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y modalidades de finanzas solidarias

Una consecuencia de la definición de finanzas solidarias propuesta al inicio es que, al contrario de las finanzas convencionales regidas por la maximización de ganancias privadas en plazos cada vez más cortos, las finanzas solidarias utilizan instrumentos financieros básicos como el

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ahorro y el crédito para realizar una intermediación que apunta a satisfacer necesidades, tanto de la producción (por ejemplo, crédito para lograr la adaptación de tecnología que mejore las condiciones de trabajo), como de la reproducción (por ejemplo, ahorros para la compra de la vivienda).

Estas se distinguen4 por quienes ofrecen estos servicios y quienes los utilizan. Entre quienes

los ofrecen hay una diversidad de instituciones y de prácticas heterogéneas, entre las que se destacan5:

las finanzas populares que muchas veces no llegan a conformarse en instituciones formales, pero dan cuenta de prácticas difundidas entre los sectores populares para la satisfacción de sus necesidades (como el autofinanciamiento entre familiares y vecinos, los círculos de ahorros rotativos, el ahorro no monetario, entre otras);

las finanzas comunitarias con fondos, cajas, bancos comunales y demás prácticas e

instituciones que operan a una escala comunitaria y, en general, son gestionadas por las comunidades que le dan origen y no entre grupos o fracciones de las mismas (de ahí la principal diferencia con la tecnología microcrediticia de banca comunal);

las finanzas cooperativas, con secciones de crédito en cooperativas que se dedican a actividades no financieras, cooperativas de ahorro y crédito, cajas cooperativas de ahorro y crédito, bancos cooperativos y los diversos organismos de integración con los que cuentan (pueden ser los propios bancos cooperativas, centrales cooperativas de nivel regional y/o nacional, federaciones, etc.);

las microfinanzas que logran salirse de los debates y enfoques tanto minimalistas

como del alivio de la pobreza y abordar a la EPS reconociendo sus diversos agentes, actores y sujetos. Es decir, alejándose de la práctica microfinanciera convencional que la aborda como un “pequeño gueto donde se encuentra ubicada la economía popu- lar cuando trabajamos con pequeños créditos dirigidos al capital circulante” (Días Coelho, 2004: 273), quien más adelante agrega: “la construcción de los productos financieros alternativos pasa así a una dimensión de integración comunitaria y territo- rial que la diferencia de una perspectiva del sector económico de microfinanzas”;

las finanzas éticas que aplican “criterios positivos” para promover determinadas actividades (como el financiamiento de actividades de comercio justo y solidario) y “criterios negativos” de rechazo a otras (como las actividades que impactan negati- vamente el medioambiente), que tienen altos estándares de transparencia y buscan el involucramiento de todos los actores (stakeholders) en el uso y la gestión de los ins- trumentos e instituciones financieras éticas (por ejemplo, a través de depósitos rotu- lados según las preferencias de los ahorristas que fijan prioridades para el destino de

4 Por razones de espacio, en este trabajo no se puede profundizar sobre la tipología e instrumentos de finanzas solidarias. Un desarrollo al respecto, puede encontrarse en trabajos anteriores: Muñoz Ruth, “Finanzas para la economía social”. Cartillas de Economía Social N°1 Los Polvorines, UNGS, 2007. Disponible en www.riless.org Muñoz Ruth, “Finanzas solidarias” en Cattani, A.; Coraggio, J.L.; Laville, J.L. (org.). Diccionario La Otra Economía. Buenos Aires, UNGS-CLACSO Ed. Altamira, 2009.

5 No hacemos referencia aquí a las modalidades de finanzas solidarias del Ecuador sino a sus expresiones más difundidas a lo largo de diversos países, tanto del Sur como del Norte.

