Autor: Para responder la cuarta y última pregunta es necesario explicar al lector el porqué de esta disposición, que constituye una innovación en la forma de ver y de clasificar estas escuelas y que, por ende, no tiene referencia bibliográfica. Lector: No me sorprende para nada esta clasificación, ya que a través del desarrollo de las preguntas conceptuales se ha evidenciado que las didácticas activas son de carácter afectivo.
Autor: Ciertamente, es indiscutible que la esencia de las didácticas activas es privilegiar los sentimientos, los afectos, los intereses de los estudiantes por encima de su desarrollo cognitivo. Esta controversial afirmación fue la que dio lugar a la más grande revolución educativa, que culminó con la aparición de un nuevo paradigma que rompe de manera abrupta con la escuela tradicional: el de la educación en los afectos, más que en los conocimientos. Lector: Se me ha despertado el gusanillo de querer saber más; así que, amigo Autor, cuénteme de esos educadores que valientemente desafiaron la rígida escuela anterior y que, a lo mejor, debieron dar las más encarnizadas batallas para que sus ideas fueran escuchadas y acogidas.
Autor: Su interés por el conocimiento es muy gratificante. Es mi deber, entonces, responderle de manera concisa y precisa, para que su motivación no decaiga hasta terminar este libro y para producir en su interior la desestabilización cognitiva necesaria que lo induzca a redirigir su quehacer docente.
Para empezar se va revisar la historia. Desde Rousseau (mediados del siglo XVII)
hasta Freire (mediados del siglo XX), pasando por Pestalozzi en Suiza, Froebel, Cousinet
y Freinet, en Francia; Decroly y Claparede, en Bélgica; Dewey, en Estados Unidos; Montessori, en Italia, y Makarenko, en Rusia, se ha abordado el desarrollo de las competencias afectivas de los estudiantes desde lo intrapersonal. Sin embargo, es importante aclarar que se presentan diferentes tendencias según el enfoque: escuelas que establecen conexión entre las habilidades intrapersonales e interpersonales (Dewey, Ferriere, Decroly, Montessori y Freinet), escuelas que privilegian el desarrollo de las habilidades intrapersonales (Neill) y escuelas como las de Makarenko, Mialaret y Cousinet, que establecen conexión entre las habilidades intrapersonales y las sociogrupales.
Antes de que mi paciente Lector me interrogue acerca de lo que significa habilidades intrapersonales, interpersonales y sociogrupales, quiero adelantarme a responder su inquietud, ya que ello contribuirá a una mejor comprensión del quehacer afectivo de las escuelas cuyas didácticas son el objeto de nuestro estudio.
Habilidades intrapersonales: Habilidades intrapersonales:Habilidades intrapersonales:
Habilidades intrapersonales:Habilidades intrapersonales: éstas implican, por extraño que suene, las relaciones que uno mismo puede hacer con los diversos aspectos de su propia persona: autoconocimiento, autovaloración o autoadministración. Esto es de suma importancia, pues evidencia claramente el valor de las relaciones intrapersonales, más allá de un simple examen de conciencia, como herramientas que permitan al individuo establecer relaciones constructivas.
Un ejemplo: mis afectos se relacionan con mis conocimientos cuando hago una valoración positiva de un nuevo aprendizaje adquirido a través de las vivencias cotidianas.
Habilidades interpersonales: Habilidades interpersonales:Habilidades interpersonales:
Habilidades interpersonales:Habilidades interpersonales: conocer a los otros, valorarlos, compartir con ellos implica establecer relaciones con otras personas.
Dicha interacción nos obliga a aplicar algunas destrezas que hemos debido adquirir desde los primeros años de escolaridad, como son iniciar relaciones, mantener las que se inician (previniendo y solucionando los conflictos propios de quienes establecen una amistad), saber elegir entre un ramillete de compañeros, quién va ser mi amigo a quién puedo confiarle mis más hondos secretos.
Habilidades sociogrupales: Habilidades sociogrupales:Habilidades sociogrupales:
Habilidades sociogrupales:Habilidades sociogrupales: conocer al grupo, valorarlo, darse (trabajar y aportar) a éste. Ello implica el establecimiento de relaciones con comunidades, por lo que involucra el espíritu afiliativo humano.
Es sorprendente encontrar en los planteamientos de estos pedagogos posturas claras acerca del desarrollo de la autovaloración y de la autoadministración de los estudiantes y de la importancia del trabajo en grupo para fomentar las habilidades interpersonales, haciendo hincapié sobre la fuerza de la colectividad. Como estrategias están el ejercicio sistemático del trabajo cooperativo y la dinamización del gobierno estudiantil.
Al revisar con cuidado los planteamientos de carácter afectivo, en los que tanto insistieron los confesos pedagogos activos, ésta fue la reflexión que abanderó la revolución educativa dada en ese momento histórico; por ello, nosotros, los pedagogos de hoy, no podemos ser indiferentes a la importancia de dichos planteamientos.
Las necesidades de nuestros estudiantes en el campo afectivo son inmensas, ésa es la razón por la cual debemos asumir cómo una de nuestras más importantes preocupaciones es el desarrollo de sus competencias afectivas intrapersonales,
interpersonales y sociogrupales, en cuanto desde mediados del siglo pasado la ansiedad, la melancolía y la soledad se han venido incrementando en forma drástica. Importantes pensadores como Daniel Goleman, Laurence Shapiro, Robert Sternberg, Miguel De Zubiría, entre otros, han dado la voz de alerta al identificar el gran peligro en que se encuentran nuestros niños con el flagelo moderno «la soledad y la depresión». La actual generación y, por supuesto, las próximas, están a merced de este silencioso y dramático mal.
La reflexión de mi maestro Miguel De Zubiría no puede ser más reveladora. Sus investigaciones demuestran que cuadros de depresión grave se presentan día a día en niños más pequeños; mientras que la desesperanza, la autosubvaloración, la insensibilidad ante el dolor del otro, sumada a la ausencia de hermanos, familia extensa, vecinos y amigos, sumergen a nuestros niños en gravísimos episodios depresivos con las funestas consecuencias que no sólo los médicos y psicólogos conocen, sino también nosotros los educadores de vieja data, que hemos venido observando con verdadero estupor cómo la población infantil se debate entre males que en otras épocas sólo eran padecidos por los adultos.
Vale la pena, entonces, tomarnos unas páginas más para particularizar acerca de las posturas sobre la formación afectiva que abordan las diferentes escuelas activas. No es posible mencionarlas todas, por obvias razones; pero sí daremos una mirada a algunas de las más representativas, que pueden darnos luces para abordar un trabajo serio y responsable en este campo y que nos ayudarán a prevenir desde los claustros educativos tan temible amenaza.