducido de los mismos utilizando como variable los tipos de información que maneja el cuerpo en su contacto con el ambiente físico. Si Aristóteles nombra a los sentidos como vista, oído, olfato, gusto y tacto, Gibson pasa a denominarlos sistema visual, sistema auditivo, sistema gusto-olfativo, sistema de orientación y sistema háptico. Nos detendremos en los sistemas que intervienen de manera más directa en la comprensión del espacio: el sistema de orientación y el sistema háptico.

El concepto de orientación hace referencia al sentido de posición en relación con lo que está arriba y lo que está abajo y, a causa de la gravedad nos proporciona también la conciencia del plano del suelo. Una de las consecuencias de la orientación posicional es nuestra tendencia a hacer que los estímulos que llegan a la vista, el oído, el tacto y el olfato lo hagan simétricamente (Blomer y Moore, 1982:46).

El sentido háptico “no es otra cosa que el sentido del tacto reconsiderado de manera que incluya el cuerpo entero” (Blomer y Moore, 1982:46). Sentir hápticamente es tener la experiencia de los objetos tocándolos y no simplemente mirándolos. Como sistema perceptivo incluye todos los aspectos de la percepción sensible que tienen que ver con el contacto físico, dentro o fuera del cuerpo. Ningún otro sentido está tan relacionado con el universo tridimensional. Es el único sentido que tiene que ver simultáneamente con el sentimiento y con la acción. Es posible extender la percepción háptica utilizando ciertos instrumentos como por ejemplo, un bastón.

En lo que respecta al proceso de captación de la información a través de los sentidos, Gibson (1966, citado por Bailly, 1978:89) distingue cinco etapas:

1. Disociación entre los elementos del medio (selección con relación al conjunto del medio) y determinados objetos.

2. Reagrupamiento de los datos suministrados por los distintos sentidos (covariaciones de las entradas).

3. Transformación de los datos de la percepción (organización, memorización, asociación e identificación).

4. Detección del valor o de la significación de los elementos obtenidos (percepción de los rasgos característicos, clasificación de los objetos y comprensión de su funcionamiento). 5. Desarrollo de una atención selectiva (percepción económica).

Para Blomer y Moore (1982) Gibson proporciona un modelo perceptivo muy valioso a partir del cual se pueden comprender mejor los procesos que intervienen en la experiencia arquitectónica. Buscar la riqueza perceptiva, entendida como variedad de estimulación sensorial, debe ser un objetivo de arquitectos y urbanistas.