3. CRITERIOS SOBRE EL ÁMBITO INTERNACIONAL
3.5 MODERNIDAD Y MISERIA
En algunas oportunidades se suele pensar que los países de Europa son ajenos a algunas limitaciones, condiciones de pobreza y desigualdades propias de las sociedades en América Latina. Sin embargo, García Márquez pudo constatar que esta afirmación no es del todo cierta, en su visita al bloque socialista y comparando Berlín occidental y oriental observaba que: “Al lado de una pirueta de la arquitectura moderna —un rascacielos que parece una sola ventana de vidrio— hay una aldea de barracas donde almuerzan los albañiles. Una multitud ansiosa, atropellada, circula sobre plataformas de madera, entre la vibración de los taladros, del olor del asfalto hirviendo, de las grúas que evolucionan por encima de las estructuras metálicas y los grandes anuncios de Coca-Cola”162
Su experiencia en Alemania le permitió comparar las formas políticas, económicas y sociales existentes, y pudo valorar las bondades y desaciertos de cada una de ellas. Le llamó la atención que para los alemanes era una forma de vida muy original, el hecho de beneficiarse de las ventajas sin ninguna pretensión política. Mientras una Alemania se preocupó por modernizar la ciudad y su infraestructura, la otra, prestó más atención a los problemas que presentaban mayores necesidades para la población en temas de primera necesidad. Al respecto señaló: “piensa además que Berlín Occidental es un islote enclavado en la cortina de hierro, que no tiene relaciones comerciales a 500 kilómetros a la redonda, que no es un centro industrial considerable, que el intercambio con el mundo occidental se hace en aviones que aterrizan y decolan en el aeródromo situado en el centro de la ciudad, a un ritmo de un avión cada dos minutos, uno está obligado a pensar que Berlín Occidental es una enorme agencia de propaganda capitalista. Su empuje no corresponde a la realidad económica. En cada detalle se advierte el deliberado propósito de ofrecer una apariencia de prosperidad fabulosa, de desconcertar a la Alemania Oriental que contempla el espectáculo con la boca
162 García Márquez, G. De viaje por los países socialistas 90 días en la “Cortina de hierro”, BERLIN ES
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abierta por el ojo de la cerradura”.163
Es claro que las revoluciones no se exportan y que cada país de acuerdo a sus necesidades defina los rumbos de sus naciones. Sin embargo, la influencia que tienen algunos líderes, permite que sus seguidores continúen apoyando los programas de gobierno. En ocasiones, el culto a la personalidad es dañino porque solamente las ideas del líder se convierten en únicas y verdaderas, negando así otras posibilidades que podrían ayudar a generar una mejor forma de planificación y desarrollo, la falta de un liderazgo integral que interprete y cumpla los requerimientos de la población más necesitada, están a la orden del día.
En su visita a Praga de la cual tuvo muchas experiencias que lo impresionaron positivamente, a García Márquez le llamó la atención el estado anímico de las personas, la capacidad de dirigirse y la independencia política que demostraban frente a la Unión Soviética. En su análisis dice: “Hay una personalidad nacional fuerte y dinámica que se manifiesta en cada detalle y que elimina esa impresión de servilismo oficial, voluntario, lagarto, que vimos en Alemania Oriental y que habíamos de encontrar después en Hungría”164.
Este distanciamiento que debe existir en la importación de modelos ya sean políticos, económicos, culturales o educativos, está presente en algunas notas de la obra periodística del Nobel colombiano. Como admirador del socialismo, también es un crítico objetivo de las formas en que este debe ser valorado y reformulado, en cada país. García Márquez pronosticó de alguna manera, lo que ocurriría años después entre las dos Alemanias “(…) Se ha calculado que si estalla una guerra Berlín durará 20 minutos. Pero si no estalla, dentro de cincuenta, cien años, cuando uno de los dos sistemas haya prevalecido sobre el otro, las dos Berlines serán una sola ciudad. Una monstruosa feria comercial hecha con las muestras gratis de los dos sistemas”.165
En entrevista realizada recientemente a Plinio Apuleyo Mendoza, amigo de García Márquez en la juventud señala “(…) Fuimos a la Unión Soviética y los países comunistas porque teníamos el sueño del socialismo, que lo tenía toda la juventud de entonces a la cual yo pertenecía, porque todo esto estaba lleno de dictaduras. Aquí Odría, Pérez Jiménez en Venezuela, Rojas Pinilla en Colombia, Trujillo en la República Dominicana y todas esas dictaduras tenían mucho apoyo del Departamento de Estado. De ahí que nosotros coincidiéramos con el socialismo como una alternativa distinta y nos fuimos a visitar los países socialistas para
