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Los orígenes y la evolución histórica de la identiicación

I. 1 3 Los modos de la poética

III. 1. Los orígenes y la evolución histórica de la identiicación

de semejanzas

La mimesis involucra, para Aristóteles, un proceso de identiicación de semejanzas entre objetos disímiles, y la enunciación de ese reconocimiento a través de la fórmula “este es <como> aquel” o “esto es <como> aquello” representa una de las formas más elementales de conocimiento. A pesar de que el ilósofo no introduce la partícula comparativa hos ni en la formulación de Poet. 4 (hoûtos ekeînos) ni en la de Rhet. I 11 (toûto ekeîno), ella está táci- tamente presente, puesto que, de no ser así, la fórmula enunciaría la identidad entre ambos términos, pero es claro que, por ejemplo, la relación entre Sócrates y la imagen de este en un retrato solo involucra una semejanza parcial.

Como se sabe, la mayoría de las inferencias cotidianas que los hombres realizan se fundamentan en la identiicación de semejanzas, así, la conducta del niño que alguna vez se ha quemado y luego huye del fuego presupone la comprensión de la similitud de ambas situaciones (Copi, 1999: 398)2 e incluso el empleo mismo

de cualquier término general depende del reconocimiento de la semejanza entre las distintas instancias a las que ese término es aplicado (Lloyd, 1992: 383). Este

2 Tomo este ejemplo de Copi, quien asegura que la conducta del niño se basa en algo

muy similar a una inferencia analógica, aun cuando esta no es explícitamente formulada por él en un razonamiento.

tipo de inferencia –a la que algunos autores de manera genérica denominan “ana- logía”– es una de las formas más simples y elementales de razonamiento y de explicación, que es común a todos los hombres y a todos los tiempos.3 Las inves-

tigaciones antropológicas muestran que está presente en las formas más primitivas de pensamiento, por ejemplo, la práctica de la magia homeopática y la técnica de interpretación de presagios suponen la existencia de un vínculo sobrenatural entre casos similares (Lloyd, 1992: 176-182).

De modo general, las semejanzas se emplean para hacer inteligible algo desconocido o poco familiar, y, en el caso particular de las descripciones literarias, para transmitirle al lector un relato vívido. Entre los siglos vi y iv

a. C., la identiicación de semejanzas tuvo gran relevancia, pues a través de sus variantes más o menos complejas –las imágenes, las comparaciones, los símiles, las metáforas y las analogías– ella desempeñó un importante papel en el desarrollo del pensamiento griego.

El reconocimiento de las semejanzas supone una comparación entre los términos involucrados y, desde un punto de vista sintáctico, dicha relación se

3 Si bien la analogía remite en sentido estricto a la relación de proporción que existe entre

dos más sistemas de órdenes, por medio de ella se suele referir también a la semejanza de una cosa con otra, o bien a la similitud de unos caracteres o funciones con otros. Pero no hay acuerdo sobre qué es lo que se incluye bajo esta noción, pues algunos autores reservan el término para referir a la semejanza de relaciones, otros distinguen su empleo argumental de otras formas analógicas más laxas y también hay quienes, bajo este esquema elemental de pensamiento, engloban desde la más simple comparación hasta las inferencias propiamente analógicas, en la medida en que todas tienen en común la observación de las semejanzas. Copi (1999: 399) señala que, además de su uso frecuente en razonamientos, las analogías suelen usarse de manera no argumental y considera que este uso debe diferenciarse clara- mente de su empleo en los razonamientos. Para Perelman y Olbrechts-Tyteca (1971: 372), lo que distingue la analogía de la noción de la identidad parcial o de la mera semejanza es la semejanza de relación que establece entre sus términos. Su valor argumentativo es concebido como una semejanza de estructuras, cuya formulación más general es: A es a B como C es a D. A pesar de su frecuente asociación con la proporción matemática, no es su forma más

signiicativa porque no hay en ella una diferencia entre las relaciones involucradas. Dicha

diferencia consiste en la relación asimétrica entre los términos que conforman la analogía, esto es, entre el théma (los términos a los que la conclusión se relaciona) y el phóros (los términos que sirven para apoyar el argumento y que usualmente son mejor conocidos que el théma). Asimismo, la condición necesaria para que exista la analogía es que el théma y el

phóros pertenezcan a distintas esferas, pues en tal caso no hay una analogía sino un argu- mento mediante ejemplos en el que el théma y el phóros representan dos casos particulares de una misma regla. Por su parte, Lloyd (1992: 176) concibe la analogía en su sentido más amplio para referirse no meramente a la analogía proporcional, sino a cualquier modo de razonamiento en que un objeto o conjunto de objetos es asemejado o asimilado a otro. Es una forma de pensar, a partir de la experiencia, común a todas las personas y a todos los períodos históricos.