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sus ahorros); esta modalidad constituyó los denominados bancos éticos e instrumen- tos de ahorro ético, inversión ética o “socialmente responsable”;

los sistemas de intercambios sin moneda (trueques) o con monedas sociales que sue-

len operar con reglas claras de uso y emisión de las monedas, buscando priorizar la función de medio de intercambio;

las políticas públicas que utilizan instrumentos de las diversas modalidades anteriores, aunque en particular, predominan los de las microfinanzas del alivio de la pobreza y los instrumentos e instituciones propios de las denominadas finanzas del desarrollo (ban- cos públicos de desarrollo, bancos públicos de fomento);

• experiencias tanto de modalidades como de instrumentos denominadas de hibrida- ción de recursos, cuando combinan lógicas y recursos mercantiles, no mercantiles y/o no monetarios, desarrolladas por Laville y Eme (2004).

En América Latina, quienes utilizan estos instrumentos y se relacionan con las instituciones de finanzas solidarias son fundamentalmente los sectores populares y las iniciativas que empren- den, juntos con otros, para satisfacer sus necesidades. Para con ellos, las finanzas convencio- nales se relacionan en términos de racionamiento (en calidad de prestatarios, por ejemplo),

sometimiento a condiciones de acceso netamente desfavorables (como puede ser la inclusión

a través de microcréditos a tasas que a veces triplican las de las empresas convencionales de primera línea6 y costos en términos de tiempo por la tecnología de selección y monitoreo en-

tre pares) o discriminación oportunísimamente (aceptándolos como ahorristas y rechazándolos como prestatarios por ejemplo).

Es oportuno al respecto recordar las características de las iniciativas de ESS con respecto a sus principios y modos de gestión, la estructura de ingresos, la capitalización y las garantías que tie- nen, las que marcan, en gran medida, su relación conflictiva y desfavorable con las instituciones financieras privadas convencionales. Para hacerlo, nos basamos en el desarrollo de Lebossé (1998) que establece una comparación entre la ESS y el prestatario ideal que las instituciones financieras convencionales tienen en mente.

Los principios y modos de gestión de la ESS, estos ofrecen a los banqueros un panorama muy diferente a la figura del empresario individual con muchos talentos, dueño y administrador de su negocio, muy distinto a las asociaciones de trabajadores que toman las decisiones a través de mecanismos de democracia interna, con responsabilidad y experiencias colectivas y no ne- cesariamente propietarios de los medios de producción;

En cuanto a la estructura de ingresos, hace que los banqueros desconfíen de su viabilidad de largo plazo. Especialmente cuando parte de los ingresos provienen de la venta de bienes o ser- vicios al Estado o de subsidios. Cambios en la política del gobierno, pueden llevar a cambios en los flujos de ingresos de la ESS, lo que promueve la desconfianza del sector bancario a la hora de otorgarle créditos.

6 Para la literatura especializada en microfinanzas, esta comparación es incorrecta ya que el crédito del sistema financiero formal no está efectivamente disponible “a los pobres” y, por tanto, es pertinente hacer comparaciones con las tasas de los usureros (“chulqueros” como dicen en Ecuador). En general, resulta que las tasas de las microfinanzas se suelen ubicar entre las tasas usureras y las del sistema financiero formal. Desde una economía sustantiva y entendiendo a los sectores populares y la EPS como sujetos de derechos, esta argumentación resulta inaceptable y ningún esfuerzo es suficiente cuando se trata de ofrecer servicios financieros al precio lo más bajo posible e, incluso, como se plantea en el último punto, desmercantilizándolos.

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En relación con la baja capitalización y, frecuentemente, las estrategias de ganancias modestas, la hace parecer muy frágil ante el mínimo cambio económico. Además, debido a su naturaleza colectiva, los beneficios generalmente son distribuidos entre los miembros como salarios o reducción en los precios y mejoras en los servicios.

Finalmente, las garantías que tienen son limitadas debido a que mantienen muy pocos “activos negociables”. Sin embargo, su solvencia depende de cuánto estén enraizadas en su comuni- dad, es decir, del reconocimiento social que tengan sobre sus experiencias y la calidad del ser- vicio que provean.

Tener en cuenta estas especificidades y valorar la ESS es una condición necesaria del conjunto de modalidades que configuran las finanzas solidarias las que, por lo demás, suelen manifes- tarse en la práctica de forma mixta los sectores populares y las iniciativas que emprenden para satisfacer sus necesidades a y compleja.

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