163 Ibídem p.25.
164 García Márquez, G. De viaje por los países socialistas 90 días en la “Cortina de hierro”, LA GENTE
REACCIONA EN PRAGA COMO CUALQUIER PAIS CAPITALISTA Ed. Cit. p.73.
165 García Márquez, G. De viaje por los países socialistas 90 días en la “Cortina de hierro”. BERLIN ES
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confirmar nuestro sueño (…)”166, aunque según Apuleyo, se encontraron con otra realidad.
Contextualizando la posición política del Nobel, se resalta en este artículo su inconformidad por la persecución de la que fuera víctima en Colombia “(…) Tengo convicciones políticas claras y firmes, sustentadas, por encima de todo, en mi propio sentido de la realidad, y siempre las he dicho en público para que pueda oírlas el que las quiera oír. He pasado por casi todo en el mundo. Desde ser arrestado y escupido por la policía francesa, que me confundió con un rebelde argelino, hasta quedarme encerrado con el papa Juan Pablo II en su biblioteca privada, porque él mismo no lograba girar la llave en la cerradura. Desde haber comido las sobras de un cajón de basuras en París, hasta dormir en la cama romana donde murió el rey don Alfonso XIII. Pero nunca, ni en las verdes ni en las maduras, me he permitido la soberbia de olvidar que no soy nadie más que uno de los 16 hijos del telegrafista de Aracataca. De esa lealtad a mi origen se deriva todo lo demás: mi condición humana, mi suerte literaria y mi honradez política. (…) El boleto de nuestro vuelo a México de la semana pasada -a pesar de la gentil resistencia de la embajadora de aquel país en Colombia lo compramos con nuestro dinero.
La gente que me conoce sabe que esta es mi personalidad real, más allá de la leyenda y la perfidia, y que si quedé mal hecho de fábrica ya es demasiado tarde para volverme a hacer nuevo. De modo que no, ilustres oligarcas de pacotilla: nadie se construye una vida así, con las puras uñas, y con tanto rigor minuto a minuto, para salir de pronto con el chorro de babas de asilarse y exiliarse sólo para vender un millón de libros, que además ya estaban vendidos.
El segundo cargo, de que me fui de Colombia con el único propósito de desprestigiar al país, es todavía ni ellos consistente. Pero tiene el mérito de ser una creación personal del presidente de la República, aturdido por la imagen cada vez más deplorable de su Gobierno en el exterior. Lo malo es que me lo haya atribuido a mí, pues tengo la buena suerte de disponer de dos argumentos para sacarlo de su error.
En realidad, el Gobierno se ha atrincherado en esas dos acusaciones pueriles, porque en el fondo sabe que mi sentido de la responsabilidad me impedirá revelar los nombres de quienes me previnieron a tiempo. Sé que la trampa estaba puesta y que mi condición de escritor no me iba a servir de nada, porque se trataba precisamente de demostrar que para las fuerzas de represión de Colombia no hay valores intocables.
166 http://www.larepublica.pe/. Esquibano Pedro. Entrevista: Plinio Apuleyo: “Conocí a García Márquez
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Sin embargo, el comentario más revelador se publicó en la página editorial de El Tiempo, el domingo pasado firmado con el seudónimo de Ayatolá. No sé a ciencia cierta quién es, pero el estilo y la concepción de su nota lo delatan como un retrasado mental que carece por completo del sentido de las palabras, que deshonra el oficio más noble del mundo con su lógica de oligofrénico, que revela una absoluta falta de compasión por el pellejo ajeno y razona como alguien que no tiene ni la menor idea de cuán arduo y comprometedor es el trabajo de hacerse hombre.