construye a través de las proposiciones comparativas. En ático, las mismas dan lugar a una especie particular de oraciones relativas que comienzan con un ad- verbio o adjetivo correlativo al que ordinariamente corresponde un antecedente demostrativo en la oración principal.4 La forma más antigua y solemne en que

se presenta esta clase de proposiciones es la comparación de tipo homérica, que es introducida por el proclítico hos y, en segundo término, seguida por

hós.5 A pesar de que el símil homérico ocupa varios versos, solo atiende a un

aspecto preciso y la extensión del primer término tiene un carácter meramente descriptivo.6 Los símiles y, en general, las comparaciones no cumplen en Home-

ro una función únicamente estilística sino que también le permiten comunicar nociones muy diversas, por ejemplo, ideas de tiempo, de distancia, describir estados psicológicos, o bien hacer más comprensible aquello que es difícil de concebir como es el caso de lo divino o lo milagroso, entre otras.

Según advierte Lloyd (1992: 294), en las imágenes y en las metáforas empleadas por Homero y Hesíodo se hallan preiguradas algunas de las ideas que luego tuvieron gran importancia en las teorías cosmológicas y ilosóicas: la concepción del cosmos como un orden político, como un organismo vivo o como el producto del hacer de un artesano.7 Estas ideas que son recurren-

temente utilizadas por los pensadores del siglo v a. C. adquieren de manera

progresiva un carácter más abstracto y general; de modo que, a diferencia de la literatura preilosóica, no se sustentan en la arbitrariedad de las deida- des personales, sino en fundamentos racionales.8 Principalmente, permiten

4 Humbert (1954: § 342) señala que en ático pueden distinguirse cuatro tipos diferentes

de comparaciones: aquellas en las que el paralelo entre los términos de la comparación es completo, aquellas en las que el paralelo reside en una cualidad, aquellas en las que reside en una cantidad, y aquellas en las que el paralelismo es entre dos objetos que están en el mismo estado o hacen la misma acción.

5 En cierto modo, el relativo o conjunción de tipo relativa es recordado en la oración princi-

pal, pues el ático pareciera experimentar la necesidad de estrechar el lugar de subordinación al recordarlo en la principal (hos..., hós) o, en el orden inverso, anunciándolo en la principal (oûtos...,hos). Cfr. Ragon (1976: § 334), Humbert (1954: § 339-342), Smyth (1984: 555-560).

6 Humbert (1954: § 341) asegura que, además de los símiles, existen en Homero otro tipo

de comparaciones que no responden a la estructura de estos. Por su parte, Lloyd (1992) los subsume a todos bajo la rúbrica de la comparación.

7 Según Lloyd, estos tres grupos de imágenes son los más importantes que aparecen en

la literatura cosmogónica en el período previo a Aristóteles.

8 Asimismo, esta evolución conceptual tiene un correlato estilístico ya que, durante el último

cuarto del siglo v a. C., la prosa griega ática se desarrolla e incrementa su rango de expresión

por medio de la acuñación de palabras, de la expresión de ideas de carácter teórico con verbos abstractos o adjetivos neutros sustantivados, etcétera. Cfr. Denniston (1952: 1-22).

distinguir entre las distintas áreas que constituyen la realidad, por ejemplo, la oposición entre nómos y phúsis (Jaeger, 1993: 296-299). Si bien es cierto que por entonces se empieza a tomar consciencia de los problemas que las imágenes y las comparaciones tienen para la investigación de la naturaleza, no obstante, las fuentes de autores como Anaxágoras, Demócrito, Heródoto y los hipocráticos de ines de siglo v a. C. conirman la importancia de la

identiicación de semejanzas como un método de descubrimiento y explicación en el desarrollo de la ciencia griega temprana (Lloyd, 1992: 382-383). En el

Soista (253b-e) y en el Político (285a-c),9 Platón presenta la identiicación

de las semejanzas y de las diferencias como constitutivas de la dialéctica, por cuanto permiten reunir aquello que es común y dividir aquello que no lo es.10 El interés principal del ilósofo en estos diálogos tardíos se centra en la

organización del sistema de las Formas, esto es, cuáles pueden conectarse y cuáles no (Ross, 1993: 127-144). Platón es el primero de los ilósofos que hace una distinción general entre las imágenes y las demostraciones, pero, como se sabe, su pensamiento se encuentra estrechamente vinculado al empleo de las primeras (Lloyd, 1992: 300-301).

