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D) Milicia y lucha: los eventos

3. El manual de Manuel José Forero

a. Elementos principales

La Historia patria de Manuel José Forero, mantiene, en general, un manejo del tiempo un poco más uniforme que el del manual anterior. La organización de los sucesos sigue una línea cronológica, aunque menos estricta que en Bermúdez y Ortega, dado que, como ya se dijo, no agrupa las lecciones en “partes” o períodos. Los sucesos narrados se asemejan bastante a los presentados en el manual precedente, pues aunque existe un énfasis en lo político, que forma el hilo conductor de la presentación, también se abre espacio para asuntos de carácter más social o económico. En este caso, la división entre los dos períodos “movidos” (Conquista e Independencia) y los dos “calmados” (Colonia y República) no sólo se ve modificada por la inexistencia de divisiones definidas según dicha periodización, sino que, una vez agrupadas las lecciones para asimilarlas a ella, es notoria la inclusión, en la Conquista, de las lecciones relativas a la vida de los indígenas. Ya vimos que esto mismo ocurre en el manual de los Hermanos Maristas, pero en el caso del manual de Forero, su ubicación es posterior a la llegada de los españoles. De hecho, estas lecciones se introducen en el punto en el que se explica qué encontraron los europeos en América, respetando así el hilo conductor del libro, pero demostrando que la historia de Colombia se inicia con el viaje de Colón (de nuevo, al igual que en el texto de los Hermanos Maristas). Pero esto no presenta con claridad la cuestión de las dos duraciones distintas, por lo

119 que vale la pena hacer más explícito el fundamento de esta afirmación, por medio del estudio de los eventos en los que el libro hace hincapié.

b. Eventos privilegiados por Forero

Como ya se explicó, Forero no establece las divisiones entre los cuatro períodos clásicos de la historia de Colombia, lo que no impide que el lector aplique dicha división, habida cuenta de la existencia de los requisitos para la misma: que se trate de una historia fundamentalmente política y que se la presente de forma cronológica. De hecho, al haber sido el autor un miembro prominente de la Academia de Historia, era de esperar que compartiera tal periodización, así no la haga explícita en el texto. Al aplicarla, se aprecia que las lecciones correspondientes a la Conquista muestran una duración rápida, excepción hecha de aquellas que tratan de la vida de los indígenas. Es por ello que se encuentran frases como “Con mucha prontitud Fray Juan Pérez escribió a la Reina Isabel la Católica” (Lección 2), “Para conocer la costa del Océano Pacífico navegaron en buques de vela los conquistadores Pizarro y Andagoya” (lección 10) o “En la Sabana de Bogotá descansaron los soldados” (lección 14), todas las cuales muestran una narración muy cercana al acontecimiento concreto. Igual característica tienen las lecciones relativas a la Independencia, que cuentan que “De uno a otro extremo de la Nueva Granada no se oyó entonces sino la palabra

Patria” (lección 33), que “Los ejércitos de Morillo avanzaron por el interior de la

Nueva Granada” (lección 37) o que “Muchos soldados murieron en esa travesía, pero morían con gusto, porque estaban al servicio de la libertad” (lección 39), aunque algunas lecciones se alejan ligeramente de este tono dominante, como aquella que trata de Antonio Nariño y explica su formación (lección 34). En contraposición a esta rápida duración, en el que los acontecimientos se suceden incesantemente, las lecciones relativas a la Colonia y la República muestran una

120 cadencia menos veloz, cuya relativa lentitud permite la captura de realidades que abarcan mayores períodos de tiempo. “Poco a poco los vecinos de Santafé hicieron edificios mejores” dice la lección 16, a la vez que la 19 explica que “El Rey de España quería que los habitantes de la Nueva Granada (...) recibieran buen trato, y para eso dictó muchas leyes benéficas y favorables”: se trata del tiempo largo del que se habló más arriba37. Así, el manual de Forero también muestra una clara distinción en el manejo del tiempo, dejando a un lado la Conquista y la Independencia, y, al otro, la Colonia y la República.

