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Mimesis como analogía

I. 1 3 Los modos de la poética

III. 4. Mimesis como analogía

Al comienzo de la Metafísica, Aristóteles presenta la ciencia de las cau- sas primeras y de los principios, esto es, la sabiduría (sophía), y considera las diversas posiciones que los ilósofos que lo precedieron adoptaron en

24 En HA 597b 21-26, detalla las características del autillo, que es un tipo de búho: “El autillo

(ôtos) es semejante (hómois) a las lechuzas y tiene alitas alrededor de las orejas. Unos lo llaman cuervo de la noche. Es engañador/burlón (kóbalos) e imitador (mimetés) y cuando imita la danza (antorchoúmenos) de un cazador es apresado porque otro cazador lo arrolla, lo mismo que la lechuza.En general, todas las aves de garras cortas son de cuello corto, lengua larga y son hábiles para la imitación (mimetiká)”.

25 En HA IX 1, describe el estado de guerra en que usualmente se hallan los animales, dado

que ocupan los mismos lugares y deben competir por los mismos medios de subsistencia, y describe la hostilidad que existe entre las diversas clases. Así, por ejemplo, en HA 609b

14-18 describe la enemistad entre cierta clase de ave, la cual resulta difícil de identiicar, y el

caballo: “El ánthos es enemigo del caballo. El caballo lo echa del pastoreo, pues el ánthos

se alimenta de hierba y dado que hay una mancha blanca en sus ojos no tiene una mirada penetrante. Remeda o imita (mimeîtai) el sonido del caballo y no solo lo espanta volando sobre él sino que también lo echa, pero siempre que el caballo lo toma, lo mata”.

26 En HA IX 49 (631b 5-13), explica los cambios en los caracteres sexuales de las gallinas:

“Así como todos los animales actúan de acuerdo con sus disposiciones naturales, de la misma manera también cambian su carácter de acuerdo con sus actos, y muchas veces incluso cambian sus partes, tal como las aves. En efecto, las gallinas cuando han vencido a los machos lanzan un grito agudo imitándolos (mimoúmenai) e intentan montarlos. Su cresta y su cola se ponen enhiestas, de manera que no resulta fácil reconocer que son hembras. Por otro lado, a algunas les crecen una suerte de pequeños espolones”.

relación con los principios (Met. I 3-7). En Met. I 6 analiza de manera de- tallada la doctrina platónica de las Formas y la compara con la ilosofía de los pitagóricos.

Pues por un lado, los pitagóricos dicen que las cosas que existen ( ónta) son imitaciones (mimései) de los números, mientras que Platón cambiando de nombre <dice que son> participaciones (methéxei). Ciertamente, <tienen> en común que dejan de lado investigar qué clase de cosa sería la participación (tèn méthexin) o la imitación (tèn mímesin) de las Formas. (Metaph. 987b 11-14)

Aristóteles critica a los pitagóricos y a Platón por la falta de precisión conceptual con la que emplean mímesis y méthexis de manera respectiva. Sin embargo, al inal del capítulo, él mismo emplea el vocabulario mimético sin haber deinido previamente su signiicado. Así, en Metaph. 987b 19, se reiere a los principios materiales y formales propuestos por su maestro: por un lado, la díada de lo Grande y de lo Pequeño, considerada principio en cuanto materia (tò méga kaì tò mikròn, 987b 20), y, por otro, el Uno, concebido como entidad (tò én, 987b 22). Según la concepción platónica, la materia aporta la multiplicidad y la forma, la simplicidad, pero Aristóteles rechaza e invierte esta comprensión de los principios:

Sin embargo ocurre lo contrario pues no es razonable que <suceda> de este modo. A partir de la materia <dicen que> se producen muchas cosas, mientras que la forma engendra solo una vez, pero es evidente que a partir de una sola materia se produce una mesa, y lo que lleva la forma siendo uno produce muchas cosas. De igual manera (homoíos), se encuentra el macho con relación a la hembra, puesto que esta es fecundada por una sola cópula, mientras que el macho podría fecundar a muchas <hembras>. Y en verdad, estos son análogos a (mimémata) aquellos principios. (Metaph. 988a 1-7)

Con el objeto de mostrar su oposición a la teoría platónica, establece un paralelismo entre las causas de lo que existe –materia y forma– y los principios de la reproducción. Conforme a su concepción biológica, tanto el macho como la hembra son principios de la generación, pero el macho transmite la forma en cuanto es el principio activo mientras que la hembra aporta la materia que es informada y, por ende, constituye un principio pa- sivo (Femenías, 1996: 97; 103). Al igual que los pitagóricos, Aristóteles no

precisa qué entiende por mimémata cuando alude a la relación que guardan materia y forma con los principios de la reproducción en el hombre, pero no emplea el término para explicar la relación que las cosas que existen ( ónta) guardan con las entidades suprasensibles, sino para dar cuenta de la relación que los principios tienen entre sí. El uso de mimémata claramente reiere a la analogía que existe entre ambas clases de principios, puesto que el macho tiene con la hembra la misma clase de relación que la forma con la materia. El macho es capaz de fecundar a muchas hembras y, de igual modo (homoíos, 988a 5), a partir de la forma se pueden engendrar muchas cosas, las cuales serán informadas por esta.27 Como veremos detenidamente en el

próximo capítulo, la comprensión de la mimesis como analogía tiene un lugar destacado en el corpus.28

