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Yo he recibido del Señor, lo que a su vez os he trasmi tido: Que el Señor Jesús en la noche en que fiie entre-
gado... H aced esto en memoria m ia (1 C or 11,23-24).
Introducción
Si la Escritura es el alma de la teología y de la vida de la Iglesia, la Tradición es su memoria. Si la Escritura es la fuente, la Tradición es el cauce. Sin esta memoria y este cauce la Escritura deja de ser alma y fuente de la teología y de la vida de la Iglesia. Por el camino de la Tra dición se accede de una forma viva, actual y significativa a la revela ción testimoniada en la Escritura. Unidas entre sí, la Escritura y la Tradición' se convierten en la mediación necesaria que nos entrega y actualiza la revelación de Dios.
El texto bíblico que encabeza este capítulo sintetiza con brillantez la esencia de la Tradición, Ella es memoria de la Iglesia y, en conse cuencia, de la teología. Por otra parte, se describe el acto fundamen tal de la Tradición, el cual consiste en recibir y transmitir; pero tam bién su contenido básico, la entrega de Cristo por nosotros y para la vida del mundo. Esta donación en favor de los hombres constituye el principio fundamental de la Tradición que la Iglesia guarda en su me moria y actualiza en su vida.
1. La Tradición en diálogo
a) Escritura y Tradición: en diálogo con la Reforma
La historia de la interpretación teológica de la relación entre Es critura y Tradición es larga y compleja, especialmente después de la
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Reforma protestante y el concilio de Trento1. No podemos entender la Escritura y la Tradición como dos fuentes diferentes de la revela ción, sino como una única realidad que hace posible que el aconteci miento de la revelación de Dios acaecido en Jesucristo sea acogido y recibido en la fe mediante la recepción del Espíritu santo en el cora zón de cada creyente. Pues tan sólo de esta forma semejante aconte cimiento puede realmente pasar de ser un hecho objetivo a fuente de salvación2.
La comprensión de la revelación esbozada en el concilio Vaticano II y en la teología contemporánea nos ha ayudado a tener, por un lado, una visión menos literalista y fiindamentalista de la sagrada Escritura (peligro que se halla de forma más acentuada en la Tradición protes tante), y a desarrollar, por otro, un concepto más vivo y dinámico de la Tradición (y no tan fosilizado como el que ha predominado en la Tradición católica)3. Esto ha permitido comprender ambas realidades desde su unidad esencial, pues las dos provienen de la misma fuente, es decir, la revelación de Dios, y tienden al mismo fin, es decir, la sal vación del hombre (DV 9).
b) Cristo y el Espíritu: en diálogo con la Ortodoxia
Cuando en teología hablamos de la Tradición estamos afrontando la delicada cuestión de la relación entre historia objetiva y presencia subjetiva, entre pasado y presente, entre mediación objetiva e inme diatez personal, entre identidad y significación, entre fidelidad y crea tividad, en definitiva, entre cristología y pneumatología.
Para el maestro dominico Yves Congar, el principio de la Tradición ha sido fundamental para el desarrollo del pensamiento teológico. De hecho, la teología ha logrado comprender que «los acontecimientos centrales de la historia de la revelación y de la salvación testimoniados en la Escritura, los cuales forman el fundamento histórico y objetivo del cristianismo, se transmiten al presente vivo en el acontecimiento de
1. Cf. J. Ratzinger, Ensayo sobre el concepto de tradición, en K. Rahner-J. Ratzinger, Revelación y tradición, Barcelona 1970, 27-76.
2. Sobre la relación de la teología católica con la teología protestante y orto doxa en la cuestión de la Tradición J.-G. Boeglin, La question de la Tradition dans
la théologie catholique contempomine, París 1998.
La memoria: la Tradición
la Tradición eclesial»4. No en vano, «tradere expresa el modo según el cual la manifestación de Dios, de su misterio, de su plan de salvación, llega a cada hombre para convertirse, una vez recibidos [dichos acon tecimientos centrales] por la fe, en principio de salvación»5. Así pues, «la Tradición apostólica es siempre histórica y pneumática o carismá- ! tica. Histórica por su origen y por la materialidad del contenido; pneu mática o carismàtica en cuanto al poder que obra en ella»6. Desde aquí se percibe ya cuál va a ser la estructura fundamental de la Tradición cristiana; más aún, la forma fundamental del cristianismo en sí; ser don 1 de Dios (Padre) como acontecimiento histórico (Cristo) y presencia es- ¡ piritual (Espíritu santo). Ese acontecimiento «tiene que moverse por ! dentro de ese espacio-temporalidad de la existencia histórica de la hu
manidad y llegar así hasta nosotros»7. La «tradición es memoria lesu Chrisíi que acontece en el Espíritu santo; es la palabra de Dios que vi ve en los corazones de los creyentes por medio del Espíritu santo»8. La Tradición es la mediación en el espacio y en el tiempo para la inme diatez con el acontecimiento revelador,
c) Tradición o ruptura: en diálogo con la Modernidad
En su fase última, la Edad Moderna se comprende a sí misma co mo ruptúra con la Tradición anterior, ya que su objetivo consiste en la búsqueda y conquista de la libertad y la autonomía del sujeto. Todavía \ hoy impresionan las palabras magistrales con las que uno de sus re- I presentantes más cualificados, el filósofo de Kònisberg Immanuel i Kant, describió la esencia de este periodo:
\ La Ilustración es la em ancipación d el hombre de su condición de m i noría de edad, de la que él m ismo es responsable. L a m inoría de edad
es la incapacidad de servirse de la propia razón sin la guía de otro. El hom bre m ism o es responsable de tal condición, pues ésta no es el re-