Estas reflexiones presentan la cuestión del hilo conductor, de la perspectiva que ha de dar unidad temática al manual. En principio, el paso del tiempo marca el compás de la lectura y de la escritura, pues las lecciones buscarían mostrar la evolución de la historia de Colombia, dentro de la tradición narrativa de la escritura de la historia. Ahora bien, esta línea general resulta modificada en diversas oportunidades, especialmente cuando Forero incorpora lecciones cuyo contenido se aleja de los acontecimientos políticos. Al igual que en el manual de los Hermanos Maristas, la incorporación de asuntos de carácter social, económico o cultural, debilita la coherencia del texto. Tal es el caso de las lecciones relativas a los indígenas, como la 17 (“La vida de los muiscas”), o de la 50, llamada “la educación nacional”. Es común a estas lecciones el manejo de una duración más prolongada que aquella que se aplica a los acontecimientos políticos: se utilizan frases como “Y como resultado de los descubrimientos y de la acción civilizadora de estos hombres valientes, mucho tiempo después hubo centros de progreso” (lección 11), “Muchos personajes gobernaron el Nuevo Reino de Granada durante los trescientos años que duró la dominación española” (lección 18), “desde los primeros tiempos de la República” (lección 50) o “la cultura se extendió poco a poco” (lección 50). En suma, la apertura del manual a eventos no políticos parece

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121 solo ser una de las razones para la dificultad en la ilación de las diversas lecciones y, por ende, de la lectura del manual. Sin embargo, esta apertura, aunque sea un poco más tímida que la que se halla en el texto de los Hermanos Maristas, marca también un importante cambio, y por ende no puede ser olvidada.

c. El catolicismo

En cuanto a la presencia de la religión y de la Iglesia Católica, que tanta importancia cobraban en el manual de los Hermanos Maristas, el texto de Forero le otorga una posición importante mas no capital. Así, en cuestiones como la esclavitud (lección 22) o la educación (lección 25), se reconoce el trabajo de la Iglesia. Pero, más allá de eso, se mantiene una explicación parcialmente religiosa, que aparece en pocas ocasiones pero con gran claridad: “la Providencia nos ha dado una patria rica y fecunda”, dice la lección 52. De hecho, es la religión la que da cuenta de la vida “espiritual y moral”, como manifiesta le lección 53, “En el aspecto espiritual y moral contribuyeron a la formación de Colombia los Arzobispos don Antonio Herrán, don Vicente Arbeláez y don José Telésforo Paúl”. Aunque la Iglesia no se menciona de forma permanente, y por lo tanto el manual no imprime su presencia de forma fuerte en la memoria de los pequeños, su función es relevante para el desarrollo histórico. Lo católico está vinculado a la historia de Colombia, así este lazo sea menos evidente que en el caso de

Aprendamos nuestra historia. Sin embargo, es necesario profundizar el análisis de

varias coyunturas para poder afirmarlo de forma segura.

122 Son muchos los procesos y eventos que se hallan presentes en el texto de Forero, pero se sigue la selección ya aplicada y explicada para los dos otros manuales: algunas de las cuestiones claves en la historia política colombiana o, si se quiere, eventos que merecen formar parte de la memoria histórica de los pequeños.

En primer lugar, la conquista española del territorio colombiano se enmarca en el proceso americano, a la vez que se introduce a través de sus protagonistas: “La conquista de América fue hecha por expedicionarios que recibían el nombre de

conquistadores” y se define como “[la toma de] posesión de estos territorios en

nombre del Rey de Castilla y de León, y [su sometimiento] a su dominio y autoridad.” (lección 6). Esta claridad, sumada a la contextualización respecto a la historia de América, permite explicar las bondades de “una región muy bella y colmada de riquezas que llamaron Nueva Granada y que conocemos con el nombre de Colombia”; en efecto, “Aquí encontraron campos buenos para la agricultura; minas de oro, plata y esmeraldas que tenían mucho valor en Europa [y] sembrados inmensos de maíz, de cacao y de papa” (lección 6). Ahora bien, esta presentación inicial, que se desarrolla de forma concisa y muy prolija en una sola lección, se profundiza más adelante en otros apartes. Llama la atención la permanente intención del autor de hacer comprensibles los eventos y las valoraciones a los pequeños. Por ejemplo, para explicar la valentía y el interés del viaje de Federmán desde la costa Caribe hasta el Nuevo Reino, se cuenta que “En los Llanos había muchos peligros, pues los ríos son muy hondos y difíciles de atravesar; y había grandes serpientes, de fuerza tan extraordinaria, que podían triturar a un hombre” (lección 13) o cuenta que “La fundación de las ciudades de Popayán y de Cali fue muy importante para el Nuevo Reino de Granada, porque en ellas se establecieron algunas familias que con el correr de los tiempos fueron muy notables por sus virtudes cívicas y por su inteligencia” (lección 12). De esta manera, la imagen que se construye de la Conquista resulta cercana al niño,

123 comprensible; al mismo tiempo, sus contenidos se dirigen claramente a lograr una adscripción de los pequeños con los logros de la conquista española y la sociedad que creó: “La fundación de las ciudades de Popayán y de Cali fue muy importante para el Nuevo Reino de Granada” (lección 12), “Bogotá (...) reunió siempre a personas buenas e instruidas y es con justicia la capital de nuestra patria” (lección 15), “Los españoles (..) construyeron casas amplias y cómodas y enseñaron a los indios algunas industrias y oficios que éstos no conocían” (lección 16) o “Llegaron a Santafé personajes muy sabios” (lección 16).