Por su parte, Aristóteles muestra una actitud cauta con respecto a las se- mejanzas, puesto que en varios pasajes del corpus rechaza el uso de imágenes y de metáforas en la compresión de la naturaleza de las cosas, por ejemplo:

Mete. 357a 24-28, PA 652b 7-8, y en el Organon frecuentemente condena su empleo, APo 97b 37-39, Top. 123a 33-37, 139b 32-140a 2, 158b 8-15, etcé- tera. Asimismo, en los tratados biológicos suele mostrar algunas reservas con relación a la exactitud de las inferencias basadas en las semejanzas: HA 583b 5-9. Pero, como se ha observado en el capítulo uno, tanto en la Retórica como en la Poética destaca la preeminencia lexical de la metáfora no solo como ornamento estilístico –contra lo que sostieneLloyd (1992: 405)–, sino como forma primaria de aprendizaje a través de las semejanzas, lo cual Aristóteles reconoce incluso en los Tópicos (140a 8-11): “Pues la metáfora hace de algún modo (pos) cognoscible (gnórimon) aquello que es signiicado a causa de

la semejanza (dià tèn homoióteta) –dado que todos los que metaforizan lo hacen conforme a alguna semejanza (katà tina homoióteta)–”.11 También en Top. I 13 destaca la importancia de la identiicación de lo semejante y de lo

9 Agradezco a David Konstan por haberme señalado la importancia de estos pasajes. 10 También en el Fedro 273d 4-6 subraya el vínculo entre las semejanzas y la ilosofía. 11 Véanse páginas inales de “I. 2. Las causas naturales de la mimesis…”.

diferente como instrumentos dialécticos. Además, en Top. I 17 (108a 7-17) distingue la observación de la semejanza en cosas que pertenecen a géneros diversos, del caso en que la observación se aplica a cosas de un mismo gé- nero; y a pesar de que no las designa de tal modo, Aristóteles precisa aquí por primera vez qué es aquello que diferencia la analogía de la semejanza (Düring, 1990: 136-137). En Rhet. II 20 le reconoce valor persuasivo a las distintas clases de ejemplos, asegurando que tanto aquellos que se sustentan en hechos históricos como las parábolas y las fábulas suponen la capacidad de observar lo semejante (án tis dúnetai tò hómoin horân, Rhet. 1394a 4-5). Asimismo, en APr II 24 analiza la estructura lógica de las inferencias que se apoyan en ejemplos –históricos– e indica que en esta clase de razonamientos no es posible demostrar a partir de todos los casos individuales.

En deinitiva, Aristóteles muestra cierta ambigüedad respecto al valor que les reconoce a las imágenes, a las comparaciones y a las metáforas en las distintas esferas de su pensamiento. A pesar de ello, resulta notorio que en sus escritos y, en particular, en los tratados físicos, psicológicos, éticos y biológicos hace un empleo extenso de las comparaciones, y especialmente de las analogías, con el objeto de inferir hechos y como medio de establecer teorías y explicaciones. Independientemente de la supuesta inconsistencia entre la teoría y la práctica cientíica aristotélica respecto de la función me- todológica de las semejanzas, las distintas variantes de las mismas tienen en sus escritos un importante valor didáctico y heurístico, en la medida en que mediante este tipo de inferencias construye, por ejemplo, los cimientos de su morfología, su anatomía y su etología comparada.12

Resulta revelador que en los casos en que mímesis y su familia de palabras no reieren a las artes miméticas el ilósofo emplee este vocabulario como un instrumento conceptual que permite establecer semejanzas. Efectivamente, la consideración de tales apariciones en el corpus muestra que Aristóteles utiliza el vocabulario mimético en las distintas esferas de su pensamiento con el ob- jeto de establecer formas más o menos laxas de similitud o correspondencia, que van desde la comparación hasta la analogía. Mediante la selección de pasajes que presento seguidamente, no pretendo hacer un análisis exhaustivo

12 Lloyd (1992: 407-414) asegura que el principal aporte de Aristóteles es haber ofrecido

en APr II 24 el primer análisis formal de los argumentos analógicos en la modalidad del pa- radigma, pero entiende que este resulta incompleto ya que no reconoce el valor heurístico que tienen en su pensamiento las analogías.

de todas las apariciones del vocabulario mimético atestiguadas en el corpus, sino simplemente ilustrar las distintas formas de semejanza a las que este vocabulario reiere, atendiendo solo a aquellos usos que no pueden incluirse en los que se han considerado en la primera parte del libro.13