4. Y. Congar, La Tradición y las tradiciones. Ensayo histórico I, San Sebas tián 1964, 74.
5. Ibid., 54.
6. Ibid., 40.
7. K. Rahner, «Sagrada Escritura y Tradición», en Escritos de teologia VI, Madrid 1969, 120.
8. W. Kasper, «La Tradición como principio del conocimiento teológico», en
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sultado de la falta de inteligencia, sino de la falta de coraje y decisión para servirse sin la guía de otro. Sapere aude! Ten el coraje de servirfe de tu propia razón: he aquí la palabra clave de la Ilustración9. El teólogo inglés Colin E. Gunton, ayudado del análisis de la Mo dernidad que hace el filósofo comunitarista Charles Taylor10, ha seña lado como característica de dicha época el proceso continuo de «des conexión» («Modernity as disengagement») iniciado con Descartes. Y en concreto, desconexión de las realidades que constituyen al ser humano: el mundo, los otros y Dios. Una desconexión, por lo tanto, cosmológica, antropológica y teológica. Con ella se produce un des plazamiento hacia la inmanencia, situándose el hombre como centro autónomo y absoluto, que instaura con su entorno una relación nueva que podríamos definir como instrumental. Ahora se trata al mundo y a los otros como algo externo y ajeno a mí, como un objeto del cual puedo disponer y usar en beneficio de mi autonomía y libertad.
Según la presentación de este autor, la Modernidad se equivocó al concebir lo otro (alteridad) como realidad necesariamente heterónoma de la que conviene desvincularse para ser libre. Y ya que el pathos de la modernidad se caracteriza por ser el intento de liberarse de una he- teronomía cósmica y teológica, el resultado no ha sido otro que una nueva forma de heteronomía más enajenadora que las anteriores. El in dividualismo resultante ha traído formas nuevas y más sofisticadas de dominación (V Havel), entre las que destaca la homogeneización pro piciada por los avances tecnológicos y los medios de comunicación.
Llegados a este punto, la solución propuesta para salir del laberin to en el que se haya arrojado el hombre actual (J. L. Pinillos) consiste en volver a conectarlo con sus realidades constituyentes y constituti vas1’: el cosmos, el prójimo y Dios, donde la Tradición (entendida co mo memoria e identidad colectiva a la vez que potencia creadora) tie ne una función capital12.
9. I. Kant, Beantwortung der Frage: Was ist Aufkiarung? (1783), en Werke IX, Darmstadt 1975, 53.
10. C. Taylor, Fuentes del yo. La construcción de la identidad moderna, Bar celona 1996.
11. Cf. C. E. Gunton, Unidad, trinidad y pluralidad. Dios, creación y cultura
de la modernidad, Salamanca 2005, 26-54.
La memoria: la Tradición 141
d) La Tradición, mediación para la inmediatez: en diálogo con la postmodernidad
La relación que existe entre mediación e inmediatez genera un pro blema irresoluble en la experiencia religiosa y en la experiencia de Dios. Por un lado, se constata la relación entre las mediaciones históri cas e institucionales, que facilitan y traducen la experiencia de Dios en una historia e institución determinada (culto, credo y código); pero, por otro, se percibe la necesidad de que esas mediaciones conduzcan a la inmediatez de la experiencia de Dios, la cual afecta a lo más íntimo de nuestro ser y nuestra vida (conciencia, comunicación y comunión).
Esta problemática, en el fondo, recupera la relación entre Cristo y el Espíritu, planteada unas líneas atrás. Con todo, lo que denomina mos en teología «doctrina del Espíritu santo» cobra hoy plena actuali dad. Así, al igual que hemos descubierto que no puede haber verdade ra teología sin pneumatología, es decir, un verdadero discurso sobre Dios sin tener en cuenta la experiencia que El suscita en el interior de la conciencia de cada hombre (inmanencia), tampoco es posible abor dar la pneumatología sin teología, es decir, pensar la experiencia de lo divino sin remontarnos a la idea de un Dios personal y trascendente (trascendencia)13 mediado por una exterioridad histórica (alteridad). No hay, pues, acceso a Dios si no es por Cristo y en el Espíritu.