Esta sociedad tranquila y simple (“En Santafé la vida era muy sencilla en los tiempos de la Colonia, y lo mismo debe decirse de las grandes ciudades del Nuevo Reino”, dice la lección 24) se vio sacudida por el movimiento comunero. Forero es muy claro en la imagen que da de los comuneros, pues para él éstos fueron, directamente, “los primeros patriotas que manifestaron públicamente su amor a la justicia y su oposición a las leyes españolas” (lección 29). En tal sentido, la explicación de la revuelta se aleja de las razones tributarias, a las que los otros dos manuales dan preeminencia, e insiste en que “las leyes favorecieron ante todo a los españoles, en la época colonial”. Es más, José Antonio Galán, figura que toma una posición preponderante, es un “mártir de la patria” (“debemos honrarlo como al padre de la patria”, dice el texto, a la vez que la imagen de la lección tiene como título “José Antonio Galán” y lo hace ver como un general de las guerras de independencia, con charreteras, casaca y sable), ya que sacrificó su vida, pues “pidió que en adelante los granadinos gobernaran en lugar de los españoles, para evitar su insolencia”. Este manejo de la revuelta de los comuneros presenta de forma clara el deseo de Forero de legitimar la independencia, hallándole antecedentes y mostrando la brecha entre criollos y españoles como un conflicto entre la nación colombiana (“la patria”) y un explotador y desdeñoso grupo español. La importancia de lo nacional en la explicación histórica resulta, pues, evidente.

124 Al presentar el proceso de Independencia se refuerza lo dicho respecto a los comuneros, se encuentra que desde un momento temprano, cuando se habla de las formas de gobierno coloniales, Forero explica que “los hombres nacidos en las ciudades y poblaciones colombianas siempre veían a los españoles como extranjeros que gobernaban en nombre de un monarca a quien jamás conocieron” (lección 19); más adelante se explica que “las gentes acudían a escuchar a quienes les exigían sacrificios por [la patria], pues sus palabras expresaban los nobles sentimientos que durante siglos enteros habían estado adormecidos en su espíritu” (lección 33). De hecho, la Independencia surgió, para el autor, debido a que “los habitantes del país sentían cada vez con mayor dureza los inconvenientes de estar gobernados por un rey lejano” y “querían (...) que para la preparación de estas leyes fueran tenidas en cuenta las ideas de los criollos” (lección 31). La lección que se ocupa de ello lleva por título, de forma elocuente, “españoles y criollos”, que sería la oposición fundamental, la causa profunda de la Independencia; en realidad “durante la época de la Colonia los habitantes de nuestra patria habían aceptado contra su voluntad ese estado de cosas” (lección 31). El apoyo popular a la posición patriota, sin embargo, requirió algún trabajo; cuando Forero cuenta que “El pueblo pidió ese día [el 20 de julio de 1810] la independencia y resolvió luchar por la libertad de la patria” (lección 32), para ello fue previamente necesario que “aprovech[aran] con facilidad las lecciones de amor a la patria que los próceres les enseñaban” (lección 31). Como han indicado los extractos anteriores, las simpatías del autor por la posición patriota son claras, y resultan aún más evidentes si se estudian las lecciones subsiguientes. Así, el acta de Independencia tuvo como efecto que “los patriotas que mejor conocían los intereses del país pudieron comenzar a servir a sus conciudadanos, es decir, a los hombres que habían nacido en el suelo glorioso de Colombia” (lección 33); el apoyo a la causa independentista fue amplio y noble (“Las pequeñas poblaciones y las grandes ciudades de Colombia contribuyeron cada una por su parte a la

125 libertad de la patria, que nosotros debemos conservar con amor y alegría”, dice la lección 37). La gran conclusión es que “Colombia volvió a ser libre, como consecuencia de la victoria de Boyacá” (lección 42), frase que presenta de manera muy precisa el problema que conllevan las visiones esencialistas de la nación. Por una parte, habla de Colombia, como si esta palabra representara a una entidad definida y con existencia previa; por otro lado indica que se trataría de una recuperación de la libertad. Lo que se sobreentiende, entonces, es que antes de la llegada de los españoles a América ya existía algo llamado “Colombia”, y que era libre; esta visión, claramente nacionalista, de la historia de Colombia marca así la presentación de los eventos relacionados con la Independencia.

