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CAPÍTULO III. Marco Conceptual.

III.3. El Marco para la Buena Enseñanza.

III.3.1. El Marco para la Buena Enseñanza: análisis e importancia

La evaluación docente en vigencia atiende a las definiciones establecidas en el reglamento del artículo 70 del Decreto con Fuerza de Ley Nº 1 de 1996, del Ministerio de Educación que establece el Sistema de Evaluación Docente para los profesionales de la educación del sector municipal, que plantea: “se realizará atendiendo los dominios, criterios y descriptores fijados en el Marco para la Buena Enseñanza aprobado por el Ministerio de Educación, mediante la aplicación de los instrumentos definidos por el Centro de Perfeccionamiento, Experimentación e Investigaciones Pedagógicas (CPEIP)” (MINEDUC, 2011).

El citado sistema es un proceso de evaluación de los profesionales de la educación que se desempeñan como docentes de aula, aplicada desde el año 2003, luego de la firma del Acuerdo Marco tripartito suscrito por el Ministerio de Educación, la Asociación Chilena de Municipalidades y el Colegio de Profesores de Chile. Es un procedimiento formativo basado en estándares que permiten a los profesores, conocer las competencias que caracterizan el buen desempeño en aula y respecto de las cuales serán evaluados. A esto se suma que los estándares servirían de base para la

elaboración de los instrumentos de evaluación y los sistemas de retroalimentación (Bonifaz, 2011). El objetivo del sistema es fortalecer la profesión docente, favoreciendo el reconocimiento de las fortalezas y la superación de las debilidades de los profesores, con el fin de lograr mejores aprendizajes en sus estudiantes. Para ello, cada docente evaluado recibe un informe individual de resultados que da cuenta de los aspectos más y menos logrados de su desempeño, según la información proporcionada por los cuatro instrumentos de evaluación.

Esta lógica de aplicación del sistema de evaluación docente, ha sido fuertemente criticada por los docentes agrupados en torna al Colegio de Profesores A.G., quienes plantean que se hace necesario reevaluar y/o redefinir los siguientes puntos:

a) Revisión de los instrumentos: en este tema se plantean diversas modificaciones que apuntan a hacer este un proceso realmente efectivo. B) Necesidad de atender al contexto en el que se desempeña el docente, considerando las diferencias culturales, sociales, étnicas y económicas que afectan a los niños (Colegio de Profesores A.G. 2010).

El MBE establece cuatro dominios que agrupan veinte criterios de ejercicio profesional, cada uno de los cuales cuenta con su descriptor, lo que permite definir estándares de desempeño observables y mensurables. Los cuatro dominios son:

1) Preparación de la enseñanza.

2) Creación de un ambiente propicio para el aprendizaje. 3) Responsabilidades profesionales.

4) Enseñanza para el aprendizaje de todos los estudiantes.

Este documento además nos presenta las definiciones de las competencias profesionales específicas que deben desarrollar los docentes, considerando “sus roles, tanto en el aula como en la comunidad educativa de la cual forman parte, y de sus responsabilidades respecto a la formación integral y

los logros de aprendizaje de sus alumnos, su propio desarrollo profesional y el fortalecimiento de su profesión” (MINEDUC, 2001:41). El documento “declarado instrumento destinado a orientar la política de fortalecimiento de la profesión docente” (MINEDUC, 2001), se ha convertido en la piedra angular del proceso de evaluación aplicado actualmente a los profesionales de la educación en nuestro país. Debemos agregar que como medida de apoyo para aquellos profesores que son mal evaluados, existe la creación de Planes de Superación Profesional que benefician a los docentes con desempeño deficiente.

Es preciso preguntarse ¿cuáles son las bondades de contar con un marco para la enseñanza? ¿Es una camisa de fuerza o un documento guía para el ejercicio docente? Charlotte Danielson (1996: 6), plantea que un instrumento de esta naturaleza “busca definir lo que los profesores deberían saber y ser capaces de hacer en el ejercicio de su profesión”, por lo tanto, es un elemento que ayuda a guiar el quehacer pedagógico hacia la excelencia profesional, ya que permite determinar con precisión los aspectos de la enseñanza que requieren de su atención. Es decir, un marco para la enseñanza incluye de manera subyacente: “un componente llamado Crecimiento y desarrollo profesional...(que) puede situar a dichas actividades dentro de las responsabilidades profesionales” (Danielson,1996: 11). Esta herramienta ofrece una estructura de evaluación del desempeño docente y promueve la reflexión pedagógica, “acerca, en y sobre la acción”, teniendo como principales objetivos el apoyo y el desarrollo del diálogo profesional. Por otra parte, permite la contextualización de la evaluación, ya que sus planteamientos genéricos no serían una camisa de fuerza, más bien, son elementos que ayudan a identificar las necesidades de alumnos y profesores, que además, se transforman en reglas claras para el desarrollo del aprendizaje en la escuela. Por esto, es necesario implementar: “procesos de interacción entre la planificación de la evaluación y el desarrollo individuales y de toda la escuela, en la que se tengan en cuenta las

necesidades personales de actualización profesional, reforzando su satisfacción” (Day, 1999: 133). Esto significa aplicar el principio de “quid pro quo”, o de reciprocidad de Elmore (Bolivar, 2006).

De acuerdo a los postulados de Charlotte Danielson, un marco para la enseñanza debe propender hacia la equidad, ya que, se fundamenta en la sensibilidad cultural, lo que acerca, aún más, al docente a las particularidades de cada alumno y le permite ser un profesional asertivo a la hora de interactuar con sus estudiantes en el aula. Esta práctica, se complementa con la focalización en las expectativas altas, ya que, los docentes se encuentran convencidos que todos los alumnos son capaces de alcanzar estándares de excelencia en el aprendizaje, razón por la cual, organizan su enseñanza a base de objetivos pedagógicos desafiantes en lo intelectual, sin perder de vista, las necesidades especiales de los alumnos diferentes y utilizando la tecnología para optimizar el logro académico (Danielson, 1996).

Lo anterior, nos da luces para implementar un proceso de evaluación descentralizada, la que debe ser contextualizada y continua, que permita identificar las necesidades de alumnos y profesores promoviendo el desarrollo profesional y la formación constante del profesorado, basado en la comunicación efectiva que aumenta la confianza docente y que estimula su autonomía, generando redes de producción de conocimientos horizontales entre los profesores, para lo cual se necesita un líder educativo que resignifica sus prácticas de gestión con personas, aplicando un liderazgo distributivo que atiende a los objetivos estratégicos de la institución, respecto de los desafíos que nos plantea hoy la educación chilena.

III.3.2. Resultados de las evaluaciones docentes. Realidades, desafíos y