27 La traducción de Calvo Martínez (1994: 98): “Evidentemente, las parejas propuestas

son imitaciones de aquellos principios”, es –a mi entender– insuiciente en la medida en

que no da cuenta de este contexto analógico. En este sentido, me parece más adecua- da la de Tredennick: “And these relations are analogues of the principles referred to” (1956: 47 ad 988a 7-8).

28 Sin pretender negar la necesaria arbitrariedad que inevitablemente supone toda selección,

quiero señalar que, para la elección de los pasajes, he tenido en cuenta el registro de usos

del vocabulario mimético en cada obra y la signiicación de los mismos a la luz del contexto

Entre los múltiples empleos de mímesis atestiguados fuera de la Poética, el que ha sido más determinante en la historia cultural del concepto es aquel que aparece en la fórmula téchne-mimeîtai-phúsin (en adelante, tmp) y que

Aristóteles enuncia en Phys. II 2 (194a 21), 8 (199a 15-17), en Mete. IV 3 (381b 6) y en Protr. B 13-14. Mediante estas diversas enunciaciones, el ilósofo alude al vínculo que existe entre el ámbito de la producción técnica y el de la naturaleza, sea con relación a su organización teleológica, sea respecto de su estructura hilemórica, sea en cuanto a la semejanza entre sus procesos.

Como señala Blumenberg (1999: 73), durante dos mil años el principio formulado por Aristóteles pareció ser la respuesta concluyente y deinitiva a la pregunta por la relación entre el arte y la naturaleza. De hecho, a través de él puede explicarse buena parte de la historia de la relexión ilosóica, y particularmente estética, de Occidente, puesto que se constituyó en el pa- radigma de la producción artística desde mediados del siglo xv hasta ines

del siglo xix. Las múltiples transiguraciones y mutaciones que experimentó

durante su prolongada historia fueron determinadas en gran medida por la interpretación que en cada momento histórico se otorgó a los términos que lo

c

aPÍtulo

iv

elPrinciPiotéchne-MiMeîtai-Phúsiny

surelevancia

componen.1 Aunque el Estagirita no formula este principio ni hace referen-

cia directa a él en la Poética, la conocida mención de Plinio en su Naturalis historia –que data del siglo i y que se sustenta en una fuente peripatética del

siglo iv a. C.– atestigua que desde su más temprana recepción se lo vinculó

a las artes miméticas, fundamentalmente a la pintura.

A pesar de la innegable importancia de su historia cultural, el signiicado artístico de este principio en el corpus aristotélico ha sido y sigue siendo objeto de discusión.2 Desde la segunda mitad del siglo

xx, esto es, cuando se

acrecienta el interés crítico y ilosóico por la Poética y por el pensamiento estético de Aristóteles en general, puede observarse que la amplia mayoría de los estudiosos evita considerarlo.3

Algunos autores incluso alegan que el principio tmp es completamente

ajeno a la comprensión de las habilidades artísticas y, a causa de ello, lo ig- noran en el estudio de la mimesis aristotélica.En tal sentido, es paradigmática la postura adoptada por Halliwell (2002: 153 n. 5; 1999c: 315-6 nn. 5 y 7), quien insiste acerca de la necesidad de desvincular la téchne poietiké de este principio más amplio, según el cual las téchnai como un todo “siguen el patrón” o quizás “imitan” (mimeîsthai) la naturaleza en cuanto a la persecu- ción ordenada de sus ines, puesto que este no se aplica a las artes miméticas como tales, sino que pertenece de manera exclusiva a la ilosofía general de la naturaleza, es decir, a la física.4 Aun cuando admite que estas artes “pre-

sumiblemente” están subsumidas bajo este principio,5 sostiene que no existe

1 En tal sentido, Halliwell airma: “Variations and luctuations in the signiicance of the phrase

relect shifts in the understanding of all three of its terms” (2002: 352).

2 Cfr. Veloso (2004), Halliwell (2002), Blumenberg (1999), Ricouer (1977), Bien (1964) y

Butcher (1951).

