CAPÍTULO I. PRESENTACIÓN DEL PROBLEMA CREACIÓN E INSERCIÓN
III.2 Negaciones, alternativas y rechazos del vínculo institucional (1960, 1961, 1963, 1970)
III.2.2 Marta Brunet: “una fila permanente de gente muy humilde que venía a comprar mis libros…”
En febrero del año 1962, casi seis meses después de haber sido designada como la nueva Premio Nacional de Literatura – el Jurado había deliberado el día 8 de septiembre de 1961 –, la escritora Marta Brunet de 64 años comentaría su nominación en conversación con Ángel Rama para el célebre periódico uruguayo
Marcha. Desde un ángulo escasamente acudido en los comentarios de las
premiaciones, el relato de la ganadora se vuelca sobre la descripción de la reacción del público, proponiendo una representación de la felicitación, basada
143 Esto también sería reconocible en su producción poética. Según informa Naín Nómez (2000, pp. 328-
330), comparado con casos contemporáneos como el de Pablo Neruda o Pablo de Rokha, quienes llevaron el contenido político a sus obras, la poesía de Julio Barrenechea, salvo un período más social en la década del ’40, se mantuvo alejada de dichas temáticas, privilegiando siempre una vocación y contenidos metafísicos, descriptores sentimentales del amor y la muerte.
168 en la relación física del escritor con la comunidad local de lectores. Cito en extenso:
“Mira, te aseguro que me daba miedo. Me venían a mirar o a tocar; alguno me traía una flor; una madre me pedía que le firmara un libro para su hija pequeña
– fíjate, un libro mío, nada menos –. Te hace sentir difunta… ¿Sabes qué pasa?
Que nuestro pueblo tiene necesidad del mito, y ahora, a falta de Gabriela, lo han pasado a Marta Brunet. Yo te aseguro que me defiendo contra eso. Pero al
mismo tiempo es conmovedor. En la Feria de Artistas Plásticos (se hace todos
los años en el Parque Forestal: los escritores firman sus obras y los editores les aseguran el 40% de los libros que venden) era una fila permanente de gente
muy humilde que venía a comprar mis libros, a mirarme un rato, a felicitarme,
a alegrarse de que hubiera recuperado mis ojitos.” (Rama, 1962, p. 21)144
Centro gravitacional del párrafo, la percepción de la propia personalidad pública como una mitificada a ojos del pueblo. Esta declaración requiere atender con cautela a los términos en que está formulada. Se trasciende en ella el ámbito estricto del corrillo literario y de la oficialidad, escenarios posibles – y habituales – de lo literario, para desplazarlo a un escenario mucho más amplio, de una presencia social del escritor no mediada en su contacto con el público. Este último es presentado a partir de gestos y términos bien decidores de su pertenencia de clase: gente humilde, le traía una flor, le pedían autógrafos, le felicitaban por su recuperación, iban a mirarla un rato: “nuestro pueblo”. Apelar luego a la proyección en ella de una dimensión mítica, e integrar inmediatamente su rechazo (“me defiendo contra eso”), es una propuesta de la autora para reflexionar sobre el efecto que tuvo su premiación sobre aquel público. No hay arrogancia en dicha reflexión, sino antes la conciencia de ocupar un lugar especial, nuevo y distinto, cuya representación acoge solo en parte un discurso sobre las consecuencias negativas de la fama, para conjugarlas con una suerte de gratitud ante quienes le manifiestan un cariño y una admiración. Expresa también que el homenaje y tanta atención la hicieron sentirse “difunta”, e insinúa estar a merced de una necesidad colectiva de reemplazar la figura y memoria de Gabriela Mistral, fallecida en 1957, por la de otra escritora del género femenino. Al hacer esto, despoja su celebración pública de cualquier medida o justeza, y la atribuye a un exceso propio de “nuestro pueblo” que, conectado luego con su anterior alusión al sentirse “difunta”, terminan por quebrantar el vínculo reunido en su persona entre una importancia efectiva del productor literario y el sospechoso renombre ocasionado por la fama. Sin embargo, por mucho que la modestia de Marta Brunet se empeñase en restarle valor a esta repentina y exagerada figuración, lo que aquí interesa es atender a la renovación del espacio de circulación y despliegue del productor literario, su representación casi que como la de una celebridad. El joven novelista José Donoso, que casi treinta años más tarde recibiría el galardón (1990, cfr. capítulo
144 Esta extraña afirmación a los ojitos recuperados alude a la operación exitosa que se le había
practicado hace alrededor de un año en Barcelona. La autora sufría de cataratas hacía casi dos décadas, las que amenazaban con dejarla completamente ciega.
