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Lucas 24, 47: “ y que se predicase en su nombre la penitencia para la remisión de los pecados a todas las naciones, comenzando por

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Jerusalén”.

Hechos 4, 12: “En nombre de Jesucristo (…) En ningún otro hay salvación, pues ningún otro nombre nos ha sido dado bajo el cielo, entre los hombres, por el cual podamos ser salvos”.

SALVACIÓN PARA LOS “INVENCIBLEMENTE IGNORANTES” REDUCIDA A SU PRINCIPIO ABSURDO

La teoría de la “ignorancia invencible” también se puede refutar por la reducción a su principio absurdo, que es el siguiente: si ser ignorante del Salvador podría hacer merecedor de la salvación, entonces los católicos en realidad le están haciendo a los no cristianos un mal servicio al predicarles a Jesucristo. San Pablo, San Vicente Ferrer, San Francisco Javier, el P. Pierre de

Smet, los mártires norteamericanos y los otros incontables misioneros heroicos en la historia de la Iglesia, quienes sufrieron penurias increíbles al predicar el Evangelio a los paganos ignorantes, simplemente estaban haciendo a estas personas más culpables y más pecaminosas delante de Dios, según la moderna herejía de la salvación por la “ignorancia invencible”. Si los misioneros se hubiesen quedado solamente en casa, de acuerdo con la herejía de la ignorancia invencible, entonces los paganos sinceros se podrían haber salvado de no haber oído hablar de Cristo por causas ajenas a la suya. Pero al hacer el esfuerzo de predicarles a Cristo, como lo hicieron los misioneros, estaban – según la herejía de la ignorancia invencible – haciendo que estas personas

no tuvieren excusa alguna si faltaran vivir según las obligaciones del Evangelio o lo rechazaban por completo. Por lo tan to, la predicación del Evangelio a los no cristianos, según la teoría herética de la “ignorancia invencible”, pone a los paganos en una situación en la que es más probable que se condenen. Por tanto, la herejía moderna de la salvación por la “ignorancia invencible” en realidad hace contraproducente para la salvación de las almas la predicación a los paganos. Pero, tal idea es absurda, por supuesto, y demuestra el carácter ilógico y falso de la herejía de la ignorancia invencible.

Pero, de hecho, la herejía se ha puesto tan mal hoy en la época de la Gran Apostasía en que vivimos (véase sección 34) que la mayoría de los “católicos” hoy fácilmente profesan que los paganos, los judíos, los budistas, etc. que conocen del Evangelio y lo rechazan también se pueden salvarse por la “ignorancia invencible”. Pero esto sólo es el resultado necesario de la herejía de la ignorancia invencible; porque si los paganos, que nunca han oído de Cristo pudieran salvarse por la “buena fe”, entonces los paganos que rechazan a Cristo también podrían estar de buena fe, porque ¿cuánto deben oír para perder su “ignorancia invencible”? Una vez que nos apartamos del principio – es decir, una vez que alguien rechaza la verdad divinamente revelada – de que todos los que mueren como paganos están definitivamente perdidos sin excepción (Papa Eugenio IV, de fide), se rechaza las clara línea de demarcación, y se impone necesariamente una zona gris, un área gris según la cual,posiblemente, no se puede saber o establecer los límites de quién está posiblemente de buena fe y quién no.

Hace poco estuve hablando con un erudito que se consideraba un “católico tradicional”. Esta persona defiende la herejía de la ignorancia invencible. Estábamos discutiendo de su creencia de que los judíos y los otros no católicos pueden salvarse. En la discusión, él admitió que sostenía que los judíos que odian a Cristo posiblemente se pueden salvar. Antes de admitir eso, sin embargo, dijo: “depende de cuánto él [el judío] haya oído hablar de Cristo. Si sólo hubiera visto un crucifijo...”. Su punto era que si el judío solamente hubiera visto un crucifijo, pero no hubiera oído de Jesucristo de una manera sustancial, el judío posiblemente podría salvarse en la buena fe; mientras que si se le hubiera predicado enteramente al judío sobre nuestro Señor Jesucristo, él probablemente no estaría en buena fe. (Como he dicho, el erudito eventualmente admitió que incluso en este último caso – el judío que totalmente rechaza y/o odia a Cristo – también podría estar de buena fe, pero le mencioné el argumento que él empleó antes de admitir ese punto para ilustrar mi siguiente punto). El “erudito” en realidad está demostrando lo absurdo de la herejía de la ignorancia invencible por su argumentación; él admite que el judío, que ha visto el

crucifijo pero no ha oído de Cristo, puede estar de buena fe, pero si el judío hace el esfuerzo de indagar sobre el que está colgado en el crucifijo – o si un amigo le predica sobre el que está colgado en el crucifijo – ¡él probablemente no estaría buena fe! Por lo tanto, predicar a Cristo crucificado, según este “erudito” que había absorbido totalmente la herejía de la “ignorancia invencible”, no salvaría, sino que posiblemente condenaría al judío. Pero esto es obviamente falso y herético.

1 Corintios 15, 1-2: “Os doy a conocer, hermanos, el Evangelio que os he predicado, que habéis recibido, en el que os mantenéis firmes, y por el cual sois salvos…”.

La otra consecuencia herética de la herejía de la ignorancia invencible es que significaría que los infantes también podrían salvarse sin el bautismo, porque los infantes son las personas más “invenciblemente ignorantes” del mundo. Por lo tanto, el argumento incluiría que, si la “ignorancia invencible” salva a los no católicos, entonces puede salvar también a los infantes “invenciblemente ignorantes”. Pero tal idea ha sido condenada repetidamente por la Iglesia católica; es una verdad divinamente revelada que ningún infante puede entrar en el cielo sin el bautismo de agua (véase la sección “Los infantes no pueden salvarse sin el bautismo de agua”).

JESUCRISTO CONTRA LA IGNORANCIA INVENCIBLE

Tal vez nada en el Nuevo Testamento es más claro que el hecho que nuestro Señor Jesucristo es el Hijo de Dios y se deba creer en Él para obtener vida eterna.

Juan 3, 16: “Porque tanto amó Dios al mundo, que le dio su unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga la vida eterna”.

Juan 3, 36: “El que cree en el Hijo tiene la vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que está sobre él la cólera de Dios”.

Juan 17, 3: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo”.

Juan 8, 23-24: “Él les decía [a los judíos]: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Os dije que moriríais en vuestro pecado, porque, si no creyereis que Yo soy, moriréis en vuestros pecados”.

Juan 14, 6: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí”.

Y nuestro Señor es claro acerca de aquellos que no le conocen no se salvarán.

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