En los manuales anteriores hemos visto que las constituciones de 1863 y 1886 fueron reseñadas de forma variada, pero ocupando siempre un lugar importante dentro del desarrollo de la historia del siglo XIX. El texto de Forero, como ya se dijo, se aleja de la historia estrictamente política, y con ello de la visión formal y legalista del pasado. Es así como evita cualquier alusión a los cambios constitucionales, aunque lamenta que “Colombia se vio empobrecida a causa de las luchas armadas entre sus hijos” (lección 46). No por ello debe creerse que la imagen de lo ocurrido durante el siglo XIX es negativa, ya que “El Congreso Nacional trabajó (...) para dar a la República las leyes que necesitaba, a fin de que los ciudadanos fueran regidos de una manera conveniente y sabia” (lección 46) y que “Los beneficios que la República ha proporcionado a los colombianos son innumerables” (lección 51); de hecho, muchas lecciones reseñan los progresos conseguidos en aspectos tan variados como “la educación nacional” (lección 50), “el periodismo” (lección 54) o las letras (“Escritores colombianos”, lección 57). Los años posteriores a la Independencia conforman entonces un período favorable para el progreso de Colombia; las dificultades se deben más a “la pobreza del país y el cansancio natural después de la guerra de Independencia” con lo que “su desarrollo era lento” (lección 48).

126 La imagen nacionalista y positiva de la vida independiente se refuerza con el silencio en el que se dejan eventos de tanta importancia como la guerra de los Mil Días; las bondades de la Independencia y de los gobiernos republicanos se prolongan hasta el siglo XX. La memoria histórica que se busca crear no debe tener mayores recuerdos de eventos negativos, especialmente respecto a las luchas intestinas. Sin embargo, la separación de Panamá se presenta, aunque de forma somera y sin mayores comentarios: “Como acontecimiento doloroso para Colombia, recordemos que el 3 de noviembre de 1903 el Departamento de Panamá se insurreccionó contra las autoridades colombianas y se proclamó República independiente” (lección 58). El silencio que se guarda respecto a las causas de este evento y a la manera en que se realizó muestra que se mantiene el interés en reducir tanto como sea posible la existencia de elementos negativos en la memoria histórica de los niños. Es más, se afirma que “Numerosas transformaciones continuaba recibiendo Colombia en esa época, como resultado de los deseos de los gobiernos de mejorar las condiciones de vida de los gobernados, y como fruto del esfuerzo común hacia un estado más perfecto de cosas” (lección 55); el país avanzaba bajo la correcta y esforzada dirección de sus gobernantes. De forma aún más elocuente, la Violencia y los eventos que rodearon la muerte de Jorge Eliécer Gaitán son, simple y contundentemente, ignorados por Manuel José Forero. Asimismo, Gustavo Rojas Pinilla resulta apenas mencionado en una lista de todos los gobernantes desde 1922, sin distingos de adscripción partidista y sin mención alguna del carácter o los logros de sus administraciones.

Estas últimas constataciones refuerzan la idea de que este texto hace un uso

utilitarista nacionalista republicano de la historia, en el que el modelo republicano

es el único beneficioso para una nación colombiana que siempre ha existido y cuyos rasgos explican buena parte de los más importantes eventos reseñados. En

127 efecto, el cambio de un monarca lejano por un presidente que pertenece al grupo nacional repercute en su interés directo por lograr la mejora en la situación nacional: “no estamos sometidos a un rey extranjero, podemos aspirar a las más altas dignidades y posiciones si nos hacemos dignos de ellas, y nos gobiernan compatriotas nuestros que trabajan por el adelanto de Colombia” (lección 51). Para lograr esto, Forero calla respecto a muchos de los acontecimientos funestos en la historia de Colombia, especialmente a lo largo del siglo XX; parecería que a medida que lo narrado se va haciendo menos lejano del momento de la escritura del texto, mayor es la prudencia que observa el autor. Es así como Forero pasa por alto eventos y procesos como la ya mencionada Guerra de los Mil Días o la Violencia de mediados del siglo XX, en pos de construir una memoria histórica fervientemente patriótica, que poco tendrá de pensamiento crítico y de apertura a otras interpretaciones de la “historia patria”.