169 V), en crónica escrita para la revista Ercilla, recrearía para los lectores el ajetreo ante la llegada de Brunet a Chile proveniente desde España, dos meses después de haberse hecho pública su designación en septiembre de 1961:
“…los camareros (del barco) quedaron sorprendidos de ver que una nube de fotógrafos, periodistas y amigos se peleaban por ser los primeros en hablar con
una tranquila pasajera de la clase cabina. Inundaron su camarote con flores y
telegramas de felicitaciones. Sus palabras eran transmitidas por radio, eran anotadas con ansia… Los camareros, que la habían tratado con silbidos, con señas aburridas, con incomprensibles palabras de impaciencia, porque la señora no hablaba inglés, comenzaron a preguntarse quién era la extraña pasajera que tanta sensación causaba al regresar a su país.” (Donoso, 2004, p. 91)
Las dos fuentes citadas son sustanciales. Al contrario de lo que sucedió en casos como el de Víctor Domingo Silva en 1954, en que la recepción del galardón era igualmente proyectada en términos de una repercusión colectiva (cfr. II.4.4), la comunidad a la que se alude en el caso de Marta Brunet es, primero, una caracterizada por su pertenencia de clase y, segundo, una de lectores interesados
en su obra, dispuestos a comprarla. La posterior recreación ofrecida por Donoso
de su desembarco en el país sirve de complemento, e integra a la prensa – significativamente representada como “nube de fotógrafos y periodistas” – al circuito de figuración de la escritora, generando las condiciones para representar la importancia del escritor en función exclusivamente de su figuración y de su éxito entre el público, prescindiendo de cualquier asignación de tareas cívicas o responsabilidades para con la comunidad nacional. Complemento de esto, epifenómeno de orden material, vendría a ser un informe presentado por la revista Ercilla en su ejemplar del 25 de octubre de ese año ’61, donde bajo el título “Premios que estimulan”, haría el recuento de los premios literarios más importantes entregados en la capital durante esa temporada. La nota viene coronada por una fotografía de Brunet junto al comentario: “Se agotó su ‘María Nadie’” (Ercilla, 1961), aludiendo a su exitosa novela de 1957. Posteriormente en el desarrollo de la noticia, se informaría que dicho libro, a dos meses de la obtención del galardón, estaba siendo reimpreso. Ángel Rama a su vez detalla en el reportaje citado acerca de la preparación de una antología de cuentos de la autora por parte de la editorial Zig-Zag, a cargo del escritor chileno Nicomedes Guzmán – publicada en 1962. La misma editorial preparaba también un tomo de obras completas, que aparecería en 1963, prologadas por el ubicuo Alone145
145 Este último volumen celebraría los 40 años de escritura de Marta Brunet, iniciados en 1923 con su
breve novela Montaña adentro. Que fuese precisamente Alone quien prologara sus OOCC no obedecía meramente a la búsqueda de una voz autorizada para darles prestigio e importancia, sino al estrecho vínculo que unía al crítico y la escritora. Y es que fue Hernán Díaz Arrieta – en una historia que le encantaba repetir – quien “descubriría” a Marta Brunet. Tras un intercambio epistolar con la que hasta entonces no era más que una lúcida lectora y comentarista de sus reseñas, el crítico contactaría a su amigo Pedro Prado – Premio Nacional 1949 – pidiéndole lo ayudase a financiar la primera publicación de esta promisoria joven. Montaña adentro, novela de motivos campesinos, sorprendería por su crudeza y por el rescate de voces y modismos populares. Con el tiempo, Brunet ampliaría sus escenarios a la
170 Retornando ahora a la crónica de José Donoso, ésta invocaría un segundo criterio de interés. Si bien es la obtención del Nacional lo que la motiva, casi no se referiría al galardón en particular, a su función o sentido, y se concentraría en la persona de Marta Brunet. Tras relatar la calurosa bienvenida que había recibido al llegar al país, la escritora es presentada como un personaje
