D) La administración y la guerra
1. Los sucesos políticos
De forma general, como ya se ha dicho, el Compendio centra su atención (y, por ende, la de los pequeños) en aspectos políticos del pasado. Ahora bien, la categoría de “lo político” puede resultar poco clara y, para justificar su utilización,
40 es necesario hacer más explícito qué acontecimientos se ven privilegiados por el texto, indagando en cada ocasión qué tipo de manejo se le da.
El primer tipo de evento que aparece en el libro es el de las “ruidosas expediciones de conquista” (p. 18), que evidentemente marcan la época de La
Conquista. Se trata de una continuación de la Reconquista española, pues “los
soldados ociosos que no podían resignarse á la vida tranquila, volvieron sus ojos á las tierras que acababa de descubrir Colón” (p. 18), que “presenta los más grandes contrastes, y al lado de crímenes atroces ejecutados por algunos hombres sedientos de oro, hay que admirar las heroicas virtudes de los misioneros cristianos” (pp. 18 – 19). Así, la Conquista es esencialmente una empresa militar, aunque tenga también un aspecto religioso. En ocasiones el texto se limita a enumerar los lugares por los que pasaron las expediciones, sin explicar más (“en 1530 llegó al Valle Dupar (Departamento del Magdalena) y en sus varias correrías vino al de Chinácota (Departamento de Norte de Santander), donde pereció asesinado” se lee de Ambrosio Alfinger – p. 26- en tanto que de Francisco César se explica que “Salió César con sus compañeros de la población de San Sebastián de Buenavista; trasmontó la serranía de Abibe, que es una derivación occidental de los Andes, y llego al pueblo de Guaca” – p. 26); en otros casos, sin embargo, se presenta una imagen digna de admiración, cuando las expediciones aparecen como “un largo y peligroso viaje” (p. 22) de “mil dificultades” (p. 30). Sin embargo, los autores se detienen mucho más en las descripciones de los principales personajes –en las que profundizaremos más adelante – y en una lista de fundaciones brevemente explicadas, como la de Pasto, de la que se dice que “para facilitar la comunicación entre esta ciudad [Popayán] y la de Quito (ecuador), fundó la ciudad de Pasto (1539), la cual fue edificada al año siguiente en las faldas del volcán llamado Galeras, y es en la actualidad capital del Departamento de Nariño” (p. 35). Así, la historia legalista de las fundaciones se mezcla con una tendencia a la biografía para configurar la imagen de la Conquista; el texto se
41 concentra en eventos formales como son las fundaciones y deja de lado cualquier otro tipo de hechos, además de lo cual no se explica al pequeño lector qué es una fundación.
Un segundo conjunto de sucesos es el de las administraciones, el de los gobiernos en los diferentes momentos de la historia de Colombia. En la parte de la Colonia, de hecho, el primer capítulo se titula “Sistema de Gobierno”, y el tercero trata de los diversos Presidentes de la Real Audiencia, después del cual se presenta el “Gobierno de los Virreyes”. Ahora bien, los acontecimientos narrados, al igual que en la Conquista, se centran en las cualidades de los presidentes, más que en sus ejecutorias administrativas; de hecho, el texto se ocupa de eventos que resultan anecdóticos. Así, se dice que “El nombre del Presidente D. Gil de Cabrera y Dávalos se recuerda por un acontecimiento notable (...) En la noche del 9 de Marzo de 1687 los habitantes de Santafé sintieron, á eso de las diez, un ruido extraordinario” (pp. 49 – 50), se explica que “Tan segura estaba Inglaterra de que su Almirante tomaría á Cartagena, que hizo acuñar medallas con anticipación para perpetuar el recuerdo del triunfo” (p. 53) o se recuerda que “Concluido el período de mando, el Sr. Solís dispuso de sus bienes a favor de los pobres, dio treinta mil pesos al hospital de caridad y luego fuese al convento de San Francisco de la capital, donde se puso el hábito de la orden de ese nombre” (p. 54). Como esta última, buena parte de las anécdotas se refieren a la biografía de los Presidentes o Virreyes, situación que no aparece de manera tan reiterada en relación con los mandatarios republicanos.
