EL DIARIO DE GABRIEL QUIROGA
Este libro, publicado en 1910, no ha vuelto a aparecer hasta esta reedición: singular y prolongada ausencia de uno de los textos con- siderados paradigma de lo que José Luis Romero llamara “el espíritu del Centenario” ya que en él se condensan buena parte de las ideas de aquella coyuntura decisiva en la reconfiguración política y cultural de la nación. Al momento de publicar E/ Diario de Gabriel Quiroga, el joven Manuel Gálvez acababa de casarse con Delfina Bunge y aún no había escrito ninguna de sus otras novelas. El libro cuenta el autor en sus memorias, pasó casi desapercibido.
En las diversas entradas fragmentarias del texto convergen las cues- tiones claves que hacen a los temas ideológicos de lo que luego fue de- nominado “el primer nacionalismo” argentino: los efectos de la inmi- gración, los conflictos sociales de principio de siglo, la formación del ideario nacionalista, el proceso de afianzamiento del campo literario y la modificación del escritor y de sus relaciones con el poder son las te- máticas sobre las cuales el personaje reflexiona no sin contradicciones; y, en muchas ocasiones, modificando de modo singular las fórmulas con las que anteriormente otros intelectuales habían pensado develar los enigmas argentinos. En este sentido, es significativo cómo no sólo ocurre en este texto la simple inversión de la fórmula “civilización bar- barie”, sino que, además, se adelantan los tópicos programáticos con los que veinte años más adelante el revisionismo histórico nacionalista impugnará la tradición liberal.
María Teresa Gramuglio, en el estudio preliminar que acompaña la presente edición, destaca los motivos por los que este libro merece volver a las librerías, en estos términos: “La reedición es más que ne- cesaria, pues tales cuestiones merecen ser hoy reexaminadas a la luz de nuevas lecturas atentas a las hipótesis de la historiografía contempo- ránea. Junto con ellas, los lectores y la crítica podrán también revisar otros aspectos hasta ahora poco explorados del texto, tanto en lo que hace a su estatuto genérico como a su significación en el proyecto li- terario del autor”. Gramuglio realiza un breve e iluminador recorrido por los libros y las publicaciones periodísticas más relevantes de ese
momento, que contienen tanto el elogio al progreso alcanzado por la nación como la crítica hacia las posibilidades futuras: actitud de ba- lance y autocrítica característica de las inquietudes de las minorías in- telectuales de entonces. La autora pone en contacto el libro de Manuel Gálvez con El juicio del siglo, de Joaquín V, González, con 8/asón de Plata de Ricardo Rojas y con la tetralogía con la que Leopoldo Lugo- nes homenajea a la patria en su aniversario: Odas seculares, Didáctica, Piedras Liminares y Prometeo, para demostrar cómo las anotaciones del personaje en su diario recogen en modo puntual los temas conflic- tivos diseminados en los libros del Centenario. Así advertimos cómo E/ diario de Gabriel Quiroga realiza movimientos de aproximación y de contraste con las ideas de aquellos libros; y que, si bien conforma ese corpus de publicaciones, sobresale de ellas por condensar de modo notable todo ese haz de cuestiones.
Lo que caracteriza la vertiente nacionalista de Manuel Gálvez en este libro es el señalamiento por parte del personaje del diario de la decadencia argentina y de la disgregación del país escindido por varias líneas de fractura, cuya divisoria más notoria corresponde a las trans- formaciones derivadas de la modernización. Mientras Buenos Aires se vuelve cada vez más miserable, son las provincias libres del desborde inmigratorio las que guardan el sentido de la nacionalidad. Apología, ésta, no privada de contradicciones: Si bien E/ Diario de Gabriel Qui- roga ha sido incluido, frecuentemente, en el género de ensayo de inter- pretación nacional, su rasgo más notable está vinculado a la estrategia textual elegida por Manuel Gálvez para exponer las ideas: se trata de un discurso privado y fragmentario en el que se vierten los temas de la esfera pública. El diario personal corresponde a un género íntimo, en este caso trasladado al plano ficcional, con las incidencias así su- puestas, tratándose de un discurso de ideas acerca de la nacionalidad. Las opiniones y pensamientos sobre la Argentina volcados en la voz de un personaje ficticio, permiten la relativización de la autoridad de los enunciados ideológicos expresados en las líneas del diario, a partir de recursos tales como el humor, la ironía o el chascarrillo. Los mismos impregnan distintos tramos del discurso del personaje creado, autor del diario, Gabriel Quiroga. Por otro lado, quien en el prólogo se hace cargo de presentar al escritor, quien se confiesa su amigo y editor, y, además, firma “Manuel Gálvez”, advierte no ser responsable de las
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ideas del autor. Esto habla en parte, del aún precario lugar del escritor en el campo literario argentino en vías de formación.
El editor, por otra parte, anuncia además que «Gabriel Quiroga» no es el verdadero nombre del autor del diario y brinda una serie de indicios muy puntuales por los que, según María Teresa Gramuglio, los primeros lectores pudieron de inmediato reconocer al alter ego de Manuel Gálvez, el autor real. Las voces del editor y del autor se su- perponen a lo largo del texto en las citas a pie de página, atribuidas alternativamente a uno y otro; por lo cual desde el punto de vista ge- nérico, el texto resulta un ensayo desviado, un híbrido que constitu- ye, como dice Gramuglio: “una protonarrativa construida según los pactos del verosímil realista, en la que hace su aparición un personaje que retornará en las futuras novelas de Gálvez, la Maestra normal y El mal metafísico.”
El carácter de “manifiesto literario” del texto es señalado por Gra- muglio desde la perspectiva del proyecto creador de Manuel Gálvez, y la posición que en función de ese proyecto el autor aspiraba a ocupar en el campo intelectual. Este aspecto está vinculado al énfasis con el que Gálvez señala, en su abundante producción novelística, el rele- vante papel del escritor en la formación de lo que hoy se denomina un “imaginario de nacionalidad”.
Las coincidencias entre el autor real y el autor del diario abundan: Quiroga es un «patriota», de linaje criollo, realiza un viaje a Europa, descubre la patria desde el extranjero, viaja por las provincias y cono- ce allí la tradición. Pero, ambas figuras se distinguen porque mien- tras Quiroga encarna la figura del escritor diletante a quien no le interesa publicar, Gálvez realiza una carrera como prolífico escritor profesional.
Manuel Gálvez fue sin dudas un promotor de actividades editoria- les que tendieron a consolidar la actividad literaria en términos ins- titucionales, y promovieron en su época la búsqueda de un reconoci- miento social de la figura de escritor. Es en este sentido María Teresa Gramuglio afirma: “Gálvez debe ser visto como el más profesional, y por lo tanto el más moderno de los escritores del Centenario”.