3 La publicación en 1952 de la revista Critics and Criticism: Ancient and Modern,en la que

se reunieron un grupo de estudiosos pertenecientes a la Universidad de Chicago, marca un hito en la crítica. Uno de los rasgos principales de la Escuela de Chicago –que es como

actualmente se identiica al grupo– es su especial interés por la Poética, en virtud del cual

se la caliica como “neo-aristotelista”. Richard McKeon igura entre sus miembros más des- tacados. Cfr. Brogan-Preminger (1993: 184-185).

4 Bien (1964) en su crítica a Blumenberg adopta una posición semejante.

5 “The mimetic arts are certainly counted by Aristotle as belonging to the class of technē

(craft, artistry) as a whole, and, more particularly, as forming a subdivision ofpoiēsis (making) or productive craft. As with all other varieties of human craft, artistry, or technical activity, Aristotle regards poetry, visual art, music, and dance as possessing, at any rate in their culturally developed manifestations, highly structured procedures for the achievement of their purposes. In thatsense they presumably fall, with all technē, under the general Aristotelian principle that

razón alguna para considerar que el mismo se reiera al carácter expresa o internamente mimético del grupo de artes tratadas en la Poética, puesto que no está ligado a su condición necesariamente intencional.6 Al igual que la mayoría

de los intérpretes contemporáneos, considera que la signiicación primaria de esta familia de palabras en el corpus reside en Poet.1 (1447a 13-28). En este sentido, sostiene que la aplicación más amplia del término, referida a las formas no artísticas de comportamiento animal, humano o incluso a los objetos inanimados, no aclara lo que la mimesis signiica con relación a las prácticas artísticas y sus productos y, en razón de ello, enfatiza el carácter esencial que debe tener la tajante separación del principio tmp, para evitar identiicarlo

con la mimesis. Conforme a esta lectura, en el pensamiento de Aristóteles habría dos clases distintas de mimesis y, a pesar de que tradicionalmente se estableció una igualación directa entre ambas, Halliwell (2002: 352) asegura que no es posible hablar de un principio unitario, sino más bien de “la larga historia del sentimiento que actualmente y por convención se traduce como ‘el arte imita la naturaleza’”.7

Frente al predominio indiscutido de este tipo de interpretación,creo que es posible evitar la identiicación de la mimesis aristotélica con el principio estético que concibe a las artes como imitación de la naturaleza y, a la vez, recuperar la relevancia interpretativa de la analogía que el ilósofo establece entre téchne y phúsis. Desde esta postura se puede evaluar la signiicación

del principio tmp para el caso particular de las artes miméticas. Si bien es

cierto que este no es enunciado por el Estagirita en contextos que lo vinculen de manera directa con las artes miméticas y que tampoco puede relacionarse exclusivamente con ellas, sin embargo son varios los indicios que –a mi

of nature’ (mimeitai tēn phusin, and similar Greek locutions), or, in the usual though now quite

unhelpful translation, ‘imitates nature’” (Halliwell, 2002: 153-154) [el destacado es mío].

6 “Even where this tenet could apply to, say, poetry or painting, it does so in a quite different

sense from the mimesis of the Poetics. While the latter denotes a conscious process of representation, the ‘mimesis of nature’ appealed to in the Physics need not be conscious at all: house building, for example, is covered by the wider Aristotelian principle of the mimesis of nature, but this does not mean that the house builder knowingly models his work on natural processes. Moreover, mimesis in the mimetic arts is a matter of representational content (poetry’s representation of ‘action(s) and life’), whereas nature is not the intentional object or content of human artistry in the formula of the Physics. But if for Aristotle himself artistic representation and the analogousness of human productivity to nature were separate kinds of mimesis, the later history of aesthetics was allow them to merge” (Halliwell, 2002: 352) [el destacado es mío].

entender– impulsan a reconsiderar la signiicación general que tiene en el corpus y, en particular, respecto de ese grupo de artes.

En efecto, este es uno de los principales objetivos a los que apunta la presente investigación: reexaminar la comprensión aristotélica de las artes miméticas mediante la especíica aplicación del principio tmp. Para alcanzar

dicho propósito adopto una doble perspectiva, por un lado, analizo de manera detallada los cuatro pasajes del corpus en los que Aristóteles lo enuncia, a in de determinar cuál es el signiicado que el vocabulario mimético tiene en los mismos; por otro, examino las referencias tácitas y explícitas a la phúsis

que es posible hallar a lo largo de la Poética y que, a mi juicio, muestran que las artes miméticas no deben ni tampoco pueden ser desligadas de la naturaleza. Finalmente, relexiono acerca de los principales lineamientos que hacen a la historia de este principio con el propósito de comprender las causas de su prolongada pervivencia como axioma estético.

En deinitiva, procuro demostrar aquí que el principio tmp resulta, en un

determinado sentido, relevante para entender el lugar que las artes miméticas ocupan en el pensamiento de Aristóteles.