Insistamos en esta misma constelación de ideas. No hay inmanen cia sin historia ni trascendencia. Es decir, no hay verdad interior del Espíritu en el sujeto que no esté remitida a una historia concreta y ob jetiva de Jesús de Nafaret, el cual, a su vez, nos abre y nos remite a la última trascendencia de Dios Padre. No hay trascendencia, sin histo ria ni inmanencia. A saber, no hay misterio incomprensible de Dios y verdad trascendente que siempre nos desborda y supera, sin su rela ción a la revelación y verdad concreta de Jesús de la que nos apropia mos personalmente desde la acción inmanente del Espíritu. No hay historia, sin inmanencia ni trascendencia. O sea, la verdad de la his toria de Jesús no puede percibirse y acogerse en su pura facticidad, sin la presencia inmanente del Espíritu en el hombre y en la medida en que esa historia nos abre al misterio trascendente del Padre.
13. Cf. T. Ruster, Der verwechselbare Gott. Theologie nach der Entflechtung
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2. Imágenes para hablar de la Tradición
Son numerosas las imágenes que se han venido utilizando para comprender el fenómeno humano y la realidad teológica de la Tradi ción. Entre ellas queremos destacar la imagen de camino, organismo vital y memoria.
La cuestión de la Tradición, comprendida desde su doble perspec tiva de realidad humana y principio teológico, nos sitúa ante un pro blema fundamental: cómo establecer una adecuada relación entre el pasado y el presente (imagen del camino), entre el origen y su desa rrollo posterior en una continuidad discontinua (imagen del organis mo vital), entre un deseo legítimo de inmediatez con la realidad y la mediación necesaria que nos permite y nos da acceso a esta inmedia tez (imagen de la memoria).
a) Tradición como camino
La metáfora del camino evoca, en primer lugar, el dinamismo de un recorrido. Aplicada al término Tradición, representa aquella vía para llegar a un origen que se localiza en el pasado, pero que al ser normativo y esencial para el presente (auctoritas), ha de ser recibido, integrado y transmitido a generaciones sucesivas (recepción, apropia ción y transmisión).
Justamente en este punto el argumento de autoridad encuentra su fundamentación. La autoridad no es un poder que se impone desde fuera por la fuerza, sino la asunción y el reconocimiento de que algo significativo e importante para el presente proviene originariamente del pasado, es decir, de una tradición. El origen, por tanto, deja de ser cronológico para convertirse en «ontológico» (principio esencial y sustentador).
La fuerza de la imagen del camino nace de estar orientada hacia el pasado en su relación con el presente. Y sin embargo, aquí surge el problema principal en este proceso de mediación hacia el pasado. ¿Cómo es posible acceder a un hecho único e irrepetible en la historia, que se nos escapa en el origen de los tiempos, y que ni siquiera es uní voco y transparente en su interpretación? Más aún, ¿quién tiene la au toridad para interpretar mejor ese hecho en su significación original y, por ello, en su repercusión actual?
b) Tradición como organismo
La metáfora del organismo vivo procede indistintamente del mun- ■ do vegetal o animal. Se trata de una imagen muy querida en el ro manticismo (siglo XIX), que ha sido utilizada como reacción a una Ilustración que se comprendió a sí misma en ruptura con el pasado y la Tradición.
La fuerza de esta imagen nace de estar orientada hacia el futuro en su relación con el presente. No en vano, la Tradición se comprende i como un proceso vital de crecimiento de una realidad dada y recibida,
hasta que llega a su pleno desarrollo.
La Tradición es percibida y definida como una totalidad orgánica y viviente, que exige, a la vez, una continuidad histórica y una creativi- f dad innovadora. Esta imagen fue impulsada y desarrollada por la es- [ cuela de Tubinga. De hecho, a ella recurre su fundador, Johann Sebas- I tian von Drey, y uno de sus mejores discípulos, Johann Adam Möhler.
La imagen del organismo vital puede entenderse tanto en sentido positivo (modelo del desarrollo) como negativo (modelo de la dege neración), ya que los organismos vivos no sólo tienen la posibilidad y la capacidad de crecer y desarrollarse, sino la de enfermar o degene rar. La clijve de esta metáfora se encuentra, por tanto, en impedir que el organismo se desarrolle de forma indiscriminada, pautando un pro grama de purificación y de cura. En este sentido, resulta clarificado-
!
ra la imagen bíblica de la viña, que necesita de poda y saneamientopara alcanzar su madurez14,
i El problema fundamental de esta imagen es evidente. Se afirma de i tal forma la continuidad viviente en la Tradición como un todo orgáni
co, que no se distingue con suficiente claridad el momento constitutivo de la revelación profètica y apostólica, del posterior momento dinámi co, actuaìizador e interpretativo de esa salvación15. Por otro lado, esta imagen genera dificultades propias en cada una de las formas que exis ten de comprenderla16. Así, el modelo de la degeneración progresiva 14. C. E. Gunton, A B rief Theology o f Revelation, London-New York 32005, 83-87.