internacionalmente contingente, en tanto portadora de una serie de noticias
acerca de la situación cultural y literaria de España y Argentina, introductora e informadora de la situación de otras literaturas146. El interés de Donoso por los sucesos internacionales es evidente, y aprovecha la oportunidad ofrecida por la llegada de Brunet, para ahondar en ellos: siempre desde el testimonio de la escritora, explica los problemas que tenían los escritores españoles con la censura impuesta por el régimen franquista, así como destaca sus contactos con una élite intelectual en Argentina, de la publicación de sus cuentos y novelas en la editorial Losada147
José Donoso, desde las páginas del medio de prensa, autoriza la premiación de Marta Brunet a partir de multiplicidad de factores, entre los que el cariño del público local convive con su pertenencia a circuitos internacionales de escritores y lectores: ambas dimensiones se complementan en la construcción de la
importancia del productor literario. En tal constelación, proporcionada por la
escritora, el Premio Nacional descansa en armónico equilibrio, conectado con espacios de legitimación de una élite intelectual hispanoamericana, así como , presentando finalmente su labor consular como una dedicada eminentemente a la gestión cultural. Cuando, para cerrar su nota, Donoso inserte comentarios críticos acerca de la obra de Brunet, lo haría citando las palabras del intelectual argentino Guillermo de Torre, vale decir, prescindiendo del juicio de consagradores locales como Alone o Ricardo Latcham. De manera que la nueva ganadora del Premio Nacional de Literatura es presentada como una lectora y escritora trasandina y transatlántica, mas desde una comprensión de la internacionalidad como un mérito intelectual y literario
propio, y no como un servicio prestado por la escritora al país. Al hacer esto,
Donoso tienta una ampliación del flujo legitimador del campo literario hacia el extranjero, amplificando así su potencial consagrador.
ciudad, se concentraría en personajes femeninos, y a partir de la representación de sus conciencias y de su participación de comunidades de individuos – pequeños pueblos y plazas laborales – daría cuenta de una serie de conflictos del ser mujer en la conservadora sociedad chilena. Al contrario de muchos de sus colegas hombres, premiados con el Nacional, la obra de Brunet es hoy constantemente revisitada, especialmente desde los estudios de género. El año 2014, y bajo la dirección de Natalia Cisterna, fue publicado el primer tomo de sus obras completas, casi mil páginas dedicadas a sus novelas.
146 La Historia personal del Boom (1971) de José Donoso es un excelente complemento de las reflexiones
del autor estos primeros años de la década del ’60. Antes de su abandono definitivo del país el año 1964, el escritor vivió dos años en Buenos Aires, entre 1958 y 1960, lo que le causa una profunda impresión – y desazón – al comparar el tamaño y movimiento de los circuitos literarios de su país y del trasandino.
147 El año 1946 editorial Emecé publicaría la novela La mampara; en 1953 Losada publicaría Montaña adentro, primera novela de Brunet aparecida en Chile 30 años antes. Paralelo a esto Marta Brunet sería colaboradora frecuente de la prestigiosa revista Sur. Por cierto que este ingreso de la autora al mundo intelectual y editorial argentino fue favorecido por la plaza diplomática ocupada en Buenos Aires desde 1939, y en la que permanecería por casi 15 años.
171 desplegado sobre una entusiasta y popular transversalidad nacional, sin necesidad de acudir a vínculo institucional alguno.
III.2.3 Benjamín Subercaseaux: “los libros de Subercaseaux han sido verdaderos