En relación con el último período, el de la República, los autores presentan con mayor constancia los logros administrativos de los presidentes, afirmando por ejemplo que “En la administración de Mosquera se estableció la navegación a vapor por el río Magdalena; enriqueciéronse la Biblioteca Nacional y el Observatorio Astronómico (...); inicióse la hermosa obra del Capitolio Nacional (...);
42 se fundó un colegio militar” (p. 160), o “En la administración de Santander inicióse el arreglo de la división de la deuda que había contraído la Gran Colombia” (...) También se celebró otro convenio ó tratado de amistad, comercio y límites entre Nueva Granada y Venezuela” (p. 154). Aparte de esto, claro está, aparecen reseñas biográficas de los sucesivos presidentes y de generales notables. Por ejemplo, se dice que “[José Antonio] Páez, que era un benemérito jefe, muy valiente, llamado el León de Apure por sus heroicas hazañas en la guerra de independencia” (p. 134); se comenta que “El Dr. José Ignacio de Márquez, ciudadano eminente que venía figurando con brillo desde la fundación de la Gran Colombia, y jurisconsulto distinguido” (p. 155) o se recuerda que “Nació [Rafael] Núñez en Cartagena (1825) y falleció allí no hace muchos años (1894). Su nombre ocupa lugares distinguidos entre los hombres de Estado y los literatos (...) poseyó vasta ilustración y fue escrito político sobresaliente” (p. 181). De nuevo se encuentra el énfasis a la biografía, aunque también se presentan las diversas guerras civiles, que ocupan buena parte del espacio dedicado a este período. Este último punto nos conecta con el tercer tipo de acontecimientos que hemos de estudiar, el de los episodios bélicos.
Lo militar, las luchas y combates, parecen haber sido capitales para forjar la historia de Colombia. Aparecen principalmente durante la Independencia, y muestran la capacidad heroica de la nación colombiana para imponerse a las adversidades de la realidad que la rodea; sin embargo, lo escueto del relato y la exposición negativa de las guerras civiles limitan el valor de lo militar como expresión benéfica de la nacionalidad. En efecto, las luchas de los patriotas contra los realistas no tienen mayores valoraciones con anterioridad a la expedición enviada desde Europa en 1815, aunque la derrota de Nariño en Pasto es “el triste fin de la campaña en el Sur” (p. 98); sin embargo, tras el primer episodio militar de la Reconquista, la toma de Cartagena, se explica a los pequeños que “Los españoles cometieron en la desventurada plaza excesos y crímenes, y principió
43 entonces la época de sangre y persecución” (p. 103). De hecho, dentro de las escasas reflexiones de causalidad que se plantean, el ardor nacionalista es explicado por Henao y Arrubla por razones coyunturales antes que por la existencia de un profundo deseo de independencia; así, se dice que “la sangre derramada en los cadalsos y la desolación en que yacían sumidos los hogares, reavivó en los pueblos el amor á la República, obligándolos á hacer toda clase de sacrificios para reconquistar la libertad” (p. 110). Sin embargo, ya en este punto buscan conciliar el carácter fundacional de la Conquista y el de la Independencia, explicando que el ejército patriota “carecía de todo, menos de constancia y valor, y tuvo que luchar con la misma naturaleza, como nuestros primitivos y heroicos conquistadores” (p. 119), lo que repercute en un elemento más profundo para la guerra contra España: “en la lucha por la independencia sobresalió el tesón de los fundadores de la República, alentados con el hermoso ideal de constituir la patria” (p. 119). De esta forma es por medio de la guerra que se manifiesta la profundidad y fuerza del amor por la patria, es la guerra el escenario propicio para darle la debida forma jurídico-política a la nación colombiana.
Sin embargo, una vez conseguida la Independencia, Henao y Arrubla se apresuran a condenar las guerras civiles que amenazan la armonía deseada, situación que se inicia con el conflicto armado entre centralistas y federalistas durante la llamada Patria Boba: “Tal diferencia de opiniones produjo
desgraciadamente la guerra” (p. 88, cursivas fuera del texto). Más adelante,
Henao y Arrubla no dudan en explicar la guerra civil llamada de los Supremos, de la siguiente forma: “Parecía que la Nueva Granada había entrado en un período de tranquilidad y de progreso, cuando estalló una de las revoluciones más largas y sangrientas que han asolado nuestro territorio (1839)”, después de lo cual “La guerra extendióse á las otras provincias” (p. 156), para concluir que “Las consecuencias funestas de esta guerra fueron inmensas” (p. 157). La guerra civil de 1861 es llamada “desastrosa guerra” (p. 169); la de 1876 fue una “sangrienta
44 revolución” y la de los Mil Días “una larga y terrible guerra civil” (p. 187). Sin embargo, esta última es simplemente mencionada en una frase, sin el desarrollo que tienen las anteriores, a la vez que la guerra de 1885 es mencionada simplemente como “otra guerra civil” (p. 181): se trata de un manejo peculiar de estas guerras, en las que la descripción se hace más breve a medida que se acercan al presente. De esta forma, los inicios de la época republicana parecen estar sujetos a grandes vaivenes políticos, en tanto que los años más recientes se presentan como más tranquilos, en un claro interés en presentar una historia armónica y pacífica.
En suma, el texto gira alrededor de cuestiones militares y administrativas, con una gran cantidad de biografías de “grandes personajes”. Las cuestiones legales y los períodos de los mandatarios se suman a eventos bélicos para conformar la columna vertebral de la historia que el Compendio mostraba a los pequeños. Este énfasis marca una memoria histórica ligada a cuestiones políticas, que por demás se orientan, como veremos más adelante, a las realizaciones de las grandes figuras. Antes de ello, sin embargo, es necesario indagar en la manera en que la religión y la Iglesia católica son presentadas.