15. Y. Congar, La Tradición y las tradiciones I, 175.
16. Cf. D. Wiederkehr, Das Prinzip Überlieferung, en W. Kern (ed.), Hand
buch der Fundamentaltheologie IV Traktat Theologische Erkenntnislehre, Tübin-
gen-Basel 2000, 73-78.
144 El ejercicio de la teología
respecto a un origen único y pleno, que con el paso del tiempo va per diendo vitalidad y originalidad, no hace justicia a la afirmación funda mental de la presencia del Espíritu en su Iglesia. De hecho, este mode lo conduce a un arqueologismo, donde lo más antiguo siempre es lo mejor y más original desde un punto de vista objetivo. El modelo del desarrollo lineal y ascendente no toma en serio la historicidad del hom bre y de la Iglesia, pudiendo desembocar en un fanatismo que contem pla el desarrollo de la Tradición concreta como el desarrollo orgánico de un núcleo original. Además, se absolutiza la forma última en la que ha cuajado esa evolución, olvidando que en todo proceso histórico se dan avances y retrocesos que nada tienen que ver con la historia crono lógica de los hombres17. Por ejemplo, ¿podemos decir realmente que ha comprendido mejor la novedad cristiana la teología del siglo XVII que la de los siglos II y III? En algunos temas seguro que se ha producido un progreso real, pero en otros el retroceso es obvio.
c) Tradición como memoria
La metáfora de la memoria alude, de manera análoga, a la función de dicha facultad en el ser humano. La memoria posibilita la relación del pasado con el presente, actualizándolo y haciéndolo vivo en noso tros; además, nos abre al futuro, anticipándolo en nuestra conciencia. La Tradición tiene que ver con el pasado, pero también con la auto ridad que ejerce sobre el presente, al que ilumina y juzga. A su vez, tie ne que ver con el futuro y con la capacidad de acoger la novedad que siempre espera más adelante. La memoria es la capacidad de acoger el pasado actualizándolo en el presente, y desde ese presente, anticipar el futuro anhelado. La Tradición es una forma positiva de comprender la relación entre el presente, el pasado y el futuro, sin absolutizar nin guna de las tres dimensiones del tiempo18.
Sin embargo, aunque la memoria no es el ámbito en el que se pro duce esa interconexión temporal de forma horizontal, sí hace posible la relación entre el tiempo humano y la eternidad de Dios. La memo
17. W. Kasper, «La Tradición como principio del conocimiento teológico», 94-134, aquí 126-127,
18. C. E. Gunton, A BriefTheology o f Revelation, 89; cf. Id., Unidad, trinidad
La memoria: la Tradición 145
ria es la condición de posibilidad de que el Eterno se manifieste en el tiempo y el tiempo se abra a la eternidad. La memoria es la capacidad para lo eterno en el tiempo19.
La actual sociología de la religión concede mucha importancia al fe nómeno de la Tradición, a la cual comprende como lugar y espacio de la memoria colectiva20. Mientras que la modernidad quiso romper cons cientemente con todo lo que significara tradición, la posmodernidad ha sido mucho más cauta al respecto. Si la reivindicación de la modernidad fue la libertad desvinculada de toda realidad anterior, a la que com prendía de manera alienadora y esclavizante, el hombre posmodemo ha sido más consciente al asumir que sólo se es libre desde una realidad previa que debe ser personal y subjetivamente integrada y recreada.
Más aún, la sociología de la religión ha llegado a subrayar la rela ción esencial que existe entre memoria y religión. Así, ha acogido y ponderado la importancia de la Tradición para la vida humana, recono ciéndola como proceso de recepción de un pasado que nos hace cons cientes de pertenecer a un linaje, mas también como proceso de comu nicación que posibilita la construcción creativa en la que cada miembro es agente generador y creativo de esa misma tradición recibida21, f Con todo, el fenómenó de la Tradición como memoria no puede
j ser percibido, exclusivamente, desde un punto de vista social como ! memoria colectiva y vínculo de identidad y continuidad con las gene
raciones anteriores (linaje). Esto es necesario, pero no suficiente. La memoria es una realidad más compleja y más rica desde el punto de vista filosófico-antropoTógico y desde el punto de vista teológico. En este sentido, Agustín de Hipona realizó un original y penetrante estu dio sobre la memoria en el libro X de sus Confesiones21, yendo más