A pesar de su propósito criminal, es una nota importante, pues en ella aparece por primera vez, en una tribuna respetable de la Prensa oficial, la pretensión de establecer una relación precisa, incluso cronológica, entre mi reciente viaje a La Habana y el desembarco guerrillero en el sur de Colombia. Es el mismo cargo que los militares pretendían hacerme, el mismo que me dio la mayoría de mis informantes, y del cual yo no había hablado hasta entonces en mis numerosas declaraciones de estos días. Es una acusación formal. La que el propio Gobierno trató de ocultar, y que echa por tierra, de una vez por todas, la patraña de la publicidad de mis libros y la campaña de desprestigio internacional. Ahora se sabe por qué me buscaban, por qué tuve que irme y por qué tendré que seguir viviendo fuera de Colombia, quién sabe hasta cuándo, contra mi voluntad.
No puedo terminar sin hacer una precisión de honestidad. Desde hace muchos años, el tiempo ha hecho constantes esfuerzos por dividir mi personalidad: de un lado, el escritor que ellos no vacilan en calificar de genial, y del otro lado, el comunista feroz que está dispuesto a destruir a su patria. Cometen un error de principio: soy un hombre indivisible, y mi posición política obedece a la misma ideología con que escribo mis libros. Sin embargo, el tiempo me ha consagrado con todos los elogios como escritor, inclusive exagerados, y al mismo tiempo me ha hecho víctima de todas las diatribas, aun las más infames, como animal político”.167
De otra parte, sus observaciones le permitieron valorar no solo la organización social y política de algunos países, sino también sus formas particulares de entender el arte, la cultura, la arquitectura etc. Por eso estaba de acuerdo cuando en algunas ocasiones la gente manifestaba su inconformismo por la falta de atención en la reconstrucción de la ciudad, con relación a Berlín Oriental y la avenida Stalin “Con lo que costaron las estatuas, los mármoles, el peluche y los espejos, habría alcanzado para reconstruir decorosamente la ciudad.”168.
167 www.elpaís.com/diario/1981/04/08/opinión. García Márquez Gabriel. Punto final a un incidente ingrato.
Abril 4 de 1981. Tomado el 16 de febrero de 2014
168 García Márquez, G. De viaje por los países socialistas 90 días en la “Cortina de hierro”, BERLÍN ES
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Las contradicciones que encontró en su recorrido por Europa y la búsqueda del pueblo feliz por lo que se escoge y no por lo que se impone, es una crítica al estado de cosas que se desean “En algunos sectores esa impresión desaparece a causa de los camiones con altoparlantes que transmiten música popular y especialmente —otra vez— canciones suramericanas. Pero esa alegría, forzosa impuesta por decreto, no se refleja en la multitud. Uno se da cuenta desde el primer momento de que la vida es dura, de que se ha sufrido mucho con las grandes catástrofes y de que hay un drama nacional de minúsculos problemas domésticos.”169
Tal vez, una imagen que puede demostrar la crudeza de la contradicción modernidad miseria, sea el momento en que García Márquez visitó una galería en la que se muestran todos los implementos complementarios usados por las personas con discapacidades y que los nazis les hacían retirar y entregar antes de ser asesinados. Pero cuando sintió mayor estupor que lo conmocionó, fue observar la cantidad de artículos usados por seres tan inofensivos e indefensos, como son los niños enfermos. Al respecto comentó: “Los polacos no dan cifras. Se limitan a mostrar. Cuando uno ve esas cosas y sabe que tiene que contarlas por escrito comprende que tiene que pedirle permiso a Malaparte. Hay una galería de vitrinas enormes llenas hasta el techo de cabellos humanos. Una galería llena de zapatos, de ropa, de pañuelitos con iniciales bordadas a mano, de las maletas con que los prisioneros entraban a ese hotel alucinante y que tienen todavía etiquetas de hoteles de turismo. Hay una vitrina llena de zapatitos de niños con herraduras gastadas en los tacones: botitas blancas para ir a la escuela y porrones de botas de los que antes de morir en campos de concentración se habían tomado el trabajo de sobrevivir a la parálisis infantil. Hay un inmenso salón atiborrado de aparatos de prótesis, millares de anteojos, de dentaduras postizas, de ojos de vidrio, de patas de palo, de manos sin la otra mano con un guante de lana, todos los dispositivos inventados por el ingenio del hombre para remendar al género humano. Yo me separé del grupo que atravesó en silencio la galería. Estaba moliendo una cólera sorda porque tenía deseos de llorar”170