5. Marco teórico de la investigación
5.1.3. Escuela y pedagogías de la memoria
5.1.3.3. Memoria, empoderamiento y juventud.
Por otra parte, es importante tener en cuenta que la construcción de la memoria histórica posibilita en los sujetos y comunidades el empoderamiento, el cual se entiende como “un proceso, un mecanismo mediante el cual las personas, organizaciones y comunidades logran control sobre sus asuntos” (Rappaport en Zambrano, Bustamante y García, 2009, p. 67). Además, este permite que los individuos y colectividades logren no solo el desarrollo de procesos transformadores en aras de superar las desigualdades, sino que estos mismos
contribuyen al fortalecimiento y cohesión de los contextos sociales. Además, el empoderamiento no solo consiste en el otorgar poder a un grupo o sujeto como puede pensarse al hacer una asociación etimológica del término, también es una posibilidad para cuestionar, repensar y organizar el contexto económico, social y político de la comunidad y los individuos.
El empoderamiento se desarrolla en distintas escalas y posee diversos destinatarios como lo afirma Sánchez (2017), lo cuales son principalmente: el sujeto, la interacción y el colectivo.
En cuanto al sujeto, el proceso de empoderamiento se centra en el desarrollo de aspectos como: la autoestima y la competencia personal, contribuyendo de esta forma a comprender que:
La adquisición de poder personal puede ser tanto el punto de llegada del proceso empoderador como su punto de partida: es bien sabido que la conciencia subjetiva de poder es la condición inicial para que las personas se embarquen en actuaciones que, si son exitosas generan poder objetivo (a menudo colectivo, compartido). Nada impide, de entrada, abrir el foco personal a la comunidad como sujeto —y destinatario— colectivo del empoderamiento (Sánchez, 2017, p. 158).
En cuanto a la interacción y el colectivo estos tienen relación con el desarrollo y acrecentamiento del poder a través del fortalecimiento de procesos de interacción y cohesión social, apuntando a la consecución de objetivos comunes y a la formación y participación política. De esta manera, los procesos de empoderamiento se cimientan desde la individualidad y se proyectan, fortalecen y concretan a través de las acciones colectivas.
A partir de la comprensión de la concepción e implicaciones individuales y colectivas del empoderamiento, es importante reconocer que uno de los sectores en los que se busca desarrollar es en los jóvenes, pues estos se asumen como actores activos y participativos dentro de sus procesos de crecimiento personal y social. Sin embargo, hablar de juventud es complejo, en tanto esta se entiende desde distintas variantes y con múltiples propósitos, por ejemplo, se habla de juventud como un grupo etario comprendido comúnmente entre los 14 y 29 años el cual posee una división interna entre adolescencia, post adolescencia y adultez joven. Por otra parte, como lo afirma Bendit (2004), también se entiende la juventud como una fase de transición en la cual se hace énfasis en el desarrollo de capacidades y derechos que se relacionan de manera directa con la vida del adulto y la integración total a las dinámicas propias de la sociedad.
Es importante tener en cuenta que la juventud o el ser joven no se puede establecer por las condiciones etarias o transicionales, pues dentro de las sociedades actuales y como
consecuencia de las transformaciones en las dinámicas sociales, culturales, económicas y políticas el paso hacia la “madurez” se ha ampliado o diversificado, pues no todos los sujetos poseen las mismas trayectorias de vida. Así las cosas, en la actualidad estos procesos se han transformado y se habla de jóvenes/adultos, lo que trae consigo un alargamiento sustancial del periodo denominado como juventud y un cambio en las dinámicas individuales y sociales dentro de una comunidad.
Realizando este acercamiento a la comprensión de lo que significan empoderamiento y juventud, es importante precisar que para el caso de la presente investigación estos dos se asocian con la formación política en tanto el sujeto es reflexivo y participante dentro de las dinámicas sociales circundantes. De esta manera, los jóvenes como sujetos políticos
empoderados, capaces de asumir posturas y realizar acciones con respecto a su pasado y presente encuentran en la construcción de la memoria histórica un espacio que permite el diálogo no solo con los relatos históricos del entorno, sino una posibilidad para repensar sus acciones con respecto a su quehacer en el presente, reconociéndose a sí mismo como sujeto transformador dentro de su comunidad.
5.2. La violencia
La violencia se puede entender de diferentes formas, pero básicamente se asume ésta desde la perspectiva de Domenach como “(…) un fenómeno humano, se puede entender esta en tres sentidos. El primero de ellos se relaciona con el aspecto psicológico, el aspecto moral y el más empleado en el último siglo y que se relaciona con el uso ilegal e ilegítimo de la fuerza” (1981, p.34). La violencia entonces está directamente relacionada con el actuar a través de la
fuerza, la cual se impone sobre el otro o los otros, con el fin de obtener una ganancia que en muchos casos es individual, así las cosas, ese uso de la fuerza se legitima de diversas formas y tiene distintas repercusiones.
A partir de la perspectiva sociológica, la violencia se entiende y asume de distintas formas, las cuales se relacionan como se exponía en líneas anteriores con el uso ilegitimo de la fuerza o como lo afirma Galtung (Domenach et al, 1981), con “algo evitable y que obstaculiza la autorrealización humana” (p.96). La violencia no solo tiene una forma de entenderse, pero si es posible determinar que en ambos casos esta se asumirá como una manera de desequilibrar al otro y causarle daños que comúnmente son irreversibles. No obstante, se puede evitar, aunque es parte de la condición del humano, puesto que no solo suele ser violento entre sus pares, sino que actúa también sobre la naturaleza que le rodea.